En estos días de febrero estoy lejos de San Salvador. Trabajo desde Vitoria-Gasteiz, la capital de Euskadi, con dos quehaceres básicos: adecentar y pegar cables internacionales y levantar como loco docenas de largas y profundas entrevistas para el proyecto que absorberá buena parte de este 2013. Justo acabo de subir a El Faro una nota sobre Obama, cuando mi hija Alejandra entra en la sala con su paquetito de plumones y un cuaderno, y empieza a pintar con esmero uno de los dibujos de Miquimau.
Al poco, el ratón universal luce todo garabateado.
—Qué bonito te está quedando –le digo con satisfacción al comprobar que los colores apenas se han salido del dibujo. Alejandra tiene apenas tres años y un mes.
—Sí, papi, ya soy grande. Ya soy periodista (edodita), y yo también estoy trabajando, Mirá, papi –y me muestra orgullosa el colorido Miquimau.
—¿Qué has dicho, que querés ser periodista?
—Sí, papi, cuando sea grande, yo quiero ser edodita. Y trabajar.
Me he sentido tan bien que me he levantado para dar un abrazo a Iris –que había escuchado todo desde el pasillo y me esperaba con una sonrisa cómplice–, y he tenido la necesidad imperiosa de escribir estas frases para el blog.
| Fotografía: Roberto Valencia |

