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sábado, 19 de enero de 2013

Octavo comunicado de las pandillas


[Comunicado suscrito por las cinco principales pandillas que operan en El Salvador: Mara Salvatrucha 13, Barrio 18, Mao-Mao, Mara Máquina y Mirada Lokotes 13, hecho público en la tarde del sábado 19 de enero de 2013 en el blog de Paolo Luers, uno de los activistas involucrados en el proceso de pacificación abierto en marzo de 2012.]


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Los voceros nacionales de las pandillas MS-X3, Barrio 18, Mao Mao, Máquina y Mirada Locos al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo informamos:
  1. Que hemos conocido con mucho beneplácito el anuncio que el día viernes 18 realizara el Comité Técnico de Coordinación del Proceso de Reducción del Crimen y la Violencia en El Salvador al anunciar el inicio de la etapa de territorialización que tiene como objetivo abrir procesos en los municipios que posibiliten la recuperación plena de la paz social. Saludamos la actitud valiente, responsable, entusiasta y patriótica con la cual se manifestaron los alcaldes de los municipios de Ilopango, Santa Tecla, Sonsonate y Quezaltepeque, quienes serán los pioneros en un proceso que busca dar cobertura a todo el territorio nacional.
  2. Reiteramos nuestra firme voluntad de involucrar nuestras estructuras en los procesos que se llevarán adelante en cada uno de esos municipios asumiendo que en ellos daremos inicio a un proceso que tendrá como finalidad el abandono pleno de toda actividad delictiva, cuyo periodo de duración estará en dependencia del dinamismo y de los apoyo tanto externos como internos que reciban los actores locales que se involucren en dicho proceso.
  3. Estamos trabajando intensamente en una campaña de retiro del armamento que se encuentra en manos de nuestras estructuras en los 18 municipios donde por ahora nos hemos comprometido a respaldar este laboratorio social; armas que serán entregadas por medio de los Facilitadores a la Organización de Estados Americanos (OEA), para que esta finalmente haga entrega a las instancias de seguridad del Estado. Entrega que se realizará justo en el momento en que se cuente con el marco legal necesario que garantice que dicho procedimiento se realice en el marco que las leyes de la República lo establezcan. Saludamos el enorme esfuerzo que el Honorable Pleno Legislativo está realizando para crear dicho marco regulatorio.
  4. Aprovechamos la ocasión para condenar las acciones de guerra sucia que los detractores de este proceso están realizando para confundir y agredir a aquellas personas que de manera desinteresada y patriótica están contribuyendo en la recuperación de la paz social en El Salvador. Reafirmamos nuestro agradecimiento, confianza y amistad con el periodista Paolo Lüers, a quien se le está atacando por la valiente labor que ha realizado en apoyo a este proceso.
  5. Finalmente, saludamos al enviado especial del secretario general de la OEA, embajador Adán Blackwell, y le agradecemos por el intenso trabajo que realiza en pro de la paz social para El Salvador.
El Salvador, 19 de enero de 2013.

Fotografía: José Carlos Reyes (www.elfaro.net)
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lunes, 24 de septiembre de 2012

Sexto comunicado de la MS-13 y el Barrio 18

[Comunicado suscrito por las pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18, hecho público en la tarde del 24 de septiembre de 2012 en el patio principal de Cárcel de Mujeres, en el municipio de Ilopango. Al evento llegaron importantes palabreros de las dos principales pandillas, quienes leyeron el comunicado en presencia de representantes de distintas denominaciones religiosas]

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Los voceros nacionales de las pandillas MS-X3 y Barrio 18, en ocasión de encontrarnos celebrando este 24 de septiembre el Día Mundial de la Persona Privada de Libertad y 200 días de haber acordado entre nosotros suscribir un pacto de no agresión, al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo hacemos saber:
  1. En este día 24 de septiembre, que se conmemora el Día de la Persona Privada de Libertad y los que profesan la fe católica también celebran el Día de la Virgen de la Merced, patrona de los privados de libertad, saludamos de manera efusiva a los más de 27,000 reos que conformamos la comunidad de internos salvadoreños, que nos encontramos recluidos en los centros penitenciarios, centros intermedios, centros de menores y bartolinas de la Policía Nacional Civil. Vaya para todos ellos un abrazo fraterno y la invitación a que todos cerremos filas en torno al proceso inédito e histórico que desde el 9 de marzo está en desarrollo en nuestro país por iniciativa nuestra y con el apoyo de los facilitadores: Monseñor Fabio Colindres y el escritor Raúl Mijango.
  2. Coincidentemente, este 24 de septiembre arribamos a 200 días de haberse pactado el cese de hostilidades entre miembros de nuestras dos pandillas, con el cual dimos inicio a un proceso de recuperación de la Paz Social, proceso que esperamos que al contar con el apoyo de toda la sociedad en sus múltiples expresiones, del Estado salvadoreño y con el apoyo de la comunidad internacional, se consolide, se vuelva irreversible y nos enrumbe por el sendero de la paz. A 200 días, nos enorgullece haber contribuido como parte de la solución a la disminución de la violencia en el país, provocando el derrumbe de las estadísticas de homicidios, de un promedio de 14 fallecidos a causa de violencia al día, a 5.5, que es la tasa promedio que en estos 200 días se ha mantenido, situación que ha permitido que un promedio de 1,712 vidas de salvadoreños se hayan salvado, ya que de haberse mantenido el promedio de 14, hoy tendríamos que estar lamentando su pérdida.
  3. Saludamos las declaraciones del señor presidente de la República, Licdo. Mauricio Funes Cartagena, al reconocer las virtudes de este proceso y tildar de mercenarios a todos aquellos que de manera maliciosa se han dado a la tarea de quererlo destruir, quienes incluso han tenido el descaro de subvalorar el significado que tiene la reducción de pérdidas de vidas humanas. Asimismo, reconocemos el sabio y valiente apoyo que el ministro de Justicia y Seguridad, general de división David Munguía Payés, ha manifestado junto a todo su gabinete de Seguridad en apoyo a este proceso, sin el cual no hubiese sido posible aperturar este hecho inédito e histórico.
  4. Agradecemos a la Organización de Estados Americanos (OEA) y principalmente a su secretario general, el señor José Miguel Insulza, por su valiente y decidida actuación al aceptar nuestra solicitud de convertirse en observador y garante de este proceso.
  5. Saludamos también el surgimiento de la Fundación Humanitaria, que por invitación del señor nuncio apostólico, Luigi Pezzuto, está integrando a prominentes y respetados miembros del sector empresarial del país, que se ha trazado como propósito contribuir desde el sector civil y privado a mejorar las condiciones de vida de los privados de libertad y trabajar por aperturar oportunidades de inserción laboral y productiva a la juventud salvadoreña, sin discriminar en dichos programas la participación de miembros de pandillas.
  6. Agradecemos con especial humildad las manifestaciones de apoyo que organismos internacionales de cooperación están ofreciendo a El Salvador para consolidar este proceso de pacificación.
  7. Nos llena de regocijo el tener conocimiento que iglesias de diferentes denominaciones con presencia en El Salvador se estén reuniendo y unificando su acción pastoral en apoyo a este proceso.
  8. Valoramos de incalculable forma que el proceso se vaya institucionalizando con la creación del Comité Técnico de Seguimiento, que integran por la OEA, el embajador Adam Blackwell; por la Fundación Humanitaria, el ingeniero Toni Cabrales; así como los facilitadores monseñor Fabio Colindres y Raúl Mijango, y que además cuenta ya con un enlace oficial del Gobierno de la República, y que para ello se haya nombrado al ministro de Justicia y Seguridad, general David Munguía Payés.
  9. Reconocemos como valioso que privados de libertad de origen común estén siendo parte de este proceso, y de manera particular saludamos la manifestación de voluntad de otros grupos de querer sumarse al mismo; a ellos les manifestamos que si quieren suscribir con nosotros un acuerdo de cese de hostilidades por el bien de El Salvador, estamos listos para ello.
  10. A los detractores del proceso, les agradecemos el papel de abogados del diablo que han decidido asumir; sus críticas, mentiras y distracciones han contribuido a legitimar el proceso.
  11. A los miembros de la PNC no les pedimos que dejen de hacer su trabajo, pero sí les invitamos a hacerlo de forma más profesional, no afectando a personas inocentes en sus operativos policiales. De igual forma, a los miembros de las FAES les pedimos no golpear con garrotes a nuestros miembros cuando les detengan, ni mucho menos que los agarren a balazos por el simple hecho de correrse cuando se percatan de su presencia. Ya hay varios lesionados y fallecidos por ese procedimiento.
  12. A los medios de comunicación, en especial a los periodistas, fotógrafos, camarógrafos y reporteros les agradecemos por haber contribuido con su trabajo a colocar nuestra situación como tema de debate nacional.
  13. Queremos expresar que estamos conscientes de que aún se experimentan formas de delito que agobian a la sociedad salvadoreña, como es el caso de las extorsiones. Aprovechamos la ocasión para hacer del conocimiento público que nos sentimos comprometidos a realizar nuestro mejor esfuerzo para reducir y erradicar este flagelo, mismo que esperamos con la ayuda de todos, involucrándose y abriendo oportunidades para todos los jóvenes, podamos superar en beneficio de todos los salvadoreños víctimas de esta práctica delictiva.
  14. A toda la sociedad salvadoreña le reafirmamos que si nos dan la oportunidad que les hemos solicitado, no les fallaremos, porque la palabra que comprometemos la honramos con nuestras vidas.
El Salvador, 24 de septiembre de 2012.

Fotografía: Roberto Valencia
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sábado, 22 de septiembre de 2012

La tregua en el bajomundo

La última vez que visité el reparto La Campanera, a mediados de agosto, los pandilleros habían borrado todos los placazos (los grafitos) referentes al Barrio 18. Admito que me sorprendió, en especial por tratarse de un lugar tan emblemático. A estas alturas pocos en El Salvador no habrán oído de La Campanera, pero nunca está de más recordar que, ubicada en la zona norte de Soyapango, seguramente sea la colonia más estigmatizada del país. Fue ahí donde Christian Poveda rodó durante siete meses el material que después condensó en el documental La vida loca. Más de cinco años después de aquel rodaje, el reparto sigue siendo feudo del Barrio 18; en concreto, de la facción de los Sureños.

Decía que la última vez que visité La Campanera los pandilleros habían borrado los placazos. Y no es poca cosa. En los últimos tres años he visitado esa colonia con relativa frecuencia (publiqué una crónica titulada Vivir en La Campanera), y ni siquiera durante la fase más agresiva de su militarización –en la primera mitad de 2010– las paredes estuvieron libres de las pintadas que explicitan la territorialidad. Ni el Ejército se atrevía a tocar esos grafitos. Los seguramente escasísimos lectores de El Faro que viven en lo que cariñosamente me gusta llamar el bajomundo bien sabrán lo que los placazos significan para una pandilla y lo que supone borrarlos.

Le tregua y el consecuente proceso de paz han permitido estos cambios en apariencia mínimos, pero, para valorarlos en su justa medida, hay que ponerse en el pellejo de quienes conviven día a día con los pandilleros allá abajo, en las comunidades empobrecidas.

Casi siempre quienes opinamos-valoramos-pontificamos sobre los beneficios o no del proceso somos personas alejadas del problema. Resulta fácil y superficial desahogarse frente una computadora en un despacho aireacondicionado o en un plató de televisión, citar a gurús extranjeros o hacer estériles paralelismos con las mafias rusa o siciliana, sin siquiera intentar acercarse con humildad al bajomundo y preguntar a quienes más y mejor conocen el problema. Esto aplica tanto para el docto columnista del poderoso diario de tirada nacional, como para el que anónimo comentarista en Facebook o Twitter desde su residencial amurallada.

No me malinterpreten. No doy a los placazos borrados de La Campanera más importancia de la que tienen. Es algo aislado que no sirve para sacar conclusiones sobre un fenómeno tan complejo como el de las pandillas. De hecho, en las colonias aledañas, controladas también por el Barrio 18, no se ha replicado la iniciativa. En el otro lado de la balanza, en las últimas semanas he visitado también un cantón ignoto situado en el departamento de Cuscatlán en el que la Mara Salvatrucha-13 ha aprovechado la tregua para instalar una clica, y con ella, la estructura de terror que implantan allá donde llegan. Sacar conclusiones sonoras de la primera anécdota sería tan torpe como extraerlas de la segunda.

¿La tregua ha beneficiado allá abajo, donde más se sufre a los pandilleros? En las últimas semanas he tratado de ensayar una respuesta, pero no de boca de comisionados, funcionarios o analistas del altomundo salvadoreño, sino de boca de líderes comunales o de simples residentes de comunidades afectadas en distintos puntos del país. Mi libreta ha quedado salpicada de apuntes y valoraciones que ahora trato de resumir:

1) Desde el 8 de marzo –día en el que el Gobierno de Mauricio Funes sacó del penal de máxima seguridad a los líderes de las dos pandillas, y con ello se activó la tregua– hay menos muertos y menos desaparecidos. Y sí, al atenuarse la guerra entre las pandillas, los propios pandilleros son los que menos bajas están teniendo, pero también han dejado de morir policías (y sus familiares), soldados (y sus familiares), cobradores y motoristas de buses y microbuses (y sus familiares), custodios (y sus familiares)…

2) Que mueran menos pandilleros ha supuesto que se hayan reducido las incorporaciones a la pandilla, y hay que tener en cuenta que en muchos casos el brinco no era algo voluntario, sino forzado. Con la tregua menos niños-jóvenes se están convirtiendo en pandilleros activos. Hay menos reclutamiento.

3) La estructura de terror de las pandillas se mantiene vigorosa en las comunidades que controlan. La renta se sigue cobrando a todos los niveles, y hasta se han refinado los métodos. Un líder comunal de Soyapango me lo ilustró diciéndome que, tras la tregua, las formas de pago “se han tecnificado”. Se refería, por ejemplo, a que ahora piden a los extorsionados que dejen el dinero en algún lugar, para evitar que el pandillero tenga que ir al negocio y exponerse.

4) La presión de la Policía y de la Fuerza Armada, en general, se ha atenuado, y los pandilleros se mueven con mayor libertad. Como consecuencia, hay menos roces, menos choques, menos cacheos, menos carreras, menos balazos… en definitiva, hay menos tensión en el ambiente, y esto beneficia a todos los residentes. Antes, cualquier joven de estas colonias estaba expuesto a golpizas de los policías y soldados, fuera o no pandillero, y esos abusos se han calmado.

¿Que si la tregua ha traído beneficios para los cientos de miles de salvadoreños que son bajomundo? Sigue habiendo muertos –aunque menos–, y sigue habiendo extorsiones y abusos, pero cambios positivos también ha habido. La misma botella unos la verán medio vacía, y otros, medio llena. Pero creo que a todos nos conviene salir de nuestras burbujas, analizar con honestidad la oportunidad que se ha abierto, cuestionar la inadmisible pasividad del Gobierno en temas clave como la prevención y la rehabilitación, y hacer un esfuerzo por conocer de primera mano cómo se vive en ese bajomundo, que es la verdadera esencia de El Salvador. 


(Soyapango, San Salvador, El Salvador. Septiembre de 2012)
 
Fotografía: Roberto Valencia
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(Este relato fue publicado el 19 de septiembre de 2012 en la sección Bitácora del proyecto de cobertura periodística de la violencia Sala Negra, de elfaro.net)
 

jueves, 30 de agosto de 2012

Pláticas con pandilleros (VI)

  • Temas generales de la conversación: el cobro de la renta tras la tregua 
  • Fecha de la plática: 27 de julio de 2012 
  • Estatus de los pandilleros: Los pandilleros son Óscar Armando Reyes Aguilera, (a) Sharky; Carlos Alberto Rivas Barahona, (a) Chino Tres Colas; José Teodoro Cruz Gómez, (a) Guasón; y César Daniel Renderos Díaz, (a) Muerto de Las Palmas. Los cuatro son voceros nacionales del Barrio 18, y representan a las dos facciones en que se ha dividido la pandilla: Sureños y R (de Revolucionarios). 
  • Otros datos relevantes: todos tienen fuertes condenas por delitos de sangre
Fotografía: Pau Coll

No todos los días se tiene la oportunidad de entrevistar a lo que podría considerarse una importante representación de la cúpula de una de las principales pandillas que operan en El Salvador: el Barrio 18. La entrevista fue larga, de casi 90 minutos, y la esencia de la conversación se publicó a inicios de agosto de 2012 en Sala Negra de El Faro, bajo el título “Hay cipotes que solo saben matar; no es tan sencillo calmarse de un día para otro”.

Hay una parte en la que los cuestiono (creo yo) con dureza y con argumentos. Es cuando comenzamos a hablar de la estructura de terror que mantienen en las comunidades y cantones que controlan, estructura que es lo que les permite extorsionar y echar a quien quieran. El caldo de cultivo para la efectividad del Ver, oír y callar. Esta parte de la plática se incluyó en la entrevista original, pero reproduzco ahora el fragmento íntegro, con algunas frases que se fueron durante la edición.

—Las pandillas han creado en sus canchas verdaderas estructuras de miedo. ¿Es ese miedo el que hace que un comerciante pague renta o que una familia huya de la comunidad si la pandilla lo ordena? –pregunto.

Nadie responde. El silencio lo interpreto como un sí.

—La inmensa mayoría de esas acciones –agrego– son contra el pueblo humilde que ustedes ahora dicen defender. La tregua no ha evitado que a ese pueblo se le siga echando de sus casas o se le cobre renta. ¿Dentro de este proceso se contempla desmontar eso que yo he llamado estructura de miedo?
—Hablo por nosotros, como 18, ¿va? –dice el Muerto de Las Palmas– Pero a nuestros homeboys ya se les ha dicho que dejen de hacer todo eso que mencionás, ¿va? Mi cancha es Las Palmas y ahí podés ir y hablar con las tienditas, y verás que ya no se está cobrando nada. Y si algún homeboy lo hace, se le castiga.
—No me pidan que les dé nombres –replico, envalentonado–, pero en la Santísima Trinidad, que es cancha de la 18, conozco casos de familias que en los últimos meses han tenido que irse porque los pandilleros lo ordenaron.
—Si nosotros estamos trabajando en esto de la tregua –Muerto de Las Palmas eleva el tono de su voz–, es por el pueblo, no empresarios ni personas así, a las que nos les interesa este proyecto. Ellos solo buscan su bienestar, su dinero, y la pandilla la usan para hacer política y para hacer dinero ellos. Y lo único que han logrado es incrementar el delito, ¿m’entendés? Decime vos si ahora hay el mismo número de robo de vehículos que antes había. ¡No! ¿Y para qué vamos a querer robar ahora nosotros un vehículo si no los ocupamos para delinquir ya? ¿M’entendés? Y tampoco se está ahora extorsionando a vendedoras de extrema pobreza…
—Yo les puedo asegurar que las pandillas siguen extorsionando a vendedoras que apenas ganan 3 o 5 dólares al día. ¿Me están diciendo que ya han girado órdenes de no cobrar al pobre?
—Esto lo estamos haciendo por el pueblo, ¿m’entendés? Más que todo por la pobreza, ¿m’entendés? Podés ir a Las Palmas y preguntar a vendedoras de queso, por decir algo, ¿m’entendés? Las que llevan su canasto. Y te dirán que ya no se les está cobrando renta. Y si tenés alguna queja concreta sobre donde yo controlo, que es Las Palmas y alrededor, decime dónde y lo corregimos, ¿m’entendés? ¿Y por qué? Porque queremos cumplirle al pueblo salvadoreño, que mucho ha sufrido ya.
—Desconozco el caso concreto de Las Palmas –insisto–, pero ¿me quieren vender que ya no extorsionan a los pequeños comerciantes y distribuidores?
—Es que hay un problema –toma la palabra Guasón–. Si desde un principio la gente ya quedó acostumbrada, desde el tiempo de guerra, a entregar un dólar, exigido, quizá lo siguen dando por gusto.
—Repito: ¿el Barrio 18 ha girado instrucciones para no pedir renta al menos a los más pobres?
—Acordate que esto es un proceso y que hay mucho cipote loco ahí afuera, a los que cuesta convencer que dejen de hacer eso –dice Chino Tres Colas.
—¿Entienden que, más allá de las palabras bonitas, esas acciones son imprescindibles para reconciliarse con ese estrato humilde de la sociedad?
—Sí, y por eso estamos trabajándolo –Chino Tres Colas.
—A mí me consta que la 18 sigue pidiendo la renta en los mercados del centro de Mejicanos y de Soyapango –insisto.
—Roberto, –toma la palabra Sharky–, acordate que en este proceso… ¿cómo te puedo decir? Hay cosas que realmente se nos salen de las manos, y hay que ser caballerosos al decirlo. Hay cositas de las que no nos damos cuenta desde acá adentro, como esas zonas que mencionas, pero creo que ya vamos a tomar cartas en el asunto, ¿va? Es bueno que se nos comuniquen esas cosas. El compañero te ha dicho, y es cierto, que han tirado órdenes de que al pobre no se le esté pidiendo nada; a la vendedora, digamos.
—¿Eso desde el 8 de marzo?
—No, eso fue después. Hace poco, en julio –dice Sharky.
—Pues si se han girado esas órdenes, les aseguro que en la libre no las están cumpliendo.
—Pero acordate de lo mismo: que algunas actitudes no se van a poder cambiar de un día para otro –concluye esta parte de la entrevista Chino Tres Colas.
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Más sobre este tema:

viernes, 10 de agosto de 2012

Quinto comunicado de la MS-13 y el Barrio 18

[Comunicado suscrito por las pandillas Mara Salvatrucha-13 y Barrio 18, leído en primicia por el analista de origen alemán Paolo Luers en la tarde-noche del 10 de agosto de 2012, durante la retransmisión del programa YaBastaSV, en la Radio Cool FM.]

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Los voceros nacionales de la Mara MS-X3 y Barrio 18 al pueblo salvadoreño hacemos saber:
  1. Que nos mantenemos firmes en la decisión de contribuir con lo que nos corresponde al proceso inédito e histórico de pacificación que desde el nueve de marzo está en desarrollo en nuestro país, por considerarlo de beneficio para toda la sociedad salvadoreña. 
  2. Que seguimos a la expectativa de las reacciones a las propuestas que desde el 22 de junio hemos presentado. 
  3. Que rechazamos y condenamos todos los rumores que con propósitos perversos de generar zozobra y desestabilización en la ciudadanía han vertido en los últimos días personas irresponsables, quienes desde el inicio de este proceso se han dado a la tarea de desacreditarlo, generar dudas y atacar a los facilitadores. Tenemos información que en los últimos días estos personajes se han confabulado con otros que actúan en la oscuridad y han orquestado un tenebroso plan para sabotearlo; tenemos conocimiento que están pagando sicarios para que eleven la tasa de homicidios, desarrollen campañas de terror con amenazas a diferentes centros educativos, corran rumores desacreditando a los facilitadores y demás personas que lo han apoyado, y lo peor de todo esto es que estas personas no han sido capaces de proponer nada diferente que pueda provocar mejores resultados que los que este proceso está produciendo, lo cual nos llega a concluir que su único propósito es que el país se siga desangrando y continúe a la cabeza en la lista de los países más violentos del mundo. 
  4. Finalmente, a los salvadoreños de buena voluntad que han valorado la importancia de este proceso y lo están apoyando, les reiteramos que ambas pandillas nos mantenemos inclaudicables en la decisión que hemos tomado, y les pedimos que no se dejen sorprender por rumores o acciones que los detractores desarrollen porque solo buscan crear zozobra, terror, provocación y confusión para hacer que este proceso fracase, algo que les reiteramos de nuestra parte no sucederá. 
El Salvador, 10 de agosto de 2012.

Fotografía: Roberto Valencia
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sábado, 4 de agosto de 2012

La muerte llegó en tren a El Progreso

En la tarde del viernes 27 de julio de 2012, Carlos Alfredo Sorto Ramírez –19 años, dieciochero, facción R del Barrio 18– y tres pandilleros más estaban sentados en la entrada de la comunidad El Progreso I, uno de esos asentamientos que supuran podredumbre, de esos a los que las etiquetas precario y marginal les quedan cortas. El Progreso I pertenece al municipio de Delgado, departamento de San Salvador, y para llegar desde la capital hay que ir primero hasta el kilómetro 5½ de la carretera Troncal del Norte, salirse en el desvío de la colonia Montecarlo y caminar unos 400 metros junto al ferrocarril, dirección a Apopa.

El tren –los policías que lo custodian– tiene un papel protagónico en este relato.

Desde hace cinco años, de lunes a viernes un tren recorre lentamente los 13 kilómetros que separan Apopa del mercado La Tiendona, en San Salvador. En su viaje de la tarde, la máquina pasa siempre por El Progreso I a las 4:45, con sorprendente puntualidad. El viernes 27 de julio no fue excepción.

Como tantos días, el grupito de pandilleros descansaba-maquinaba-fumaba junto a los rieles cuando el estruendo los alertó. La rutina: los cuatro se levantaron con parsimonia, se adentraron en el pasaje –uno de ellos incluso aprovechó para comprar una charamusca– y vieron pasar la locomotora y los vagones. Sin embargo, esta vez la máquina se detuvo por completo porque una señora que vendía empanadas pidió subir. Al detenerse, el último vagón quedó apenas unos metros delante de los jóvenes, y sobre el balconcito que hay en el extremo final, un agente joven de la PNC. Siempre viaja ahí uno.

Los cuatro pandilleros regresaron a la línea y aseguran que, sin provocación alguna, el agente desenfundó su arma y apuntó al grupo, creyeron que para intimidar. Apenas unos metros los separaban. No era la primera vez que ese mismo agente los encañonaba, por eso los jóvenes en principio no se inmutaron. Lo hicieron cuando oyeron el bombazo.

―Era una 9 mm. –coinciden dos de los testigos.

Desarmados como estaban, todos se abalanzaron pasaje abajo en busca de protección. Ajeno a todo, el maquinista prosiguió su marcha.

El balazo alcanzó de lleno el bajo vientre de Carlos Alfredo, pero pudo correr hasta la casa familiar, a unos 40 metros. Vencido por la gravedad de la hemorragia, se recostó contra una pared. El hermano menor –17 años, pandillero también– se lo echó al lomo, lo pasó al fondo de la casa, llegaron más homeboys, y rápido consensuaron la seriedad de la situación. Pidieron el vehículo a un vecino y se fueron hacia San Salvador.

Carlos Alfredo llegó cadáver a Emergencias del Hospital Rosales. Murió en el asiento trasero de un carro, en los brazos de su madre y su hermano menor.

Fotografía: Roberto Valencia
(Este es un fragmento de una crónica publicada el 31 de julio de 2012 bajo el título de Muerte de un pandillero en la sección Sala Negra de El Faro)

jueves, 12 de julio de 2012

Cuarto comunicado de la MS-13 y el Barrio 18

[Comunicado suscrito por las pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18, leído en la mañana del 12 de julio de 2012 en la Penitenciaría Central La Esperanza (Mariona), minutos después de que los principales palabreros de ambas agrupaciones mantuvieran una reunión con José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos.] 

Fotografía: Roberto Valencia
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Los voceros nacionales de la Mara MS-X3 y Barrio 18 al pueblo salvadoreño, a la comunidad internacional y a los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) hacemos saber:
  1. Que saludamos efusivamente la llegada a nuestro país del excelentísimo secretario general de la OEA, señor José Miguel Insulza, a quien felicitamos por su interés en conocer del proceso histórico e inédito que desde el 9 de marzo recién pasado está en desarrollo en nuestro país, y por querer contribuir en la búsqueda de una solución al grave problema de violencia que abate a El Salvador, mediante el diálogo nacional.
  2. Que, en correspondencia al gesto de su visita, ambas pandillas hemos acordado hacer un nuevo gesto de buena voluntad, con el cual esperamos reafirmar nuestra firme convicción y voluntad de contribuir en la recuperación de la paz social; nuestro gesto consiste en un simbólico DESARME PARCIAL de nuestras estructuras; las armas depuestas le serán entregadas al señor secretario general de la OEA, para su posterior destrucción por medio de los facilitadores, monseñor Colindres y Raúl Mijango.
  3. Por lo simbólico del gesto, instamos a las instituciones interesadas en apoyar este proceso de paz a que convoquen a un certamen público a los escultores del país, para que con los restos de las armas destruidas pueda construirse una escultura que simbolice el inicio de este proceso, mismo que esperamos que con la participación de todos pueda llegar a feliz término.
  4. En otro sentido, en atención al llamado del señor presidente de la República de cesar todo tipo de violencia contra las mujeres, queremos informar que ya hemos girado instrucciones precisas para contribuir positivamente a ese llamado.
  5. Finalmente, reiteramos la posición ya expresada anteriormente, en el sentido que de nuestra parte existe toda la disposición, convicción y voluntad de contribuir en la búsqueda de una solución definitiva que recupere la paz tan anhelada por todos los salvadoreños.
El Salvador, 12 de julio de 2012.

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 Lea además:

jueves, 21 de junio de 2012

Tercer comunicado de la MS-13 y el Barrio 18

[Comunicado suscrito por las pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18, leído en la tarde del 19 de junio de 2012 en el Centro Penal de Izalco, ubicado en el cantón Talcomunca del municipio de Izalco, departamento de Sonsonate.]

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Los voceros nacionales de la Mara MS-X3 y Barrio 18 al pueblo Salvadoreño hace saber:
  1. Que este día, martes 19 de junio, estamos celebrando los primeros cien días del cese de hostilidades que pactamos ambas pandillas, con eventos religiosos en todos los centros penitenciarios donde se encuentran recluidos nuestros miembros y reos comunes que se han sumado a este proceso. Los cien días se cumplieron el sábado 16, tomando como referencia de inicio el 9 de marzo. Este gesto de buena voluntad tenía como finalidad: solicitar a la sociedad y al estado Salvadoreño se nos permita ser parte de la solución del grave problema de delincuencia que ha colocado a El Salvador en unos de los países más violentos del planeta.
  2. Hasta el 8 de marzo de 2012, se registraba una tasa diaria de homicidios de un promedio de 14 fallecidos al día por causa de violencia; pero a partir del 9 de marzo, que dio inicio el proceso, se produjo una estrepitoso caída de los índices a un promedio de 5 diarios, situación que se ha mantenido durante los 100 días transcurridos, lo cual ha permitido una reducción de 850 fallecidos que, de no haberse producido nuestro acuerdo, hoy tendríamos que lamentar; así mismo, se ha reducido en un 9% las extorsiones y en los centros hospitalarios se ha disminuido en un 60% la atención a lesionados producto de hechos de violencia.  
  3. Rechazamos toda manipulación de datos que, con propósito de opacar los efectos positivos de este proceso, se están haciendo por parte de algunas entidades públicas y privadas, al atribuirnos maliciosamente la responsabilidad de más de 800 desaparecidos en lo que va de este período, por lo cual, instamos y demandamos de las autoridades competentes un estudio más serio que aclare cuántos de esos desaparecidos han aparecido (ya sea vivos o muertos) en lo que va de este período. No pretendemos con ello desligarnos de algunos casos que, debido a la imperfección de un proceso tan complejo como este, se pudieron haber cometido, escapándose de la buena voluntad y de la palabra que hemos comprometido ante los facilitadores, la sociedad y el Estado; si no más bien, con el propósito de trabajar con cifras más técnicas y serias.   
  4. A cien días, los resultados altamente positivos que se han obtenido vuelven incuestionable nuestra aseveración de que podemos “ser parte de la solución” y que por tanto, se nos deben de brindar las oportunidades para contribuir en la búsqueda de una solución definitiva; situación sobre la cual hemos estado reflexionando en los últimos días, guiados por los facilitadores: monseñor Fabio Colindres y Raúl Mijango.
  5. Por nuestra parte, consideramos estar ya preparados para entrar en un proceso de diálogo que posibilite sentar las bases de una solución seria, firme y duradera. La pregunta sobre la cual necesitamos respuesta es: ¿la sociedad salvadoreña y el Estado también están dispuestos y listos para entrar seriamente en ese proceso? Respuesta sobre la cual nos quedamos en espera.
  6. Reiteramos nuestra voluntad de continuar con lo iniciado el 9 de marzo y comprometemos nuestros mejores esfuerzos para ir superando aquellas dificultades que aún tenemos, porque estamos convencidos que este suceso inédito e histórico que hemos provocado es lo mejor que le pudo haber sucedido a El Salvador en los últimos 20 años, por ser de beneficio para toda la sociedad, el país, nosotros mismos y nuestras familias.
El Salvador, 19 de junio de 2012.

Fotografía: Roberto Valencia

sábado, 12 de mayo de 2012

Segundo comunicado de la MS-13 y el Barrio 18

[El 2 de mayo de 2012 tuve la suerte de estar presente en el centro penal de Quezaltepeque (La Libertad) cuando la facción de los Revolucionarios del Barrio 18 leyó –en nombre de la Mara Salvatrucha y de todo el Barrio 18– el segundo comunicado conjunto desde que inició el histórico proceso de diálogo entre las dos pandillas y el Gobierno de El Salvador. Publiqué una nota en El Faro con lo fundamental de los anuncios realizados, pero, dada la importancia que a mi juicio tiene el comunicado, me he tomado la molestia de transcribirlo en su totalidad, para que quede constancia de todo lo que se leyó aquella calurosa tarde en la referida cárcel.]


*** 

Los voceros nacionales de la Pandilla 18 y de la Mara Salvatrucha (MS-X3) al pueblo salvadoreño nuevamente hacemos saber:

  1. Que a 54 días de haber tomado la decisión de cesar la confrontación entre nosotros mismos y demás medidas anunciadas en un comunicado anterior, el país ha experimentado una sensible baja en la tasa diaria de homicidios y lesionados por causas de violencia, lo cual confirma nuestra posición de que podemos ser parte de la solución del más gran problema que agobia a la sociedad salvadoreña. 
  2. Reiteramos la firmeza de nuestra decisión y del valor de la palabra que hemos comprometido ante los facilitadores y el pueblo en general, por lo que estamos haciendo nuestra mejor esfuerzo en darle continuidad, sostenibilidad y buscar reducir aún más lo alcanzado hasta hoy; por tal motivo, no nos dejaremos provocar por aquellos que desde la oscuridad están empeñados en hacer fracasar este proceso histórico, con acciones de sabotaje y atentados contra las familias de algunos de nosotros, hechos que condenamos y demandamos su esclarecimiento. 
  3. Saludamos la iniciativa presidencial de convocar a un gran pacto nacional para atacar las causas estructurales que motivan la guerra social. 
  4. Agradecemos todas las manifestaciones sociales que nos están otorgando el beneficio de la duda a la solicitud que hemos hecho de que se nos permita ser parte de la solución. 
  5. A todos nuestros miembros de la libre y a los privados de libertad les agradecemos por el apoyo, la confianza y la disciplina con la cual han acatado nuestras disposiciones de no saltarse las bardas de los territorios, evitando toda provocación y les reiteramos que las estamos tomando por considerar que son de gran beneficio para el país, nuestras familias y nosotros mismos, y les reafirmamos que en este proceso histórico nadie está traicionando a nadie. Todo lo contrario: lo estamos haciendo en beneficio de todo el pueblo salvadoreño, del cual también nosotros somos parte. 
  6. Con el propósito de confirmar nuestro compromiso de contribuir a la pacificación de El Salvador, hemos considerado hacer un segundo gesto de buena voluntad, el cual consiste en declarar todos los centros escolares del país, públicos y privados, como zonas de paz; es decir, ya no serán considerados como zonas en disputa territorial, lo cual permitirá que alumnos y maestros puedan desempeñar sus actividades educativas con toda normalidad, y los padres de familia se liberen de toda preocupación cuando envíen a sus hijos a la escuela. 
  7. Asimismo declaramos que, en adelante, quedan abolidas todas las formas de reclutamiento involuntario de personas menores y mayores de edad en nuestras filas. 

El Salvador, 2 de mayo de 2012.



Fotografía: Roberto Valencia

sábado, 31 de marzo de 2012

Pláticas con pandilleros (IV)


  • Temas generales de la conversación: condiciones en el penal de Zacatecoluca, Zacatraz
  • Fecha de la plática: 28 de septiembre de 2009
  • Estatus del pandillero: se presenta como alguien calmado dentro del Barrio 18, pero en realidad seguía activo en la facción de los Sureños; al momento de la entrevista está preso en el centro penal de máxima seguridad de Zacatecoluca, y condenado a 16 años por homicidio simple
  • Otros datos relevantes: es uno de los “viejos”, nació en 1967

Transcurrido un mes desde la toma de posesión de Mauricio Funes, con las nuevas autoridades recién asentadas, la Dirección General de Centros Penales tomó la polémica decisión de trasladar a uno de los líderes de la Mara Salvatrucha (MS-13) desde el penal de máxima seguridad de Zacatecoluca hasta el penal de Ciudad Barrios. Su nombre: Dionisio Arístides Umanzor, (a) Sirra, condenado a 30 años por secuestro y a otros 30 por homicidio agravado. Ese único movimiento saltó a la agenda mediática nacional e hizo que se pidieran las cabezas del ministro de Seguridad Pública y del director de Centros Penales. Una de las personas que arremetió con más dureza contra la medida fue el analista Paolo Luers, quien paradójicamente dos años y medio después ha tenido un papel clave en la estrategia gubernamental para legitimar el traslado no solo del Sirra, sino de toda la estructura de mando de la MS-13 y de las dos facciones del Barrio 18. Esta plática es con uno de los líderes ahora trasladados, y tuvo lugar el día después del regreso –como consecuencia del revuelo originado– del Sirra a Zacatraz. 

—Ha habido mucha polémica con el traslado del Sirra, de las dos letras…
—Sí, y ayer vino, je, je, je.
—Una de las justificaciones que dio el Gobierno para el traslado fue que ya había cumplido más del 10% de su pena en Zacatecoluca.
—¡Exactamente! Es que esa es la ley, pero no la aplican… Mire, yo tengo una condena de 16 años. Oíme bien: ¡16 años! Y ya llevo aquí más de tres años y tres meses. O sea, el 10% de mi sentencia, ¿cuánto sería? ¡Serían menos de dos años! Pongámosle tres años… ¡Ya me pasé igual!
—¿Cuánto dice que lleva acá?
—Tres años y tres meses (en efecto, llegó a Zacatraz el 20 de julio de 2006, por lo que el día de la entrevista ya llevaba tres años, dos meses y ocho días). Y escuchame, este penal fue creado para gente con delitos fuertes, y a mí me detuvieron por un delito simple, ¡un delito simple!
—Por homicidio, ¿no?
—Sí, pero homicidio simple. Me condenaron por homicidio simple. Y te voy a decir otra cosa: yo ya he metido una casación, porque no hay pruebas…
—¿Cómo es la vida aquí adentro?
—La visita aquí es cada 15 días, y te regalan 25 minutos a través de un teléfono, a través de un vidrio. O sea, no podés tocar ni a tus hijos ni a tu madre ni a tu señora. Me toca repartir 25 minutos entre tres personas: mi hijo de 9 años, mi señora y mi madre.
—¿Visita íntima tienen?
—No hay aquí. No hay nada de eso.
—¿Y la comida?
—Es una comida que te mantiene vivo, solamente, ¿me entiendes? Yo he perdido 60 libras. No te voy a decir que es mala o buena, pero es solo para pasarla.
—¿Hay tienda institucional?
—No hay nada de eso, no hay nada de eso.
—¿Pueden hacer llamadas?
—Hay un teléfono público que te dejan usarlo cada 15 días. A ver… sí, cada 15 días, porque un fin de semana tenés la visita y al otro tenés el teléfono. Y cada quien tiene que cancelar esa llamada. Y esa es otra, si no tenés tarjeta, si tu familia no te ha traído, te quedás sin poder llamar. 


Fotografía: Roberto Valencia
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Más sobre este tema:

martes, 31 de enero de 2012

Pláticas con pandilleros (II)


  • Temas generales de la conversación: accionar de las pandillas 
  • Fecha de la plática : 22 de julio de 2009 
  • Estatus del pandillero: al momento de la entrevista Neck es un activo del Barrio 18 preso en la Granja Modelo de Rehabilitación Pavón, en Fraijanes (Guatemala) 
  • Otros datos relevantes: Neck fallece el 26 de enero de 2010 como consecuencia de una caída desde un muro del penal en el que estaba recluido.


Neck nació en septiembre de 1979 en San Pedro Sula (Honduras), en el seno de una familia disfuncional. Con 12 años comenzó a vivir en las calles, a los 14 años le dieron la zapateada que lo convirtió en un integrante del Barrio 18, y cumplidos los 20 ya estaba condenado a 21 años de prisión por homicidio en grado de tentativa, robo agravado y amenazas. Estaba preso cuando conoció a la mujer con la que se casó. Ella tenía dos hijos –un hijo, una hija– de relaciones anteriores que Neck comenzó a tratar como si fueran propios. Así los llamaba: hijos. En una de las muchas ocasiones que lo visité en la cárcel, le pregunté hablaba con Jonathan, si le aconsejaba. Él –su hijo-hijastro– tenía la complicada edad de 13 años.

—Yo le hago ver todas las consecuencias que trae ser pandillero. Le doy consejos, ¿va? Sucede que… si no les aconsejás de lo que has vivido… porque hay muchos evangélicos y otras personas que aconsejan, sí, pero ellos tienden a predicar vidas que no han vivido, ¿mentendés? Vienen a predicar santos y unas grandes pajas que ellos ni han vivido, pero no ondas de la vida…
—Pero ahora hay predicadores que antes fueron homies.
—Sí, ¿pero sabés qué es lo que sucede? Uno los conoce, se los conoce desde años ¿mentendés? Que no han hecho nada; sí, hasta cierto punto han libado o han golpeado a alguien, pero nada risk ¿mentendés? Porque te lo voy a poner así: risk es despedazar a una persona, y eso ya es otra onda ¿mentendés?
—¿Y son poquitos en el Barrio los que hacen lo risk?
—Antes sí… Ahora, en estos tiempos, la mayor parte...
—¿Los bichos vienen cada vez más pelados?
—¿Sabés qué es lo que sucede, mentendés? De que ahora las reglas en el Barrio, te lo voy a poner así, ahora son más risk ¿ mentendés? Ya no te aguantan de que solo vengás y digás voy a hacer esto pero no lo hagás ¿mentendés? Ahora todos parejo.
Ahora todos parejo, dijo.


Fotografía: EV
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La historia de Neck fue publicada en una crónica titulada Jonathan no tiene tatuajes, que fue antologada en el libro homónimo editado en 2010 por la Coalición Centroamericana para la Prevención de la Violencia Juvenil (CCPVJ).

domingo, 31 de julio de 2011

Violación tumultuaria

Entró el primero de sus violadores. Nunca supo si era el palabrero o el cumpleañero. Se quitó la calzoneta, le ordenó tumbarse boca arriba y abrirse de piernas, y comenzó a violarla, a pelo, y Magaly lloró, con la cabeza volteada hasta casi desencajarla del cuello para intentar evitar los besos y las lengüetadas, y quizá pensó en la hora eterna y maldita que tenía por delante, una hora de dolor rabia sangre impotencia saliva asco tortura vergas resignación, resignación infinita ante lo que se asume como inevitable, cuando se ha conocido tanta mierda que una violación tumultuaria forma parte del guion, algo que puede pasar, que de hecho estuvo a punto de pasarle cuando tenía 10 años, la edad de Vanessa, cuando vivían en un mesón en Mejicanos, y un hombre aprovechaba las ausencias de su madre para tocarla y obligarla a tocarle a él, hasta que un día le mordió la mano, se defendió, aunque hacer algo así en la violación no era siquiera opción, moriría ahí mismo, la destazarían, porque el Barrio 18 viola destaza asesina descuartiza mata, y por eso no gritó, aunque sabía que estaba en una casa en un pasaje en una colonia populosa, a primera hora de la tarde, mientras los vecinos veían telenovelas o National Geographic, y Magaly llorando, y solo cuando se le disparaban los decibeles de su llanto, el violador le decía que callara, puta, que callara… hasta que él se fue y se fue, pero al poco vino uno; no, dos, y la violaron a la vez, sin importarles la sangre, y le decían: ponete así, hacele así… y entró un tercero con un teléfono, lo puso cerca de la boca de Magaly, y le dijo: ahora chillá, gemí, perra, que te oiga, y quizá en una cárcel salvadoreña alguien tirado sobre un catre se masturbaba con ese dolor, ese dolor interminable, porque al terminar uno, empezaba otro, y luego el otro, y luego el otro…

—Mirá –se encaró con el que creyó que era el sexto–, el que habló por teléfono dijo que solo iban a ser cinco y una hora.
—Pero él no está aquí ahorita –le respondió–, así que no estés pidiendo gustos. Abrite, pues.

Más llanto, más semen juvenil, y el dolor cada vez más agudo, y uno y otro y otro más, y dos al mismo tiempo, y tres, y vuelta, y vuelta, y hasta un grupito que se sentó en el suelo de la habitación, mirando, riendo, grabando y tomando fotos con el celular, jugando, violadores mareros pandilleros de 12 años –doce–, de 14, de 18… hasta que apareció uno al que le dio asco el sudor ajeno, la sangre, y pidió a Magaly que se fuera a bañar rápido, que bebiera un poco de agua, que dejara de llorar, uno que le preguntó si le estaba gustando la fiesta, y luego a empezar de nuevo, y a llorar de nuevo, el undécimo, o el octavo, o el decimocuarto... ¿cómo saberlo? Más de uno repitió, porque tiempo hubo para humillar un cuerpo hasta la saciedad, sodomizarlo vejarlo ultrajarlo malograrlo envejecerlo, marcarlo de por vida, y el hilito de sangre que no cesaba, y las lágrimas y los ojos rojos siempre acuosos hinchados resignados… hasta que al fin terminó, cuando todos, donde todos incluye a pandilleros y a aspirantes, se cansaron de penetrarla, de darle nalgadas, de montarla, y su dios, el dios al que le reza cada noche con sus hermanos, a saber dónde putas estaba ese día.

—Puya, mirá esta maldita cómo está sangrando –le dijo un pandillero a otro, riendo, mientras Magaly intentaba recomponerse–. Dan ganas de picarla, vos.
—Callate, vos, que nos vamos a echar un huevo encima. Además, ¿que no mirás que estaba virga la bicha?

Como pudo, Magaly se vistió y salió de la habitación. Eran las 4:30 de la tarde. La despedida fue una frase: si abrís la boca, iremos a tirar una granada en tu casa. Cojeaba y los ojos siempre acuosos hinchados resignados. Así la vio su hermana cuando salió del pasaje. Pero Vanessa es niña todavía, 10 años, se ve niña. Le reclamó de forma airada la interminable espera, y Magaly prefirió no decirle nada. Ahorita no me hablés que me duele mucho la cabeza, respondió. También le dijo que se había torcido un tobillo. Caminaron hasta la casa. Guille abrió la puerta. También él preguntó, más consciente a sus 12 años de lo que podía haber pasado, pero respetó las ganas de silencio de Magaly. Fue al baño. Se duchó largo, se restregó bien por el asco. Tomó un par de diazepam y se encerró en su cuarto, que no era suyo sino de los tres hermanos.

—Díganle a mi mamá que estoy enferma, que no vaya a molestar –fue lo último que dijo el día de la violación.

Le costó, pero al rato cayó profundamente dormida.


Fotografía: internet
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(Este es un fragmento de una crónica titulada Yo violada, que fue publicada el 23 de julio de 2011 en la sección Sala Negra del periódico digital salvadoreño El Faro)

lunes, 25 de julio de 2011

Es que no es lo que vos querrás

La mañana del día de la violación Magaly salió para comprar algo en la tienda. Era miércoles. Un grupo de pandilleros se le acercó, la rodearon y le dijeron que se preparara, que en la tarde la llamarían. Ese coro de voces infanto-adolescentes, casi todas conocidas, algunas de compañeros de aula, representaba la máxima autoridad en la colonia, el Barrio 18, y ella mejor que nadie sabía que, escuchada la sentencia, poco o nada se podía hacer. En las horas siguientes actuó como un condenado a muerte que asume con resignación su condición.

Magaly es una joven bien parecida. Salvo por su estatura –apenas supera el metro y medio–, está en las antípodas del estereotipo de una mujer salvadoreña. Su piel es lechosa; su cara, de facciones angulosas, con una nariz respingona pero bien conjuntada con su rostro; el pelo lo tiene oscuro, largo y liso, y le cubre una cicatriz en el cuero cabelludo del tamaño de un centavo, que le dejó un ácido que la cayó de niña. Está muy delgada, apenas supera las 90 libras, y no es para nada voluptuosa. La primera vez que la vi fue a mediados de marzo de 2010, durante una actividad del Ministerio de Educación que me llevó a Ilopango. Tenía que amarrar un contacto en la zona para el seguimiento, y ella fue la elegida. Nunca sospeché que esa joven menuda y dicharachera tuviera 19 años, condicionado quizá por el hecho de que estábamos en una escuela en la que solo se estudia hasta noveno grado.

La tarde del día de la violación Magaly llegó a esa escuela, como todos los días. Lo hizo poco antes de la 1 acompañada por Vanessa, su hermana pequeña. Se despidieron y cada quien entró en su aula. Hablando estaba con una amiga cuando un compañero de clases –un pandillero– se le acercó para entregarle un celular. Te llaman, le dijo.

—Ajá, ¿con que vos sos la puta que nos puso el dedo? –preguntó una voz sonora y amenazante–. Mirá, pues ahorita los homeboys se quieren dar el taco.
—¿Conmigo? ¿Y por qué?
— No te hagás la maje, que bien sabés. Vos los pateaste cuando se llevaron a la morrita aquella. Ellos te van a decir...
—Pero no tengo nada que hablar con ellos.

No dudó de que se trataba de la persona que desde la cárcel lleva palabra sobre los pandilleros de su colonia, de su escuela, pero se atrevió a interrumpir la llamada. El teléfono volvió a sonar de nuevo.

—¡No me volvás a colgar, peeeerra! Vos sabés lo que te va a pasar si no...
—Fíjese, pero yo no tengo nada que ver con ustedes –consumió Magaly su último suspiro de valentía–, así que deje de molestarme.
—Es que aquí no es lo que vos decís, sino lo que los homeboys dicen. Ahora mismo vas a ir a donde te lleven y vas a pasar una hora con cinco de ellos.
—Pero yo no puedo hacer eso, ando con mi hermana pequeña.
—Es que no es lo que vos querrás, es que lo tenés que hacer. Si no vas, van a ir a sacarte de la escuela.

Y colgó.

Magaly y su hermana Vanessa tienen una relación especial. Se llevan diez años, pero es evidente la complicidad cuando están juntas. En una ocasión Magaly me contó un incidente que tuvo con su pelo. Se lo quería alisar y, como a falta de dinero lo que toca es improvisar, pidió a Vanessa que usara una plancha para ropa y una toalla, sentada ella de espaldas a una mesa y con la cabellera extendida. No midieron bien los tiempos, y el pelo resintió ligeramente el exceso de calor. Mientras me lo contaba no paraba de reír.

Pese a esta relación, la de Magaly no es el mejor ejemplo de familia integrada. Cuando la violaron vivía en una casa diminuta con Vanessa, con Guille –el hermano, de 12 años–, con su madre y con el novio de ella, que salen al amanecer y regresan al anochecer. Pero cuando le pregunté por cuántos hermanos tenía, respondió que eran nueve en total, menores la mayoría, de diferentes padres y repartidos ahora en distintas casas, incluido uno que, recién nacido, su madre se lo regaló a un hermano, para que lo asentara como propio, y que ahora vive en Estados Unidos. Es la suerte que hubiese querido tener yo, me dijo un día Magaly. En otra ocasión le pregunté por su padre biológico. Creo que vive en San Martín, pero no lo veo, me respondió.

Magaly es casi como una madre para sus dos hermanos menores, sobre todo para Vanessa, y no parece sentirse incómoda en ese rol. Quizá por eso, cuando el día de la violación la voz amenazante le ordenó salir de la escuela, lo primero que hizo fue pensar en ella. No la podía dejar sola.

Salieron las dos de la escuela, y afuera había un grupito de pandilleros que comenzaron a caminar delante. Al llegar al pasaje donde estaba la destroyer, la casa que usan como punto de reunión, le dijeron que Vanessa no podía llegar y, con toda la naturalidad del mundo, le pidieron que la cuidaría la hermana de uno de los pandilleros. Magaly le dejó su celular, y ahí se separaron. No tuvo que recorrer mucho más para llegar a la casa. Eran pocos los pandilleros cuando entró, cuatro o cinco, pero casi todos rostros conocidos, casi todos más jóvenes, compañeros de la escuela algunos. Le indicaron un cuarto: “Metete ahí y quitate la ropa, que ya vamos a llegar”.

En la habitación no había nadie, solo un colchón grande tirado en el suelo, sin sábanas. Ella misma se desvistió. Se quitó los tenis blancos con dibujitos de calaveras que calzaba, los calcetines, la blusa verde, la camiseta de algodón, los jeans y el calzón. Todo lo amontonó en una esquina. Se sentó en el colchón y se acurrucó. Magaly no es de las que se congrega con asiduidad pero sí es creyente, lee la Biblia con sus hermanos antes de dormir, y quizá en ese momento pensó en su dios. “Yo seguido hablo con él, porque sé que me oye y me entiende”, me dijo en otra ocasión. Al menos esta vez a su dios le valió madre su suerte. Al poco entró el primero de sus violadores.

Fotografía: internet
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(Este es un fragmento de una crónica titulada Yo violada, que fue publicada el 23 de julio de 2011 en la sección Sala Negra del periódico digital salvadoreño El Faro)

jueves, 10 de marzo de 2011

¿El amigo de Christian Poveda?

Hasta hace unos minutos esta amplia habitación, la Sala 4-B del Centro Judicial Isidro Menéndez de San Salvador, estaba llena. Esposadas de pies y manos había nada menos que 31 personas procesadas por el llamado Caso Poveda, abierto por la Fiscalía con la idea de determinar quién, cómo y por qué fue asesinado el fotoperiodista y documentalista franco-español Christian Poveda el 2 de septiembre de 2009. Muchos recordarán el caso. Durante más de un año a caballo entre 2006 y 2007, Poveda se mimetizó con la clica de la pandilla Barrio 18 que operaba en el reparto La Campanera, en Soyapango. Las miles de horas de grabación -los pandilleros llegaron a conocerlo como el Amigo- cristalizaron en un documental llamado La vica loca. Desde su muerte, sin embargo, la principal hipótesis de las autoridades –Policía Nacional Civil y Fiscalía– fue que el Barrio 18 lo ejecutó por incumplimiento de algunos puntos pactados sobre el contenido y la distribución del documental, aunado a la sospecha de que se había convertido en informante de la Policía.

Decía que la Sala 4-B estaba llena: 31 procesados, una veintena de policías y custodios judiciales armados hasta los dientes, media docena de abogados defensores… Pero eso era hasta hace unos minutos, cuando sacaron a 30 de los procesados para tomar declaración a solas al más tatuado de todos los presentes. Es un tipo que en abril cumplirá 27 años, delgado, abajo del 1.70 de altura, ligeramente bizco y que cumple a cabalidad el estereotipo de pandillero, al punto que sería la delicia de los periodistas europeos o estadounidenses que con frecuencia llegan a El Salvador a pretender empaparse en una semana de un complejo fenómeno social como es el de las maras. Todo su cuerpo, que hoy cubre con unos jeans, una camisola deportiva desteñida y unos relucientes tenis Nike Cortez, es un lienzo. Tan solo en su rostro hay tatuajes que van desde un Game Over sobre sus párpados, a un gran 666 (tres números que suman 18) grabado en su frente, incluido el nombre de su pequeña hija en la oreja derecha. Lo suben al estrado y lo sientan delante del ejército de abogados defensores.

—Por favor, deme su nombre –le dice el juez.  
—Mi nombre es Nelson Lazo Rivera.  
—Para identificar a su persona, ¿tiene usted algún sobrenombre con el cual lo identifican o algún diminutivo de nombre?  
—Sí tengo un sobrenombre.
—Menciónelo.
—Casper.

Casper, dice. Quizá ahora también lo conozcan así, pero Lazo Rivera está en los archivos policiales con otros dos sobrenombres: Molleja y Fantasma. Se le atribuye ser el encargado de tribu para el amplio e influyente sector de Soyapango-Ilopango-Tonacatepeque, uno de los reductos donde el Barrio 18 tiene mayor presencia. Poveda y Lazo Rivera se conocían muy bien. Lo fotografió en un sinfín de ocasiones desde mucho antes de iniciar la filmación, pasaron tiempo juntos, y no resulta aventurado suponer que Lazo Rivera fue uno de los negociadores para que Poveda pudiera meter sus cámaras en La Campanera. Un detalle más: cuando lo asesinaron, el fotoperiodista tenía en su perfil de Facebook una foto del rostro de Lazo Rivera en el lugar en el que debería estar su propia fotografía.

Encarcelado desde mediados de 2008 y condenado por agrupaciones ilícitas a cinco años, la Policía primero y la Fiscalía después presentaron a Lazo Rivera como uno de los principales implicados en el crimen, lo llamaron incluso autor intelectual. Quizá por eso mi sorpresa ante el dócil interrogatorio que el fiscal está realizando ahora, transcurrido ya año y medio desde el asesinato destinados en teoría a fortalecer la acusación.

—Señor Lazo Rivera, ¿podría decirnos desde cuándo usted está detenido?
—No recuerdo.
—¿En qué año? –repregunta el fiscal.
—Tampoco recuerdo.
—Bueno, si usted no recuerda, ¿podría decirnos en qué centros penales ha estado usted recluido?
—¿Por cuál delito?
—Dígame, señor, entonces. La primera vez que estuvo detenido, ¿en qué penal fue?
—¡Objeción, señoría! –alza la voz el abogado defensor–. Está sugiriendo respuesta.
—No ha lugar. Continúe.

Quizá Hollywood nos haya jugado una mala pasada, y la espectacularidad y sonoridad de los alegatos en los juicios que recrean las películas vayan en contra de fiscales y jueces reales como estos, pero Lazo Rivera va a pasar casi 19 minutos en el estrado respondiendo preguntas sin relación aparente con el hecho juzgado.

—Aparte de hojalatero, ¿a qué otra actividad se ha dedicado? –pregunta el juez.
—Solamente.

En todo ese tiempo no se pronuncia ni una sola vez –ni una sola vez– el nombre de Christian Poveda, y no se plantea ni una sola pregunta directa sobre lo ocurrido el 2 de septiembre de 2009. Es más, el abogado defensor logra que la conversación derive hacia una revisión del caso por el que Lazo Rivera fue condenado en 2008.

—¿Cuál es en sí la petición que usted le hace al señor juez en esta audiencia? –pregunta el abogado a su defendido después de haber sugerido la revisión de la sentencia.
—¡Objeción, señoría! –acota el fiscal–, esa no es una pregunta para el imputado. Él tendrá su derecho en la última palabra.
—Ha lugar con la objeción, que el testigo manifieste eso en su oportunidad.
—No más preguntas, señoría –concluye la defensa.

Y así finaliza el interrogatorio. Sin más. Lazo Rivera ha estado expuesto durante casi 20 minutos al escrutinio del Estado salvadoreño, y el que en su día fue presentado como uno de los principales maquinadores del asesinato de Christian Poveda regresa a su asiento tranquilo, sonriente incluso. Mañana en la tarde se leerá el veredicto, y Lazo Rivera estará entre los 20 procesados a los que el juez absolverá. En 2013 será un hombre libre, quizá antes.

Fotografía: Roberto Valencia
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