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domingo, 21 de julio de 2013

Quince años secuestrados


Esta página pertenece a la sección 'Nacionales' de la edición de La Prensa Gráfica del 15 de enero de 1999...

Fotografía: Roberto Valencia
...pero bien podría ser alguna edición de 2001, 2004, 2007, 2011 o de 2013. En Quezaltepeque, en el departamento de La Libertad, el fenómeno de las pandillas ha golpeado con especial virulencia prácticamente desde su implementación en El Salvador a inicios de la década de los 90. Algún académico quizá se atrevería con una explicación (siempre se atreven, aunque la escriban desde algún despacho aireacondicionado) al porqué esta ciudad de tamaño medio fue un campo especialmente fértil para el surgimiento y la proliferación de pandillas, pero lo cierto es que como sociedad no hemos sabido poner freno a lo que como sociedad creamos. Quezaltepeque -el país entero- sigue hoy siendo rehén de las maras, y mucho me temo -vista la intolerancia generalizada con la que las clases medias y altas reciben cualquier alternativa al manodurismo, así llamado o con cualquier otro eufemismo- que lo seguirá siendo por muchos años más. Al tiempo.

martes, 12 de marzo de 2013

Cementerio de Quezaltepeque


Es pura cortesía llamar despacho a este cuartucho, pero aun así es la habitación más decorosa de todo el Cementerio Municipal de Quezaltepeque. Es un cuadrado de tres por tres metros, de paredes repelladas y grises, y con escasa luz a pesar de que son las ocho y media de la mañana. Hay una mesa, un archivo, un par de sillas y poco más. Aquí me reciben Daniel Santos, el administrador, y Emiliano Urquía, auxiliar de administración. Estamos a mediados de enero y aún no se sabe que Quezaltepeque terminará siendo un “municipio libre de violencia”, pero he venido aquí, entre otras cosas, porque quiero que me cuenten la incidencia de la tregua entre las pandillas Barrio 18 y Mara Salvatrucha (MS-13) en su trabajo. 

—Sí se notó el cambio, porque aquí muertos así… matados podemos decirle, han disminuido bastante –me dice Santos, el que más hablará de los dos en esta entrevista.

Quezaltepeque ha sido un campo de batalla desde los noventa, un municipio marcado a fuego por la violencia que generan las maras. Su cementerio no es la excepción. Al fondo, en el muro sur, hay un gigantesco placazo de la Quezaltecos Locos Salvatruchos (QLS), la clica de la MS-13 que en esta ciudad tiene el currículum más sangriento. El grafito es sencillo: una M y una S de unos tres metros de altura, separadas por una cruz que dentro tiene pintados un 'RIP', un 'QLS' y un aka: Piojo. Falleció el 27 de febrero de 2002 y, por su destacada ubicación, resulta fácil inferir que ha sido uno de los palabreros más influyentes de esta clica. A un costado, tres columnas con akas de pandilleros fallecidos: Smile, Sparky, Lil Crazy, Flaco, Pelón, Mariachi, Gorra… hasta veinte.

Cuando pregunto a Santos y a Urquía por el placazo, resulta evidente que rehúyen el tema. “Tal vez eso lo habrán hecho en la noche, pero aquí ahora pasa bien tranquilo; hace unos años usted no podría haber estado tomando fotos como ha estado haciendo estos días”, me dice Santos. Ninguno de los dos sabe especificar cuánto tiempo lleva el grafito que evidencia que la zona está bajo dominio de la Mara Salvatrucha. Y por supuesto, a ninguno de los dos se le ocurriría borrarlo. 

—¿La tregua les ha afectado de alguna manera? –pregunto.
—Fíjese que yo tengo el control de todos los fallecidos, de todos, y ahora la mayoría son personas adultas y por muerte de Dios, digamos, muerte normal. Así, matados, pocos están llegando…


Le pido a Santos si tiene datos que avalen sus impresiones. Se gira y regresa con un viejo cuaderno manuscrito en el que aparecen los nombres, las edades y algunos datos básicos de cada una de las personas sepultadas en el cementerio.

—A ver –su dedo se desliza por el cuaderno de arriba abajo, y se detiene cuando su mirada encuentra lo que busca–, en lo que vamos de enero... mire, aquí hay uno de 23 años… De ahí tengo de 67… de 56… de 71… Este de 23 es el único joven.

Se han consumido diez días de enero y aparece un muerto joven. Le pido por favor que consulte enero de 2012, cuando el gobierno aún no había trasladado desde el Centro Penitenciario de Seguridad de Zacatecoluca a los líderes de la MS-13 y el Barrio 18, la medida que activó la tregua en marzo de 2012. Santos busca los datos en el mismo cuaderno. 

—A ver… enero de 2012… Tengo uno de 25 años… Tengo este de 16 años… Tengo este de 27… de 23… de 29… de 19 años… Estos son ya mayores… 50… 68… Tengo este de 15… de 23… A este no le pusieron edad… Tengo este de 21 años… 26… aquí otro de 18 años… Aquí ya empieza febrero…
—Suficiente, suficiente.
—Aquí hoy es raro que llegue alguien joven –reitera Santos, satisfecho–. La mayoría ahora son señores y señoras mayores de 50 años. 


Terminada la entrevista, recorro una vez más el cementerio. Dentro de un profundo zanjón encuentro a David (nombre falso, obvio, ahorita comprenderán), un sepulturero con el que ya había platicado en anteriores visitas. El de Quezaltepeque es un cementerio modesto, con apenas un puñado de empleados, y todos los servicios de enterramiento y albañilería los prestan personas como David, que se ganan la vida sin ser empleados municipales. Cobran 25 dólares por pasarse una mañana entera cavando un hoyo de 1.80 metros de profundidad, y 70 dólares cuando le piden uno de 2.40 metros.

Le pregunto también si ha notado que lleguen menos jóvenes, y responde en la misma sintonía que el administrador y su auxiliar.

Al poco, vencida ya la desconfianza, deja de cavar, baja la voz y me pide que me acerque.

—Yo acá me paso el día cavando porque no sé hacer otra cosa, pero de lo poco que gano aún tengo que pagar renta a esos malnacidos.

De la tregua y sus consecuencias se habla mucho –a favor y en contra– en los despachos, en las conferencias de prensa, en los platós de televisión, en Facebook, en los reportes que elaboran dizque gurús con renombre internacional. Se pontifica sin conocimiento, sin vivencia, porque casi siempre opinan quienes desconocen la complejidad del fenómeno de las pandillas, algo que conocen realmente bien quienes viven entre los pandilleros, quienes los sufren. Ellos –no los ministros, no los mediadores, no los periodistas, no los comentaristas bravucones de redes sociales, salvo excepciones– son los que mejor saben si este año de tregua es motivo para la esperanza o para la preocupación. Quizá habría que considerar incluir esas voces, las de las verdaderas víctimas, en este diálogo de sordos al que casi siempre le sobra visceralidad. 

Fotografía: Roberto Valencia
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(Este relato fue publicado el 8 de marzo de 2013 en la sección Bitácora del proyecto de cobertura periodística de la violencia Sala Negra, de elfaro.net)

sábado, 19 de mayo de 2012

Gangster Fury o la furia criminal

La música terminó, y José Alberto Menjívar Quintanilla se llevó el micrófono a la boca para las palabras de despedida: “Este mensaje nos ayuda a que todo esto traiga paz en el mundo, en el país, en El Salvador. Vamos a poner nuestro granito de arena, poco a poco, pero lo vamos a lograr”. Después, aplausos, satisfacción.

Hasta aquí, todo relativamente normal; esas palabras, ese mensaje, encajarían a la perfección en el cierre de un culto o de un concierto benéfico. Pero no. Menjívar Quintanilla cumple una pena de 70 años por un doble homicidio. Los dos cantantes que lo acompañan también son privados de libertad, el escenario es una oscura esquina de un patio del Centro Penal de Quezaltepeque (La Libertad), el telón de fondo en un esmerado e intimidante grafito de la Dina Locos (curiosamente, la misma colonia en la que el expresidente Francisco Flores lanzó el Plan Mano Dura en 2003), y el público lo integramos varios centenares de homicidas, ladrones, periodistas, extorsionadores, violadores, un exdiputado y un obispo; algunos verdaderos lienzos andantes.

La escena es de las que no se ven todos los días.

Menjívar Quintanilla –de 25 años, preso desde los 19– es la voz principal de Gangster Fury (la furia criminal, en una traducción muy libre), pero el grupo lo integran también Óscar Alirio Montano, de 24, y Mario Ariel Hernández Aranda, de 20.

Los tres son pandilleros activos, de la facción de los Revolucionarios del Barrio 18, cumplen condena en el centro penitenciario de Izalco (Sonsonate), y hace tres meses comenzaron a componer. Le apuestan al hip-hop, el género urbano por excelencia, y tienen ya material suficiente para sacar su propio disco; de hecho, no sería tan raro que algo así ocurriera. Al final entenderán.

El miércoles 2 de mayo, las pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y las dos facciones del Barrio 18 hicieron público un segundo comunicado conjunto, en el que anunciaron que declaraban los centros educativos como “zonas de paz”, y anunciaban la suspensión del reclutamiento forzoso de jóvenes.

Después del anuncio, Gangster Fury ofreció un miniconcierto de tres rolas: la tercera en sonar fue Madre mía, dedicada –obvio– a las madres; la segunda, Niño pobre de la calle, trata sobre las familias disfuncionales y la niñez desamparada, “inspirada por la gente pobre de mi lindo El Salvador”; y la que abrió el show, bautizadaReflexión, que aborda el proceso de distensión iniciado el 8 de marzo, cuando el gobierno accedió a trasladar a los principales líderes pandilleros a penales con medidas de seguridad más bajas, y esto activó la tregua entre las dos pandillas que ha permitido que los homicidios que se cometen cada día bajen de un promedio de 14 a cinco.

La letra, en un tono eminentemente esperanzador y sin rehuir de la autocrítica, cita de forma expresa a personajes como el obispo castrense, Fabio Colindres, y el exdiputado Raúl Mijango (considerados ambos los facilitadores de este proceso), pero también se refiere al presidente de la República, Mauricio Funes.

Yo estuve presente en Quezaltepeque, grabé las canciones con una rudimentaria grabadora de periodista, y aquí comparto una de ellas, Reflexión, por su estricto valor informativo. hice el esfuerzo por transcribir toda la letra, literalmente, pero algunas palabras me han resultado ininteligibles, por lo que en su lugar aparecen asteriscos.



***



Tenemos que pensar, que andábamos muy mal
y que vino el padre Fabio y nos hizo reaccionar
para echar a andar un proyecto productivo
vivir nuestro futuro en un mejor sentido

Esta es la palabra de la experiencia
viene desde arriba con toda potencia
reventando cadenas de esta gran violencia
agarrado de la mano, mi hermano, ten conciencia
te pido no juzgarnos, ten un poco de paciencia
porque la paciencia es la madre de la ciencia

Gracias a mi Dios y a Raúl Mijango
porque con su ayuda nos sacó del fango
y ahora el gobierno se anda preguntando
si esto es real o estamos bromeando (2)

Joe, Gangster Fury
Somos gangster, y vamos pa’lante
tirando la semilla y cosechando la verdad
quitando las barreras que nos puedan estorbar
pues lo hago por mi gente que quiere vivir en paz

Esta es la hora de poderles expresar
gracias a mi padre que ha venido a visitar
a todos estos jóvenes, para hacerlos cambiar
que sean libres de presión, ante la sociedad
que todos los derechos sean con imparcialidad
pa’ que este país tenga una prosperidad
tenemos que ayudar, para no desmayar
y pedirle a nuestro Dios una capacidad
que todo lo que hagamos no vaya a fracasar
pues estamos bien confiados que Él nos va a ayudar
con todo este problema que tenemos que enfrentar

Esto va pa’rriba, con gran velocidad
agárrate muy fuerte, que te pueden llevar
representamos bien de lleno, de nuestro bienestar
no importa lo que surja, lo vamos a ignorar
con tal de estar muy bien, lo miraremos bien
se nos cruce en el camino, estropeando este destino (2)

Joe, Gangster Fury
Somos gangster, y vamos p’adelante
tirando la semilla y cosechando la verdad
quitando las barreras que nos puedan estorbar
pues lo hago por mi gente que quiere vivir en paz
pues lo hago por mi gente que aborrece la maldad

Virgencita, madrecita, de corazón te damos gracias
por parar tanto homicidio y que no haya una desgracia
has tocado a una persona pa’ podernos ayudar
durante mucho ***** que desechen la maldad

Fuimos parte de este juego, los errores son humanos, los vamos a erradicar
hoy estamos en lo bueno, pa’ ponerlo a predicar
llevando simplemente a las buenas personas que nos vienen a ayudar
repartiendo este mensaje, como Mauricio Funes, ayudando a El Salvador
no importando lo que pase… aprovechando la ocasión
a mi linda gente de mi tierra El Salvador
le pedimos un perdón por pelear, llorar y enterrar amargamente a su angelito amado
por errores cometidos en la vida que ha pasado
ahora entendemos de que estábamos cegados

Gracias a mi Dios por el perdón que nos ha dado
Gracias a mi ***** por habernos perdonado

Somos gangster, y vamos pa’lante
tirando la semilla y cosechando la verdad
quitando las barreras que nos puedan estorbar
pues lo hago por mi gente que aborrece la maldad…


***

Concluida la actuación, el obispo Colindres tomó el micrófono: “De las cárceles de El Salvador ha salido mucha muerte, mucho dolor para la nación, pero también esta tarde hemos podido constatar otra cosa: también aquí podemos encontrar mucha posibilidad de futuro, mucho talento, de tal manera que yo quiero suplicar a los medios que suban a Youtube lo que acaban de ver hoy, para que el país y el mundo sepan que, si bien en las cárceles hay dolor y muerte, también hay grandes talentos, grandes posibilidades y jóvenes que tienen futuro. En nombre de Dios, quiero pedir a la sociedad salvadoreña, y al mundo, una oportunidad humanitaria para los jóvenes que constituyen los grupos pandilleriles”.

Después, el obispo Colindres, el exdiputado Mijango y los tres integrantes de Gangster Fury posaron para camarógrafos y fotoperiodistas. Y Mijango, sin querer queriendo, se destapó con un anuncio:

—Los vamos a apoyar a ellos, para que graben su disco. Es un compromiso de monseñor y yo…
—¿Está hablando en serio? –pregunté, incrédulo y muy serio.

Y el obispo Colindres y el exdiputado Mijango me miraron y asintieron al unísono.


Fotografía: Edu Ponces
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(La primera versión de esta nota fue publicada originalmente el 7 de mayo de 2012 en Sala Negra de El Faro, bajo el titular Pandilleros encarcelados crean un grupo de hip-hop y le cantan a la tregua. Para leerla en su integridad, puede pulsar aquí).


sábado, 12 de mayo de 2012

Segundo comunicado de la MS-13 y el Barrio 18

[El 2 de mayo de 2012 tuve la suerte de estar presente en el centro penal de Quezaltepeque (La Libertad) cuando la facción de los Revolucionarios del Barrio 18 leyó –en nombre de la Mara Salvatrucha y de todo el Barrio 18– el segundo comunicado conjunto desde que inició el histórico proceso de diálogo entre las dos pandillas y el Gobierno de El Salvador. Publiqué una nota en El Faro con lo fundamental de los anuncios realizados, pero, dada la importancia que a mi juicio tiene el comunicado, me he tomado la molestia de transcribirlo en su totalidad, para que quede constancia de todo lo que se leyó aquella calurosa tarde en la referida cárcel.]


*** 

Los voceros nacionales de la Pandilla 18 y de la Mara Salvatrucha (MS-X3) al pueblo salvadoreño nuevamente hacemos saber:

  1. Que a 54 días de haber tomado la decisión de cesar la confrontación entre nosotros mismos y demás medidas anunciadas en un comunicado anterior, el país ha experimentado una sensible baja en la tasa diaria de homicidios y lesionados por causas de violencia, lo cual confirma nuestra posición de que podemos ser parte de la solución del más gran problema que agobia a la sociedad salvadoreña. 
  2. Reiteramos la firmeza de nuestra decisión y del valor de la palabra que hemos comprometido ante los facilitadores y el pueblo en general, por lo que estamos haciendo nuestra mejor esfuerzo en darle continuidad, sostenibilidad y buscar reducir aún más lo alcanzado hasta hoy; por tal motivo, no nos dejaremos provocar por aquellos que desde la oscuridad están empeñados en hacer fracasar este proceso histórico, con acciones de sabotaje y atentados contra las familias de algunos de nosotros, hechos que condenamos y demandamos su esclarecimiento. 
  3. Saludamos la iniciativa presidencial de convocar a un gran pacto nacional para atacar las causas estructurales que motivan la guerra social. 
  4. Agradecemos todas las manifestaciones sociales que nos están otorgando el beneficio de la duda a la solicitud que hemos hecho de que se nos permita ser parte de la solución. 
  5. A todos nuestros miembros de la libre y a los privados de libertad les agradecemos por el apoyo, la confianza y la disciplina con la cual han acatado nuestras disposiciones de no saltarse las bardas de los territorios, evitando toda provocación y les reiteramos que las estamos tomando por considerar que son de gran beneficio para el país, nuestras familias y nosotros mismos, y les reafirmamos que en este proceso histórico nadie está traicionando a nadie. Todo lo contrario: lo estamos haciendo en beneficio de todo el pueblo salvadoreño, del cual también nosotros somos parte. 
  6. Con el propósito de confirmar nuestro compromiso de contribuir a la pacificación de El Salvador, hemos considerado hacer un segundo gesto de buena voluntad, el cual consiste en declarar todos los centros escolares del país, públicos y privados, como zonas de paz; es decir, ya no serán considerados como zonas en disputa territorial, lo cual permitirá que alumnos y maestros puedan desempeñar sus actividades educativas con toda normalidad, y los padres de familia se liberen de toda preocupación cuando envíen a sus hijos a la escuela. 
  7. Asimismo declaramos que, en adelante, quedan abolidas todas las formas de reclutamiento involuntario de personas menores y mayores de edad en nuestras filas. 

El Salvador, 2 de mayo de 2012.



Fotografía: Roberto Valencia

sábado, 5 de mayo de 2012

Déjà vu

Cualquiera que siga siquiera esporádicamente este blog sabrá de la admiración que siento por la figura, el testimonio y el ejemplo de Monseñor Romero, de quien puedo decir que lo conozco relativamente bien por el vasto reporteo que tuve que realizar para escribir el libro de perfiles Hablan de Monseñor Romero. Supongo que ese bagaje es el que hizo que el miércoles 2 de mayo tuviera algo muy parecido a un déjà vu al escuchar a otro monseñor (este con minúscula) una frase que a mí me sonó profundamente romeriana.


“En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios, ¡cese la represión!” 

Monseñor Óscar Arnulfo Romero. 23 de marzo de 1980, durante la homilía celebrada en la basílica del Sagrado Corazón, en San Salvador, un día antes de su asesinato. 
*
“En nombre de Dios, suplico, ruego y pido una oportunidad para los grupos pandilleriles. No vamos a arrepentirnos si tendemos la mano esta vez para salir adelante. ¡Quiera Dios que así sea!” 
Monseñor Fabio Colindres. 2 de mayo de 2012, después de una conferencia de prensa organizada por pandilleros del Barrio 18 en el penal de Quezaltepeque (La Libertad). 

Comparar a Monseñor Romero con monseñor Colindres puede resultar hasta ofensivo para muchos, y me incluyo. Lo mismo podría decirse de la comparación de El Salvador de 1980 con El Salvador de hoy. Pero cerrarnos ante aquel llamado de Monseñor Romero a este país le costó demasiado caro. ¿Podemos los salvadoreños darnos el lujo de ignorar el llamado de hoy sin detenernos siquiera cinco minutos a meditar?



Fotografía: Roberto Valencia



lunes, 3 de mayo de 2010

El aliado de los malos gobernantes

Este champerío es la comunidad El Jabalí-La Meca, pero por acá todos la conocen solo como La Meca. Pertenece a Quezaltepeque y está junto a la autovía que viene desde Sitio del Niño, sobre la lava que el volcán de San Salvador vomitó en 1917. El asentamiento dista no más de cinco minutos en carro del casco urbano quezalteco y un cuarto de hora de la capital del país, pero recorrer esas distancias es como atravesar un agujero en el tiempo: La Meca no tiene servicio de agua potable ni de energía eléctrica ni de recogida de desechos ni letrinas ni está adoquinada ni…

La pipa que llegó esta mañana a La Meca es propiedad de la alcaldía. El agua que dan es poca, pero es buena y es gratis. Ha pasado más de una hora, y el camión debe estar ya terminando su gira. Rosa es pequeña, compacta y tostada. Cuesta creer que tenga solo 24 años. Ha sido una de las primeras en recibir su agua, y hace unos minutos puso unos frijoles al fuego. Su nombre completo, Rosa Amelia Canales, suena a telenovela. Los de sus hijas, Reina Elizabeth y Ruth Esmeralda, a realeza, como si con ellas hubiera pretendido burlar su destino. Le gusta hablar y hablar. Su cocina, por llamarlo de alguna manera, es un barril ubicado fuera de la champa, carcomido por el óxido y abierto por un lado hasta la mitad. Ahí arden unos leños; sobre los leños, una estructura metálica; y sobre la estructura, la cazuela.

Rosa pide a Reina Elizabeth que me ofrezca un mango maduro.

—Los vamos a traer bien lejísimos –dice–, para tenerle algo a las niñas aquí.

A Rosa le gusta hablar y hablar, de cualquier cosa, y menciona a Dios una y otra vez. Dice: “Con la ayuda de Dios salimos adelante”. Dice: “A mi esposo lo tuve bien grave, pero gracias a Dios ya está más o menos”. Dice: “Aquí muere la gente solo por voluntad de Dios”. En El Salvador Dios parece ser el mejor aliado de los malos gobernantes.


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(Este relato es una versión de la crónica titulada "El agua más cara es para el que menos tiene", publicada el 3 de mayo en el periódico digital El Faro)

El agua más cara es para el que menos tiene


El agua es como la salud; solo cuando falta uno cae en la cuenta de su importancia.

El Salvador tiene un serio problema de acceso a agua potable. Lo dice la vivencia periodística y también los sesudos informes de Naciones Unidas, los de las distintas oenegés enraizadas en el país y hasta los apadrinados por el propio Gobierno. Según la gubernamental Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples presentada en junio de 2009, el 21% de los salvadoreños no tiene servicio de agua por cañería. Casi 1.3 millones de salvadoreños. Otra vez: un millón trecientos mil salvadoreños.

Las cifras macro, sin embargo, diluyen las historias micro. Así, para algunos pocos, el problema del agua se resume en no poder renovar la de la piscina con la frecuencia deseada; para algotros, supone que no salga todos los días del año líquido del chorro; para otro grupo, que las horas sin servicio sean más que las horas con; hay para quien el problema es poder cancelar la factura o que la que bebe sea realmente potable; y para los últimos de este listado, juntar unos pocos litros cada día representa una misión de vida. En esta categoría caerían los vecinos de la comunidad El Jabalí-La Meca, en Quezaltepeque.

Irónicamente en lugares como este, donde cualquier descripción de la miseria siempre se quedará corta, es donde el metro cúbico de agua se paga más caro. Salvo cuando llueve, conseguir un galón de agua es más costoso para ellos que para el que no puede llenar la piscina con la frecuencia deseada.

***

—Si quiere ir a mi casa, puede ir; aquí arribita es, para que vaya a ver cómo vivimos.

Su nombre, Rosa Amelia Canales, suena a telenovela. Los de sus hijas, Reina Elizabeth y Ruth Esmeralda, a realeza, como si con ellas hubiera pretendido burlar su destino. Rosa es pequeña, compacta y tostada. Cuesta creer que tenga solo 24 años. Le gusta hablar y hablar. Ahora está junto a un barril vacío que una pipa pronto llenará. El camión no llega hasta su vivienda, el motorista dice que lleva llanta pacha, y ella ha tenido que mover el recipiente hasta la casa de Esteban Arias, un vecino. Aún no son las 9 de la mañana, pero el cielo se está encapotando. Parece que va a llover.

Foto Roberto Valencia.

Este champerío –pedrero lo llamará después el esposo de Rosa– es la comunidad El Jabalí-La Meca, pero por acá todos la conocen solo como La Meca. Pertenece a Quezaltepeque, departamento de La Libertad, y está junto a la autovía que viene desde Sitio del Niño, sobre la lava que el volcán de San Salvador vomitó en 1917. El asentamiento dista no más de cinco minutos en carro del casco urbano quezalteco y un cuarto de hora de la capital del país, pero recorrer esas distancias es como atravesar un agujero en el tiempo: La Meca no tiene servicio de agua potable ni de energía eléctrica ni de recogida de desechos ni letrinas ni está adoquinada. Por no tener, ni siquiera han sido merecedores de la etiqueta de Asentamiento Urbano Precario (AUP) que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) utilizó en el Mapa de Pobreza Urbana y Exclusión Social 2010. Para los autores del informe, un AUP debe estar compuesto por al menos cincuenta hogares, y en La Meca son en la actualidad treinta y nueve.

—¿Cuál es aquí el problema que más les urge?
—El agua, la luz, las casitas… –dice Rosa, ya en la puerta de su hogar, un montón de láminas ensambladas y oxidadas sobre un esqueleto de troncos, sin ventanas.
—Fíjese que aquí, si me permite explicarle un poquito –se suma Salvador Miranda, el esposo–, nosotros tenemos todos esos problemitas, pero además quisiéramos que nos brindaran la ayuda para dejarnos acá, a vivir aquí. Que nos escrituraran porque aquí…
—¿Quién es el dueño de esto?
—El Estado, el Gobierno… Y el Medio Ambiente lo tiene como una zona protegida.

La Meca se creó cuando expiraba la guerra civil. Muchas familias llevan en estos terrenos de roca oscura sobre los que cuesta caminar veinte años o más, pero esto forma parte del área natural protegida Complejo El Playón. El mismo Estado que permitió que al otro lado de la autovía se construyera un autódromo –El Jabalí– quiere echarlos de aquí. Toda una ironía. En realidad, todo el municipio de Quezaltepeque es una ironía. Tienen una de las tasas de homicidios más altas del país y se han autonombrado Cuna de la Convivencia y la Paz Social. Y lo del agua. Quezaltepeque está sobre algunos de los mantos acuíferos más productivos de El Salvador. De su subsuelo la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) extrae buena parte del líquido que se consume en el Área Metropolitana de San Salvador, pero al mismo tiempo Quezaltepeque está entre los 169 municipios salvadoreños que tienen al menos el 20% de sus hogares sin siquiera un chorro.

“Nuestras comunidades están sin agua, y allá, en San Salvador, la gente regando el pasto o lavando el carro con el agua de Quezalte”, se queja Nelson Alas, jefe de Servicios Públicos de la alcaldía. De hecho, como municipalidad tuvieron que invertir en la compra de una pipa para abastecer comunidades. Es un envejecido y ruidoso Dongfeng chino de color óxido y con capacidad para transportar seis metros cúbicos de agua. Se mueve como un elefante y tiene un adhesivo que dice Soluciones de Verdad. Hace unos minutos rellenó el barril de Rosa.

El ruidoso Dongfeng es siempre bienvenido en La Meca. Llena los barriles gratis, y eso es un alivio para economías tan precarias. Rosa, Salvador y las dos hijas viven del campo: alquilan media manzana de terreno y siembran maíz y frijol. Si la cosecha es buena, garantizará comida para todo el año y podrán vender algo. Los ingresos los complementa Rosa, que sabe echar pupusas y lo hace o en Quezaltepeque o en San Juan Opico. Gana cinco dólares por una jornada que le supone salir de casa a las cuatro de la mañana y regresar a las seis y media de la tarde. Los pasajes corren por su cuenta.

—Yo trabajo pero ahorita, fíjese que, usted sabe la situación, ahorita no hay trabajo, y uno siempre necesita, ¿verdad?

Quizá por eso se agradece tanto la visita de la pipa. El problema es que a veces se pasa un mes entero sin dar señales de vida y la sed no espera tanto. Entonces, casi siempre, toca pagar. La Meca está en el radar de tres piperos distintos. En el mejor de los casos, el barril se lo venden a un dólar, pero a veces toca pagarlo a uno cincuenta. Como se necesitan cinco barriles para hacer un metro cúbico, lo están cancelando a un mínimo de cinco dólares. El pliegue tarifario de ANDA aprobado en febrero de 2010 fue criticado con dureza porque dejaba de subsidiar a los grandes consumidores. Pues bien, en la actualidad a ningún cliente de ANDA, ni a las residencias ajardinadas más exclusivas ni a las empresas más derrochadoras, paga más de dos dólares por un metro cúbico consumido. En su miseria, Rosa, Salvador y el resto de residentes en La Meca o en cualquier otra comunidad que depende de piperos lo están pagando a no menos de cinco dólares.

“Es correcto”, “tiene usted toda la razón”, responderá otro día el presidente de ANDA, Marco Antonio Fortín, cuando se le pongan los números delante.

—¿Y no le parece una ironía trágica?
—Sí, pero mire –se envalentonará–, ironía más grande es que ocurra eso mientras en la zona de viviendas más cara de San Salvador, la colonia Escalón, haya conexiones directas y paguen $2.29 al mes. ¡Esa sí es una ironía!

Los excluidos, los que menos tienen, son quienes pagan el agua a granel más cara de todo el país. Y este problema, aunque se sufre en familia y casi siempre en el anonimato, es masivo. Esas cifras de acceso al agua son uno de los termómetros que año tras año pintan El Salvador como un país tercermundista.

—Desde los diecisiete tengo yo de vivir en este pedrero –dice Salvador.

Cumplirá treinta y siete años en mayo, por lo que lleva veinte en La Meca. Es de los pioneros. Antes vivió en la comunidad Milagro de la Roca II, al otro lado de la carretera, y allí tampoco conoció ni el agua potable ni la luz domiciliar. En realidad, nunca ha vivido en una casa que tenga un chorro o paredes de bloque; quizá por eso en su orden de prioridades el primero está obtener las escrituras. La última década la ha pasado con Rosa, con quien se acompañó cuando ella tenía catorce. Pronto nacieron Reina Elizabeth y Ruth Esmeralda, de siete y de cinco años. La menor aún no ha puesto pie en una escuela.

El cielo amenaza tormenta.

—Pero enveces se va para otro lado –dice Norberto González, otro vecino, también de los pioneros, que se ha sumado a la conversación.

No disponer de agua potable domiciliar obliga a tomar medidas. La champa, no importa qué tan destartalada esté, debe contar con algún sistema para que la lluvia que cae sobre el techo termine en algún barril. La estación lluviosa es una aliada poderosa. Cada familia también se las ingenia para estirar la vida útil de la poca agua de la que disponen. Así, incluso en las épocas más desahogadas, el sobrante del aseo personal sirve para lavar los trastes; y el sobrante del lavado de los trastes, para regar las plantas. Cada gota sirve.

Todos acá saben que lavarse las manos y el aseo en general son herramientas poderosas contra la gripe o la diarrea, o que cambiar el agua de los barriles evita los criaderos de zancudos, pero todos esos buenos consejos adquieren tono de insulto cuando el Estado que los da nunca ha hecho nada por evitar que los excluidos tengan que pagar cinco dólares por metro cúbico de agua.

Una ironía más: esta situación está ocurriendo en El Salvador, un país tropical en el que llueve a mares y cuyo subsuelo tiene la capacidad de almacenarla. El promedio nacional es de unos mil ochocientos milímetros de lluvia cada año. En El Cairo, la capital egipcia, solo caen diecisiete milímetros en el mismo período. Londres, ciudad con merecida fama de estar enemistada con el sol, rara vez supera los seiscientos milímetros. Y sin irse tan lejos para las comparaciones, México D.F. apenas sobrepasa los setecientos milímetros en doce meses. En El Salvador llueve y lo hace con ganas. Que un millón trescientas mil personas no tengan cañería en su casa y que buena parte de los que la tienen convivan con racionamientos es un problema de mala gestión del recurso, no de falta de agua.

Y esto ocurre a pesar de que los dos últimos gobiernos dicen haber trabajado con sentido humano uno, y el otro, con la opción preferencial por los pobres como norte.

—¿Y el agua que les venden los piperos es buena? –pregunto.
—Pues algunos enveces no lavan la pipa, solo la llenan y se vienen –dice Norberto.
—Algunos la traen bien fea, que cuando uno la toma, sabe a lata –complementa Salvador.

La figura del pipero resulta contradictoria. En comunidades como La Meca es la persona que les hace pagar el agua más cara del país, pero al mismo tiempo es la única persona que se la trae hasta sus viviendas. El propio presidente de ANDA me admitirá que hoy por hoy los piperos resultan imprescindibles.

—¿Qué ocurriría si no existieran?
—Un caos, porque ANDA no alcanza a dar el servicio a las comunidades. Sería tremendo, se manifestaría la gente, saldría a las calles, haría desórdenes…

Quien responderá así es un pipero. Se llama Óscar Rodríguez y, con algunos intervalos, trabaja desde que tenía dieciséis años en llevar y vender agua a quien la necesita. Hoy tiene 43 y es dueño de Transportes Rodríguez, una pequeña empresa con sede en San Salvador que tiene en su haber dos pipas de ocho metros cúbicos y emplea a cuatro personas. Incluso le da para pagar un pequeño anuncio diario en la sección de Clasificados de El Diario de Hoy.

La suya es una historia de superación. Llegó al negocio del agua por necesidad. Se crió en la comunidad La Brisas de San Salvador cuando allí no había servicio. Su padre comenzó a subir barriles en el viejo pick up familiar para venderlos a vecinos, y pronto vieron el filón. Así, hasta hoy. Los números son simples pero efectivos. Rodríguez llena sus pipas en planteles que ANDA tiene en La Chacra y en Los Chorros. Él paga $11.14 y la revende a $35 cuando se la da a un único comprador, y saca hasta $40 cuando la coloca a barriladas. Lo que más le conviene, asegura, es la primera opción, es decir, trabajar con empresas o residencias que le compren la pipada entera. La entrega es rápida, y los costos de traslado son menores que ir pasaje por pasaje en comunidades perdidas.

Trabajo no le falta. La estación seca, obvio, es cuando más movimiento tiene, pero el negocio se mantiene saludable durante la estación lluviosa. Hay, sin embargo, una época que resulta especialmente beneficiosa para los piperos: los períodos de campaña electoral. “En San Marcos, por ejemplo, le dan prioridad a lo del agua solo cuando hay elecciones –dirá Rodríguez–. Ahí es seguro que me alquilan las pipas, le empiezan a poner logotipos y comienzan a regalar agua, pero solo es durante la campaña, y también les dicen que les van a introducir cañerías.” Esta práctica la realizan los principales partidos políticos sin distinción de ideologías.

Rodríguez estima que, tan solo en la capital y alrededores, trabajan unas 60 pipas privadas. Ante la incapacidad estatal, vender agua a quien más lo necesita parece ser un buen negocio.

Pero la pipa que esta mañana llegó a La Meca es la municipal. El agua que dan es poca, pero es buena y es sobretodo gratis. Ha pasado más de una hora, y el camión debe estar terminando su minigira. Rosa acaba de poner unos frijoles al fuego. Su cocina, por llamarlo de alguna manera, es un barril ubicado fuera de la champa, carcomido por el óxido y abierto por un lado hasta la mitad. Ahí arden unos leños; sobre los leños, una estructura metálica; y sobre la estructura, la cazuela. Rosa pide a su hija mayor que me ofrezca un mango maduro.

—Los vamos a traer bien lejísimos –dice–, para tenerle algo a las niñas aquí.

Rosa habla y habla, y menciona a Dios una y otra vez. Dice: “Con la ayuda de Dios salimos adelante”. Dice: “A mi esposo lo tuve bien grave, pero gracias a Dios ya está más o menos”. Dice: “Aquí muere la gente solo por voluntad de Dios”. En El Salvador, Dios parece ser el mejor aliado de los malos gobernantes.

***

El ruidoso Dongfeng está ya casi vacío. Solo le alcanza para un barril más, y será el de Benito Menjívar, un hombre de 79 años que reside en la entrada a La Meca. Pero antes de llegar se viene el mameyazo de agua. Es una tormenta corta, no más de 15 minutos, pero intensa. Afuera de la pipa, junto al tanque, viajan dos ayudantes, y el motorista decide que es mejor esperar a que escampe.

Dos señoras abren la puerta de su hogar, dan la bienvenida y ofrecen sillas. Adentro, el techo es de lámina y está lleno de agujeros. Cuesta encontrar un lugar en el que uno no se moje. Pero en La Meca han sabido hacer de la necesidad virtud. Además de la canaleta para llenar barriles, debajo de cada uno de los agujeros colocan cumbos y huacales para aprovechar el agua. Llueve y la lluvia es una buena noticia para quien menos preparado está para afrontarla. Una ironía más.

—Con este barril que les ha dado la alcaldía, no tendrán que comprárselo al pipero si llega esta tarde –me atreví a comentar a Rosa antes de despedirme.
—¡Cómo no! Si viene otro en la tarde, le compramos –respondió enérgica–, porque la que me han traído ahorita es para tomar, pero necesito agua para lavar la ropa. Ya tengo mi Rinsito y lo que me falta es el agua.

Los piperos lo saben, y a ninguno se le ocurriría ir a La Meca después de una tormenta como esta. Para los que pagan el agua más cara del país, la lluvia siempre es ahorro.
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