Mostrando entradas con la etiqueta Blogs. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Blogs. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de octubre de 2013

“Ojalá El Salvador no se convierta en otra España”


Leída en las Españas, la frase del titular puede resultar desconcertante, provocativa incluso. Espero que no se me ofenda nadie, pero el español promedio tiene cierto aire de superioridad moral sobre los pueblos latinoamericanos, como si en verdad fuera la madrepatria, y me late que puede chocar tantito que España sea un ejemplo a evitar para El Salvador, un país que ese español promedio difícilmente podría ubicar en un mapamundi, pero que, eso sí, le sonará a tercermundismo puro y duro. 

“Ojalá El Salvador no se convierta en otra España”. Esa frase se la escuché al cronista estadounidense Jon Lee Anderson a mediados de 2012, en una charla magistral que impartió en San Salvador, en la clausura del Foro Centroamericano de Periodismo organizado por El Faro, y en la que en principio iba a hablar sobre sus experiencias como reportero en los albores de la Guerra civil salvadoreña (1980-1992), y sobre el país que había rencontrado tres décadas después de su última visita. Pero habló y habló sobre España, casi más que sobre El Salvador. 

—La Guerra civil española –dijo Jon Lee Anderon– ocurrió 50 años antes que la Guerra civil salvadoreña. Durante tres años, del verano del 36 al 39, el pueblo español se desgarró. Murieron alrededor de 600,000 personas. Esa guerra civil, como sabemos, la ganó el hombre que la comenzó, el general Francisco Franco, que se había aliado con Hitler y Mussolini. Tuvo el respaldo de estos señores, de estos dictadores, para librar la guerra contra la República. 

Quizá convenga matizar que si me he acordado ahora de lo que Jon Lee Anderson dijo hace casi año y medio es por lo sucedido en las últimas semanas. A la jueza argentina María Servini se le ha ocurrido abrir causas penales por crímenes cometidos en los años finales del franquismo, crímenes de lesa humanidad convenientemente ocultados durante la Transición bajo esa alfombra de la vergüenza llamada ley de amnistía. Al calor del señalamiento, incluso Naciones Unidas se ha pronunciado contra la política española de silencio y encubrimiento, pero el tema ha sido tratado con un bajísimo perfil en los medios de comunicación más fieles al establishment, que son la inmensa mayoría. ¿Un paisucho como Argentina dando clases de democracia e institucionalidad a la magnánima España? Algo así se preguntaba, visiblemente molesta, una tertuliana hace algunos días en un debate televisivo. 

—Franco siguió gobernando España durante otros treinta años –dijo Jon Lee Anderson–, y en especial los primeros años de la dictadura fueron muy cruentos, tan cruentos que incluso los alemanes y los italianos lo amonestaron por ser demasiado draconiano con los republicanos, a los que metía en campos de concentración y los ejecutaba, a mansalva, durante años. Los últimos reductos de republicanos guerrilleros en España fueron vencidos allá por los años cincuenta, aunque de hecho actuaban ya más como bandidos que como soldados. Todos fueron aniquilados, y tuvimos Franco hasta los años setenta. 

Aquel discurso lo grabé, lo he vuelto a escuchar y lo he transcrito. Las palabras atribuidas al cronista de The New Yorker son, pues, literales. 

—Cuando murió Franco, se abrió una negociación entre sus sucesores y los que querían entrar en la política por primera vez. El temor todavía a una represalia por parte de los militares era muy fuerte. Y entonces, los nuevos demócratas pactaron con sus antiguos represores una transición democrática, y lo llamaron el Pact of Forgetting, un pacto de olvido... Ya saben por dónde voy, ¿no? Ese pacto de olvido en España fue clave, porque permitió que los socialistas y los demás partidos entraran al poder; es más, permitió que asumieran el poder y recibieran las prebendas del poder, de la democracia española... a cambio de nunca... nunca... pero jamás... mirar al pasado. Nunca... nunca... pensar en juzgar algún crimen cometido en esos tres años de gran terror, de mucha muerte, ni en los cuarenta años de dictadura posterior, en la cual también murió mucha gente. 

No creo que este post sea el lugar idóneo para extenderme, pero la razón de hablar tanto sobre España en San Salvador era precisamente el paralelismo que Jon Lee Anderson establece con el proceso de paz salvadoreño. El mismo guión: represión y guerra cruenta, reforma del Estado pactada entre las partes beligerantes, ley de amnistía. Y hoy, décadas después, las voces de los que beneficiaron del perdón y olvido –no de las víctimas, a ellas nunca nadie les consultó– diciendo una y otra vez que al país no le conviene reabrir heridas del pasado. 

—¿Cómo puede un país construir una democracia si la base es la injusticia? –se preguntó Jon Lee Anderson–. Yo creo que no es posible. Setenta años después del fin de la Guerra Civil en España, ese país y esa famosa democracia en la que todo el mundo va a la playa... En Granada, esa ciudad emblemática, la de la Reconquista, la de tantas cosas... y también del verano del 36, cuando se levantaron los militares y durante todo un verano, de forma sistemática, comenzaron a matar a gente; llevarlos al cementerio y matarlos, decenas, todos los días. Los mataron, los mataron, los mataron... fosas comunes por todos lados. Y entre ellos, el escritor más grande de España en esa época, el poeta Federico García Lorca. A ese hombre, a ese hijo de su ciudad, lo mataron delante... bueno no, a espaldas de todo el mundo, pero todos sabían que lo habían asesinado. Setenta años después no hay una sola placa en esa ciudad que explique lo que pasó. Los turistas van a la Alhambra, que es muy bonita, pero no hay ni un museo dedicado a lo que pasó en el verano del 36 y a lo que significó eso para España primero y para el mundo después, porque España fue la antesala de lo que luego hicieron Hitler y Mussolini en la II Guerra Mundial. La casa en la que estaba refugiado, escondido, aterrorizado porque lo iban a matar, García Lorca, la casa de unos amigos de la que lo sacaron para matarlo es hoy un restaurante que se llama El Rincón de Lorca, donde puedes pedir chuleta con patatas fritas ahí. A lo que voy es esto: un pueblo que no tiene historia no tiene moral, y una sociedad en la que los crímenes quedan impunes es sociópata después. Sociópata es una sociedad en la que tú puedes convertir un lugar que fue la casa de la que te sacaron al hijo más preciado para matarlo, y la conviertes luego en un restaurante. Entonces... ojalá El Salvador, que tiene todavía tiempo, no se convierta en otra España, vacía de su historia, que ha defenestrado al famoso juez Baltasar Garzón (…) ¿Y cuál fue su crimen? Tratar de abrir las fosas, tratar de encontrar la tumba de Lorca, pero le dijeron: eso no lo vas a hacer... ¡y no lo han hecho! Todavía no hay una tumba de Lorca, pero en España lo que sí hay una especie de panteón nacional que, ¿saben lo que es? Es una cruz erigida por Franco, una cosa gigante, increíble, que la construyeron los prisioneros de guerra, y en la base de la cruz está la tumba de él. Yo lo visité hace un par de años, ¿y saben lo que encontré? Hombres haciendo saludos fascistas. Aquello sigue siendo una especie de reducto, de último reducto en Europa de las ideas más tétricas y rancias del totalitarismo de derechas del siglo pasado. Ese es el panteón nacional español. Ese es el lugar supuestamente de la reconciliación de ese país. Setenta años después de la guerra, treinta y cinco años después del franquismo, no hay ni siquiera un movimiento para erigir un panteón en el que todos los españoles puedan tomarse de la mano y decir: ya pasamos eso y ya estamos unidos. No. No están unidos porque lo que tuvieron fue la paz de los vencedores, y ahora esperan hasta que se muera el último de esa última generación y llegar a la amnesia total... aunque nunca hay una amnesia total. Esa amnesia termina siendo una toxina que entra en el ADN y contamina la sociedad. 

Al conversatorio le siguió una ronda de preguntas que duró casi una hora entera. Hubo cuestionamientos de todo tipo y, casi al final, una joven española que se presentó como una politóloga, gallega, nieta de republicanos e hija de demócratas, que dijo llevar ya dos años en El Salvador, se atrevió a cuestionar la teoría de Jon Lee Anderson. 

—Yo creo que en El Salvador, para esta democracia, aún no es el momento para pedir cuentas... que eso tendrá que pasar dentro de dos o tres generaciones, cuando la democracia sea estable –dijo. 

Y Jon Lee Anderson se molestó. Mucho. 

Fotografía: internet
---------------------------------------------
(Este texto se publicó primero el 13 de octubre de 2013 en Bajomundo, mi blog de la revista Frontera D, bajo el título “Ojalá El Salvador no se convierta en otra España”)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cinco años de 'Periodismo narrativo en Latinoamérica'


“El plan parecía una locura demasiado simple”. Así arranca Asalto al palacio, la crónica formidable del periodista Gabriel García Márquez en la que nos cuenta un cuento que es verdad: la mítica toma por parte de un comando guerrillero del Palacio Nacional de Managua, el 22 de agosto de 1978, cuando aún faltaba un año para el triunfo de la Revolución sandinista.

No lo recuerdo como una decisión sopesada-meditada, pero Asalto al palacio fue la primera entrada del blog Periodismo narrativo en Latinoamérica. La subí el 15 de septiembre de 2008, hace exactamente cinco años. Ese mismo día incluí una docena de relatos magistrales; además del de Gabo, piezas de Leila Guerriero, Daniel Titinger, Cicco, Carlos Martínez, Martín Caparrós, Juan Pablo Meneses, Josefina Licitra... Palabras mayores. Historias todas que cumplían con holgura la premisa recogida de forma explícita en la cabecera del blog: “Recopilación de crónicas periodísticas con chispa”.

Un lustro después de aquella travesura, Periodismo narrativo en Latinoamérica acumula más de 915,000 visitas, más de 450 crónicas, casi 200 autores, 800 comentarios de lectores... y todo eso sin renunciar a ser un espacio tan artesanal e ingenuo como el día en el que nació. En la actualidad promedia unas 25,000 visitas mensuales, unas 850 cada día, cifras nada despreciables para un sitio en el que se postea solo 1 o 2 veces por semana, y del que me gusta decir que es lenguaje menosdospuntocero: sábanas de texto, cero imágenes, cero enlaces, cero comentarios del autor, cero publicidad; crónica, solo crónica, solo buena crónica.

El plan parecía una locura demasiado simple.


***
 
Con la excusa de la efeméride comparto algunos datos que quizá alguien juzgue interesantes.
 
¿Quiénes visitan? Desde hace más de año y medio Wordpress brinda un detallado reporte que incluye datos sobre los países desde los que visitan el sitio. Pues bien, en términos absolutos los colombianos son los más asiduos, hecho que está en plena sintonía con el aprecio que en ese tierra se tiene por la crónica. A los colombianos, los claros dominadores, les siguen mexicanos, argentinos, peruanos, ecuatorianos, españoles, estadounidenses, chilenos, venezolanos, salvadoreños, bolivianos, uruguayos... Pero si se toma en cuenta la población de cada uno de los países, me atrevería a interpretar que los dos grandes focos de interés sobre la crónica de largo aliento están, por un lado, en el tridente Colombia-Perú-Ecuador; y por otro, en el tándem Argentina-Chile.

¿Qué es lo más leído? De largo, la crónica más visitada en estos cinco años es Un fin de semana con Pablo Escobar, de Juan José Hoyos; casi 30,000 visitas. Superan las 10,000 otras dos crónicas geniales como lo son La leyenda de Facundo Cabral, de Leila Guerriero; y Cromwell, el cajero generoso, de Juan Manuel Robles. Completan el top-ten Caracas sin agua, de Gabriel García Márquez; Seis meses con el salario mínimo, de Andrés Felipe Solano; La chica mimada del cine porno argentino , de Gloria Ziegler; Messi, el goleador que nos despierta, se va a dormir , de Leonardo Faccio; Un extraterrestre en la cocina , de Julio Villanueva Chang; Frank Sinatra está resfriado, de Gay Talese; y Un hombre está peleando con mi mami, de Carlos Martínez. Los países sobre los que más se escribe son, en este orden, Argentina, México, Colombia, El Salvador y Perú. Los medios de los que más crónicas he recopilado son Gatopardo, Soho, El Faro, Etiqueta Negra y Séptimo Sentido. Y los autores que más relatos han publicado son Leila Guerriero, Alberto Salcedo Ramos, Roberto Valencia (algún privilegio debería de tener ser el responsable del tinglado), Óscar Martínez y Juan Pablo Meneses.

¿Desde qué sitios se accede? Las redes sociales son las cómplices naturales de Periodismo narrativo en Latinoamérica, sobre todo Facebook. Tiene su lógica. Twitter aporta, claro, y también sitios como Wikipedia, Clasesdeperiodismo.com, Taringa, Aves de prensa, Meneame.net, elPuercoespin, FronteraD, Águilas humanas, Crónicas guanacas, nuevoscronistasdeindias.fnpi.org... un heterogéneo conglomerado de instituciones y autores que recomiendan este blog. A todos mi sincero agradecimiento, pero los dos que me llenan de especial orgullo son, por un lado, la inclusión del blog en su listado de sitios “donde habita la crónica”, que hizo la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI); y por otro, que fuera recomendado como “un excelente portal de entrada para leer algunas de las mejores piezas firmadas por los cronistas más talentosos” en el ensayo Diccionario de la crónica hispanoamericana, que en mayo de 2012 Lino González Veiguela publicó en Frontera D.

¿Con qué criterios se nutre el blog? No es el único insumo, ni mucho menos, pero sí el principal: en la página principal, al costado izquierdo, hay una invitación a que sean los lectores los que envíen sugerencias, de autoría propia o ajena. Dice así: “Si conocés o has escrito una crónica que creés que merece estar en este blog, por favor, envíala a robertogasteiz@gmail.com (pero antes de hacerlo recordá que este espacio es para crónicas periodísticas de largo aliento; repito las palabras clave: CRÓNICAS, PERIODÍSTICAS y LARGO ALIENTO) Gracias”. Llegan muchas propuestas y muchas se desechan; más de una, seguramente, de forma injusta. El abanico abarca va desde cronistas consagradísimos que con humildad someten sus textos a consideración, hasta aprendices que quieren que se les publique lo primero que escriben. Y entre tanta propuesta hay, para mi gusto, demasiados relatos que pecan de egocentrismo, aquellos en los que el reporteo es mínimo (cuando lo hay) y la presencia del autor es tan agresiva que opaca los hechos noticiosos narrados.

¿Por qué nace este blog? Es quizá la primera pregunta que debería de haber respondido, pero voluntariamente la he dejado para el final. El problema es que el post ya se me ha alargado demasiado, y ahora creo que responder a por qué nació Periodismo narrativo en Latinoamérica da para más que un párrafo. Me comprometo a contarlo otro día, seguramente en este mismo espacio, pero adelantaré un par de detalles: uno, que lo que me llevó a concentrar crónicas de largo aliento en un mismo lugar fue mi interés genuino en el género, como aprendiz, sumado al hecho de que no existía nada así y yo, picado ya por el gusanillo de la crónica, lo sentía de gran utilidad; y dos, que este blog no existiría si en agosto-septiembre de 2007 yo no hubiera asistido a un taller de periodismo narrativo que en aquel entonces impartió en Ciudad de Panamá una ignota periodista argentina llamada Leila Guerriero.




---------------------------------------------
(Este texto se publicó primero el 15 de septiembre de 2013 en Bajomundo, mi blog de la revista Frontera D, bajo el título 'Un lustro de crónicas')

martes, 21 de febrero de 2012

Rafael Menjívar Ochoa, un bloguero excepcional


“La camisa ya es vieja; si no me equivoco, la compré en México en 1997 o 1998. El cabello y la barba también están destiñéndose. La computadora que aparece en la foto ya estaba fallando en ese momento…  Así arranca la primera entrada de Tribulaciones y Asteriscos, el blog que Rafael Menjívar Ochoa mantuvo vivo y actualizado con sorprendente regularidad durante casi seis años y medio. No suena aventurado especular con que aquel 4 de noviembre de 2004 fue un día especial para Rafa. Cualquiera que haya abierto un blog sabe que ese primer post no es igual al número diecisiete o al treinta y nueve. Más allá de la historia que se decida contar, de las palabras que se elijan, esa primera confesión se escribe por lo general acolchada por buenas intenciones, con la íntima convicción de que será la primera de un listado infinito. Pero esos deseos casi siempre son llamarada de tuza, y en cuestión de días o semanas, meses lo más, infinidad de blogs que nacen impetuosos como caballos desbocados terminan muertos de inanición. Afortunadamente, Rafa resultó ser un bloguero excepcional. 

Rafa destacó en muchas y variadas facetas. La de escritor es con justicia la más celebrada, pero también tuvo un papel destacado como docente, como periodista, como historiador, me atrevo a suponer que como padre y compañero de vida, y, por supuesto, como bloguero. Este es el aspecto que en lo particular me gustaría subrayar, y no solo porque es el que me facilitó acercarme a él, el que me permitió conocerlo y dimensionarlo, sino porque estoy convencido de que lo que publicaba era de gran calidad, de que con una buena selección de las mejores entradas costaría poco dar forma a un libro póstumo excepcional.

Tribulaciones y Asteriscos llevaba como subtítulo un significativo Cosa personal de Rafael Menjívar Ochoa, y era un espacio en el que cabían recuerdos, ideas dispersas, críticas literarias y periodísticas, pequeñas crónicas vivenciales, reflexiones políticas, anécdotas, desahogos, halones de oreja públicos a quien se los mereciera, combates dialécticos, intimidades confesables y un largo etcétera. En seis años y cuatro meses publicó 966 entradas, a un promedio de tres por semana; se dice pronto, pero son cifras que intuyo inalcanzables para ningún otro blog de autor –repito: de autor– de los que se escriben en El Salvador. Los suyos, además, tenían la virtud de ser post sustanciosos, que invitaban al debate y a la discusión; prueba de ello es el torrente de comentarios que generaban, y que Rafa tenía la sana costumbre de responder o matizar, algunos de forma tan extensa que empequeñecían el post original.


En lo particular, y gracias a esa herramienta maravillosa llamada Google Reader –que avisa de inmediato de las actualizaciones–, me acostumbré en los últimos años a leer sus entradas apenas Rafa las subía a la red, y no pocas veces me animé a comentárselas. Recuerdo una, en febrero de 2009, en la que nos contó las vueltas que dio para comprar un carro, un minúsculo Chery QQ de fabricación china, blanco y reluciente como una refrigeradora nueva, con "tacómetro", con "vidrios mecánicos" y con un motor de apenas 800 centímetros cúbicos. Además de por el entusiasmo que logró transmitir, supongo que esa entrada me gustó sobremanera porque ese carrito era –en tamaño, forma y prestaciones– muy parecido al Daewoo Matiz de segunda mano que, a costa de endeudarme con el periódico para el que trabajaba, yo compré a los siete meses de haber llegado a El Salvador. 



Otro post entrañable es uno que tituló Por qué no me muero, que empezaba así: “Algunos de mis estúpidos favoritos (machos y hembras) me preguntan de tarde en tarde que por qué no me muero, que si ya me morí y cosas por el estilo”.

A Rafa para entonces ya lo habían operado de emergencia, operaciones que por cierto le impidieron actualizar el blog por una temporada. Los estúpidos a los que se refería eran un pequeño coro de internautas dogmáticos que lo acompañaron casi desde el nacimiento del blog, de esos que tienen a bien expresar su complejo de inferioridad mediante comentarios ofensivos y anónimos, y que Rafa ni siquiera se tomaba la molestia en censurar. “No me muero porque no me ronca la gana, así de simple. Cuando cambie de opinión lo leerán en los periódicos”, les respondió ese día.

Otro día le dio por compartirnos sus recuerdos sobre una procesión a la que involuntariamente asistió en Puebla, México, en la que una multitud paseaba las reliquias de Santa Columba. Que en los días previos hubiera ocurrido algo muy parecido en El Salvador con los restos de San Juan Bosco motivó un intercambio de pareceres.

Y así, casi mil.

Un matiz que creo necesario: mi limitada pero peculiar relación con Rafa no se limitó a Tribulaciones y Asteriscos. Supe de él y de su obra antes, prácticamente desde que llegué a El Salvador en septiembre de 2001. Lo recuerdo como una de las firmas poderosas de Vértice, el suplemento dominical de El Diario de Hoy, que por aquel entonces editaba José Luis Sanz. Bastantes años después, a inicios de 2008, con el blog ya en plena ebullición, fue precisamente Sanz quien me sugirió a Rafa como la persona ideal para escribir una página de opinión en Séptimo Sentido, la revista de La Prensa Gráfica que por aquel entonces estábamos armando. Me pareció una gran idea. Se lo propuse a Rafa y aceptó gustoso, entusiasmado diría, pero a última hora alguien en las alturas del periódico se opuso sin dar explicaciones, y los lectores de Séptimo Sentido se perdieron la oportunidad de disfrutar de un buen puñado de artículos de un gran escritor salvadoreño, uno de los mejores, ácido y propositivo como pocos. Cuando con mucha pena lo telefoneé para explicarle la absurda decisión, me dijo que no me preocupara, que se sabía alguien que creaba anticuerpos en distintas esferas. El no alineamiento político tiene un costo en El Salvador.

La última vez que platiqué con Rafa creo que fue en octubre de 2010, medio año antes de su muerte. Lo busqué porque acababa de leer su libro Tiempos de locura (Índole Editores, San Salvador, 2008) y me pareció una fuente idónea para un pequeño reportaje que debía escribir sobre el 30º aniversario de la creación del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Me atendió amable, como siempre, como en cada una de nuestras pláticas por teléfono o de nuestros encuentros virtuales en Tribulaciones y Asteriscos.

Pero a pesar de todos estos intercambios, no recuerdo haber estrechado nunca la mano de Rafa, ni habernos sentado a tomar un café. He de confesar que me extrañó cuando Krisma Mancía, su pareja al momento de su fallecimiento, me pidió que escribiera sobre él, habiendo tantas otras personas que mantuvieron una relación mucho más íntima y estrecha. Ella sabrá. Lo más que me animé es a juntar este puñado de párrafos sobre lo que más me unía a él: su blog.

Su lucidez se echa en falta en Internet.

La última entrada que escribió se la dedicó a sus hijos, y está fechada el 25 de febrero de 2011. Desde entonces, silencio. Quizá esa era la idea original de Rafa. De alguna manera algo dejó entrever en aquel primer post escrito el 4 de noviembre de 2004, el que comenzaba describiendo su camisa, sus canas y su vieja computadora, y que terminaba con unas palabras que hoy suenan premonitorias: “Y, en fin, la vida continúa, como ha venido continuando desde hace 45 años y como continuará durante un tiempo indeterminado, pero cierto”.

Adiós, Rafa, gracias por todo.

---------------------------------------------

(Este artículo se publicó originalmente bajo el título Un bloguero excepcional en la edición #23 de Istmo, la revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos. Forma parte de un compendio de artículos  de distintos autores sobre el genial escritor salvadoreño)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

... y cien (génesis de Crónicas guanacas)

Tengo que improvisar algo. Hace ya unos días que me comprometí con los responsables de El Faro, Jorge Simán y Carlos Dada, a enviarles un documento más formal sobre una idea que días atrás les había comentado: mi deseo de iniciar un blog que quepa en su periódico. Si tienen un proyecto estructurado, quizá alguna institución lo quiera financiar, me habían animado. Por eso ahora, 2 de octubre de 2009, me siento frente a mi vieja computadora para intentar dar forma a algo que no la tiene. Por ahora no sé en qué terminará esto, si tendrá continuidad o si será uno de esos blogs que arrancan con fuerza pero que solo tienen gasolina para unas pocas semanas. Desde que renuncié a La Prensa Gráfica, hace poco más de tres meses, la idea me ronda en la cabeza, convencido como estoy de que en El Salvador hay blogs de muchos colores y sabores, pero la inmensa mayoría son de carácter eminentemente político-partidario, se dedican a reproducir otras informaciones o tienen vocación de diario personal público. En otras palabras, demasiada opinión, pero poca información y/o interpretación.

Comienzo a escribir. 

No creo necesario tener que explicitar el papel que internet tiene ya en la sociedad mundial en general, y en la salvadoreña en particular. Pese a quien pese, esta herramienta se ha vuelto indispensable en… 
En poco más de un cuarto de hora escribo dos hojas Word con algunas pinceladas de lo que terminará llamándose Crónicas guanacas, con ideas tan generales que rozan la vaguedad. Pero hay un apartado se titula así: ¿Qué cabría en este blog?
La idea general es que los lectores tengan una manera de “vivir” situaciones y lugares en apariencia comunes pero que no todos vivimos. Sin meditarlo mucho, algunas de esas situaciones que se me ocurre que podrían convertirse en entradas del blog son una visita a un museo, un almuerzo en el centro de San Salvador, una tarde en Panchimalco, una noche en la sala de emergencias de un hospital, una conferencia de prensa del presidente, el zoológico, cualquier evento cultural, la cola para realizar un trámite burocrático, un viaje en bus, un… Son miles de escenas sobre las que se puede escribir y reflexionar, pero con una condición insalvable, y esta es que el autor presente información apegada a las estrictas reglas del periodismo, pero eso sí, desde un punto de vista muy personal y ameno. Reporteo y mirada a partes iguales. En definitiva, la idea es que el lector salvadoreño –y también el no salvadoreño– conozca mejor la idiosincrasia del país a través de este blog. 
Una vez terminado, el documento se lo enviaré hoy mismo a los responsables de El Faro, y a los días recibiré como respuesta que no es posible obtener financiamiento para un proyecto como este en esta coyuntura de crisis. Aun así, Crónicas guanacas nacerá el 5 de noviembre, pero lo hará, como dicen por ahí, por amor al arte, robándole horas al sueño. Quién sabe, quizá algún día este esfuerzo acumule 100 entradas.


Related Posts with Thumbnails