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jueves, 5 de marzo de 2015

Respétese, señor Funes


Quiero pensar que solo le trasladaron información equivocada, pero el secretario general del FMLN, Medardo González, mintió cuando el martes 3 de marzo, en conferencia de prensa, dijo que en los municipios que ganó su partido vive el 67 % de los salvadoreños. Lo dijo con estas palabras: “Ahora, con estas 86 alcaldías, el FMLN tiene una fuerza poblacional del 67 %, y nuestro partido tendrá mayores niveles de incidencia y de responsabilidad”. Con un periodismo como el salvadoreño, que en esencia se dedica a transcribir lo que dicen las fuentes sin el más mínimo contraste, el dato ha sido repetido hasta viralizarse.

Falta la certificación oficial, pero parece que el FMLN en efecto se impuso en 86 de los 262 municipios de la República, incluido un puñado de las ciudades más populosas, como San Miguel, Soyapango, Mejicanos, San Juan Opico y, por supuesto, San Salvador. Ahora bien, en esos 86 municipios residen 2,484,297 personas, que suponen el 38 % de las 6,460,271 habitantes que se estima que viven en El Salvador. Nada que ver con la cifra del 67 % que con orgullo desmedido aireó Medardo González.

Para los más dogmáticos militantes y simpatizantes del FMLN, aquellos que sentirán como una afrenta que un donnadie se atreva a contradecir en público a su secretario general, comparto el informe oficial ‘El Salvador: Estimaciones y Proyecciones de Población. Municipal 2005-2025’, de la Digestyc, fechado en septiembre de 2014, y por lo tanto obra del gobierno de Salvador Sánchez Cerén. Ahí aparecen los estimados oficiales de población para 2015 en los 262 municipios del país. Con papel y lápiz, calculadora y un poco de paciencia comprobarán que es falsa la cifra que proclamó Medardo González en conferencia de prensa. Y no por uno, cuatro o diez puntos porcentuales. Tergiversaron los datos para que el 38 % de los salvadoreños se convirtiera en el 67 %. No son centavos. Ojalá el FMLN reflexione sobre la calidad de la información que aporta a la sociedad, y ojalá también el gremio periodístico reflexione sobre qué tratamiento da a las informaciones que las fuentes aportan.

Pero si me animé a escribir esta columna no fue para denunciar las cuentas alegres que hizo la dirigencia del FMLN. No. El detonante de este texto fue el uso que el expresidente de la República, Mauricio Funes, hizo desde su cuenta de Twitter de estos números errados.

Después de conocerse el errado dato del 67 %, el señor Funes publicó los siguientes tuits:

El 3 de marzo, a las 9:09 p.m.: “No es la cantidad, sino la calidad de la victoria lo que cuenta. Gobernar el 67 % de la población a través de municipios habla de fuerza”.

El 3 de marzo, a las 9:13 p.m.: “Con las alcaldías ganadas por ARENA gobernarán menos del 40% de la población. A eso le llaman victoria? El FMLN en cambio gobernará al 67%”.

El 3 de marzo, a las 9:28 p.m.: “Los municipios q gobernará el FMLN representan 67% de la pob. Si sumamos los de GANA,PCN Y PDC, ARENA no alcanza ni un 40%.Eso es verguiada?”.

El 3 de marzo, a las 9:32 p.m.: “No es la cantidad, sino la calidad de la victoria lo que cuenta. Gobernar el 67% de la población a través de municipios habla de fuerza”.

El 4 de marzo, a las 12:17 p.m.: “El Ejecutivo en manos del FMLN. 67% de la población en los municipios ganados. Mayoría legislativa junto a GANA #ElCambioEsPrimeraFuerza”.

El 3 de marzo a las 11:09 a.m., apenas supe de los datos hechos públicos por Medardo González en la conferencia, se me ocurrió tuitear esto: “Cada partido hace la lectura que le interesa. FMLN baja de 95 a 85 municipios gobernados, y están presentándolo como triunfo arrollador”. Por ese tuit el señor Funes me llamó “troll de ARENA” en Twitter. Lo replicó dos veces desde su cuenta con comentarios despectivos. Se burló.

Hagamos a un lado el hecho de tener a un expresidente que, sin haberse cumplido un año desde que dejó el Ejecutivo, se dedica a tuitear como adolescente despechado. Créame, señor Funes, que yo lo estimé en su extinto rol de periodista, y que celebré su triunfo electoral porque fui de los incautos que me creí su eslogan del cambio. Allá estuve aplaudiéndolo aquel 15 de marzo histórico en el redondel Masferrer.

Usted, a mi criterio, fue una decepción como presidente, y ahora compruebo que también como periodista deja mucho que desear. Es, reitero, lo que me animó a escribir esta columna, señor Funes. ¿86 municipios en los que viven el 67% de los salvadoreños? ¿No le sonó tantito exagerado? ¿Se atrinchera y replica hasta la saciedad sin verificar los datos que brinda una fuente con evidentes intereses, como lo es cualquier partido político? ¿Nunca supo el significado de ‘contrastar una información’, en especial antes de hacer tanta alharaca, tanta estridencia?

Señor Funes, usted es el expresidente de la República y alguien que gozó de la genuina admiración de buena parte del gremio periodístico. Respétese, por favor. Respétenos.


jueves, 23 de enero de 2014

El Grillo, la tregua, los políticos y los rebaños


En la tarde-noche del miércoles 22 de enero de 2014, en El Salvador, las redes sociales se vieron sacudidas por unos documentos presentados en conferencia de prensa por la dirigencia del partido ARENA, con los que pretendían evidenciar-demostrar que el Gobierno del FMLN y Mauricio Funes negoció con las pandillas. Una de las “pruebas” es una carta manuscrita. supuestamente escrita por un pandillero de la Mara Salvatrucha (MS-13) cuyo aka es Grillo, fechada en enero de 2012, dos meses antes del inicio de la tregua. 

Como escribí ayer en Twitter apenas lo vi, el documento es más falso que un billete de tres dólares. El grueso de las peticiones que Grillo hace al “Licenciado Mauricio Funes Presidente” son inverosímiles, absurdas muchas de ellas, y hay una en concreto que evidencia la falsedad y lo burdo del documento. El primer punto del listado de exigencias es el “traslado de lideres de Zacate ha Cojutepeque” (sic). ¿Acaso un “negociador” de la MS-13 iba a exigir el traslado de sus líderes a un centro penal en el que solo hay pandilleros del Barrio 18? Resulta intelectualmente ofensivo que un partido político se preste a algo así, y cualquiera de las dos posibilidades que se me ocurren es triste: si lo montaron ellos como estrategia de campaña, qué triste que un partido mienta y manipule, y qué triste que se usen como arma arrojadiza la sangre y el dolor de miles de familias; si no lo montaron ellos y se la colaron, pues qué triste también porque gente tan torpe e irresponsable se haga llamar padre de la patria y tenga serias posibilidades de retomar las riendas de El Salvador. 

Dicho esto, y ante el escándalo suscitado, que intuyo seguirá este jueves y mañana viernes y pasado y traspasado... me tomo la libertad de compartir algunas reflexiones, como un simple periodista que ha tenido la suerte de seguir bastante de cerca lo que la Organización de Estados Americanos (OEA) llama sin matices proceso de pacificación:
  1. Sobre la conferencia de prensa de ARENA, una inquietud: cuando repartieron las fotocopias del documento a los periodistas presentes, ¿nadie detectó un error tan burdo y desenmascaró a los dirigentes areneros en plena conferencia? Admito que me gustaría haber visto a Robertillo D'Aubuisson cantinflear ante una pregunta tipo: ¿por qué un representante de la MS-13 iba a pedir que sus líderes fueran enviados al penal de la pandilla contraria? Colegas, estamos hablando del principal problema del país, la violencia y su expresión más aguda –las maras–, ¿no les da pena carecer de los conocimientos básicos sobre el fenómeno? En Cojutepeque está el Viejo Lyn, dieciochero por excelencia, y ahí se han hecho al menos una docena de conferencias de prensa desde que inició la tregua. Percatarse del tamal no era resolver el asesinato de Kennedy.
  2. El segundo punto es sobre las negociaciones en sí. El documento, repito, es falso, pero las negociaciones no. Repito: las negociaciones no. El Gobierno del FMLN y Mauricio Funes negociaron con las pandillas y, fruto de esa negociación, llegó la tregua iniciada en marzo de 2012. ¡Pero todo eso lo reveló El Faro hace dos años! Está demostrado hasta la saciedad que existió, aunque Funes haya preferido negar y renegar como niño malcriado atrapado con la boca embadurnada de chocolate pero que niega que mordió el pastel. No es cuestión de fe o de creer a los locos-chivatadas de El Faro. La investigación sobre esas negociaciones (el destape inicial y toda la saga posterior, abanderada a lo largo de año y medio por los periodistas José Luis Sanz y Carlos Martínez, de la Sala Negra) es tan sólida que mereció hace unos meses el primer lugar en el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación de la IPYS.
  3. Este intento burdo de manipulación a dos semanas para las elecciones es pues doblemente estúpido porque han manipulado para demostrar algo que ya estaba demostrado. Es como si mañana sacaran de la chistera otro “documento ultrasecreto” para “demostrar” que El Salvador abrió relaciones diplomáticas con Cuba.
  4. Si en cada campaña electoral salen con un invento de estos es porque les funciona. Es decir, le pese a quien le pese, y consciente de que amigos no voy a hacer con esta afirmación: al salvadoreño promedio le gusta que le den atol con el dedo. Nos falta cultura política, formación e independencia intelectual. Menos rebaño y más ciudadanía.
  5. El rebaño arenero en las redes sociales se lanzó a replicar las acusaciones de sus dirigentes, y el rebaño efemelenista, a replicar la falsedad del documento, sin que ni unos ni otros entraran a valorar el hecho de la negociación. Un dato ilustrativo: el tuit en el que evidencié la falsedad de documento fue retuiteado por más de cien personas personas y sumando, mientras que el tuit en el que decía un minuto después que, a pesar de la falsedad de esta hoja, el FMLN y Funes sí habían negociado con las pandillas solo lo retuitearon 17 personas. No se engañen. Los rebaños, rojos o tricolores, rebaños son.
  6. Replico íntegro el tuit que posteé ayer: “El tema de las pandillas es lo suficientemente complejo y doloroso como para que unos y otros lo usen como arma electoral. ”
  7. Y sobre el hecho de la negociación. Con el millón de peros que tiene, el proceso de pacificación iniciado en marzo de 2012 es de lo poco interesante que ha hecho este Gobierno, aunque no se atreva a asumirlo porque cree se dejan llevar más por las encuestas que por el interés de los salvadoreños. Qué lejos estamos de Colombia, y me refiero a madurez, no a kilometraje. Hace dos años teníamos 13-14 asesinatos al día. Hoy, incluso con el repunte y con las masacres de los grupos de exterminio, estamos en 7-8, y por larguísimos períodos de la tregua nos hemos movido en cifras de 5-6. Entiendo que alguien que vende ataúdes o arreglos florales no esté conforme con el nuevo escenario pero, fuera de esos gremios, me parece kafkiano que no se ponderen esas cifras en su justa medida, como las valoran la OEA y cualquiera que juzgue en frío los datos, sin pasiones ni prejuicios. Que todavía falta un mundo por hacer, que la situación que se vive en infinidad de comunidades (y enfatizo lo de las comunidades, porque me late que muchos de los que más se quejan viven en residenciales amuralladas y viajan en carro) aún es irrespirable, que el Estado debería ser más eficaz contra los pandilleros en su combate y en su inserción... todo eso es cierto, pero es absurdo negar que la negociación Gobierno-maras es lo más interesante y sobre todo EFECTIVO que ha ocurrido en materia de seguridad pública en la última década, caracterizada por un manodurismo visceral de distintas intensidades que no hizo sino agravar el problema.
  8. Previsible, pero no por ello menos triste comprobar que en la campaña la tregua haya terminado convertida en arma arrojadiza entre los dos rebaños. Parece como si hubiera gente que solo dormirá a gusto cuando regresemos a los 14 salvadoreños asesinados cada día. Y tendrá un orgasmo mental perpetuo si nos instalamos en los 20 de la primera mitad de los noventa.
  9. Y termino por donde empecé. De madrugada leí las ediciones digitales de El Diario de Hoy, La Prensa Gráfica y El Mundo, y lo publicado –el tono, el despliegue desmedido y los énfasis– evidencia a mi juicio dos cosas. Uno, que era una campaña orquestada y que los periódicos forman parte de ella; no he leído nada sobre el documento falso, a pesar de la eclosión en las redes sociales, y si una fuente te quiere colar una información falsa, lo mínimo es poner en cuarentena todo lo demás, lo mínimo, y no hacerlo tema del día, madera y darle tres o cuatro páginas. Y dos, y esta es la que más me apena, que los diarios salvadoreños –y por extensión, sus periodistas, aunque escribo esto consciente de que en esas cabeceras hay no solo grandes profesionales, sino grandes amigos– siguen secuestrados por la derecha económica y política. Entre 2001 y 2009 trabajé año y medio en El Diario de Hoy y más de seis años en La Prensa Gráfica –trabajos de los que estoy muy orgulloso y que fueron auténticos pilares de mi formación como periodista y personal–, y sé tantito de lo que hablo, pero pasan los años, y uno siempre tiene la esperanza de que ese cáncer del servilismo que padece el periodismo se cure. Pero no.
Perdón por el desahogo, y gracias si alguno llegó hasta aquí. 


viernes, 20 de septiembre de 2013

Decimocuarto comunicado de las pandillas


[Este comunicado lo suscriben las pandillas Mara Salvatrucha 13, Barrio 18, Mao-Mao, Mara Máquina y La Mirada Lokotes 13, los reos civiles que se han sumado al proceso y el colectivo de los Retirados, es decir, los pandilleros que han tenido problemas con sus respectivas pandillas. Se trata del primer comunicado después de un sliencio de más de tres meses de parte de estos grupos delictivos. Según Raúl Mijango, facilitador del proceso de pacificación, fue leído en Ciudad Delgado el 20 de septiembre de 2013.] 

***

Los voceros nacionales de las pandillas MS-X3, Barrio 18, Mao-Mao, Máquina, Mirada Locos 13, Retirados y los privados y privadas de libertad de origen común que somos parte del proceso de pacificación al pueblo salvadoreño hacemos saber:
  1. Saludamos a toda la nación salvadoreña por estar celebrando las fiestas patrias; asímismo, a todas las delegaciones internacionales que han asistido al evento de intercambio de buenas prácticas, auspiciado por la OEA e Interpeace que este 19 y 20 de septiembre se celebra en la ciudad capital.
  2. Al pueblo salvadoreño, a todos nuestros hermanos de pandillas, familiares y a la comunidad internacional, les reiteramos : nuestra voluntad de continuar con este proceso de paz es inquebrantable, ya que estamos convencidos de que no hay otra salida a la grave situación de violencia que afecta a toda la nación. A fin de confirmar con hechos la voluntad expresada, les informamos que en próximas semanas estaremos reafirmando nuestro compromiso de contribuir a la reducción de la violencia en El Salvador, suscribiendo un nuevo “Pacto por la vida y por la paz” en un duodécimo “Municipio libre de violencia”, y también, si la honorable Asamblea Legislativa considera aprobar una nueva disposición transitoria que facilite la entrega voluntaria de armas , estamos en disposición de hacer una cuarta entrega en los meses de noviembre y diciembre del año en curso.
  3. Saludamos y aplaudimos la decisión digna y patriótica del presidente de la República al decidir financiar con fondos propios el programa PATI en los seis municipios que habían quedado desfinanciados.
  4. Rechazamos toda acción arbitraria que con propósito de hacer daño al proceso de paz y amedrentar a los privado/as de libertad se están impulsando en los Centros Penales, principalmente en aquellos que albergan a los de origen común.
  5. A los candidatos que se inscribirán para competir en febrero de 2014 por la dirección del país para el período 2014-2019 les reiteramos nuestra disposición de contribuir en su mandato (tal y como ya lo estamos haciendo) en la reducción de la violencia; creemos que vamos por el camino correcto y no daremos marcha atrás si así se nos permite. Estamos analizando el contenido de las propuestas programáticas que están presentado, principalmente las relacionadas con el tema de seguridad y les decimos que entendemos las razones que les motivan el discurso, ya que al fin y al cabo es para atraer votantes, y para ello es necesario expresar lo que la gente quiere oír, aunque no necesariamente sea lo más prudente de hacer ya cuando se tiene la responsabilidad de gobernar el país.
  6. A diferencia del pasado en el que no hemos dado importancia a los eventos electorales y hasta los quisimos sabotear y fuimos parte del cuerpo electoral que alimentó el abstencionismo, en esta ocasión, para fortalecer la democracia, sí participaremos, y para ello estamos invitando a todos nuestros homeboy en edad de votar y con documentación para hacerlo, así como a nuestras familias, a que nadie se quede en casa y que de manera ordenada y pacífica salgan a hacer uso de su derecho ciudadano de elegir a quienes nos han de gobernar, porque hacerlo es parte de nuestro proceso de inserción a la vida social y política del país. Nos proponemos para ese día, ser los primeros en abarrotar los centros de votación.
  7. Pedimos disculpas por el vacío involuntario de comunicación que por más de tres meses se ha generado. Mismo que ha dado lugar en los últimos días a la proliferación de una serie de rumores que tienen el malsano propósito de generar zozobra y desestabilización en las comunidades pobres del país y provocar con ello un mayor rechazo ciudadano a las pandillas; de igual forma; generar la falsa percepción que el proceso de tregua y de paz al que dimos inicio el 9 de marzo de 2012 ya llego a su final.
  8. Hacemos un llamado a toda la sociedad salvadoreña a no alarmarse por las dificultades que en su desarrollo el proceso enfrenta, la tarea que hemos emprendido para resolver este problema de violencia no es nada fácil, ya que, de serlo, hace años otros lo hubieran resuelto. Por nuestra parte estamos haciendo todo lo humanamente posible para dar nuestra contribución a la solución, lo cual no se nos hace fácil por todas las dificultades que tenemos que salvar, que van desde la reducción de condiciones que impiden una mayor y más afectiva coordinación para atender problemas domésticos y cotidianos y por movernos en un escenario adverso sin apoyos sociales, políticos ni económicos al esfuerzo.
  9. No podemos finalizar nuestro mensaje sin enviar un ferviente abrazo a los facilitadores del proceso a quienes reiteramos nuestro aprecio y confianza, a los once alcaldes valientes, OEA, UE, PNUD, Interpeace, CICR, Fundación Humanitaria, AEIPES y demás involucrados en apoyo del proceso y les reiteramos que tanto a ellos como al pueblo salvadoreño NO LES DEFRAUDAREMOS.

    El Salvador, 20 de septiembre de 2013.
Fotografía: internet

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viernes, 27 de abril de 2012

Héctor Dada Hirezi


Héctor Miguel Antonio Dada Hirezi nació el 12 de abril de 1938 al interior de la vivienda familiar, ubicada muy cerca del Campo de Marte, en el Centro Histórico de San Salvador. Sus apellidos son de origen árabe. Los dos abuelos nacieron en Palestina, y ambos llegaron a El Salvador después de pasar unos años en Nueva York, pero por caminos separados. Su padre, Cristo Miguel Dada, era un médico formado en Francia, cristiano ortodoxo, creyente en Dios pero poco amigo de los templos. Su madre, Graciela Hirezi, nació y se crió en Zacatecoluca, donde la familia era propietaria del principal almacén de la ciudad; era católica y religiosa en el sentido más tradicional de la palabra.

—Pero mi formación católica se la debo a los jesuitas –dice.

En una época en la que aprender a leer y a escribir estaba al alcance de pocos, Héctor estudió en la institución de educación secundaria más prestigiosa del país: el Externado de San José, administrado por la Compañía de Jesús. Los Dada Hirezi no eran oligarquía ni mucho menos, pero vivían con holgura.

—Puedo decir que tuve una infancia muy feliz, con mucho cariño en mi casa.

Los estudios superiores los realizó en la Universidad de El Salvador, Ingeniería civil, y fue en esos años, en la segunda mitad de la década de los 50, cuando comenzó a coquetear con la política. Se convirtió en dirigente estudiantil –llegó incluso a presidir la ACUS, Acción Católica Universitaria Salvadoreña–, y participó en la fundación del Partido Demócrata Cristiano (PDC). No aparece en el listado de fundadores tan solo porque estaba fuera del país el día de la inscripción en el tribunal electoral. En 1966, con apenas 28 años, ocupó una curul en la Asamblea Legislativa.

A finales de los 60 decidió estudiar Economía. Serias discrepancias con la dirigencia del partido por la guerra contra Honduras lo convencieron de hacerlo en el extranjero, y en 1970 se instaló en Bélgica. Para entonces estaba ya casado con Gloria Sánchez Chévez, la madre de sus cuatro hijos: Héctor, Rodrigo, Carlos y Gloria. De Europa se regresó definitivamente a inicios de 1977, conoció desde las entrañas –participó en la primera y en la segunda Junta Revolucionaria de Gobierno– la efervescencia política y sus consecuencias, y tres años después tuvo que irse de nuevo, esta vez a México y amenazado de muerte. Durante la guerra civil hizo consultorías y trabajó para institutos de investigación y para Naciones Unidas, y cumplió a rajatabla su decisión de no involucrarse con ninguna de las partes en conflicto.

—Me lo pidieron varios amigos –recuerda–, pero no me metí al FDR (Frente Democrático Revolucionario) porque nunca he creído en la lucha armada como medio de hacer política.

Tras la firma de los Acuerdos de Paz, los Dada-Sánchez regresaron a El Salvador. La política pronto llamó a la puerta de Héctor: concejal en San Salvador, regreso a la Asamblea como diputado, ministro… Su rostro es hoy por hoy uno de los más conocidos de la política salvadoreña, y quizá uno de los más respetados.

—Pero El Salvador aún está como está, don Héctor. ¿Cómo duerme después de haberle entregado tanto al país?

—El mundo no es perfecto, y este país es más imperfecto que lo que debería ser. Yo aprendí hace tiempo que uno tiene que hacer todo lo que pueda para cambiar las cosas en la dirección que uno cree que es la correcta, pero Roberto, también aprendí que uno no tiene toda la responsabilidad.


Fotografía: MINEC

(Este relato forma parte del perfil de Héctor Dada Hirezi incluido en el libro Hablan de Monseñor Romero, editado en San Salvador en marzo de 2011)


sábado, 27 de agosto de 2011

Esmeralda y los zapatos de Funes

Quizá alguien hasta se acuerde de ella. No es ni mucho menos la primera vez que Esmeralda García se deja ver por este blog. Esta singular mujer nos habló en una ocasión de la leche materna, y en otra, de los mareros que se quemaron en el penal de Ilobasco. La suya es una voz importante, una voz que de alguna manera representa la de cientos de miles de mujeres salvadoreñas a las que pocas veces se las escucha en serio. Esmeralda tiene incluso su propio tag en Crónicas guanacas.

Pues bien, este viernes Esmeralda ha llegado a la casa cariacontecida, me dice que por el retraso en la entrega de los zapatos en la escuela donde estudia Dieguito, su hijo menor, de 12 años. Estamos a mediados de agosto, a apenas cuatro meses para que termine el año lectivo, y aún no los ha recibido. Le han asegurado que para la próxima semana, pero a ella esta tardanza ya le complicó, porque los únicos zapatos que estaba usando Dieguito estaban tan destrozados, pero tan destrozados, que hace un par de semanas no vio otra alternativa que hacer el sacrificio de comprarle otros, sin esperar a los que prometió el Gobierno.

—Yo esperándolos estaba pero nunca… Ay, dios… Me dije: ya no, ya me da pena que vaya con esos rotos, porque despegados se le miraban… Mejor se los fui a comprar.

Las encuestas opinión se lo reconocen. En un país tan desigual y empobrecido como El Salvador, haber cumplido la promesa de entregar zapatos y uniforme a los estudiantes de las escuelas públicas es uno de los más aplaudidos logros del gobierno presidido por el otrora periodista izquierdista Mauricio Funes.

—Es que, como desde mayo nos estaban diciendo que ya los iban a dar, y estábamos esperando, pero ya no se pudo más. Vendimos dos medios de maíz, y gracias a Dios que estaban pagando el maíz bonito.
—¿A cuánto?
—Está a 31 el quintal.

Un quintal equivale a cinco medios, y cada medio equivale a 20 libras, por lo que un quintal son 100 libras. Que al pequeño productor –la familia de Esmeralda alquila media manzana para poder sembrar y pasar el año con la cosecha– le estén pagando la libra de maíz en grano a $0.31 es un precio realmente alto, por fortuna para ellos.

—Se los compré la semana pasada, antes de las vacaciones, y ahora me dicen que ya los van a dar… Ni modo… Guardaremos los que le queden más grandecitos, aunque no creo que sea por mucho tiempo. Los del año pasado eran artesanales, y bien rápido se despegaron…
—Raro, ¿no? ¿No son mejores los hechos a mano que esos que traen de China? –pregunto.
—Al revés. Los zapateros de aquí son bien chambones. Nomás verlos, bien feyos se miraban. Dieguito al principio ni se los quería poner. Y se los puso, pero no le sirvieron.

A ver cómo salen los de este año, Esmeralda.

Fotografía: internet

viernes, 3 de junio de 2011

Funes y Romero

"Gobernar bien es la máxima expresión del compromiso con nuestro pueblo y con la memoria de Monseñor Óscar Arnulfo Romero; mi maestro, guía espiritual de la nación, cuya tumba visité esta mañana, antes de dirigirme a este auditorio".

Mauricio Funes
1 de junio de 2009

"Queremos creer en las promesas verbales del Señor Presidente sobre la democratización del país, pero lamentablemente estos hechos tienden a contradecir esas promesas". 


Monseñor Romero 
Homilía del 2 de septiembre de 1979


Caricatura: Otto

miércoles, 23 de marzo de 2011

Romero bien vale una misa

18:40 p.m. Catedral de San Salvador, El Salvador. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al fin se acerca a paso lento hasta el mausoleo que resguarda los restos del Monseñor Óscar Arnulfo Romero, en el sótano de la catedral. Lo acompañan su homólogo salvadoreño, Mauricio Funes; el arzobispo de la arquidiócesis, José Luis Escobar Alas; y dos traductoras. El periodismo, tan habituado a etiquetar casi todo evento de cierta trascendencia como algo histórico, no podía dejar de adjetivar así esta visita. Quizá esta vez sí lo sea.

Le costó, pero Monseñor Romero se ha convertido un incuestionable referente en materia de derechos humanos en toda América Latina, y Obama está más que interesado en dejarse fotografiar en la cripta dos días antes del 31 aniversario del asesinato. Ni los cambios de última hora que lo obligaron a suspender algunas visitas de su agenda hicieron que se cancelara este evento. Serán poco más de 10 minutos frente al mausoleo, tiempo en el que Obama dirá casi nada, porque se limitará a escuchar al arzobispo Escobar Alas y al presidente Funes, que aprovechará las decenas de cámaras de noticieros internacionales para obsequiar al invitado una réplica en miniatura del mural sobre el obispo que hay en el Aeropuerto Internacional de El Salvador.

Yo pedí perdón, en nombre del Estado salvadoreño, a la familia, a la Iglesia católica y a la sociedad salvadoreña”, le dice Funes a su invitado con un marcado tono de satisfacción.

¿Pero quién fue ese tal Monseñor Romero para que el presidente más poderoso de la Tierra quiera visitar su tumba? En una frase, fue un obispo de un pequeño país centroamericano al que asesinaron el 24 de marzo de 1980 por denunciar los atropellos –las salvajadas– contra las clases más desfavorecidas de la sociedad; fue alguien que, en un país violento como pocos y que estaba al borde de una guerra civil, se atrevió a exigir derechos humanos y justicia social; fue alguien que promovió el diálogo; y todo ello le granjeó el odio eterno de la extrema derecha y la desaprobación puntual de la extrema izquierda.

Quizá Obama no sepa nada de eso; tampoco importa. Lo saben sus asesores de comunicación y, en una gira que ha llevado a Barack Obama a una favela en Río de Janeiro, y a su esposa Michelle a un humilde barrio de Santiago de Chile, la foto cerca de Monseñor Romero cumple con creces el perfil buscado.

Tras la breve plática y la entrega del regalo, Obama se toma 30 segundos para meditar en silencio. Se disparan los flashes. Cuando ya se va, Funes lo detiene para pedirle que encienda una vela. No es un acto espontáneo ni mucho menos. Hace poco más de una hora, un hombretón de la seguridad estadounidense apagó, por error, la única que estaba encendida, y de inmediato le avisaron que debía encenderla, que así debía estar para cuando llegaran los presidentes.

Un día normal esta cripta es visitada por personas tan humildes que muchas veces llegan en harapos a arrodillarse. Hoy lo que abundan son las corbatas, los trajes y las cámaras, muchas cámaras.

*** 

7:52 a.m. Mi computadora. Un comunicado oficial distribuido por la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia de la República de El Salvador recoge parte de la entrevista colectiva Mauricio Funes ante un grupo de corresponsales de medios extranjeros: “No cabe ninguna duda de que la visita es un reconocimiento de parte del presidente Obama al liderazgo que siempre ha tenido y seguirá teniendo Monseñor Romero en nuestro país como líder espiritual de la nación”.

También recuerda que, pocos días después de haber triunfado en las elecciones del 15 de marzo de 2009, “el presidente Funes anunció que dedicaba su Gobierno a la memoria de Monseñor Romero, a quien reconoce como su guía espiritual”.

Eso Funes lo dijo hace dos años, sin que nadie supiera muy bien a qué se refería. Con el tiempo se comprobó que tener a Monseñor Romero como “guía espiritual” es perfectamente compatible con querer gastar más de cien millones de dólares en la compra de aviones brasileños de combate.

*** 

14:47 p.m. Plaza Gerardo Barrios, frente a la catedral. Faltan casi cuatro horas para que lleguen Obama y Funes, y el centro de San Salvador está irreconocible. Hay un extraño pero agradecido silencio en el ambiente. Se ha cortado el tráfico en varias cuadras a la redonda, y cientos de policías y soldados deambulan desordenadamente. Media docena de Humvees artillados están apostados en las principales bocacalles.

Como todas las tardes, en la plaza Barrios se ha juntado un pequeño grupo de salvadoreños que, sin saber que esto va para largo y ante el despliegue militar, hoy aspira a poder ver a la celebridad venida desde Estados Unidos. Pero los planes del aparato de seguridad son otros, y no quieren que haya nadie ni en esta plaza ni a menos de cien metros de la entrada a la catedral.

“Por favor –se perifonea desde una patrulla policial–, a todo el personal que está en el parque se le pide que se retire, de manera atenta y pacíficamente”. La petición, que llega acompañada de una amenaza de intervención de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO), no cae en gracia. “¡Que se vayan solo los areneros (simpatizantes del partido ARENA, fundado por Roberto d’Aubuisson, asesino intelectual de Monseñor Romero)!”, grita uno. “¡Saque solo a los bolos (borrachos)!”, apostilla otro. “¡Alto a la represión!”, grita un tercero.

El cuido de la seguridad del Premio Nóbel de la Paz lleva a cerrar por completo nueve cuadras del corazón de la ciudad, y un sinfín de arterias importantes. Monseñor Romero también estuvo nominado al Nóbel de la Paz; lo propuso el Parlamento británico a finales de 1978, y dicen que el propio Juan Pablo II movió hilos para que el premio terminara recayendo en la Madre Teresa de Calcuta y no en el obispo salvadoreño que coqueteaba con la Teología de la Liberación.

Sobre lo que no hay dudas es que Monseñor Romero nunca tuvo un equipo de seguridad ni asesores de comunicación. Amenazado de muerte en distintas ocasiones antes del magnicidio, en una ocasión, a inicios de septiembre de 1979, el Gobierno le ofreció un carro blindado. “Sería una antitestimonio pastoral andar yo muy seguro mientras mi pueblo está tan inseguro”, les respondió.

Pero eso, hoy y aquí, parece ser lo de menos.



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(Este relato es una versión de una crónica publicada el 22 de marzo de 2011 en www.elmundo.es)

lunes, 5 de julio de 2010

Brasil en Casa Presidencial

De un tiempo a esta parte en Casa Presidencial se respira en brasileño. Hace una hora, en la sala de prensa fotografiaba un cuadro con la imagen sonriente de Vanda Pignato de Funes, y me preguntaba por qué está ella y no hay ni una sola foto del vicepresidente, que a fin de cuentas es la persona por la que se votó. La inquietud, no está nunca de más remarcarlo, aplicaría también si la esposa del presidente fuera salvadoreña de nacimiento. Y es que Pignato, la Primera Dama, es una brasileñísima de armas tomar que desde la campaña electoral dejó claro que no se conformaría con ser una mujer-objeto, a la usanza de sus predecesoras. Antes de señora De Funes, había sido la representante para Centroamérica del Partido de los Trabajadores, el partido de Luis Inázio Lula Da Silva. Lula y Pignato eran amigos de mucho antes, y como bien dicen que los amigos de mis amigos son mis amigos, ahora Funes también llama “mi amigo” a Lula.


La sala de prensa con la imagen sonriente, de hecho, se inauguró durante la visita de Lula, el único gran líder que ha estado en Casa Presidencial en los 13 meses transcurridos desde la toma de posesión. Un significativo gesto que va más allá. En el gabinete Funes cada día aparecen más consultores brasileños, asesores brasileños, réplicas de planes vigentes en Brasil, préstamos de bancos brasileños, autobuses brasileños, soluciones brasileñas, capacitaciones impartidas por técnicos brasileños, aviones de combate brasileños…


Ahora, a la 1 de la tarde de un lunes, mientras medio continente y quizá también Vanda Pignato están pegados a los televisores por el partido mundialista entre Brasil y Chile, el presidente Funes se reúne con los líderes de los partidos políticos. Discuten cómo abordar el fenómeno de las maras. Discuten y comen. Comen y caro. De la nada aparece el camioncito que les trajo el almuerzo. Se marcha ya vacío. En los costados del remolque se ven sendos apetitosos cortes de carne al fuego y el nombre del exclusivo restaurante que alimenta al presidente de El Salvador y a sus invitados salvadoreños: Faísca do Brasil.


Fotografía: Roberto Valencia

lunes, 3 de mayo de 2010

El aliado de los malos gobernantes

Este champerío es la comunidad El Jabalí-La Meca, pero por acá todos la conocen solo como La Meca. Pertenece a Quezaltepeque y está junto a la autovía que viene desde Sitio del Niño, sobre la lava que el volcán de San Salvador vomitó en 1917. El asentamiento dista no más de cinco minutos en carro del casco urbano quezalteco y un cuarto de hora de la capital del país, pero recorrer esas distancias es como atravesar un agujero en el tiempo: La Meca no tiene servicio de agua potable ni de energía eléctrica ni de recogida de desechos ni letrinas ni está adoquinada ni…

La pipa que llegó esta mañana a La Meca es propiedad de la alcaldía. El agua que dan es poca, pero es buena y es gratis. Ha pasado más de una hora, y el camión debe estar ya terminando su gira. Rosa es pequeña, compacta y tostada. Cuesta creer que tenga solo 24 años. Ha sido una de las primeras en recibir su agua, y hace unos minutos puso unos frijoles al fuego. Su nombre completo, Rosa Amelia Canales, suena a telenovela. Los de sus hijas, Reina Elizabeth y Ruth Esmeralda, a realeza, como si con ellas hubiera pretendido burlar su destino. Le gusta hablar y hablar. Su cocina, por llamarlo de alguna manera, es un barril ubicado fuera de la champa, carcomido por el óxido y abierto por un lado hasta la mitad. Ahí arden unos leños; sobre los leños, una estructura metálica; y sobre la estructura, la cazuela.

Rosa pide a Reina Elizabeth que me ofrezca un mango maduro.

—Los vamos a traer bien lejísimos –dice–, para tenerle algo a las niñas aquí.

A Rosa le gusta hablar y hablar, de cualquier cosa, y menciona a Dios una y otra vez. Dice: “Con la ayuda de Dios salimos adelante”. Dice: “A mi esposo lo tuve bien grave, pero gracias a Dios ya está más o menos”. Dice: “Aquí muere la gente solo por voluntad de Dios”. En El Salvador Dios parece ser el mejor aliado de los malos gobernantes.


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(Este relato es una versión de la crónica titulada "El agua más cara es para el que menos tiene", publicada el 3 de mayo en el periódico digital El Faro)

sábado, 27 de marzo de 2010

El impuntual


Hace hora y media que el evento debió haber comenzado, y aquí todo y todos están preparados: la tarima, el atril, los bomberos y los socorristas de Cruz Roja, sus diplomas, la banda de música con los instrumentos regados por el suelo, la bandera de El Salvador, las sillas de plástico azul, el camión cisterna que han puesto de telón de fondo, los invitados, las cámaras y sus periodistas y Simón, el perro rescatista.

Mauricio Funes, el presidente de la República, llega tarde una vez más.



sábado, 6 de marzo de 2010

La primera vez es la que más se recuerda

Fue el primer jefe de delegación que aterrizó en Ciudad de Guatemala, como un novio impaciente, como si quisiera evitar cualquier inconveniente de última hora. Hoy era el día de Porfirio Lobo Sosa, que este 5 de marzo dormirá un poco más presidente que lo que lo era ayer. Amaneció otoñal en el país de la eterna primavera. Cielo gris encapotado y una brisa que hacía ondear con fuerza la gigantesca bandera guatemalteca que singulariza la Plaza de la Constitución, una especie de Zócalo a escala reducida, lleno de palomas, de indigentes y de indígenas, y hoy también de soldados armados con fusiles M-16.

Justo enfrente del mástil, el Palacio Nacional de la Cultura; y en las puertas del palacio, un Lobo encorbatado y sonriente cuando bajó del Toyota Prado metalizado que lo trajo desde el aeropuerto. Las mismas escaleras las subió minutos después Hillary Clinton, la secretaria de Estado estadounidense. Y también cuatro jefes de Estado: los de Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Belice. Un minicumbre, pero cumbre al fin y al cabo. El bautismo de Lobo es estas lides tras el portazo que hace dos semanas le dieron en la reunión del Grupo de Río celebrada en Cancún, México.

Porfirio Lobo Sosa es presidente desde el 27 de enero. Lo es tras unas elecciones que se desarrollaron cinco meses después de un golpe de Estado y sin el visto bueno de la comunidad internacional. Pero lo ocurrido hoy vino a alterar esta realidad, aunque sea de manera parcial. Quizá por eso Lobo ensayó su mejor sonrisa y la adornó con una fina corbata de rayas amarillas y azules.

Estaba dentro del guión que la diplomacia estadounidense le diera la bendición, como lo hizo Hillary Clinton, pero no tanto que, con la excepción de la Nicaragua bolivariana, lo hiciera en bloque una Centroamérica que hoy por hoy está virada políticamente hacia la izquierda. El caso más paradigmático es sin duda el de El Salvador. El presidente Mauricio Funes llegó al Gobierno en junio pasado de la mano de la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), partido que sigue a pies juntillas las directrices emanadas desde Caracas; entre ellas, el rechazo al sucesor de Micheletti. Funes ha pasado de ser una de las voces más críticas del golpe a convertirse en uno de los principales promotores de que la comunidad internacional comulgue con la Honduras de Lobo, para escándalo del partido que lo llevó al poder.

A la hora de la foto oficial, Lobo no dejó de sonreír y de hablar con sus colegas. En su bautismo le tocó posar entre los presidentes de República Dominicana y de Costa Rica. Se paró sobre la banderita hondureña que le indicaba dónde ubicarse en la tarima, y alzó su mano derecha lo más elegantemente que pudo.

De una cumbre de este tipo, donde generalmente hay más pompa que resultados, Lobo salió satisfecho. Logró su objetivo. Y dicen que la primera vez es la que más se recuerda. Pasadas las tres y media de la tarde, cuando abandonó el palacio y bajó de nuevo las escaleras para subirse en el Toyota Prado que lo llevó al aeropuerto, el ambiente otoñal mañanero había desaparecido. El cielo estaba azul, y el sol brillaba recio sobre el país de la eterna primavera. También sobre la cabeza de un Lobo sonriente.



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(Esta es una versión modificada de una crónica publicada en elmundo.es el 5 de marzo de 2010)

jueves, 28 de enero de 2010

El FMLN les desea feliz Navidad

La puntualidad le ha jugado una mala pasada a Norma Guevara, la histórica militante del FMLN y actual subjefa de fracción en la Asamblea Legislativa. Es 16 de enero y falta una hora para que comience retrasado el evento que la Alcaldía de San Salvador ha organizado para conmemorar el 18º aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. Son pasadas las 5 de la tarde, y el sol alarga las sombras del Monumento al Cristo de la Paz, pero no calienta. Norma ha llegado puntual, demasiado para un país en el que parece no haber relojes, y ahora está sentada, sentada y sola, con la mirada perdida en las cachiporristas de una banda de paz.

Fiel a su apellido, Norma veste de rojo riguroso, pantalón y chaqueta, con una blusa blanca que apenas asoma, y calza unos zapatos negros de medio tacón que se ven cómodos. Además del gesto serio que siempre le acompaña, en su rostro hay unos lentes oscuros parecidos a los de John Lennon, y el pelo lo lleva recogido con una goma negra. Se echa en falta algo de maquillaje.

Todo esto lo ha organizado el alcalde derechista Norman Quijano, quien aún no ha llegado, y Norma y su traje rojo se ven fuera de lugar. Está sentada y sola. En el último cuarto de hora nadie se le ha acercado a platicar, y decido sentarme a su vera. Comenzamos a hablar sobre el significado que para ella tiene este 16 de enero de perdones, y la conversación deriva pronto hacia la extraña relación entre la Comisión Política del FMLN –de la que ella forma parte– y Mauricio Funes, el presidente que ya no quiere que le digan que es de izquierda. Le pregunto si aún cree que podrán cumplir el programa de Gobierno que como partido apalabraron.

—Pues lo que dijo hoy Mauricio, el resarcimiento a las víctimas y el compromiso de que nunca más se violarán los derechos humanos, eran dos compromisos de nuestro programa.

Norma sabe evadir respuestas con elegancia.

—Y en los ámbitos económico y social, ¿están satisfechos con Funes? –pregunto.
—En política social ha habido un enorme compromiso y, si no se hubieran hecho los esfuerzos que se han hecho, quién sabe cómo estaríamos ahora en medio de esta crisis financiera mundial y económica. Estaríamos muchísimo peor…
—Norma, en estos días se ha sabido que se volverá a hacer una millonaria inversión en publicidad mientras los hospitales siguen desabastecidos.
—Mire, si usted es un periodista bueno, si es un investigador, tendría que comparar, y va a encontrar una enorme diferencia entre el gasto de publicidad de las administraciones anteriores y el de esta.

Norma debe creer que el que roba tres gallinas en menos ladrón que el que roba diez.

—No es legítimo –continúa– restringir al presidente el derecho de mantener informada a la sociedad…
—Informar sí, pero ¿cree realmente que este país necesita comerciales en los que el presidente y su esposa decoren un árbol y nos deseen feliz Navidad?

Norma responde de inmediato, como si ya se lo hubieran preguntado antes.

—Mire, la subjetividad del pueblo debe ser respetada. Y estoy convencida de que mucha gente valoró que nuestro presidente mandara un mensaje a las familias en Navidad.

Feliz Navidad entonces.


lunes, 18 de enero de 2010

Restaurante Funes


—¿Y ahí donde usted trabaja hay parqueo para visitas?
—Sí, ya voy a dar aviso que vas a llegar.

Responde Catalino Miranda, un personaje que también es dueño de casi 200 unidades de microbuses de la ruta 42. Empresario del transporte público, se dice él; busero, le dicen los demás.

Es la tarde del 6 de enero, y necesito hablar con Catalino sobre el problema de inseguridad que afecta al transporte público. Me cita en su oficina de la avenida Independencia, en pleno centro de San Salvador. Al llegar, un hombre me pide que baje la ventanilla, le enseño mi credencial y le digo que vengo a una entrevista.

—Ah, sí. Allí detrás hay un hueco.

El hombre tiene en sus manos un Ak-47, un modelo sin madera, casi un esqueleto, pero con el inconfundible cargador curvo del mítico fusil de asalto soviético.

Este es el punto de la ruta 42. Parece eso, un punto de buses, con grasa negra y pedazos de unidades aquí y allá. Pero en la segunda planta hay un espacio amplio, con aire acondicionado, baldosas, sofás y cuadros: el despacho. Catalino se considera un tipo honesto, de esos que van con la verdad por delante sin importar si con ella hacen o no amigos. Admira los Estados Unidos, donde estudió cuando era más joven, y políticamente se ubica a la derecha. Sobre la violencia que afecta al país, tiene sus propias teorías para solucionar el problema de las extorsiones al gremio del que él es uno de los líderes más visibles; de eso hablamos largo, hasta que la conversación deriva en el papel de la Policía.

—¿Qué tipo de coordinación tienen? Distintos comisionados dicen y repiten que hay mesas de negociación con ustedes.
—Me hace recordar, cuando tú mencionas las mesas, que cuando Tony Saca entró a la Presidencia, el dirigente principal del partido que hoy gobierna, el FMLN, preguntó si Saca un restaurante iba a poner, de tantas mesas en el país. Don Schafik Hándal preguntó si iba a haber muchos restaurantes en el país.

Catalino se ríe de su ocurrencia.

Sábado, 16 de enero. Un día especial para Funes y parece que para el país también. 18 años después de la firma de los Acuerdos de Paz, un presidente va a pedir perdón por los crímenes cometidos por la Fuerza Armada y los cuerpos de seguridad pública durante la Guerra Civil. También anuncia la intención –intención– de tomar algunas medidas de compensación. Y para los lisiados, a los que el Estado debe una millonada…

—…instalaré, a partir de la próxima semana, una mesa de diálogo y negociación con representantes de las organizaciones de lisiados y discapacitados y delegados del Gobierno para establecer monto de la deuda, forma y tiempo de pago.

Otra mesa más. Esto se parece cada día más al restaurante del que don Schafik habló, solo que este tiene  manteles rojos.

martes, 17 de noviembre de 2009

Si Ellacuría levantara la cabeza...

Al igual que harán más tarde, Juan Antonio Ellacuría también conversó con José María Tojeira hoy hace 20 años exactos. Aquella vez fue por teléfono, para pedir una confirmación de lo que acababa de escuchar por la radio en su casa de Madrid: que su hermano Ignacio, cinco jesuitas más, la empleada y su hija habían sido asesinadas en El Salvador. Esta vez será distinto.

Son las 10 de la mañana, y en unos minutos un jefe de Estado salvadoreño reconocerá por primera vez en público los aportes de los seis jesuitas masacrados aquel 16 de noviembre de 1989, y lo hará con la máxima distinción que otorga el Estado: la Orden Nacional José Matías Delgado Gran Cruz Placa de Oro. La ceremonia es en el Salón de Honor de Casa Presidencial, que se ha quedado pequeño. Es este un local con pretensiones versallescas, de paredes pintadas de blanco y oro, con cortinas doradas, cuadros de próceres y dos grandes lámparas que cuelgan del techo. El traje formal era un requisito explícito en las tarjetas de invitación.

Vestido de impecable traje negro y con corbata de lunares, Juan Antonio –76 años, ojos pequeños, el cabello blanco como la nieve– está sentado en la tercera fila, el gesto serio. Llegó hace unos días a El Salvador, acompañado por su esposa y casi una veintena de familiares. Este es un día realmente especial.

Todavía está esperando a que los que ordenaron la masacre lo admitan –o los condene la Justicia– y pidan perdón, pero cree que la condecoración es un paso importante. “Queremos que muestren un mínimo acto de perdón o de arrepentimiento”, me dijo ayer, cuando lo vi en la misa que la Compañía de Jesús celebró frente a la cripta de Monseñor Romero.

Después de que Juan Antonio haya recibido la banda de seda azul y la cruz de oro, el presidente Mauricio Funes dará su discurso. Se presentará como un discípulo de los jesuitas masacrados, y explicitará un incuestionable cambio respecto a los gobiernos de ARENA: “Esta condecoración significa levantar la alfombra polvorosa de la hipocresía y empezar a limpiar la casa de nuestra historia reciente.” Pero no habrá una petición oficial de perdón como jefe de Estado, y dejará entrever que tampoco moverá un dedo por que en el país se derogue la Ley de Amnistía vigente desde 1993.

Eso será después. Ahora es cuando se acerca el momento de Juan Antonio.

—Por el reverendo padre Ignacio Ellacuría Beascoechea –anuncia la voz de la ceremonia– recibe el señor don Juan Antonio Ellacuría, hermano.

Se levanta, mira a su esposa, y los dos caminan –él primero, ella detrás– hacia donde los espera un sonriente Funes. El aplauso en el Salón es fuerte, sentido y se prolonga por 54 segundos, como si todos los aquí presentes quisieran con las palmas saldar una deuda personal. Juan Antonio cree que algún día la justicia llegará, más o menos tarde, pero llegará. Y esta satisfacción que está viviendo ahora es algo que se le parece bastante.

—Si no hubieran asesinado a su hermano –le preguntaré al final–, ¿cree que él pediría la derogación de la Ley de Amnistía?
—Sí, sí, sí, sí. Y que se aclarara todo. Mi hermano Ignacio habría querido que todo se aclarara porque mientras no se aclare todo, siempre habrá rincones oscuros y dudas.

Pero parece que aún falta. Hoy por hoy, ni siquiera está en agenda del jefe de Estado.



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(Esta es una versión revisada de una crónica publicada el 16 de noviembre en el diario español El Mundo)
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