Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de junio de 2017

“No permitan que nadie les diga que ustedes no son inteligentes”

Alejandra SanIsidro - 580

—En mi familia nunca nadie había ido a la universidad –dice Alejandra.

Ir a la universidad en El Salvador es privilegio, uno de esos zanjones que dividen la sociedad entre los que pueden –aunque opten por no hacerlo– y los que no; sí, es cierto que la Constitución dice que el derecho a la educación es inherente a la persona humana, pero también es cierto que del dicho al hecho hay un trecho, y la sociedad que los salvadoreños hemos moldeado tras casi dos siglos de independencia es excluyente y desigual y clasista, una sociedad en la que la universidad es opción real solo para los hijos de determinados estratos sociales, y no lo es para los hijos de los estratos desfavorecidos; claro que hay excepciones y algunas becas para los bachilleres pobres sobresalientes, pero solo un estúpido defendería que tienen las mismas posibilidades de ir a la universidad un niño criado en la residencial Vía del Mar o en la colonia Escalón que una niña criada en el cantón Azacualpa, como es el caso de María Alejandra Martínez, la Alejandra que dice que es la primera de su árbol genealógico, nacida en 1998, en octubre, y que ahora cursa tercer ciclo de la Licenciatura en Gerencia Informática de la Universidad Pedagógica, siendo ella de Panchimalco, del área rural de Panchimalco, de un lugar que está a apenas 17 kilómetros en línea recta de Catedral metropolitana, pero tan olvidado y aislado y abandonado que Alejandra necesita tres horas y tres buses para salir, y otros tres y tres para regresar.

—A veces no me dan ganas de levantarme, pero mi abue me dice: “Hija, tenés que ir a estudiar”. Otras veces son mis hermanos los que me animan: “Tenés que hacer la tareas”. Y todo eso como que me da más fuerzas, más ganas –dice Alejandra.

El año pasado era peor la madrugadera, pero en este ciclo las clases comienzan a las 8, y a Alejandra le basta con poner el despertador a las 4 para llegar a tiempo; cuando se es pobre, juntar dinero y tiempo y ganas para superarse es complicado si se vive en el bajomundo de Mejicanos o de San Miguel o de Lourdes, pero todo se complica cuando se vive en lugares como el cantón Azacualpa, porque Alejandra tiene que salir de la casa a las 4:40 a.m. para agarrar el bus que a cambio de $0.60 y una hora por una calle infernal la deja en el casco urbano de Panchimalco, luego tiene que tomar una Coaster de la Ruta 17 que por $0.35 la lleva en media hora hasta el Centro Histórico de San Salvador, y más luego toma, por otros $0.20, cualquier bus de las rutas 11 o 9 o 3, que la acercan hasta la Universidad Pedagógica, por la colonia Médica de San Salvador; un viaje que con los tiempos perdidos entre bus y bus le supone casi las tres horas y $1.15, y otro tanto para regresar al cantón, y así cada día.

—Cuando me desanimo, pienso en mi abue, en mis hermanos, en mi mamá… en todo el esfuerzo que ellos están haciendo, y eso como que me da fuerzas para seguir –dice Alejandra.

Alejandra estudió en Azacualpa hasta que el cantón se le quedó pequeño, en noveno grado, y luego se fue al cantón San Isidro, el único centro de la zona donde se estudia bachillerato; ahí tuvo la tercera mejor nota de su grado, pero el Complejo Educativo Cantón San Isidro es público y es rural, y año tras año la Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para Egresados de Educación Media (PAES) evidencia la desigualdad del sistema educativo salvadoreño, y los centros públicos y rurales promedian notas notablemente inferiores a las de los privados y urbanos; Alejandra no llegó al seis en la PAES cuando era una joven de ochos y nueves, y eso la desanimó a presentarse a las pruebas de ingreso en la Universidad de El Salvador, la pública, pero no a seguir estudiando, gracias primero al decidido apoyo de su abue y de sus hermanos y de su madre –apoyo familiar entusiasta muy poco habitual–, y gracias también a una beca gestionada por la Fundación Forever, una oenegé que canaliza sinergias y aportes económicos de distintos sectores para que jóvenes como Alejandra, nacida y criada en un contexto asfixiante, tenga una oportunidad real –real– de superarse, para beneficio de ella y para beneficio de la sociedad de la que forma parte.

—No permitan que nadie, absolutamente nadie, les diga que ustedes no son inteligentes –dice Alejandra a los jóvenes que este año se graduarán de bachiller en San Isidro.
En ese centro ignoto del área rural salvadoreña se han multiplicado –y no es licencia literaria– los que quieren seguir los pasos de Alejandra.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

La PAES cuando se estudia entre mareros



A mediados de octubre pasé una mañana en el Complejo Educativo Cantón San Isidro, municipio de Panchimalco. Para los que vivimos en la capital, Panchimalco suena cercano, a pupusas domingueras, pero para llegar hasta el cantón San Isidro hay que bajar primero de los Planes de Renderos al pueblo, tomar una de las vías sin asfalto que desde el casco urbano se abren hacia el sur, y manejar otros 20 minutos, si la destartalada calle está de buenas.
En muchos aspectos, la escuela-instituto encarna el prototipo de centro educativo rural y público: para que el agua corra después de usar el baño dependen de las pipas, cuenta con reservas generosas del programa ‘Vaso de Leche’, los alumnos caminan uniformados desde caseríos y cantones cercanos, cuenta con una modesta sala de computación… Pero en San Isidro hay un factor que trastoca todo lo demás: está en una zona con fuerte presencia de pandillas, más de una.
—Yo trabajo acá desde hace 15 años, pero ni siquiera los compañeros saben dónde vivo. Es una forma de protegermos –dice Melvin Márquez, director desde hace dos años y docente durante más de una década.
La calle frente al centro educativo es la frontera: divide el caserío El Potrerito, dondecontrola la Mara Salvatrucha, de zonas como el cantón Las Crucitas, donde los placazos son del Barrio 18.
—Acá tenemos alumnos de las dos pandillas, pero jamás se van a los puños o se amenazan. Los podría poner a comer en la misma mesa, frente a frente, y no pasaría nada, quizá porque ellos mismos han hecho el pacto de no agredirse dentro de la escuela. Pero ya en noviembre y diciembre que no hay clases…
No suena muy aventurado suponer que el supuesto pacto al interior del centro educativo se deba a la continua presencia de la Policía Nacional Civil. Desde que en 2011 Panchimalco se convirtió en un habitual en los ránking de municipios más violentos de El Salvador, el Ministerio de Seguridad quiso tomar cartas en el asunto y, entre otras medidas, instaló fuera de la escuela-instituto un puesto fijo –uno de esos remolques pintados de azul y blanco– con uniformados armados para la guerra; la presencia de agentes es 24/7.
—Cuando inicia el año escolar, el día que presentamos la planta de docentes, se presenta también a los agentes –dice el director Márquez.
Todo parece indicar que en 2015 la cifra de asesinatos en Panchimalco será la más alta desde que se lleva un conteo confiable: arriba de 90 homicidios en un municipio que ronda los 47,000 habitantes, con el agravante de que la violencia castiga más las áreas rurales, como el cantón San Isidro, donde pandilleros de una y de la otra, fuerzas de seguridad y grupos de exterminio paraestatales están en plena temporada de gatillo fácil.
¿Cómo estudiar así? ¿Cómo superarse? ¿Qué es de aquellos jóvenes que son víctimas de todos los grupos que han optado por las armas? La violencia está marcando a fuego toda una generación en amplias zonas del país, aunque en los platós de televisión y en los despachos de los burócratas apenas se hable del tema.
En el Complejo Educativo Cantón San Isidro, la matrícula cayó de 936 alumnos en 2014 a 858 en 2015. Desplazamientos forzados, migración, la pandilla como un atractivo mayor… El segundo año de bachillerato, el más afectado por el fenómeno de las maras por razones obvias, renunció este año a tener dos grupos, por la significativa reducción en la matriculación que el director Márquez relaciona sin matices con la violencia.
Pero, ¿y los que pese a todo quieren superarse? ¿Qué futuro espera a la treintena de estudiantes de la San Isidro que, con obstáculos inimaginables para quien forma parte de la mitad privilegiada de la sociedad, se han convertido en bachilleres e hicieron la famosa PAES, la Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para Egresados de Educación Media? Incluso sin las pandillas, saltar a cualquier universidad desde zonas empobrecidas es casi un imposible, reservado para el ramillete con notas impresionantes, y con una familia en una situación lo suficientemente desahogada como para mantener a un hijo universitario. La violencia ha vuelto más compleja la ecuación, y hoy en día jóvenes de El Potrerito no podrían cursar estudios superiores, ni aunque obtuvieran alguna de esas becas que universidades y oenegés elitistas reservan para captar a los más brillantes. ¿Por qué? Para llegar a la capital hay que pasar por territorio dieciochero, y uno de los códigos de la pandilla, acentuado desde que terminó la Tregua, dice que la mera pertenencia a un cantón o colonia controlada por la pandilla rival te convierte en enemigo.
En estos días, con la PAES fresca, raro es encender el televisor y no hallar en los programas de entrevistas a encorbatados y perfumadas pontificar sobre los resultados. Hablan sobre la diferencia entre la educación pública y privada, sobre los datos dispares de tal y cual departamentos, sobre centros rurales versus centros urbanos, sobre estudiantes de uno y otro género… pero apenas se dice nada sobre un elemento que desde hace al menos un lustro, a mi juicio, está convulsionando la calidad educativa en El Salvador: que el instituto esté o no en una zona controlada por pandillas.
—La batalla no está perdida –dice optimista el director Márquez–. Se está haciendo mucho, pero hasta donde nosotros alcanzamos. Si alguien nos tendiera la mano...

domingo, 7 de abril de 2013

Undécimo comunicado de las pandillas

 
[Este comunicado lo suscriben las pandillas Mara Salvatrucha 13, Barrio 18, Mao-Mao, Mara Máquina y La Mirada Lokotes 13. Fue leído el viernes 5 de abril de 2013 en la Penitenciaría Oriental, en la cabecera departamental de San Vicente, poco antes de la firma del Pacto Local por la Vida y la Paz de la Ciudad de San Vicente, que es como rebautizaron la iniciativa que en principio había sido presentada como Municipios santuario. La principal novedad de este comunicado son dos ofrecimientos explícitos: el primero, limpiar los graffitis en todo el país; y el segundo, que algunos pandilleros brinden charlas en iglesias y centros educativos para desincentivar el ingreso de jóvenes en las pandillas.]
***

Los voceros nacionales de las pandillas MS-X3, Barrio 18, Mao-Mao, Máquina y Mirada Locos al pueblo salvadoreño informamos:
  1. Que no obstante todas las acciones que realizan los que se han dado a la tarea antipatriótica de obstaculizar el proceso de tregua y paz que tanto beneficio le está proporcionando a la sociedad salvadoreña, la voluntad ya expresada por nosotros de continuar contribuyendo a la recuperación de la paz social, en lugar de debilitarse con esas acciones, se fortalece más, porque estamos convencidos de que este es el mejor camino que los salvadoreños que amamos a nuestras familias y a este país pudimos haber tomado.
  2. Para efectos de reiterar una vez más nuestra firme voluntad de seguir contribuyendo y avanzando en este indetenible proceso, anunciamos:
    1. Que este día, 5 de abril de 2013, suscribiremos el Pacto Local por la Vida y la Paz de la Ciudad de San Vicente, mediante el cual asumimos ante la sociedad salvadoreña el compromiso de contribuir a la reducción y erradicación de todo tipo de práctica delictiva por parte de los miembros de las pandillas, sumando el municipio de San Vicente como el séptimo en el cual hemos asumido este compromiso.
    2. Que con el propósito de contribuir a la creación de un clima más armónico y de paz, hemos decidido dar inicio a una Campaña Nacional de remoción de Grafitis alusivos a nuestras pandillas, para lo cual solicitamos de las autoridades municipales, directivas comunales y ONG que nos apoyen con los materiales necesarios –pintura y brochas–, para que nuestros miembros, en compañía de las comunidades, puedan llevar adelante esta acción que contribuirá con el ornato de los municipios en sus barrios y colonias. También solicitamos a las autoridades de seguridad pública faciliten el desarrollo de tales actividades.
    3. Con el propósito de dar nuestra contribución a los programas de prevención de violencia que se impulsan y que buscan impedir que más jóvenes se sientan atraídos a incorporarse a las estructuras pandilleriles, queremos ofrecer nuestros testimonios de lo que significa la vida de sacrificios y de sufrimientos que en las calles y en las cárceles nos ha tocado vivir, algo que nosotros no deseamos tampoco para nuestros hijos. Los mencionados testimonios los podemos dar, previa coordinación con las autoridades, en iglesias, universidades y centros educativos de primaria y secundaria, en el entendido que dicha invitación la tendrían que gestionar cada centro interesado.

El Salvador, 5 de abril de 2013.

Fotografía. José Cabezas (AFP)
 -------------------------------------------------------------
Lea además:

domingo, 16 de octubre de 2011

El pandillero universitario

Hablar de las maras se ha vuelto algo tan visceral, tan irracional –se dice, se escribe tanto y tantas veces con tan poco criterio– que la pregunta cuando uno escucha algo discordante resulta casi obligatoria: ¿pero ustedes eso lo vieron o alguien se lo contó? Las dos jóvenes universitarias aquí sentadas lo vieron y lo vivieron. Son de hecho protagonistas de su propio relato, razón más que suficiente para ocultar sus nombres y apellidos. Por razones de seguridad tampoco se revelará el nombre de la universidad donde ocurrió, ni el de la facultad, ni mucho menos el del pandillero, ni siquiera el de la pandilla. Pero esto pasó y pasó así:

Las dos jóvenes universitarias aquí sentadas formaban parte de un grupo de cinco al que se le asignó una investigación sobre las maras. Todos se habían esforzado en las semanas previas, entrevistas allá y aquí, y estaban convencidos de tener un trabajo sólido. La exposición ante el profesor y los compañeros debía estar a la altura, alguien sugirió algo de ambientación, y consensuaron elaborar unos murales alusivos tanto a la Mara Salvatrucha (MS-13) como al Barrio 18. Compraron papel de empaque, lo ensamblaron con cinta adhesiva y obtuvieron dos superficies grandes como camas matrimoniales.

A uno de los integrantes del grupo, al que tenía algo de práctica con aerosoles, se le encargó grafitear un gigantesco 18 sobre una de las pancartas y un gigantesco MS sobre la otra. Salieron a la calle, a la parte trasera del edificio de la facultad, y comenzaron. Terminando estaba el alusivo a una de las pandillas cuando se acercó un muchacho de unos 25 o 30 años.

—¿Y para qué es eso? –preguntó.
—Para una tarea.

La respuesta fue tosca, con cierto deje de desprecio, la que se da cuando se quiere dejar claro a alguien que ni su presencia ni sus preguntas son bienvenidas.

—¿Y no querrían ver uno de verdad? –insistió el recién llegado.
—Y vos nos lo vas a hacer, ¿va? –le retaron los jóvenes, en tono abiertamente burlesco.

El visitante les soltó el nombre de una clica, y ahí fue cuando el grupo cayó en la cuenta de que era más que un metido. Dueño absoluto ya de la conversación, terminó de apantallarlos cuando se quitó la camiseta y enseñó orgulloso un tatuaje que le cubría media espalda, reciente, bien definido. Se dejó incluso que le tomaran una fotografía para la que posó de espaldas, el rostro cubierto con una camisola y rifando con las manos en alto.

El encuentro no fue muy largo, y podría decirse que resultó cordial. El pandillero se ofreció para ser entrevistado, y esa entrevista se logró incluir en la investigación. Una de las preguntas que le plantearon era sobre el perfil actual de los integrantes de una mara, y esta fue la respuesta: “(El pandillero ahora trata de) parecerse más al ciudadano normal, con el fin de pasar desapercibido en el medio; esto ha sido producto de las diferentes reacciones que ha tomado el gobierno, reprimiéndonos, y por la discriminación y los prejuicios de la sociedad. El pandillero ahora se viste de forma más pegadita, pantalones a la moda, camisetas pegadas, se cambiaron los tenis por zapatos formales”.

De él supieron que estudiaba en la misma universidad, pero en otra facultad. No se trata de un caso aislado. Según datos proporcionados por la Dirección de Centros Penales, a junio de 2011 en El Salvador había 1 mil 167 pandilleros encarcelados con bachillerato concluido, y los que tenían título universitario sumaban 20.

El fortuito encuentro con el pandillero universitario del que me hablan las dos jóvenes aquí sentadas les supuso un plus invaluable en su investigación, reconocido por el docente con una excelente calificación final. De la experiencia también les quedó grabado un mensaje que el pandillero universitario se esforzó en recalcarles una y otra vez, y que ahora ellas repiten: nos dijo que no lo discrimináramos, que no lo miráramos mal, que era un ser humano.

(San Salvador, El Salvador. Septiembre de 2011)


Fotografía: internet


----------------------------------------------------------------

(Esta crónica fue publicada el 14 de octubre de 2011 en la sección Bitácora del proyecto de cobertura periodística de la violencia Sala Negra, de elfaro.net)

sábado, 27 de agosto de 2011

Esmeralda y los zapatos de Funes

Quizá alguien hasta se acuerde de ella. No es ni mucho menos la primera vez que Esmeralda García se deja ver por este blog. Esta singular mujer nos habló en una ocasión de la leche materna, y en otra, de los mareros que se quemaron en el penal de Ilobasco. La suya es una voz importante, una voz que de alguna manera representa la de cientos de miles de mujeres salvadoreñas a las que pocas veces se las escucha en serio. Esmeralda tiene incluso su propio tag en Crónicas guanacas.

Pues bien, este viernes Esmeralda ha llegado a la casa cariacontecida, me dice que por el retraso en la entrega de los zapatos en la escuela donde estudia Dieguito, su hijo menor, de 12 años. Estamos a mediados de agosto, a apenas cuatro meses para que termine el año lectivo, y aún no los ha recibido. Le han asegurado que para la próxima semana, pero a ella esta tardanza ya le complicó, porque los únicos zapatos que estaba usando Dieguito estaban tan destrozados, pero tan destrozados, que hace un par de semanas no vio otra alternativa que hacer el sacrificio de comprarle otros, sin esperar a los que prometió el Gobierno.

—Yo esperándolos estaba pero nunca… Ay, dios… Me dije: ya no, ya me da pena que vaya con esos rotos, porque despegados se le miraban… Mejor se los fui a comprar.

Las encuestas opinión se lo reconocen. En un país tan desigual y empobrecido como El Salvador, haber cumplido la promesa de entregar zapatos y uniforme a los estudiantes de las escuelas públicas es uno de los más aplaudidos logros del gobierno presidido por el otrora periodista izquierdista Mauricio Funes.

—Es que, como desde mayo nos estaban diciendo que ya los iban a dar, y estábamos esperando, pero ya no se pudo más. Vendimos dos medios de maíz, y gracias a Dios que estaban pagando el maíz bonito.
—¿A cuánto?
—Está a 31 el quintal.

Un quintal equivale a cinco medios, y cada medio equivale a 20 libras, por lo que un quintal son 100 libras. Que al pequeño productor –la familia de Esmeralda alquila media manzana para poder sembrar y pasar el año con la cosecha– le estén pagando la libra de maíz en grano a $0.31 es un precio realmente alto, por fortuna para ellos.

—Se los compré la semana pasada, antes de las vacaciones, y ahora me dicen que ya los van a dar… Ni modo… Guardaremos los que le queden más grandecitos, aunque no creo que sea por mucho tiempo. Los del año pasado eran artesanales, y bien rápido se despegaron…
—Raro, ¿no? ¿No son mejores los hechos a mano que esos que traen de China? –pregunto.
—Al revés. Los zapateros de aquí son bien chambones. Nomás verlos, bien feyos se miraban. Dieguito al principio ni se los quería poner. Y se los puso, pero no le sirvieron.

A ver cómo salen los de este año, Esmeralda.

Fotografía: internet

martes, 1 de marzo de 2011

Estrategias de venta (rotuladores)

Sube al bus seria, intercambia dos fugaces gestos con el motorista y, no sin pocas dificultades –es bajita y con evidente sobrepeso–, supera el torno. Cruzada en el pecho carga una pequeña mochila donde lleva lo que tratará de vender a los pocos usuarios que a esta hora, media mañana, viajan en esta unidad de la ruta 52.

Cuesta relacionar la palabra deporte con un cuerpo así, pero el look que trae es deportivo: pelo recogido, tenis, unos pantalones de pana negros y oscuros, y encima de todo un suéter naranja que apenas disimula la grasa acumulada y que se me antoja demasiado grueso para el calor que hace. Colgado en el pecho tiene un carné que la identifica como vendedora en esta ruta. Antes de pronunciar palabra alguna, saca de su mochila tres rotuladores y los coloca en su mano izquierda, aprisionados entre las bases de sus dedos. Es evidente que lleva algún tiempo en la venta de este producto.

—Vengo a decirles –se arranca– que quiero que conozcan un producto, el cual a usted le ayudará. Se trata de lo que es un Pilot, el cual sirve para rotular y marcar; remarca lo que es madera, láminas, plástico, vidrios o cidis, y le marca también lo que es el hierro. Lo tengo en lo que son dos anchuras diferentes: delgado y grueso, para hacer pequeñas rayas finas o hacerlas más grandes gruesas. Su precio nacional en toda librería es de 70 centavos de dólar, pero hoy en día se lo traigo a la palma de su mano a la mínima cantidad de un dólar.

La señora escruta con su mirada a los pasajeros que tiene más cerca, quizá con la esperanza de que alguno haya reparado en que el precio que está ofreciendo es más elevado. Sigue sin sonreír.

—No, señor y señora, por ese dólar yo no le voy a pasar a entregar lo que es solo un Pilot, sino que se le trae con una oferta en el cual yo voy a entregarles tres Pilot de lo que son los tres colores: azul, negro y rojo. Pero también le voy a pasar a entregar lo que es un marcador, un marcador el cual es muy útil para marcar cosas importantes: marcar párrafos, marcar temas o marcar textos bíblicos u otra actividad. Su precio a cancelar en toda librería es de un dólar. Pero también le voy a pasar a entregar lo que es una cuchilla, el cual es muy útil para cortar cartón, cartulina, durapax o abrir una caja.

La señora, con sus dos manos al aire y cargadas ya con tres Pilot, un marcador rosa fosforescente y un cutter ancho y amarillo, toma aire para la que parece que será su última embestida. Sigue sin sonreír.

—Por un dólar se lleva lo que son los cinco productos: los tres Pilot, el marcador y la cuchilla. Ahora pasaré por cada uno de sus asientos. Por su atención prestada, gracias. Que Dios les bendiga a todos y que tengan un buen día. Muchas gracias.

Y la señora comienza a mover su cuerpo orondo por el pasillo del autobús; mientras camina despacio, va repitiendo la misma cantinela, casi cantada: “Por un dólar se lleva la oferta de cinco productos, por un dólar se lleva la oferta de cinco productos, por un dólar…” Cuando llega al final, el bus está detenido y la puerta abierta; se baja sin siquiera voltearse, triste quizá porque su ensayado discurso le fallara una vez más.


Fotografía: Roberto Valencia

viernes, 17 de diciembre de 2010

La licenciada Girón Palma


La bachiller dejará de serlo en minutos, pasará de graduanda a graduada, de Bach. a Licda., una etiqueta que de por sí tiene una connotación especial en este país, pero que en este caso viene acentuada por la historia personal de la protagonista de este relato, porque más que licenciarse en Trabajo social, Iris Esmeralda Girón Palma recibirá hoy una licenciatura en Querer es poder.

Es viernes, 24 de septiembre de 2010, y falta poco para las 3 de la tarde. El auditorium Fepade acoge a unas pocas docenas de egresados de distintas facultades de la Universidad Doctor Andrés Bello. Casi todos han recibido ya su investidura académica, pero la bachiller Girón Palma es de la últimas y aún espera su turno al pie de las escaleras. Viste negro riguroso, como manda la tradición, con zapatos de medio tacón y vestido de dos piezas: manga corta arriba y falda hasta la rodilla. Aplaude cuando nombran por megafonía a la joven que la precede, consciente de que en poco más que un chasquido ella será la efímera protagonista del evento.

Conozco a la bachiller Girón Palma desde antes incluso de que fuera bachiller. Se cruzó en mi vida cuando tenía 18 años y repartía cervezas y sonrisas en un bar de San Salvador llamado Les 3 Diables, el mejor antro que he conocido jamás. La suya no ha sido una vida sencilla: su padre murió al poco de nacer, el pisto siempre escaseó y desde niña tuvo que compaginar trabajo y estudios. Allá por 2002 vivía en una comunidad de la colonia Zacamil de Mejicanos, un entorno que se tragó a muchos de sus compañeros en el Instituto Nacional Alberto Masferrer: maternidad precoz, maras, fracaso escolar… Pero ella siempre quiso algo más, por eso el simbolismo que siempre le dio a obtener su título, no porque lo necesite –desde hace años trabaja como trabajadora social, valga la redundancia, y lo hace muy bien–, sino por lo que representa lograr una meta trazada. Quizá alguien logre entender esto que me resulta tan difícil de expresar con palabras.

—¡Iris Esmeralda Girón Palma! –gritan por megafonía.

La bachiller sube los cinco escalones con sonrisa radiante y melena al viento, da un apretón fugaz, y desciende por el otro extremo con su gran cartón en las manos. La detienen para una fotografía y regresa a su asiento en la segunda fila, para la juramentación. Aún resuenan las palabras grandilocuentes que el rector, Tulio Magaña, ha dicho hace unos minutos: “Ustedes no van a buscar caminos, sino que van a hacer caminos” y “El país está necesitado de ustedes”, más propias para una graduación en Stanford que en la Andrés Bello. Consciente –quizá como pocos en esta sala– del país del que forma parte, a la bachiller Girón Palma no le va tanta palabrería gratuita; tampoco le entusiasmará el discurso ofensivamente religioso de la alumna con mejores calificaciones. Pero nada de eso enturbiará su satisfacción.

Ahora todos se ponen de pie.

—¿Juran blablabla…
—Sí, juramos –responden a coro.

Y hoy sí. Esa persona que sonríe igual que cuando la conocí es toda una licenciada, la licenciada Girón Palma.


Fotografía: Roberto Valencia

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Y tú, ¿qué estás pensando?

¿Qué estás pensando?, pregunta Facebook a la estudiante universitaria.

Es sábado y faltan poco más de tres horas para que se enfrenten la Universidad de El Salvador (UES) y Alianza, los dos equipos capitalinos de la Primera División que más afición arrastran. A la estudiante universitaria el fútbol nunca le ha quitado el sueño, pero este año, tras el ascenso del equipo de su centro de estudios, probó a vivir un partido desde las gradas, en el sector donde se aloja la llamada Furia Escarlata, y ahora podría decirse que se ha convertido en toda una fanática. Al menos eso se infiere de la creciente frecuencia de sus comentarios futboleros en las redes sociales. Quizá por eso, cuando hace unos segundos se ha conectado desde su celular y Facebook le ha preguntado sobre lo que estaba pensando, no lo ha pensado dos veces.

Estudiante universitaria. Esta es la U... Liberen a Belloso!!! Esperando un resultado positivo, vamos a ver!!! 
06 de noviembre a las 13:43 a través de Web Móvil · Me gusta · Comentar 

Belloso es Mario Belloso Castillo, un asesino de policías. El 5 de julio de 2006, en medio de una tumultuosa manifestación estudiantil, sacó un fusil de asalto M-16, se parapetó detrás de una pancarta, y cuando la pancarta se movió, disparó sin piedad a no más de 100 metros de distancia contra un pelotón de agentes de la Unidad de Mantenimiento del Orden. Fallecieron dos antimotines y 12 más resultaron heridos. La carnicería ocurrió en la puerta principal de la universidad, a pocos cientos de metros de donde se jugará el partido esta tarde. Belloso huyó y fue capturado meses después al interior del campus. Tras el juicio se le condenó a cumplir 35 años en prisión y a pagar 753 dólares y 70 centavos a la familia de uno de los policías fallecidos. Belloso en la actualidad cumple su condena en el Centro Penitenciario de Seguridad de Zacatecoluca. 

Amiga X de la estudiante universitaria. Vas a ir? 
06 de noviembre a las 14:06 · Me gusta 
Roberto Valencia. Debo estar haciéndome viejo, porque no le veo gracia a pedir que liberen a un asesino confeso. 
06 de noviembre a las 14:13 · Me gusta 

El partido finaliza con un triunfo por la mínima de Alianza, polémica arbitral incluida. Las gradas, eso sí, han lucido casi llenas, una auténtica rareza en el fútbol salvadoreño. Aficionados de la UES y del Alianza han teñido de rojo y blanco respectivamente los sectores asignados, y sus cánticos e insultos mutuos se ha hecho sentir. Mareros, gritaban unos. Terroristas, gritaban otros.

Al día siguiente, con la resaca de la derrota, la estudiante universitaria ingresa de nuevo en Facebook y ve prendido el bocadillito rojo que indica que alguien comentó su pensamiento del día anterior.

Estudiante universitaria. Amiga: si, si fui! 
Roberto: efectivamente, no tiene nada de gracia... pero nos gusta (a mis amigos y a mi) gritarle eso a los antimotines porque se ponen incomodos XD 
07 de noviembre a las 12:11 · Me gusta 
Roberto Valencia. Esa respuesta me daría material para un post en Crónicas guanacas. Quizá lo haga. 
07 de noviembre a las 13:10 · Me gusta 
Estudiante universitaria. ‎:D Deberías de ir a un partido, pero estar en la Furia Escarlata y escuchar la cantidad de improperios contra los oponentes y contra los policías, que al final vienen siendo lo mismo. 
07 de noviembre a las 13:12 · Me gusta 

El quizá deja de serlo, y esta plática feisbuquera sobre lo que cantan los estudiantes universitarios del que dicen que es el país más violento del continente termina siendo materia prima para este post. ¿Por qué? Un sabio salvadoreño llamado Arnulfo lo dijo hace 30 años: “Todos somos pecadores y todos hemos puesto nuestro grano de arena en esta mole de crímenes y de violencia en nuestra patria”.

Y el martillero de Facebook continúa: ¿Qué estás pensando (sobre la violencia exacerbada que nos carcome)? La respuesta hoy por hoy suena imposible, quizá porque ningún salvadoreño la estamos buscando en nuestro interior.

Fotografía: Roberto Valencia
Related Posts with Thumbnails