miércoles, 14 de marzo de 2012

Pláticas con pandilleros (III)

  • Temas generales de la conversación: ingreso en una pandilla 
  • Fecha de la plática: 25 de octubre de 2011
  • Estatus del pandillero: retirado de la Mara Salvatrucha (MS-13); al momento de la entrevista está preso en el Centro de Inserción Social Sendero de Libertad, en Ilobasco, condenado a cinco años por extorsión
  • Otros datos relevantes: tiene 16 años de edad 

Ni hogar desintegrado ni extrema pobreza ni maltrato en el hogar. Este pandillero llegó a la pandilla siendo un niño, seducido por el fácil acceso a las drogas y al alcohol. En infinidad de colonias y comunidades de El Salvador, el way of life de los mareros sigue siendo un reclamo seductor.

—¿Cómo terminaste en la Mara Salvatrucha? 
—Son cosas que pasan… Yo hasta los nueve años vivía en Apopa, era un bicho de papi y mami, y comencé a caminar con unos locos de los dos números; pero cuando mi mamá se dio cuenta, me mandó para Quezalte, a casa de una mi tía…
—Y ahí te perdiste…
—Sí, pero no por ella. Vivíamos bien, en una urbanización llamada Esperanza, y ella estaba pendiente. Mi hermana mayor, que también se vino conmigo, estudia, y solo pasa del estudio a la casa, y ahí muere. Pero yo conocí un maje en la escuela, y con él comencé a tomar, el cigarro, la droga. A los diez me metí ya con pandillas…
—Y te brincaron…
—A los doce. Ahora lo veo mal. En la adolescencia todos empezamos a joder, pero ahí no era mi adolescencia. Me dieron casaca, y me comenzaron a enseñar droga, armas, dinero…
—¿Cuándo tuviste por primera vez un arma en tus manos?
—A los once…
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Fotografía: Álvaro López

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