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domingo, 21 de julio de 2013

Quince años secuestrados


Esta página pertenece a la sección 'Nacionales' de la edición de La Prensa Gráfica del 15 de enero de 1999...

Fotografía: Roberto Valencia
...pero bien podría ser alguna edición de 2001, 2004, 2007, 2011 o de 2013. En Quezaltepeque, en el departamento de La Libertad, el fenómeno de las pandillas ha golpeado con especial virulencia prácticamente desde su implementación en El Salvador a inicios de la década de los 90. Algún académico quizá se atrevería con una explicación (siempre se atreven, aunque la escriban desde algún despacho aireacondicionado) al porqué esta ciudad de tamaño medio fue un campo especialmente fértil para el surgimiento y la proliferación de pandillas, pero lo cierto es que como sociedad no hemos sabido poner freno a lo que como sociedad creamos. Quezaltepeque -el país entero- sigue hoy siendo rehén de las maras, y mucho me temo -vista la intolerancia generalizada con la que las clases medias y altas reciben cualquier alternativa al manodurismo, así llamado o con cualquier otro eufemismo- que lo seguirá siendo por muchos años más. Al tiempo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Los porqués de hace un lustro

¿Por qué miles prefieren jugarse la vida por llegar a Estados Unidos a quedarse en un país que resulta que ahora es casi de renta media alta?

¿Por qué cuesta lo mismo una pizza allí y acá cuando los sueldos de quienes la preparan son siete u ocho veces más altos allí que acá?

¿Por qué por un vuelo de 1,500 kilómetros entre Londres y Roma se pagan $50 —impuestos incluidos— y por uno de 1,300 kilómetros desde San Salvador a México nos están cobrando no menos de $400?

¿Por qué este Gobierno, si sabe que se acerca la tormenta perfecta, está gastando $?,???,??? para recordarnos que han pasado cuatro años desde el 1.º de junio de 2004?

¿Por qué nos hemos creído que lo social no es complemento de nada si El Salvador sigue siendo uno de los países del continente que menos invierte en salud y educación?

¿Por qué utilizan el argumento de que el subsidio al gas propano ayuda a los más pobres cuando el censo acaba de decirnos que uno de cada tres salvadoreños usa leña para poder calentar sus tortillas?

¿Por qué para algunos lumbreras la crisis alimentaria en El Salvador es por culpa del gobierno de Antonio Saca, pero la crisis alimentaria en Nicaragua no es por culpa del gobierno de Daniel Ortega?

¿Por qué estamos como estamos si en 2004 nos dijeron una y otra vez y otra vez que lo mejor estaba por venir?

¿Por qué un partido que se define en sus estatutos como revolucionario y socialista tiene ahora miedo a presentarse ante la sociedad como revolucionario y socialista?

¿Por qué el candidato periodista veta medios de comunicación?

¿Por qué el candidato que se ha pronunciado a favor de la pena de muerte y está divorciado se convierte de la noche a la mañana en el adalid de los valores?

¿Por qué en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social tardaron casi dos meses en que me viera la fisiatra? ¿Esperaban que me fuera hastiado a una clínica privada?

¿Por qué sigue siendo ministro una persona que ha sido sancionada por violar la Ley de Ética Gubernamental y que el Departamento de Estado estadounidense lo cita en el apartado Corrupción gubernamental de su reporte anual?

¿Por qué aún mueren asesinadas nueve personas cada día? Es más, ¿por qué el presidente Saca González repite una y otra vez y otra vez y otra vez la mentira —mentira— de que cuando él asumió el poder había 13 homicidios diarios?

¿Por qué ya casi nadie se quiere acordar de que nos prometieron un país seguro?

¿Por qué una sociedad en la que los pastores y los obispos están hasta en la sopa es la más violenta de América Latina?

¿Por qué las nueve personas que mueren asesinadas cada día ya casi no están en los titulares de noticieros ni en las primeras páginas de los periódicos?

¿Por qué tantos colegas están convencidos de que la única función de los buenos periodistas es suplir las carencias de la Fiscalía General de la República y/o la Corte Suprema de Justicia?

¿Por qué universidades de Guatemala, México y Argentina ya han distinguido con un doctorado honoris causa a María Isabel Rodríguez y la Universidad de El Salvador por la que ella se desvivió no lo ha hecho todavía?

¿Por qué gastaron en pintar una doble línea amarilla en medio del Paseo General Escalón si nadie la respeta?

¿Por qué tiras basura a la calle?

¿Por qué pintan los postes y hasta las piedras de las carreteras y por qué calla el Ministerio de Turismo?

¿Por qué se extinguieron los tapires, las guaras y los jaguares?

¿Por qué hay quien sigue creyendo que es mejor una mala respuesta que una buena pregunta?

¿Por qué incomodan tantos porqués incómodos?


Fotografía: Roberto Valencia
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(La columna de opinión que sirve de base para este post se publicó el domingo 18 de mayo de 2008 en Enfoques, la revista dominical del diario salvadoreño La Prensa Gráfica, bajo el título "Duele El Salvador, duele")

viernes, 26 de octubre de 2012

María Isabel Rodríguez y Fidel Castro

[ACLARACIÓN NECESARIA: En las últimas horas ha circulado en internet un fragmento de esta fotografía que yo mismo escaneé en octubre de 2007, cuando la doctora María Isabel Rodríguez me la prestó para ilustrar la semblanza que le estábamos haciendo para la extinta revista Enfoques, de La Prensa Gráfica. Se están escribiendo muchas tonterías, demasiadas, a partir de esta imagen que algunos creen haber descubierto hoy; incluso hay quienes dicen que se trata de un montaje. Soy de la opinión de que el rigor y la ética deberían ser dos cualidades inherentes a toda persona que escribe para los demás, desde el editor de The New York Times hasta el bloguero más ignoto, pero también creo que no se pueden pedir peras al olmo, y por eso uno se contenta cuando ese rigor y esa ética las observa en aquellos que se autodefinen periodistas. Digo todo esto porque un medio digital salvadoreño llamado La Página, en el que quiero pensar que sus integrantes se consideran periodistas, subió anoche esta foto —pública desde hace cinco años y accesible con solo guglear "María Isabel Rodríguez" + "Fidel Castro"— en un pseudoartículo titulado "Circulan foto de ministra de Salud con Fidel Castro en redes sociales". En fin...]

Fotografía: Cortesía María Isabel Rodríguez
Fidel puso su mano izquierda sobre el hombro de María Isabel, y ella se acercó cuanto pudo al impecable traje militar. Él sostenía con sus dedos elpurito habano que acababa de encender, pero tuvo cuidado de alejarlo lo suficiente del vestido. Sonrisa abierta ella y más disimulada la de él. Así les tomaron la fotografía.

—Yo tengo la imagen -cuenta satisfecha- del último cigarro de Fidel.

Está convencida de que a partir de esa noche nunca más volvió a fumar, y lo cree porque se comprometió públicamente en aquella conferencia internacional sobre educación médica. Solo él sabe si cumplió su palabra, pero lo que María Isabel sí pudo comprobar con sus propios ojos es que Fidel ya no fumaba en las otras ocasiones en las estuvo con él después de aquel julio de 1986, cuando les tomaron la fotografía. 

—Él entonces nos decía que iba a durar 120 años, pero parece que no le va a salir. 

Fidel Castro era el jefe de Estado cubano, y 21 años después, sigue siendo el jefe de Estado cubano. Y María Isabel Rodríguez era consultora de laOrganización Panamericana de la Salud (OPS), y hoy es rectora saliente de laUniversidad de El Salvador (UES).

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(Esta es la entrada del primer perfil de la era post-Leila que escribí en mi carrera. La protagonista era María Isabel Rodríguez, quien entonces (octubre de 2007)  se aprestaba dejar la rectoría de la Universidad de El Salvador. El relato se publicó el 28 de octubre de 2007 en la revista Enfoques, de La Prensa gráfica, bajo el título "Estudió, educó, batalló, naufragó, rio"

Fotografía: Roberto Valencia

martes, 24 de julio de 2012

De héroes a villanos en un chasquido

Los 11 años más interesantes de mi vida los he pasado en El Salvador. Mi esposa y mis hijas son salvadoreñas de nacimiento, y yo –creo que lo he dicho o sugerido en algún otro post– me considero hoy más salvadoreño que vasco (español nunca me consideré). Digo todo esto porque, después de tanto tiempo, uno cree estar ya consciente de ciertos vicios arraigados en nuestra sociedad, como lo son la deshumanización y la falta de civismo; sin embargo, ni siquiera ese pequeño grado de conciencia evita sobresaltos como el que tuve hace unas horas.

Me explico: en el último mes el país entero parecía –parecía– estar en vilo por la suerte de cinco estudiantes de una escuela pública de Santa Tecla, desaparecidos primero, y hallados asesinados y enterrados después en una finca de la cordillera del Bálsamo. Me atrevo a aseverar que, sin pleito en la Corte Suprema de Justicia de por medio, el caso hubiera encabezado los trending topics de todas las redes sociales y similares guanacas.

Pues bien, los colegas de La Prensa Gráfica publican hoy un relato en el que le apuestan a una versión en la que los cinco jóvenes lo que querían era convertirse en pandilleros de la Mara Salvatrucha-13, y que fueron gustosos a la finca porque creían que ese día, después de meses de coqueteo con al clica Teclas Locos Salvatruchos, los brincarían. Pero en lugar de brincarlos, los asesinaron. El hecho es el mismo –las vidas de cinco jóvenes segadas supuestamente por pandilleros–, pero entre los comentarios de los lectores leo esto:

  • Guanaquito: 5 PANDILLEROS MENOS, QUE BUENO.....Y ASI LOS LLORAN.... ERAN BASURA. GRACIAS A LOS PANDILLEROS YA HAY CINCO MENOS, QUE BUENO, JUVENTUD TIRADA A LA BASURA...Y SUS PADRES DONDE ESTABAN, PORQUE NO LO CORRIGIERON A TIEMPO HOY NO SE LAMENTEN NI LLOREN... ESTIERCOL ERAN, ESTAN MEJOR BAJO TIERRA, HACEN MENOS DAÑO. DEN POR CERRADO ESTE CASO, QUE BUENO, CINCO BASURAS MENOS 
  • Mollak: Yo lo que quiero saber que es lo que van ha hacer toda la gente de Santa Tecla incluyendo su alcalde Oscar Ortis con comunidades com las del paraiso o colonias marginales que por años han estado en el mismo espacio fisico han crecido se han desarrollado y toda la plaga que contagia a la ciudad vienen de esta mal creada colonia marginal. Cual es la politica que el gobierno municipal tienen para reubicar y remover a esta gente de la ciudad ....cual es el plan contingencial que este alcalde tiene y otros mas donde existen Marginales reconcentradero de delincuentes y pandilleros????? quitar comunidades como estas en el corazon de ciudades como Sata Tecla debe de estar en cualquier plataforma politica de alguien quien quiera asumir alcaldias diputaciones presidenciales etc. . Esta gente se ha acentado alli por la fuerza y nadie dice nada.Todo los carros que rroban los ladrones vienen en su mayoria de esta comunidad. La peste de los Pandilleros vienen de alli, alli esta la mata de tanto terrorista pandillero o sea basuras que no sirven para nada. 
  • Mariacolo: me habia sentido conmocionada en verdad, hasta llore pensando en 5 inocentes pero ahora veo que eran 5 basuras en potencia, que alegria que hay 5 menos de ellos habran salido cientos de asesinatos si antes de entrar a la mara cobraban renta despues que harian matar a gente inocente? Matense basuras que a la gente honrada y decente que somos mas ya ustedes pueden podrirse en el infierno con todo y sus familiares que los encubren... 
  • Maxi_Calona: Es que ya se demostro que esta gente no entiende con palabras, sino mira el caso en Honduras, ahi no andan con tanta paja como aca que se les esta protegiendo, vamos enfremos ya esa lacra y midamolos con la misma vara y demosle gas a tanto malacate que esta en la carcel y en las calles y solo quedemos los verdaderos trabajadores que sacamos adelante a este país 
  • Polla11: ///////////////////recuerden que vale mas un perro muerto que un marero respirando no se toquen el alma para matar a un mugroso de estos///////////////////////// :-) 
  • COCOUSA: QUE PENA, LA JUVENTUD DE EL SALVADOR, YA NO QUIERE ESTUDIAR NI HACER NADA, PREFIEREN IRSE A PANDILLAS, EMBORRACHARSE, DROGRARSE O PERDER EL TIEMPO, POR ESO NI LA PAES PASAN, QUE LASTIMA, POR ESO EL SALVADOR NUNCA SALE DE DONDE ESTA, EN FIN, TALVEZ ASI APRENDEN Y TOMAN EJEMPLO DE QUE EL QUE MAL ANDA, MAL TERMINA..... SOLO POR ALARDEAR Y LLEVARSELA DE CHIVITO........ 
  • Elmocncho2012: Que pena que los padres no se den cuenta de lo que hacen sus hijos. Tambien que se hagan los tontos cuando se dan cuenta que estan ligados a las pandillas. Vaya usted a saber cuantas personas se salvaron de morir en manos de estos asesinos. 
  • Herncarlos2: Bueno, angelitos de Dios como decian los medios al inicio no son asi que por mi parte me alegro que hay cinco mareros menos en el pais. 
  • Tusnalgas: Eso les pasa por estupidos. Y tambien a los padres por estupidos y alcahuetes, por no controlar y corregir a sus hijos desde pequeños. Por lo menos la sociedad se libro de 5 mareros mas que venian en camino. 

Es cierto que hay algunos otros comentarios que tratan de corregir tanto despropósito, pero son minoría. Abunda pues el perfil del salvadoreño que se recrea con estos jóvenes para desahogar sus propias frustraciones: un día los utilizan para simular humanismo y hacernos creer que les preocupan sus familias, y al siguiente los usan para evidenciar la violencia que los carcome por dentro.

“En la conciencia colectiva de #ElSalvador los roles de héroes y villanos se intercambian con demasiada facilidad”, he escrito –apenado– en mi cuenta de Twitter después de leer tanta ignorancia condensada…

Fotografía: internet

jueves, 7 de junio de 2012

Un puente y 34 escalones

En mi post anterior comenté, al calor de mi cumpleaños, una de las ventajas que tiene el envejecimiento. Hoy agrego otra, esta vez en un plano estrictamente profesional: cuanto más se ha caminado en esto que Gabo calificó como el oficio más bello del mundo, mayor es el equipaje, y yo soy de esas personas a las que les gusta archivar-clasificar-guardar consciente de que, muchos años después, tiene su encanto mirar atrás y releerse.

Un día de estos, buscando cualquier otra cosa, di con el PDF de un pequeño reportaje publicado el 12 de agosto de 2003, hace casi nueve años. Lo firmamos Mayrene Zamora –compañera entonces en la sección Gran San Salvador, del diario salvadoreño La Prensa Gráfica– y yo, y lleva por título “Un puente y 34 escalones”. Con excepción de los reportajes que hice en 2002 sobre Gustavo Adolfo Parada, (a) El Directo, casi estoy convencido de que se trata del primer material medianamente elaborado que escribí sobre el fenómeno de las maras. Para esa época, aunque ya llevaba año y ficha en este que hoy es mi país, casi todo ese tiempo lo había pasado como editor de los suplementos regionales para las zonas oriental y occidental, primero en El Diario de Hoy y luego en La Prensa Gráfica.

El reportaje, publicado apenas tres semanas después de que el expresidente Francisco Flores se parara frente a un mural de la colonia IVU de San Salvador para lanzar el Plan Mano Dura, es superficial y hasta inocente, pero leerlo casi una década después me deja algunas sensaciones-reflexiones que comentaré más luego, cuando lo hayan leído, a ver si concuerdan conmigo.
Un puente y 34 escalones
Ésa es la distancia que separa dos ciudades, dos colonias... y dos pandillas.

La Divina Providencia de Cuscatancingo y San José de Mejicanos no están unidas sólo por un estrecho puente y por sus nombres de reminiscencias bíblicas. A estas dos colonias también les une el hecho de albergar grupos de mareros que se han “adueñado” del territorio, y que compiten con la pandilla rival por defenderlo. La MS controla en “Cusca”, mientras que la San José está dominada por la M 18.

No son las únicas ni las más peligrosas. Son sólo un ejemplo de lo que a diario se vive en decenas de colonias de Soyapango, San Martín, San Salvador... y representan lo que el Gobierno pretende frenar con el plan Mano Dura puesto en marcha hace ya 20 días.

Los múltiples testimonios recogidos para este reportaje se pueden resumir en tres pinceladas: existe un generalizado apoyo entre los vecinos al plan del presidente; los pandilleros lo rechazan y denuncian persecución policial y los residentes no se sienten amenazados por los mareros de su comunidad.

“Cárcel o cementerio”
Maura Ramírez reside desde hace 25 años en la Divina Providencia y sintetiza el sentir de muchos de sus vecinos: “He visto cómo han ido creciendo estos cipotes; a saber qué se les pasa por la cabeza para que se tatúen... porque saben que lo que les espera es la cárcel o el cementerio, y no piensan en el dolor que causan a sus familias”.

No se trata de una simple opinión. Son incontables los hechos violentos que se han dado en la zona. El último ocurrió el pasado miércoles, cuando los “salvatruchos” bajaron los 34 escalones y el puente para lanzar, a plena luz del día, tres granadas hechizas que hirieron a un anciano, a un menor y a un motorista que pasaba por la zona.

Julio Ramos, de 75 años de edad, recrimina la actitud de la mara Salvatrucha, “a los que les vale que haya niños y ancianos, y tiran grandes piedras y artefactos explosivos”. De sus vecinos no tiene tan mal concepto: “Son mara de pantalla; tengo años de vivir aquí y nunca he oído que hayan matado o robado en las casas”.

Arriba, en la Divina Providencia, los términos se invierten. Alejandro Ruiz, quien defiende la implantación del plan Mano Dura, señala: “Los ves pasar y que andan tatuados, pero, a pesar de que algunos dan miedo por su aspecto, nunca nos han hecho nada”.

¿Y qué dicen los pandilleros? Los dos consultados por LA PRENSA GRÁFICA, cada uno de una mara, aseguran “no meterse con nadie” y culpabilizan a “los otros” de la violencia. En lo que sí están de acuerdo es en denunciar brutalidad policial, “porque si no andas un documento te llevan y te dan duro”.

Distintas versiones para el mismo problema. Domingo Panameño, el septuagenario lesionado en el último hecho violento, concluye con pesimismo: “El plan ha sanado un poquito la situación, pero, si dejan de hacerlo, va a ser peor”.

Muy al estilo de lo que me tocaba escribir en esa época, el relato tenía su nota secundaria, su recuadro de datos y su par de citas, pero no he querido aburrirles tanto. En cuanto a las sensaciones-reflexiones…
  1. Lo primero, consignar lo verde que estaba en estas lides. Cientos de colegas lo siguen haciendo hoy día, pero llamar Mara 18 al Barrio 18 es un pecado capital. En el lugar equivocado y frente a la gente equivocada, un error así puede costarle la vida a uno.  
  2. En esa época, ejercer el periodismo en territorios controlados por las pandillas era mucho más sencillo; recuerdo que, para este reportaje, agarré un par de mañanas mi Daewoo Matiz y me fui solo a la zona, subí y bajé en repetidas ocasiones los 34 escalones, y hablé con quien quise y como quise, incluidos por supuesto los pandilleros. La evolución del fenómeno ha hecho que se pierda esa espontaneidad. Yo sigo llegando a zonas conflictivas (ayer mismo pasé la tarde en la quinta etapa de La Margaritas, en Soyapango), pero ahora uno siente que se la está jugando. Es distinto.  
  3. Las violaciones de los derechos humanos protagonizadas por los agentes de la Policía Nacional Civil parecen ser una actitud enquistada en la corporación desde su mismo nacimiento. Y sigue vigente…   
  4. En las declaraciones de los residentes no hay temor hacia la pandilla; hay perplejidad.  
  5. Hay una frase en apariencia intrascendente que, vista hoy, martillea: “Los residentes no se sienten amenazados por los mareros de su comunidad”. ¿Para qué entonces el manodurismo? El año 2002 cerró con un promedio de 5.9 homicidios diarios. Para 2011 estábamos ya en 12 asesinatos cada día. Creo que textos como este, a pesar de su ingenuidad, sirven para ilustrar lo equivocado que estuvo aplicar el manodurismo cuando se estaba a tiempo de recetar prevención y reinserción.  
  6. Una sociedad tan socialmente anestesiada como la salvadoreña se dejó imponer una receta que resultó peor que la misma enfermedad. Los periodistas nos dejamos engañar y, unos de forma activa y otros por mirar hacia otro lado, nos convertimos en cómplices de quienes llevaron este país al cadalso. Por eso hoy estamos como estamos…. 
 

martes, 6 de marzo de 2012

El Spirit of Saint Louis en Ilopango


Con demasiados colochos para mi gusto, pero el diario La Prensa mañana se encargará de registrar para la eternidad que lo que va a ocurrir en los próximos minutos es algo realmente relevante para un paisito como El Salvador. “El coronel Carlos Lindbergh –así arrancará una extensa y detallada crónica–, el más formidable de los dominadores del aire, está desde ayer en nuestro país, y el Spirit of Saint Louis, el avión más célebre que hay en todo el mundo, reposa, tranquilamente, en el campo de Ilopango, bajo el cielo purísimo de nuestra patria”.

Sí, el Spirit of Saint Louis, aterrizará en unos minutos justo aquí, en el aeródromo de Ilopango; por eso la inusitada expectación. Hoy es el primer día de 1928, y el celebérrimo Lindbergh ha tenido a bien elegir El Salvador como escala en su viaje por Centroamérica, Colombia, Venezuela y el Caribe. No es poca cosa. A bordo de su avioneta, hace apenas siete meses se convirtió en el primer piloto en atravesar el océano Atlántico en solitario –un vuelo sin escalas de 33 horas y media entre Nueva York y París–, uno de los hitos inamovibles de la historia de la aviación. Su presencia en el país, para que pueda ser entendida por un salvadoreño de inicios del siglo XXI, sería comparable a que el Barça de Messi eligiera el Cuscatlán para un partido de pretemporada.

La mañana ha sido limpia en Ilopango. El Spirit of Saint Louis viene desde la Honduras Británica, desde Ciudad de Belice, y la excepcionalidad del evento ha traído hasta el campo de Ilopango al mismísimo presidente de la República, Pío Romero Bosque, y a buena parte de su gabinete.

Hace unos minutos, cuando un telégrafo ha confirmado que la avioneta había ingresado ya en territorio salvadoreño por Metapán, Munés y Bondanza, dos destacados aviadores salvadoreños, han despegado desde Ilopango con la idea de escoltarlo en sus últimos kilómetros, pero la mala fortuna ha hecho que bordearan el volcán de San Salvador por el lado contrario a Lindbergh, y no se han cruzado. Por eso ahora, cuando apenas pasan unos minutos de las 9 de la mañana, aparece a lo lejos la mítica avioneta, solitaria y arrogante.

El Spirit of Saint Louis aterriza suave como pluma, y ciento, miles de salvadoreños, lo reciben con una ovación.

De este peculiar primero de enero en El Salvador, supongo, se seguirá escribiendo en el futuro.


Fotografía: Jorge de Sojo

martes, 28 de febrero de 2012

Al interior de las torres de la iglesia El Carmen

Incluso antes de entrar la iglesia El Carmen llama la atención. Sus torres pueden verse de varias cuadras a la redonda. La dirección es avenida Manuel Gallardo y 1.ª calle poniente, arteria que la Alcaldía de Santa Tecla rebautizó como la calle Padres Jesuitas*. En salvadoreño, es la que está dos cuadras al norte del parque Daniel Hernández, frente a la parada de bus del Banco Agrícola.

Desde esa parada, a través de una puerta gris, se ve casi toda la fachada. La madera luce vieja y arrugada, como un papel que se ha secado después de estar mojado. Se echa en falta la imagen de la virgen, que la bajaron tras el terremoto del 13 de enero de 2001. Ahora está junto al hangar anexo, donde el padre Salvador Carranza -el padre Chambita
- y otros jesuitas celebran misa todos los días de la semana. Salvo esa puerta gris, toda la verja que rodea lo que podría considerarse el atrio está cubierta con oxidadas láminas de zinc, como si se quisiera ocultar la decadencia. Al otro lado, hay helechos queriéndose adueñar de las agrietadas paredes exteriores, hay troncos, hojas y ramas secas esparcidas por el suelo, y hay un par de matas de guineo que uno no sabe bien qué hacen ahí.

Las láminas de zinc están rematadas con alambre de espino o alambre razor. Pero no sirvió de mucho. Desde hace poco más de un año el templo cuenta con alarma. La instalaron después de que unos ladrones se llevaron un buen número de bancas, la Carmela y poco faltó para que también desapareciera la Chaleca. Ellas son dos de las tres campanas que estaban en las torres.

Una vez dentro de El Carmen, el panorama cambia. El padre Chambita lleva un casco plástico gris que de poco le serviría si el edificio se viene abajo, como teme, y narra con pasión cómo fue el día del terremoto. Por la pared que desapareció casi por completo, la oriental, salieron unos estudiantes que estaban de visita en el templo. El gigantesco hueco de doce metros de longitud sigue ahí, cubierto por una endeble estructura de láminas. Se colocó en 2001, y nadie ha hecho nada más desde entonces. Sin ellas, se verían las matas de guineo de fuera.

No están las bancas, y la nave parece por ello más larga y más desnuda. Se mire donde se mire, no hay más de tres metros de pared sin grietas o sin agujeros en toda la mitad inferior. La situación cambia en la mitad superior, la sostenida por las columnas, que no ha perdido su encanto. Si se mira a algunas partes del suelo, uno se encuentra con las evidencias de que algún animal ha estado arriba. Si se mira hacia arriba, se ven palomas de Castilla revoloteando. Ni el alambre de púas ni la alarma han frenado a estos animales, los que más ganaron con el tácito abandono de una iglesia que era la candidata número uno para convertirse en la catedral de Santa Tecla.

En toda la estructura hay luz natural más que suficiente, y tiene mobiliario eclesiástico de madera amontando en la parte delantera. La sensación ahí dentro es también de decadencia, pero es distinta a la que se tiene fuera. La nave y sus 32 columnas mantienen intacto su poder de seducción, ese que durante más de nueve décadas estuvo al alcance de cualquier feligrés o visitante. Ahora está bajo llave.

El recorrido termina en las entrañas del templo, que El Carmen las tiene en sus dos emblemáticas torres. Son, escribieron los entendidos, las que menos sufrieron aquel 13 de enero. Son de madera, y no de adobe o mampostería, como los muros colapsados. Pero que no les afectara tanto el terremoto no significa que gocen de buena salud. Un siglo es mucho tiempo para la madera.

Para subir, la entrada está en una puerta casi oculta y situada en la parte inferior de la torre derecha. Dentro, hay distintos bloques de escaleras y hay oscuridad. Sobra la oscuridad. Algunos peldaños se mueven, la madera está agujereada y cruje. Todo eso, unido al hecho de ser un edificio cerrado por peligro de colapso, hace que la incertidumbre sea difícil de vencer. Hay tramos, los más altos, en los que la oscuridad hace a uno ir a tientas. Y ni el sonido de las palomas ni su olor contribuyen a la tranquilidad.

Antes de llegar al primer nivel, si es que se puede llamar así, el padre Chambita explica la primera sorpresa: “La fachada que hoy vemos es una fachada añadida. La fachada principal es un triple arco, porque El Carmen iba a ser al principio mucho más baja, neocolonial, y la que se ve es la añadida“. En las entrañas se ve con claridad lo que quiere explicar: un muro macizo y oculto tras la estructura de madera.

El segundo nivel es el tejado de la nave, con láminas de zinc blancas marcadas por el óxido. Es el lugar donde estaban las campanas y la imagen de El Carmen. Desde ahí arriba, se ve el pecado que se cometió al construir las residenciales que trepan las cordillera del Bálsamo; se ve la renovada iglesia de la Inmaculada Concepción; se ve el bullicioso mercado; se ve el volcán de San Salvador; se ven decenas de tejados donde hay más láminas que tejas. En definitiva, se ve Santa Tecla, la ciudad creada vía decreto.

Aún se puede subir más, hasta las estilizadas cúpulas de las torres. Hay más escaleras, pero ya no merece la pena. Lo que se intuye arriba, entre la oscuridad, es solo una maraña de vigas y tablas. Ahí termina el recorrido, y empiezan las preguntas. ¿Se puede salvar El Carmen? ¿Por qué no se ha hecho nada en siete años? ¿Y si ocurriera otro terremoto mañana?
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* La calle Padres Jesuitas ha vuelto a ser rebautizada y ahora se conoce como Paseo El Carmen.

Fotografía: Roberto Valencia
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(Este relato forma parte de un reportaje sobre la iglesia de El Carmen publicado el 2 de marzo de 2008 en Revista Dominical, de La Prensa Gráfica, bajo el título de Abandonada a su propia suerte.)

viernes, 4 de noviembre de 2011

Magaly, María, Rafael y Óscar Arnulfo

Magaly López, María Espinoza y un tal Rafael Correa coincidieron ayer –30 de octubre de 2008– en la entrada oriental de Catedral metropolitana. Los juntaron el azar y Monseñor Romero. El fugaz encuentro ocurrió al filo de la 4 de la tarde, en un espacio poco más grande que el que hay dentro de un ascensor. Después, cada quien siguió con lo suyo.

Magaly López tiene 10 años. Nada sabe de cumbres iberoamericanas ni cosas de esas. Trabaja. Junto a su hermana Fátima llega a diario a catedral desde la residencial Altavista, en Ilopango. Venden –intentan vender– unas calcomanías con motivos religiosos, dos sobres por el dólar. Para aprovechar el tirón que tiene Monseñor Romero, su madre las deja en las entradas a la cripta. Magaly no pudo endosarle ninguna de sus calcomanías al señor de ojos zarcos e impecable saco que se le acercó, le acarició la cabeza y le sonrió.

—¿Y sabes quién es él? –le pregunté después.
—No.

María Espinoza llega a catedral cada día desde hace cinco años desde El Rosario, Laz Paz, cerca del aeropuerto. Se sienta en la entrada oriental de 2 de la tarde a 5 y media. Monseñor Romero, dice, genera bastante movimiento. Ayer estaba en su banquito de plástico con su huacalón lleno de elotes, tamales y atol cuando un tal Rafael Correa se bajó de un potente carro granate. Vio frente a sus narices cómo saludaba a una niña llamada Magaly.

—¿Y usted sabe quién vendrá hoy? –le había preguntado media hora antes.
—No.

Rafael Correa, presidente de la República del Ecuador, se ausentó de la XVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, en la exclusiva colonia San Benito, para bajar hasta el centro de San Salvador, a Catedral metropolitana. Su deseo era conocer el mausoleo bajo el que se encuentran los restos de Monseñor Romero. Descendió de su potente Toyota Prado granate y, con la connivencia de su equipo de seguridad, saludó a una niña llamada Magaly frente a las narices de una vendedora de elotes llamada María.

Después entró en la cripta, raudo. Dejó a los periodistas que lo acechaban sin las ansiadas declaraciones. A la salida, y entre empujones, alcanzó a decir que Monseñor Romero es un ejemplo de vida para los latinoamericanos, que quisiera que la Iglesia siguiera más su ejemplo. Lo dijo con la voz casi apagada por gritos de ¡Viva Rafael!, de ¡Vivan los gobiernos de izquierda! de ¡Correa, Correa!

Todo ocurrió en apenas 12 minutos. Después, el tal Rafael Correa regresó a la Cumbre a proponer una nueva arquitectura financiera regional. Magaly se quedó junto a su hermana vendiendo calcomanías a dos por el dólar; y María, ofreciendo atolyelotes y tamales a $0.25, $0.30 y $0.35.

El encuentro seguramente no se repetirá nunca.


Fotografía: Salomón Vásquez
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(Esta es una versión de una crónica ligera publicada el 31 de octubre de 2008 en el diario salvadoreño La Prensa Gráfica, bajo el título de "Correa hizo una escapada por Romero")

viernes, 21 de octubre de 2011

"La fecha que ningún salvadoreño olvidará" (15 de septiembre de 1879)

Este lunes se conmemoran 58 años desde que la Capitanía General de Guatemala (que incluía la Provincia de San Salvador y la Alcaldía Mayor de Sonsonate) firmó el Acta de Independencia que supuso la ruptura con la Monarquía española, para pocas semanas después incorporarse al Imperio Mexicano. Este lunes es 15 de septiembre de 1879.

El nacionalismo aún no se ha apoderado de las conciencias ni de los discursos, y el aniversario no altera ni mucho menos el diario vivir del país, pero este año hay una novedad en las tímidas actividades que desde el Gobierno se han organizado: la gubernamental Banda de la Libertad, impulsada por el presidente Rafael Zaldívar y dirigida por un italiano de 32 años llamado Giovanni Enrico Aberle (que pasará a la historia como Juan Aberle), interpreta hoy, por primera vez en público, una canción que arranca así: “Saludemos la patria orgullosos…”.

Apenas los que la cantan se la pueden esta mañana. El italiano ha compuesto la música.

Aberle morirá en la madrugada del 28 de febrero de 1930 en la ciudad de Santa Ana, y será enterrado bajo una modesta lápida en la sección Los Ilustres del Cementerio General de San Salvador. Un día después de su fallecimiento, el diario La Prensa, germen de lo que algún día se llamará La Prensa Gráfica, publicará un generoso obituario en el que se afirmará que hoy, 15 de septiembre de 1879, es una fecha "que ningún salvadoreño olvidará, pues, fue entonces que como un chorro maravilloso de diamantes armónicos efluvió sus bellezas el Himno Nacional salvadoreño que la mente de un ilustre napolitano regalaba como ofrenda a nuestra patria”.

La fecha que ningún salvadoreño olvidará, dirá.

Pero yo estoy seguro de que para el siglo XXI pocos serán los salvadoreños que sepan siquiera quién es y qué hizo Juan Aberle, el extranjero que compuso el himno nacional.


Fotografía: elsalvador.com

sábado, 16 de julio de 2011

Inside the USNS Comfort (four years ago)

No todos los días uno despierta en una camarote poco más grande que un ataúd. Dos metros de largo, 68 centímetros de anchura y 49 de distancia con el colchón de encima, apenas lo suficiente para poder girarse. Estas condiciones se repiten en los 126 distribuidos en la habitación 4-54-2 del United States Navy Ship (USNS) Comfort. Paradójicamente, se trata de un barco hospital, cuya más básica misión es evitar el uso prematuro de los susodichos ataúdes.

El Comfort lleva haciéndolo desde diciembre de 1987, y en su interior han sanado heridos en episodios trascendentales de la historia reciente, como las dos guerras de Iraq, los atentados del 11-S en Nueva York o los efectos del huracán Katrina en Nueva Orleans. A El Salvador llega a anestesiar durante seis días las secuelas de la pobreza.

Desde ayer, esta nave de 272.5 metros de longitud y camarotes estrechos está anclada en el puerto de Acajutla, y las brigadas médicas que viajan a bordo comenzarán hoy en dos sectores distintos del municipio a brindar servicios de salud gratuitos y de calidad. El país es uno de los 12 elegidos para la primera gran misión humanitaria del Comfort, bautizada como “Amistad y cooperación por las Américas”, y que se prolongará cuatro meses.

Despertar, literalmente, dentro de una misión así no es habitual para un periodista de 31 años -la edad de quien suscribe estas líneas-, y tampoco para veteranos del gremio. Luis Romero, quien en noviembre cumplirá 27 años como fotoperiodista de la agencia internacional Associated Press (AP), confirma la excepcionalidad de esta asignación: “Barcos de guerra ya había visitado, pero dormir y hacer el trayecto, nunca; esta es una experiencia bonita que se lleva uno”.

***


Antes de las 6 de la mañana, el USNS Comfort leva anclas a unos cinco kilómetros del puerto nicaragüense de Corinto, donde ha permanecido desde el 18 de julio. El sol ya asoma. Situado en la parte noroccidental del país, Corinto es el puerto del que desde hace años se asegura que será unido vía ferry con Cutuco, en La Unión; algo así como el metro para San Salvador.
El punto de encuentro

El comedor de la nave es el verdadero punto de encuentro del Comfort. Lo primero que llama la atención es que allí se juntan en aparente buena armonía todas las tonalidades que puede adquirir la piel de un ser humano. Es una sala muy amplia, salpicada de mesas y decorada con cuadros, y donde cada uno se sirve lo que quiere.

En el sector de los oficiales está colgado un gran letrero esculpido en madera: “Rose City”. Ese es el nombre que tuvo el Comfort desde que se construyó en 1976, como un petrolero, hasta 1987 cuando, tras dos años de reconversiones, regresó al mar como el barco hospital que es en la actualidad.

Tras el desayuno, que se clausura a las 7:30 a. m., el comedor se convierte en escenario de un ritual que caracteriza a la Armada estadounidense. Al unísono, unas 40 personas comienzan a vociferar el himno de la institución: “Yo soy un marino de Estados Unidos; yo respetaré y defenderé la Constitución...”.

En el grupo está Rubén Vilcara, peruano de nacimiento, pero radicado desde hace 14 años en Bethesda, Maryland. Para él también es la primera vez que realiza una misión humanitaria de esta magnitud, pero el estar asignado a la cocina y la férrea disciplina dentro del Comfort le impiden el contacto directo con los pacientes. Tras 10 días sin tocar tierra, su principal preocupación parece ser cómo es la ciudad de Acajutla. Es la tercera persona que pregunta lo mismo.

La razón puede estar en la respuesta que la noche anterior ha dado Nate Escott, marino también, pero que trabaja en la oficina de comunicaciones del barco. Ante la inquietud por saber dónde tomar una cerveza, la contestación, acompañada de un elocuente gesto de extrañeza, fue concluyente: “En este barco no se puede tomar”.

Ni una sola cerveza disponible en una nave más grande que el propio Titanic. Un verdadero laberinto de escaleras, pasillos y puertas, en el que se evidencia con facilidad quiénes son los recién embarcados. El escaso mobiliario no ayuda mucho. Se repiten de manera cíclica unos pocos elementos: extintores, cajas que contienen chalecos salvavidas, surtidores de agua para tomar, un letrero que indica “To boats” —a los botes—, y las alarmas, platos metálicos de 31 centímetros de diámetro cuyo sonido, afortunadamente, no se pudo atestiguar.

Cuando uno camina por esos lugares, el mar pasa su factura. Todo el barco se mece, esté o no anclado el buque. Por ello, casi todos los objetos están amarrados, y las paredes de los ascensores están forradas con colchonetas azules.

Esa laberíntica red de callejones conduce a los diferentes puntos de reunión de los marinos que se dedican a actividades específicas dentro de la institución. La banda musical, compuesta por 14 personas, viaja en el Comfort con la exclusiva misión de ensayar y tocar. David Wiley, el director del grupo, explica en inglés el porqué de la presencia: “La música es un lenguaje universal que llena de buenos sentimientos a las personas”. Para comprobarlo, la invitación que hacen es a acudir el próximo domingo al parque central de Acajutla, donde ofrecerán un concierto de jazz. Gratuito, por supuesto.

En la cocina, Roderick Bryan es el marino que explica cómo se las ingenian para preparar la comida a unas 700 personas cada día sin que el menú se repita en tres semanas. Las bodegas y los congeladores se llenaron en junio, cuando el Comfort inició su misión, y saben que habrá alimentos hasta el 14 de octubre, la fecha prevista para el regreso a Norfolk, en el estado de Virginia. Lo único que adquieren en los puertos a los que llegan es todo aquello que no se puede congelar o enlatar, lo que reduce a los vegetales y poco más la lista de la compra, que también harán estos días en El Salvador.

Y, además de marinos, en un barco hospital lo que abunda son los médicos, y las salas de operación, de rayos X, ucis... Iván Shulman es un cirujano que decidió cambiar durante cuatro meses su trabajo en un hospital angelino por formar parte del Proyecto Esperanza, una de las ONG que más se ha involucrado en esta iniciativa. “Somos médicos, y lo somos porque nuestra misión es ayudar a la gente en cualquier parte del mundo”, contesta en castellano, el idioma que, a veces con más buena voluntad que otra cosa, casi todos quieren ensayar cuando están frente a alguien que lo habla. Sobre su labor y la de sus colegas, que es en realidad lo más importante, se podrá profundizar en los próximos seis días.

Vilcara, Wiley, Shulman... apellidos en singular de una historia colectiva que ayer atracó en El Salvador. Hasta el 1.º de agosto se podrá conocer de primera mano la labor humanitaria de este grupo de personas que está recorriendo América Latina operando, medicando, haciendo análisis clínicos, regalando lentes o rellenando caries, por citar tan solo cinco del extenso listado de servicios que brinda el Comfort.

Tres de los 262 municipios del país, los tres de Sonsonate, han sido los elegidos para recibir una inyección de las buenas. A última hora de la tarde de ayer, ya se desembarcaban por medio de un helicóptero las medicinas, los insumos y el equipo que llega para quedarse. Una inyección de salud que viene del mar.

Fotografía: Óscar Leiva
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(Este remedo de crónica fue publicada el 26 de julio de 2007 en el periódico salvadoreño La Prensa Gráfica)
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