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sábado, 23 de agosto de 2014

Mágico, Maradona y el Barça


Foto: Internet

Se nos desparramó el Mundial encima, y a los salvadoreños nos toca elegir, por octava ocasión consecutiva, entre depositar nuestras ilusiones en banderas de colores ajenos o rescatar hazañas pretéritas. Desde España 1982, con aquella selección imposible abanderada por Jorge Mágico González y surgida en el fragor de la guerra civil –y esto no es licencia literaria–, el fútbol salvadoreño no sabe lo que es un Mundial, y mucho tendrán que cambiar las cosas para.

Resignado y contagiado por el espíritu mundialista que el sistema nos impone, antes que sudar calenturas ajenas prefiero alinearme con los que rescatan hazañas, y por eso quiero hablarles tantito sobre el más grande los futbolistas que ha parido el país, aquel genio bohemio que incluso en las Españas –me atrevo a suponer– pocos habrán olvidado entre los que superan las cuatro décadas; aquel genio bohemio que cuesta imaginárselo con otra camisola que no sea la amarilla del Cádiz, pero que llegó a vestir la de FC Barcelona, lo que ha alimentado interpretaciones de todo tipo, la mayoría sin sustento real alguno.

Por partes.

Naranjito se le atragantó a nuestra Selecta: tres derrotas en tres partidos, incluida la mayor goleada que jamás se ha encajado en un Mundial, un 10-1 ante Hungría que ha quedado marcado como cicatriz en la conciencia nacional. Pero Mágico brilló y, dos semanas después de que Dino Zoff levantara la copa para Italia, el salvadoreño aterrizaba en Jerez de la Frontera para incorporarse en su nuevo equipo: el modesto Cádiz CF.


La 1982-83 fue una temporada brillante para Mágico, pero deslucida por militar en Segunda División. La 1983-84, ya en la máxima categoría, fue la del destape, con el mérito infinito de quedar tercero en el Trofeo Pichichi en un equipo que volvió a descender. Para mayo de 1984, cuando Europa calentaba motores para la Eurocopa, se daba por hecho que Mágico dejaría Cádiz. La prensa publicó que el París Saint Germain, el Hellas Verona (campeón italiano en la 1984-85) y el Atalanta presentaron ofertas por el salvadoreño durante el parón estival, y se especuló –y hoy muchos lo dan por hecho– que el FC Barcelona también quiso ficharlo. Lo que no es especulación es que Mágico vistió la camisola del Barça en dos partidos amistosos disputados en Estados Unidos.


En los dos choques ligueros previos, vestido de amarillo, Mágico había jugado sendos partidazos ante el Barça, en los que firmó dos goles de ensueño (sobre todo el primero, en el que arranca desde su campo y ridiculiza a Alexanko, a Migueli y a Urruti). Ese desempeño, he leído en más de una ocasión, es el que llevó a César Luis Menotti a querer probar al salvadoreño, para ver cómo se acoplaba en “un grande”, y para conocer de primera mano la indisciplina y el pasotismo que ya habían dado tantos titulares en los diarios como sus goles y jugadas imposibles. Las imágenes de Mágico vestido de azulgrana a la par de Diego Armando Maradona parecen ser la prueba irrefutable del intento del Barça por fichar al Mago.

Pero no.


Yo no sé si Menotti alguna vez consideró en serio su fichaje, pero sí sé que la minigira que el salvadoreño hizo con el Barça no era para probarlo. El técnico argentino, de hecho, ni siquiera dirigió el equipo en aquellos dos partidos.

Entonces, ¿por qué el FC Barcelona se lo llevó de paseo? Ahora ya no se estila hacerlo, pero en la década de los ochenta, sí. Mágico fue invitado como refuerzo puntual, cuando empresarios estadounidenses contrataron al equipo catalán para disputar en Nueva York la Copa Transatlántica, junto a el Udinese italiano, el Fluminense brasileño y el local New York Cosmos. Aquel cuadro blaugrana era, por así decirlo, el Barça B (para finales de mayo seguía disputándose un torneo oficial, la extinta Copa de la Liga, de la que el Cádiz ya había sido eliminado) reforzado con figuras de otros clubes de la Liga española y dirigido por Rogelio Poncini, la mano derecha de Menotti. También fueron invitados a la gira Miguel Tendillo (Valencia CF) y los argentinos Juan Alberto Barbas (Real Zaragoza), y Mario Husillos (Real Murcia), pero solo llegaron a buen puerto las negociaciones con Husillos y Mágico, solicitado efusivamente por el contratistas gringos por el peso creciente de la comunidad salvadoreña en la Costa Este. La inclusión de Maradona en el “Barça B reforzado” que viajó a Nueva York –también la de otros titulares habituales como Migueli y Clos– se explica porque un mes antes el Pelusa había sido sancionado por cuatro meses, tras protagonizar una tangana en la final de la Copa del Rey disputada –y perdida– ante el Athletic de Bilbao. Aquella sanción impedía a Maradona disputar partidos oficiales, pero no torneos amistosos, como lo era la referida Copa Transatlántica.


Pero Mágico no fue a probarse con el FC Barcelona. Basta leer la crónica del enviado especial del diario catalán El Mundo Deportivo publicada el 27 de mayo:

Mágico González, el crack cadista, llevaba tres camisetas en el equipaje: una amarilla de recuerdo, otra azulgrana para el “bolo”, y la del París Saint-Germain, bien dobladita, para el regreso. " En cuanto vuelva me voy a París, a pasar el reconocimiento médico, y en seguida a firmar", dijo. Su “mágica” gira puede acabar en a torre Eiffel, por lo menos.
Para entonces se daba por hecho su fichaje por el PSG, muy a pesar de los deseos de Mágico, como se encargó de explicitar al aterrizar el Barcelona en la mañana del martes 5 de junio. Así lo consignó El Mundo Deportivo en su edición del día siguiente:
Todos los ojos pendientes de Maradona, y el primero en salir fue Mágico González. Como una centella se fue a enlazar con el avión que debía transportarle a Sevilla. El salvadoreño estaba entre feliz y triste, y explicaba el porqué de su doble estado anímico: “Estoy satisfecho porque para mí ha sido todo un honor ser invitado por un club como el Barcelona a esta gira, y sobre todo por haber podido jugar al lado de Maradona. No obstante, me siento algo decepcionado de tener que dejar España. Esta semana probablemente firmaré por el París Saint Germain y me enrolaré al fútbol francés. El dinero tiene la culpa de que no me haya quedado aquí”.
Sobre la Copa Transatlántica –un extraño torneo a dos partidos, con una semana de diferencia entre el primero y el segundo–, lo reseñable sucedió en el segundo encuentro, jugado el domingo 3 de junio ante el Fluminense. Maradona y Mágico salieron de partida. El segundo gol del Barça lo firmó el salvadoreño, asistido con maestría por el argentino. El partido terminó 2-2, hubo penaltis para definir al ganador, y los dos anotaron sus lanzamientos, con lo que contribuyeron a la victoria. Fue una oscura pero digna despedida para ambos. Ninguno de los dos vestiría nunca más la camisola blaugrana.

Maradona regresó a Barcelona para hacer maletas y volar a Nápoles, ciudad en la que construyó una leyenda.

Mágico regresó a Cádiz, logró abortar su fichaje por el PSG, y terminó de construir su propia leyenda en la Tacita de Plata.

Conozco Nápoles, viví un año en el sur de Italia, y sé del grado de idolatría que los napolitanos sienten por Maradona. Pero me atrevo a plantear que no supera el que los gaditanos sienten hoy por Mágico González. Lo que está claro es que grandes jugadores ha habido, hay y habrá, pero ganarse a perpetuidad el cariño de una afición está reservado para un puñado de elegidos. Por un cúmulo de casualidades, dos de esas excepciones coincidieron aquella tarde de junio de 1984 en el desaparecido Giants Stadium de Nueva York, los dos vestidos con la camisola del Barça.


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(Este texto se publicó primero el 14 de junio de 2014 en Bajomundo, mi blog de la revista Frontera D, bajo el título 'Mágico, Maradona y el Barça')

sábado, 29 de marzo de 2014

Hablan del Mágico


Los futboleros ya saben, pero no está demás comenzar aclarando que France Football es quizá la más prestigiosa revista dedicada al fútbol entre todas las que se publican en el mundo. Es la que se inventó el codiciado Balón de Oro, y lo entregó entre 1956 y 2009.

Pues bien, un día de estos, sin pretenderlo, uno encuentra en internet una edición de la France Football de finales de 1988 que incluye una extensa entrevista con Jorge Mágico González. Y de inmediato siente que la casualidad le ha arreglado el día. Y uno lee el artículo, escrito por el periodista Francis Huerta, y siente la imperiosa necesidad de compartir lo que se decía –se escribía– sobre el Mágico hace un cuarto de siglo en España, pero sobre todo en Cádiz, la ciudad que lo adoptó. Tanto elogio en un único reportaje no puede ser casualidad.

Dice Francis Huerta, el periodista: “Esta salvadoreño de unos 30 años es uno de los mejores futbolistas de ataque del mundo”.

Dice Thomas N'Kono, portero de Camerún y del Espanyol: “¿El Mágico? ¡Un día me marcó un gol que todavía no he entendido cómo!”.

Dice Diego Armando Maradona: “El más técnico”.

Dice Emilio Butragueño, jugador del Real Madrid: “El mejor extranjero que juega en España”.

Dice Michel Pineda, delantero del Espanyol: “¿No conoces al Mágico González? Te juro que es mejor que Maradona. Además es un 'fiestero' fantástico. ¡Un genio sobre el terreno de juego!”.

Dice Vincent Machenaud, periodista de L'Equipe: “Es increíble. Hace cuatro años, en el Trofeo Carranza, en Cádiz, el público sacó los pañuelos blancos, y eso que salió a falta de media hora para el final”.

Dice Enrique Ortego, periodista de Marca: “¿El Mágico? Un fenómeno”.

Dice Andoni Zubizarreta, portero del FC Barcelona: “Yo nunca he visto una persona tan hábil con el balón”.

Dice Paco Perea, periodista del Diario de Cádiz: “Como ser humano Jorge es maravilloso. No quiere la gloria, solo quiere vivir, igual que la gente de Cádiz; por eso es que en esta ciudad lo comprendemos”.

Y digo yo: Mágico, solo uno.

jueves, 14 de octubre de 2010

Mágico, solo uno

—Escuché que le han quitado el nombre al Estadio Mágico González –dice uno.

Y Jorge González, el Mágico, abre los ojos como platos.

En febrero de 2003 el Estadio Nacional de San Salvador Flor Blanca fue rebautizado como Estadio Nacional Jorge Mágico González, un homenaje para muchos merecido al más grande futbolista salvadoreño de todos los tiempos. Pero eso sí, tuvieron que pasar años hasta que al Gobierno el presupuesto le cuadró para invertir en las grandes letras metálicas que explicitan el cambio.

—Sí, así dicen: se metieron a robar y le han quitado el nombre –dice el otro.

El grupo es reducido: el Mágico, dos amigos suyos y yo, que nos hemos citado junto a la canchita de la 10 de Septiembre, en San Salvador. Él vivió algunos años en esta colonia, y la gente lo conoce y lo aprecia, pero de manera comedida, sin esas aglomeraciones que a él tan poca gracia le hacen. Hasta que alguien ha dicho eso de que le han quitado el nombre al estadio solo una señora se ha acercado con unas camisetas para que las firme. 



Con 52 años encima, con lentes y el pelo largo pero vencido ya por las canas, Mágico ha llegado enfundado en unos jeans y con una camiseta con reminiscencias psicotrópicas.

—Ahhhhh –interviene el Mágico cuando se empapa de lo que sus amigos quieren decir–, yo creía que le iban a cambiar el nombre, que no se iba a llamar más como yo.
—N’ombre –dice el otro, entre risas generalizadas–, que se hueviaron las letras, para venderlas.
—No, si a mí no me importaría, en serio, a mí me gustaba más el nombre que tenía antes, el Flor Blanca.

Genio y figura hasta la sepultura, dicen por ahí.


Fotografía: Carlos G. Cano

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mágico, un saludito para mi programa

Sonará el himno nacional, anuncia la poderosa voz de la megafonía. Justo en ese momento, como si en ello le fuera la vida, un tipo alto que lleva una videocámara al hombro y un micrófono en su mano derecha se acerca por detrás al más brillante de los futbolistas que ha parido El Salvador: Jorge “Mágico” González. El tipo alto enfoca, graba, pregunta, incordia, encuadra… Lo quiere hacer todo.

—Jorge, ¿qué significa para ti participar en un programa tan importante como Fútbol Forever?
—Significa pues este… agradecimi…

Comienzan las notas del himno nacional.

—Si me disculpás, por las notas del himno... –dice Mágico, como si en realidad tuviera que justificarse.

A Jorge no le gustan los periodistas en general, mucho menos los de este país. Sus razones tendrá. Desde que colgó las botas, han sido contadas las apariciones en eventos masivos, y verlo en un set de televisión sería tan raro como que U2 ofreciera un concierto en San Salvador. Lo que está ocurriendo hoy es una excepción. Convencido por la Fundación Fútbol Forever, Jorge ha llegado al estadio que lleva su nombre. Él y el colombiano Carlos “El Pibe” Valderrama son las estrellas invitadas a un entrenamiento masivo con niños, suficiente como para que se haya formado un enjambre de periodistas, fotógrafos, camarógrafos y personas con teléfonos celulares que atosigarán toda la tarde. A pesar de la animadversión hacia el gremio, Jorge tiene la paciencia muy desarrollada y, cuando decide dejarse ver, acepta las consecuencias. Todas, incluso a los periodistas. Luce paciente como un pescador de caña. Al tipo alto de la cámara y el micro podría haberlo mandado a la mierda, pero lo despidió con amabilidad. Lo mismo hará con los demás.

—El más grande del fútbol salvadoreño, Mago. Para Buena Onda, unas palabras, por favor, Mago –le dirá un gordito micrófono en mano.

—…Y queremos un saludo para Sólo Fútbol, el programa de la afición en la televisión –le pedirá un bigote, también micrófono en mano.

Y cada uno se va con su saludo, orgulloso, como quien ha ganado un premio. Y Mágico, cumplida su cuota de sonrisas falsas y de comentarios vacíos, se recluirá de nuevo en sí mismo. “Hoy será una tarde histórico, maravillosa”, había dicho al inicio la voz de la megafonía. Exageró.



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