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martes, 13 de diciembre de 2016

Nayib quiere ser presidente de El Salvador


Dice Nayib que aún no era el momento. Dice que rechazó una y otra y otra vez la generosa oferta de la candidatura para la Alcaldía de San Salvador que le hizo el partido oficial. Los más altos dirigentes del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), dice, se lo pidieron en persona, pero que en cada reunión convocada para abordar el tema se zafó con delicadeza: que muy agradecido, pero que aún no era el momento.

Nayib Armando Bukele Ortez era la figura emergente en el desolado panorama político salvadoreño que dejaron las elecciones presidenciales de inicios de 2014; la más firme promesa entre los de su generación, quizá la única. Nacido en julio de 1981 –todo un millennial–, Bukele gobernaba entonces un pequeño municipio-dormitorio en el extrarradio de la capital llamado Nuevo Cuscatlán, pero su proyección era ya la de un líder de ámbito nacional. Por eso el FMLN, la exguerrilla reciclada en partido que arrastra un serio problema de renovación de cuadros, lo consideró como la opción más viable para tratar de arrebatar la capital del país a Norman Quijano, un político del derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) con seis años como alcalde y bien parado en las encuestas de opinión.

Dice Nayib que aún no era el momento, y por eso rechazó.

Pasadas las fiestas al Divino Salvador del Mundo de aquel 2014, que paralizan el país durante la primera semana de agosto, quedó para cenar con dos de sus asesores de mayor confianza en Humo, un restaurante de la Zona Rosa. Las encuestas internas no le sonreían, entre ocho y diez puntos abajo de Norman Quijano a medio año de la cita con las urnas. Pero uno de los comensales, un cerebro de la consultora guatemalteca Vox Latina, lo retó: te apuesto mi carrera a que ganarías esta elección.

No fueron la convicción de su amigo y asesor ni sus conocimientos en marketing político los que convencieron a Nayib. El argumento que revirtió su decisión de rechazar la candidatura fue más ambicioso: “No entendés algo que ni siquiera el Frente entiende –escuchó de boca de su amigo–. A sabiendas o sin saberlo, el FMLN te está entregando el futuro de la izquierda, y vos lo estás rechazando”.

“Y yo no sé qué parte del cerebro se activó”, dice Nayib, “pero en ese segundo me dije: acepto”.


Foto Facebook Nayib Bukele.
Aceptó. Menos de dos semanas después, su candidatura fue lanzada con bombo y platillo. Ganó las elecciones con holgura. Devino el alcalde más joven en la historia reciente de la capital. Y, quizá lo más relevante en su estrategia de vida, logró el mejor de los escaparates para el que es su gran ambición: convertirse más temprano que tarde en el presidente de la República de El Salvador.

Nayib, el mesías

Desde hace un par de años, el político de moda en El Salvador tiene nombre: Nayib. Es joven, rico, sofisticado, resultón ante las cámaras, emprendedor, se fotografía con perritos rescatados de la calle, se casa en plena campaña electoral con su novia de una década, es todo un fenómeno en las redes sociales… No hay competidor que le haga sombra en popularidad, y su estrella brilla aún más entre los votantes jóvenes. No es muy aventurado afirmar que es la persona que más entusiasmo ha despertado en la sociedad salvadoreña desde el triunfo electoral en 2009 de Mauricio Funes, el primer presidente efemelenista, que en la actualidad está procesado por enriquecimiento ilícito y exiliado en la Nicaragua de Daniel Ortega.

Para conocer las esencias del fenómeno Nayib hay que poner atención a cuatro elementos. Uno: su corta pero fulgurante carrera bajo la bandera del FMLN, un partido de la órbita chavista que a priori no engrana con la clase social de la que siempre ha formado parte el alcalde de San Salvador, en el estrato más privilegiado. Dos: una celebrada gestión en Nuevo Cuscatlán, el pequeño municipio que gobernó bajo la bandera efemelenista durante el trienio 2012-2015. Tres: una estrategia de comunicación de posicionamiento personal que prioriza internet y las redes sociales (sobre todo Twitter y Facebook) sobre los esquemas comunicativos tradicionales, estrategia polémica pero que hasta la fecha le ha generado más réditos que sinsabores. Y cuatro: su nombre y su apellido, de origen árabe-palestino en un país que se llama El Salvador y que en su bandera y en su escudo incluye la palabra ‘Dios’ en la leyenda, en alusión al dios cristiano; Nayib Bukele no se entiende sin Armando Bukele Kattán, padre y mentor, empresario exitoso que amasó su fortuna con una pequeña fábrica de camisas como punto de partida, máximo líder de la pequeña comunidad musulmana salvadoreña hasta su fallecimiento en noviembre de 2015, y amigo íntimo del referente histórico del FMLN, de Schafik Hándal (1930-2006), por sus orígenes palestinos compartidos y sus inquietudes intelectuales comunes en torno a la Universidad Nacional de El Salvador.

“Mi papá era musulmán, y mi mamá es católica; yo creo en dios, aunque no tanto en las religiones organizadas, y de hecho me gusta leer más la Biblia que el Corán”, dice Nayib, concertador, en un tema que sabe que en un país como El Salvador puede resultarle nocivo.

Sobre esos cuatro elementos, que bien podrían representar los cuatro puntos cardinales del fenómeno Nayib, una carpa lo cubre todo: su deseo por convertirse en presidente de El Salvador, deseo que ni siquiera se esfuerza por disimular. Incluso tiene acuñada una frase de corte populista que utiliza de manera recurrente: “El dinero alcanza si nadie roba”.

“Él quiere ser presidente y en su entorno todos hablan de eso”, confiesa para esta semblanza, bajo condición de anonimato, uno de sus colaboradores cercanos. “Quiere ser presidente: eso no lo dudés”, apostilla otra persona de su círculo cercano.

Desde el 1 de mayo de 2015 Nayib es el alcalde de la capital de la República, el trampolín que catapultó a Casa Presidencial a dos de sus últimos siete inquilinos. Está ya en las grandes ligas de la política salvadoreña, y lo está de la mano del FMLN, el partido que gobierna el país desde 2009.

Pero ¿cómo un millennial pudo ganarse la confianza de los viejos comandantes? En cuatro palabras, como proveedor de servicios; en dos, como empresario.

Con apenas 18 años recién cumplidos y con el apoyo de su padre, Nayib creó su propia agencia de publicidad y ofreció sus servicios al cliente con el que ninguna de las agencias del establishment quería trabajar: el único partido que entonces tenía posibilidades reales de arrebatar el Ejecutivo al oficialista ARENA, como a la postre sucedió. Les trabajó –a crédito, en ocasiones– las campañas electorales del 2000, 2003, 2004, 2006, 2009 y 2012. Poco a poco, su rostro y su peculiar nombre ganaron peso en los estrechísimos círculos en los que se toman las decisiones dentro del FMLN. Nayib disfrutó como propios los sonoros triunfos de 2003, cuando el partido por primera vez se convirtió en la fuerza más representada en el Legislativo; de 2009, cuando Mauricio Funes obtuvo la presidencia; y el de 2014, cuando el veterano excomandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén sucedió a Funes en el Ejecutivo.


Foto Facebook Nayib Bukele.
Nayib tuvo un rol creciente en las campañas de comunicación y, quizá lo más significativo, logró convencer a sus clientes de que su apoyo a la sigla y a su ideario no se trataba nomás de un trabajo.

San Salvador camina

Después de casi año y medio con las riendas de la capital, la popularidad de Nayib se mantiene firme. LPG Datos, la unidad del diario La Prensa Gráfica que realiza encuestas, publicó la última semana de agosto su más reciente estudio sobre líderes políticos salvadoreños: el 65 % de los encuestados dijo tener una opinión buena o muy buena de Nayib, un porcentaje insólito en un país altamente polarizado como El Salvador, y con el agravante de que las simpatías se han incrementado desde que inició su gestión en la capital.

El segundo político en un listado de 29 personalidades, el vicepresidente de la República, Óscar Ortiz, se queda en el 48 % de opiniones favorables, amén de que las desfavorables duplican las que genera Nayib.

En su primer año al frente de San Salvador, Nayib puede poner sobre la mesa un ramillete de obras de gran calado que sin duda contribuye a sus buenos números en las encuestas. Se ha embarcado, por ejemplo, en un ambicioso plan por renovar, ampliar y optimizar todo el alumbrado público. También ha dignificado el popular campo de la feria de las fiestas agostinas, el utilizado con mayor recurrencia por los salvadoreños de recursos limitados, aquellos que no pueden disfrutar de opciones de diversión más onerosas. Y un tercer ejemplo de su gestión, el más ambicioso de todos, es la recuperación de las cuadras más emblemáticas del laberíntico y caótico Centro Histórico, que avanza a un ritmo nunca antes visto, a pesar de que implica enfrentarse a verdaderos ‘poderes’ como lo son las asociaciones de vendedores informales y las propias maras.

Nayib quiere ser presidente y, para conseguirlo, necesita una gestión exitosa al frente de la Alcaldía de San Salvador. Necesita resultados. Son su combustible. “El dinero alcanza si nadie roba”, repite cada vez que tiene ocasión.

Pero el cóctel de su popularidad tiene al menos otros dos ingredientes. El primero es un distanciamiento calculado del partido FMLN, que partió desde la renuncia al color rojo durante la campaña electoral para sustituirlo por un ambiguo azul turquesa, hasta aspectos menos simbólicos; no son pocos los encontronazos dialécticos que Nayib ha tenido con la dirigencia de su partido, al punto de que cuadros efemelenistas han salido por la puerta de atrás del equipo gerencial de la municipalidad. El 30 de agosto Nayib publicó en su cuenta de Facebook un artículo de opinión en el que instaba al FMLN a distanciarse de los corruptos: “Seguir defendiendo a corruptos no va a solucionar el problema de nadie; a la larga, ni el del mismo corrupto. Destituirlos podría generar un poco de ruido mediático en el momento, pero a la larga será mejor para todos”. Lo hizo apenas una semana antes de que trascendiera que el expresidente Mauricio Funes había solicitado, con la venia del partido, asilo político en Nicaragua.

El segundo ingrediente que abona a la popularidad son los gestos de corte populista en causas que gozan de aceptación creciente. Nayib hace guiños constantes y premeditados a los amantes de los animales, al feminismo no radicalizado, a los críticos de los periódicos más influyentes, a la juventud en general, a colectivos tradicionalmente ignorados como skaters o grafiteros, a deportistas, a artistas, a…

“Yo hace un par de años era popular porque había manejado bien un pueblito pero, en realidad, no era nadie, y sin pedigrí político”, dice Nayib.

Hoy es alguien. Hoy es el político salvadoreño mejor evaluado. Lo sabe. Y basa su buen posicionamiento en tres pilares: obras de impacto social, distanciamiento medido del FMLN y guiños populistas. Esa estrategia le ha garantizado una presencia constante en la agenda nacional.

Asesores, asesores, asesores

Con Nayib hay un margen para la improvisación, pero casi todo –incluso lo que parece espontáneo– está atado y bien atado desde antes. Nayib invierte en asesores políticos y de imagen, salvadoreños algunos, pero sobre todo de otros países centroamericanos, con una especial debilidad por los costarricenses.

En sintonía con la importancia que da a las redes sociales, es un secreto a voces que Nayib apuesta desde hace años por mantener estructuras de apoyo y aplauso –y de ataque sistemático a críticos y detractores– vía empresas que en El Salvador ya se conocen popularmente como ‘Trol centers’.

Los ‘Trol center’ que lo apoyan tienen una cuota importante de responsabilidad en la popularidad de Nayib, sobre todo entre los votantes más jóvenes. Pero su confianza ciega en este tipo de herramientas le ha supuesto también el que hasta la fecha es el mayor escándalo de su corta carrera política.

Personas muy cercanas a Nayib, tanto en el ámbito personal como profesional, están en la actualidad procesadas por clonar los sitios web de los diarios La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy –los dos con mayor circulación del país– para crear campañas de apoyo al alcalde de San Salvador. El que ha sido presentado por la Fiscalía General de la República como el cerebro es José Carlos Navarro, un amigo y estrecho colaborador. Y entre los involucrados está Sofía Medina, también amiga y gerente de Comunicación Social de la municipalidad, cargo al que llegó por haber sido empleada de Nayib durante largos años en su agencia de publicidad.

Lejos de admitir el yerro como un ‘pecado de juventud’ que quizá ya estaría olvidado, el alcalde optó por defender a capa y espada a sus amigos y subordinados, por victimizarse, por atacar a los dueños de los periódicos que emprendieron acciones legales, y hasta por emprender medidas desesperadas y de talante antidemocrático, como convocar a una multitudinaria y poco amistosa manifestación frente a una de las sedes de la Fiscalía.

No es su único tropiezo. La importancia trascendental que Nayib otorga a la familia –algo heredado de su idolatrado padre, Armando– y a las personas que le han demostrado confianza lo han llevado a saturar los puestos de mayor responsabilidad con familiares y amigos de confianza. El pasado 7 de septiembre, el Tribunal de Ética Gubernamental lo sancionó con una multa de 10 salarios mínimos, unos 2,500 dólares, por haber designado a su hermano, Yamil Bukele, como presidente del Instituto Municipal de Deportes.

Hay quien cree que, aunque no se ha destapado ningún caso de corrupción en la alcaldía, es solo cuestión de tiempo que pase, habida cuenta la red de intereses en los cargos más influyentes y la frecuencia con la que se recurre a las contrataciones directas –en lugar de licitaciones públicas– para adjudicar servicios o realizar compras.

“Su discurso es pegador, pero no es potente”, dice otro colaborador cercano, en una crítica directa a las esencias del fenómeno Nayib. “Apela a lo sensorial, pero puede llegar a hartar, porque es como escuchar siempre canciones de Arjona”, agrega.

¿Presidenciable en 2019?

El calendario electoral en El Salvador juega a favor del deseo vital de Nayib por convertirse en presidente de la República. En el primer trimestre de 2018 se celebrarán elecciones municipales, en las que, salvo descalabro de última hora o ruptura abrupta con el FMLN, la reelección suena como la opción más viable. Nayib da por hecho que el partido le permitirá postularse de nuevo. Exactamente un año después habrá presidenciales.

En la política salvadoreña, sería un error dar por cerrado con tanta antelación algo así, pero el FMLN, el partido de los excomandantes lastrado por el serio problema de renovación de cuadros, ha hecho saber a Nayib que elegirá a un cuadro efemelenista, a un militante de toda la vida, para aspirar a la presidencia en 2019. Aún faltan más de dos años, pero los hoy mejor posicionados son el ministro de Obras Públicas, Gerson Martínez, y el ministro de Relaciones Exteriores, Hugo Martínez. “Lo veo como casi un imposible”, respondió Nayib cuando en julio fue cuestionado por el periódico digital El Faro sobre si cree tener opciones de convertirse en el candidato presidencial por el FMLN.

Nayib quiere ser presidente de El Salvador. Con su equipo de asesores, con estudios y encuestas sobre la mesa, ha valorado la opción de lanzarse como candidato de un partido que no sea el FMLN, idea que cuesta digerir en un país polarizado hasta las entrañas y en el que las siglas FMLN y ARENA tienen un piso de simpatizantes con fidelidad a prueba de bombas.

Desde que Nayib se ha convencido de que el Frente no lo propondrá como candidato presidencial, han arreciado sus dardos contra la dirigencia y contra las políticas que desarrolla el Ejecutivo. El 13 de septiembre cargó contra el gobierno central con una seguidilla de tuits en los que acusó a distintos ministerios y secretarías de “volverse hostiles contra el proyecto de recuperación del Centro Histórico”.

Pero se trata de Nayib, el presidenciable. Quizá sea una vuelta más en el distanciamiento calculado con el partido que le ha permitido ser político. O quizá no, y esta vez se esté gestando una verdadera ruptura entre el efervescente Nayib y el acartonado FMLN. Nada está escrito. Las presidenciales de 2019 se escuchan todavía lejanas. La única certeza es que, más temprano que tarde, Nayib quiere ser presidente de El Salvador.


Foto Facebook Nayib Bukele.
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Este artículo se publicó originalmente en la edición #177 de la revista Contrapoder, de Guatemala, bajo el título 'De vocación, presidente'.

lunes, 6 de junio de 2016

El chivo Nelson Rauda

Nelson Rauda Portillo fue el director general de Centros Penales entre el 7 de febrero de 2012 y el 30 de mayo de 2013, casi 16 meses que calzan con la primera fase de la Tregua. Rauda fue el relevo de Douglas Moreno, quien asumió cuando el expresidente Mauricio Funes tomó las riendas del Ejecutivo en junio de 2009. Y a Rauda lo sucedió Rodil Hernández, quien se mantiene hasta la actualidad como director general.
El triunvirato Moreno-Rauda-Rodil merecería un extenso reportaje, pero ahora me limitaré a consignar que fueron buenos amigos de juventud y que, antes de desembarcar asidos de la mano en el gobierno de Funes, trabajaron codo con codo en el Departamento de Prueba y Libertad Asistida (DPLA) de la Corte Suprema de Justicia. En los primeros años del FMLN, el trío Moreno-Rauda-Rodil fue el uno-dos-tres del organigrama de la Dirección General de Centros Penales.
De los tres amigos –hoy examigos–, Rauda es el único que enfrenta un proceso penal por el llamado ‘Caso Tregua’, quizá el proceso más mediático de la gestión del fiscal Douglas Meléndez. Cuando uno analiza el organigrama fiscal de la dizque estructura criminal que operó en las cárceles durante la primera fase de la Tregua, aparece en la cúspide, por encima incluso de Raúl Mijango. Pero a mí, que en mi condición de reportero que tenía asignada la cobertura de cárceles llegué a conocer a Rauda profesionalmente, me resulta difícil imaginarlo como el cerebro de nada.
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Nelson Rauda, exdirector de Centros Penales (2012-2013). Foto cortesía PNC.
Uno de los ‘hallazgos’ que la Fiscalía presenta en el ‘Caso Tregua’ es una especie de red tóxica conformada por empleados de equipo técnico del Centro Penal de Seguridad Zacatecoluca y del Consejo Criminológico de la Región Paracentral, todo bajo la supervisión de Rauda. Esta estructura es, según el requerimiento fiscal, la que redactó y firmó los informes que permitieron sacar los días 8 y 9 de marzo de 2012 a una treintena de líderes de las pandillas Mara Salvatrucha, 18-Revolucionarios y 18-Sureños hacia cárceles ordinarias, el detonante de la Tregua y la primera de las concesiones de la Administración Funes en su negociación con las maras.
Nada más lejos de mis intenciones defender a Rauda, que siempre me pareció un funcionario gris, pero adivino oportunismo e incluso dolo en la acusación fiscal. ¿Que desde Centros Penales se hizo un uso arbitrario de los informes que elaboran los equipos técnicos de cada cárcel y los consejos criminológicos? Sí, pero es práctica habitual desde que a mediados de los noventa se aprobó la Ley Penitenciaria vigente. ¿Que los líderes de las tres pandillas salieron de Zacatraz gracias a esa arbitrariedad? Sí, pero es la misma arbitrariedad que los regresó en febrero de 2015. ¿Han necesitado cuatro años para concluir que son arbitrarios los informes favorables de los consejos criminológicos? Me resulta extraño que la Fiscalía salte ahora por una ilegalidad en particular y que la amarre a la Tregua, cuando una investigación periodística que firmé en noviembre de 2012, titulada ‘La cárcel es más humana si tu cuñado es el director de Centros Penales’, demostró que Rauda había usado idénticas mañas para favorecer a su cuñado, encarcelado por posesión y tenencia de drogas. Entonces, la Fiscalía ni siquiera parpadeó.
Rauda, me temo, es el fuego de artificio del momento, el hombre caído en desgracia, el paria, la persona que el Sistema sacrifica para que el Sistema sobreviva.
La última vez que coincidí con Rauda fue en Bogotá, Colombia, en septiembre de 2015. Lo invitaron –gastos pagos– como representante de la Secretaria General del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), el exilio dorado que le procuró la Administración Funes después de dejar la dirección general de Centro Penales, quizá la manera de comprar su silencio. El mismo Rauda que se hospedaba en el Hilton pasó, en un chasquido, a convertirse en chivo expiatorio de una práctica tan ilegal como arraigada en la institución que dirigía.
La evaluación de reos dependiente de equipos técnicos en cárceles y de consejos criminológicos –sumisos todos en la práctica a la dirección de turno de Centros Penales– permite que un director general alivie la condena de su cuñado, permite también que peligrosos mareros obtengan de un día para otro informes benévolos para su salida de Zacatraz, y permite también que un reo con dinero o influencias suficientes compre su Fase de Confianza o su Libertad condicional, regímenes codiciados cuando se está privado de libertad.
Nada de eso se ha puesto en entredicho y me temo –y ojalá me equivoque– que tampoco se pondrá. La Fiscalía ha agarrado con pinzas los traslados desde Zacatraz, los ha criminalizado en el ‘Caso Tregua’ y se ha querido anotar un punto al perseguir la que seguramente sea la política pública más impopular de la última década. Sin padrinos políticos, Rauda cae como mango maduro, del cielo al infierno sin escalas. Pero el Sistema se mantiene pútrido y firme, ni siquiera levemente cuestionado.

viernes, 29 de abril de 2016

Ponga un Humvee en su comunidad


Foto Víctor Peña (El Faro)
¿Alguien en el gabinete de seguridad cree en serio que el fenómeno de las maras se combate con Humvees y helicópteros artillados? Y si no lo creen, ¿para qué montan espectáculos como el del martes en el reparto La Campanera de Soyapango? El Gobierno despejó el punto de buses de la Ruta 49, al final de la estigmatizada colonia, y lo cubrió con camiones de transporte militar, helicópteros artillados, Humvees ídem, cientos de uniformados, ennavaronados o maquillados para la guerra, fusiles de asalto… ¿Por qué? ¿Para dar gusto a camarógrafos, a escribientes y a sus audiencias?

La Fuerza de Intervención y Recuperación Territorial (FIRT) quieren vendérnosla como una nueva y –esta vez sí– eficaz solución, pero conviene recordar que no es la primera vez que el FMLN militariza el reparto La Campanera ni la primera que nos aseguran que después habrá un desembarco de balsámicos servicios sociales. A inicios de 2010, cientos de militares tomaron la colonia como base durante meses, 24/7, para tratar de aplastar manu militari el maléfico control de la pandilla 18. Lo recuerdo con cristalinidad porque en aquella época estuve subiendo al reparto para reportear durante semanas, reporteo que cuajó en una crónica titulada Vivir en La Campanera.

Entre lo mucho y bueno que me dejó aquella cobertura está haber conocido a Alejandro Gutman, presidente de la entonces Fundación Fútbol Forever, rebautizada después como Forever, sin fútbol.

Justo ahora, un miércoles de un abril de seis años después, viajo en carro con Gutman por una calle inhóspita del área rural de Panchimalco. El show de los Humvees en La Campanera fue ayer y, como él conoce la colonia como la palma de su mano, aprovecho.

—La represión –responde Gutman– es la estrategia que han usado todos los gobiernos desde que empecé a trabajar en el país, hace 12 años. 
—Ayer llevaron Humvees y helicópteros artillados.
—¿Qué te voy a decir? Yo preferiría que en lugar de tanques de guerra, llevaran a médicos, profesores, psicólogos, estudiantes universitarios, artistas, profesionales…
—¿La Campanera está abandonada?
—Absolutamente aislada. El Estado y la mitad de la sociedad que vive más o menos bien han abandonado las comunidades empobrecidas, pero dentro de ese abandono hay comunidades y comunidades. La Campanera está en el ostracismo; su escuela, por ejemplo. Hay que entender esa comunidad, conocerla, para darse cuenta de sus necesidades, pero también de la riqueza de su gente. Porque se necesita entereza, dignidad y sabiduría para vivir en un entorno así y salir a trabajar con una sonrisa cada día, después de tanto olvido y tanta dejadez. Conocer a esa gente enriquece. Yo el otro día llevé al presidente del Banco Agrícola para que conociera, habló con unos y otros, y quedó enamorado, transformado. Otro día llevó al presidente de la CEL y quedó entusiasmadísimo.
—Pobreza, exclusión y olvido. De acuerdo, pero también está la pandilla, Alejandro, que lo agrava todo. Un padre de La Campanera no puede enviar a su hijo a estudiar en Las Margaritas, porque ahí controla la MS-13.
—Los territorios están bien marcados, sí.
—Suena legítimo que el Estado quiera retomar el control. Suena urgente.
—Si no hay paz, es muy difícil construir... eso así es. Pero incluso en épocas como esta también se puede construir, y las demostraciones son clarísimas. Universidades, escuelas y empresa privada trabajan con nosotros por una cultura de la integración desde hace años. A Forever los pandilleros nos dejan trabajar, quizá porque saben que lo nuestro es transparente. No se entrometen. ¿Y por qué? Porque un pandillero, por más comprometido con su causa que esté, tiene hermanos, hermanas, hijos… Nosotros acabamos de inaugurar una casa de la integración en la colonia Santa Eduviges, un espacio para la comunidad. ¿Quién va a estar en contra de eso?
—Pero el punto de partida es anómalo. Que un grupo de pandilleros tenga que avalar...
—Es anómalo, sí, pero esa es la situación del país hoy. No se puede entrar en las comunidades sin avisar. Eso así es. Pero siendo así, reitero, siempre se puede trabajar por las comunidades, y casi nadie quiere hacerlo. Ojalá no existiera ese control de las pandillas en La Campanera, pero lo que no se vale es que unos y otros se agarren a eso para no hacer nada. No se puede llegar un día con las cámaras de televisión a pintar la escuela o a reglar pelotas y luego desaparecer. Así no se puede.

Hace una hora Gutman hablaba ante unos 200 estudiantes del Complejo Educativo Cantón San Isidro, de octavo y noveno grado, y de primer y segundo año de bachillerato. La escuela está a 45 minutos en 4x4 de la capital, pero el entorno es la ruralidad en estado puro; aquí hay menos señal de telefonía que en un penal. Números gruesos, ese centro habrá graduado a unos 600 bachilleres en la última década, y bastarían los dedos de las manos para enumerar los que han terminado una carrera universitaria. Los otros 590 estarán trabajando a cambio de un salario de subsistencia, o cultivando para comer y poco más, o habrán migrado al Norte, o se habrán brincado en una pandilla, que en Panchimalco hay mucha oferta.

—La carta de presentación del actual gobierno es el manodurismo puro y duro –digo.
—De cuestiones de seguridad pública no opino porque no sé; yo no sé si llevar tanques a La Campanera será bueno o no. Pero desde hace una década convivo en diferentes ámbitos de la sociedad, me he sentado a platicar con pandilleros, con empresarios y con ministros, y creo que esa experiencia acumulada me da el suficiente conocimiento como para decir que lo prioritario en las comunidades es reforzar las escuelas, los espacios públicos, las unidades de salud… porque en verdad están muy debilitadas. Y se puede… ¡claro que se puede entrar y construir! Pero hay que meterse a trabajar y no ir una mañana nomás, con demagogia, o ir solo con los tanques.
—¿Qué podemos o debemos exigir al Estado?
—Ojalá su papel fuera más importante, porque la presencia del Estado en las comunidades donde vive el 50 % más empobrecido de la sociedad es mínima. Por eso tenemos la situación que tenemos, porque el Estado piensa solo para una mitad. Yo aspiraría a que los gobernantes hagan lo que tienen que hacer, pero no le tengo mucha fe. Los políticos, aquí y en toda Latinoamérica, viven peleándose por cuotas de poder, y lo que menos les interesa es cómo vive el pueblo.
—Alejandro, ¿por qué la pandilla aún es una opción de vida atractiva para cientos de cientos salvadoreños?
—En una pared de la Santa Eduviges tenemos escrita una frase que dice algo así: un hombre invisibilizado es muy probable que termine creyéndoselo. Es algo terrible. Porque el ser humano al que la sociedad, el Estado y hasta su familia lo han hecho sentirse invisible puede que se lo crea y empiece a actuar sin límites. Si vos sentís que no sos ni de aquí ni de allá, si no has sentido amor ni entrega ni tenés objetivos en la vida, si la familia ni la escuela te pueden contener... la pandilla te ofrece ciertas tentaciones, da reconocimiento, estatus, te da una familia.


Helicópteros artillados, Humvees ídem, cientos de uniformados ennavaronados o maquillados para la guerra, fusiles de asalto… En el noticiero y en la portada del periódico todo eso luce, pero no parecen ser los instrumentos adecuados para que el niño de 12 o 13 años de la comunidad empobrecida quiera convertirse en el próximo pandillero.

—La implosión que ocurre en las familias es la explosión que ocurre en la sociedad –sentencia Gutman.

viernes, 19 de febrero de 2016

El país que desprecia los derechos humanos



Dice David Morales, el procurador de Derechos Humanos de El Salvador:
—Recordemos que cuando el presidente Flores lanzó el manodurismo, dijo que había que trazar una línea: a un lado ubicó al Gobierno y a los ciudadanos honrados; y al otro lado, colocó a pandilleros, a jueces y a los defensores de derechos humanos.
Nunca ha sido fácil ser el titular de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH). Ni en la primera posguerra ni durante la Administración Flores ni hoy, en el marco de la ‘guerra’ contra las pandillas. La institución, fruto de los Acuerdos de Paz y presentada en inicio como uno de los logros más tangibles de los años de lucha revolucionaria, cayó en desgracia demasiado pronto, en una sociedad obscenamente desigual, polarizada a límites enfermizos, con una institucionalidad raquítica, y que es la más violenta del mundo.
Transcurrido casi un cuarto de siglo, no suena muy aventurado afirmar que los salvadoreños –en términos generales– desprecian el concepto ‘derechos humanos’ y, por extensión, la institución que tiene la misión constitucional de que se respeten.
—¿Por qué las palabras derechos humanos están tan mal vistas? –pregunto al procurador Morales.
—Se ha generado un estigma, es cierto. La sociedad en ese sentido se ha atrofiado por los planteamientos de los políticos, que presentan los derechos humanos como derechos únicamente de los delincuentes. Estos discursos los retoman luego los grandes medios de comunicación, y refuerzan la percepción de que benefician exclusivamente a los delincuentes, y refuerzan la idea de que para ser efectivos en seguridad, hay que disminuirlos. Pero esas ideas son falsas.
En las redes sociales salvadoreñas ser tachado como defensor de derechos humanos es un menosprecio, un insulto. Y la institución estatal y su titular devienen con frecuencia blanco de iras inquisitoriales. En la encuesta anual de evaluación de país que realiza la UCA, el 66 % de los salvadoreños dijo en diciembre de 2014 que tenían nula o poca confianza en la PDDH. Un año después, el porcentaje había subido al 72 %.
Paradójicamente, el desprecio al concepto ‘derechos humanos’ convive con la percepción –siempre según la referida encuesta– de que durante 2015 el respeto a los derechos humanos ha empeorado o seguido igual; así lo expresaron nueve de cada diez consultados.
*****
“La izquierda se ha vuelto más represiva que las represiones que estaba denunciando antes”. La frase es de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, y la pronunció el 16 de noviembre de 1979, después de recibir en el arzobispado a un grupo de personas a las que en su diario personal definió como “damnificadas por actos violentos de grupos extremistas de izquierda”. Apenas había transcurrido un mes desde el golpe de Estado del 15 de octubre, que Romero respaldó de forma explícita, casi entusiasta, lo que le supuso abiertas críticas, acusaciones y ataques de los grupos que un año después conformarían el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.
Aunque el contexto sea otro, la frase tiene hoy vigencia plena.
El conjunto de actores socio-políticos salvadoreños que se arrogan representar las esencias de la izquierda –con el partido FMLN como estandarte– cuestionó con dureza y desde distintos frentes el manodurismo como estrategia de seguridad, cuando Arena se lo sacó de la manga a mediados de la década pasada para patear el avispero de las maras, en el que quizá sea el más torpe de sus errores.
Pero desde enero de 2015, el manodurismo es la carta de presentación del Gobierno en materia de seguridad pública, elevado a niveles que lindan con el terrorismo de Estado, conincontables masacres y ejecuciones extrajudiciales protagonizadas por las fuerzas de seguridad, que ni siquiera están siendo investigadas a pesar de los trabajos periodísticos que se han publicado.
Por activa o por pasiva, el responsable de los abusos policiales es el Gobierno del FMLN, con la complicidad explícita de la Fiscalía General de la República, y velada de la inmensa mayoría de oenegés e instituciones ligadas históricamente a planteamientos de izquierda. Entidades como FESPAD, UCA o el Servicio Social Pasionista han bajado el volumen de sus denuncias por violaciones de los derechos humanos –estruendosas cuando gobernaba la derecha– hasta volverlas casi inaudibles, bien sea por afinidad ideológica con el partido de gobierno, bien por el creciente rechazo social que genera exigir el respeto a los derechos humanos.
Así, una de las consecuencias de la ‘guerra’ contra las pandillas ha sido la de profundizar el desprecio hacia el concepto ‘derechos humanos’, y con ello alimentar el círculo perverso de la violencia.
De la misma sociedad ultraviolenta que parió y nutre el fenómeno de las maras emanan los exigencias de políticas manoduristas que, si bien garantizan cierto respaldo social a sus promotores, impiden buscar soluciones reales. Maras, manodurismo, más maras, másmanodurismo, maras radicalizadas, manodurismo radicalizado… y así hasta convertir la sociedad salvadoreña en la más violenta del mundo.
*****
—¿Preocupado por lo que ha ocurrido en 2015? –pregunto al procurador Morales.
—Todos deberíamos, por la escalada de violencia.
El procurador Morales no esconde críticas cuando se le pregunta por casos concretos, comola masacre de San Blas, pero opta por la cautela y por respuestas gallo-gallina cuando se le pide posicionarse sobre la política guerrerista de seguridad pública.
—¿No cree que la institucionalidad retrocedió en 2015 respecto a la situación en 2014?
—Ante la escalada de violencia de los grupos delictivos, la respuesta del Estado ha sido en términos similares al tradicional manodurismo; sigue prevaleciendo la misma dinámica de enfrentamiento. No podría decir que la institucionalidad retrocedió, pero sí que no avanzó significativamente en los diferentes planos.
El procurador Morales está consciente de lo que está pasando en El Salvador desde enero de 2015, pero prefiere repartir responsabilidades entre todos los gobiernos que el país ha tenido desde 1992.
—El Estado –dice– nunca ejerció su deber de educar y promover una cultura de paz, de respeto a los derechos humanos, de fomento de valores democráticos. Es una obligación de Estado abandonada por décadas, además de que somos un país con una historia muy fuerte de autoritarismo, violaciones a los derechos humanos y violencias en general, que se han terminado naturalizando por la población, como fenómeno de nuestra cultura.
Nunca ha sido fácil ser el titular de la PDDH. Y en el papel timorato que también está desempeñando el procurador Morales deben pesar el rechazo social cuando se denuncian abusos policiales, o el hecho de tener el corazoncito a la izquierda, y ver que los responsables son ‘compas’ y no el ‘brazo político de la oligarquía’.
—Las clases políticas dominantes –dice el procurador Morales– venden discursos punitivos, de endurecimiento de penas, de manodurismo… visiones totalmente superadas en países democráticos por inefectivas, pero que aquí se impulsan porque es evidente que generan simpatías que se traducen en votos.
Suena a que quiere retratar al actual gabinete de seguridad, su responsabilidad por acción u omisión en las ejecuciones extrajudiciales. Pero no. Como si sintiera una obligación cuanto menos de diluir responsabilidades, rápido se esconde tras el escudo de los veinte años de Arena:
—Recordemos que cuando el presidente Flores lanzó el manodurismo, dijo que había que trazar una línea: a un lado...

viernes, 1 de enero de 2016

El ciberalcalde de San Salvador


ADVERTENCIA: En este artículo se hablará sobre Nayib Bukele, alcalde de San Salvador, pero no se hará desde trinchera alguna: si usted forma parte de cualquiera de los rebaños de admiradores o detractores que esperan alabanzas gratuitas o ataques infundados contra él, mi recomendación es que suspenda la lectura tras este párrafo.
***
El año 2015 nos deja la confirmación del peso creciente de las redes sociales en la política salvadoreña. Twitter y Facebook son un terreno de juego cada vez más influyente, que roba más tiempo y recursos a los asesores de imagen de partidos y de candidatos. Y cuando se juntan los conceptos ‘redes sociales’ y ‘política salvadoreña’, no hay duda de que la estrella indiscutible es Nayib.
Para cualquiera que pase sus ratos en Twitter o Facebook lo que acabo de afirmar le sonará a obviedad, pero incluso a las obviedades más obvias conviene encontrarles algún asidero.
Yo me he terminado de convencer de que Nayib es el jefe de jefes de la Guanaxia este 31 de diciembre, que por curiosidad chequeé cuáles habían sido mis tuits con mayor difusión, y comprobé que los cinco más sonados tienen como protagonista al que con cariño me atrevo a llamar el ciberalcalde de San Salvador.
Me explico: Twitter tiene una herramienta que se llama Analytics, que mide el impacto de los tuits propios y les adjudica un número de ‘Impresiones’, que define como el “número de veces que los usuarios vieron el Tweet en Twitter”. Pues bien, no importa si mis comentarios eran críticas o guiños a su gestión o sus palabras, el solo hecho de mencionar a Nayib Bukele hizo que el tráfico se disparara, por encima de las 15,000 impresiones.
Como periodista de la Sala Negra, yo no cubro política ni municipalismo, ni siquiera cubrí la campaña electoral. Si alguien me sigue en Twitter, ya sabe que el grueso de mi comentarios son sobre la situación de inseguridad en general, y sobre el fenómeno de las maras en particular. Por eso me sorprendió tanto ver que los escasos tuits dedicados al alcalde copan la clasificación de los más vistos, incluso por encima de algunos sonoros encontronazos que protagonicé con personajes como Mauricio Funes o Walter Araujo.
Quizá algunos lo juzguen como una exageración, pero siento que Nayib tiene tanto pegue en las redes sociales salvadoreñas que se ha convertido en una especie de Rey Midas. Apostaría dos dedos a que este post que están leyendo será el más leído entre los cuatro que he publicado en este blog, solo por el hecho de que hablo sobre Nayib. Ya les contaré.
Pero más allá de la anécdota personal, lo que está a la vista de todos. Primero, que la cuenta en Twitter de Nayib tiene –mientras escribo estas líneas– 211,000 seguidores, que hacen ver como aprendices a políticos como Johnny Wright (6,300), Jorge Velado (20,700), Guillermo Gallegos (22,800), Lorena Peña (23,600) o Ana Vilma de Escobar (33,400). Incluso los 44,000 del expresidente Mauricio Funes palidecen si se tiene en cuenta que se trata de un activo comunicador que fue presidente de la República en los años del bum de las redes. El propio Salvador Sánchez Cerén tiene solo 75,400 seguidores; y Norman Quijano, exalcalde y excandidato a la Presidencia, sería el segundo político con mayor tirón, pero con apenas un tercio de los seguidores que acumula Nayib.
No es solo cuestión de seguidores. Nayib ha hecho de las redes sociales un pilar de su imagen. Paga campañas en Facebook, por ejemplo, para que sus mensajes tengan mayor difusión, incluso algunos de índole personal, como cuando hace pocas semanas falleció su padre.
Sin menospreciar a los miles de salvadoreños que ven en él una real esperanza de cambio, en su éxito en las redes también ha influido la existencia de los ya famosos troll-center. Los financien o no Nayib o personas de su entorno, no hay duda de que los que lo ensalzan son más numerosos y mejor organizados que los que lo critican.
Y por último, pero no menos importante, es justo mencionar que Nayib –bien sea por la edad, la formación o...– está haciendo un uso innovador e inteligente de las redes, con la explotación de golpes que seguramente no agraden a todos, pero que al final del día le generan más simpatías que rechazos, como subirse al Tagadá, pelearse en público con los periódicos de referencia, o posar con cachorritos decomisados en la calle.
El año recién concluido nos deparó la consolidación del primer ciberpolítico salvadoreño. Incluso la reciente amenaza de abandonar el FMLN si este partido –su partido– apoya la reelección del exfiscal Luis Martínez cabe interpretarse como una consecuencia de lo fuerte que se siente en un terreno en el que parece no tener rivales: las redes sociales.
Si en unas elecciones votaran solo tuiteros y feisbuqueros, seguramente Nayib arrasaría… pero las redes sociales, tan clasemedieras y con tanto ruido generado por trolls y borregos partidarios, distan mucho de representar la sociedad salvadoreña en su conjunto. Pero eso Nayib lo sabe mejor que nadie, ¿o no?

jueves, 5 de marzo de 2015

Respétese, señor Funes


Quiero pensar que solo le trasladaron información equivocada, pero el secretario general del FMLN, Medardo González, mintió cuando el martes 3 de marzo, en conferencia de prensa, dijo que en los municipios que ganó su partido vive el 67 % de los salvadoreños. Lo dijo con estas palabras: “Ahora, con estas 86 alcaldías, el FMLN tiene una fuerza poblacional del 67 %, y nuestro partido tendrá mayores niveles de incidencia y de responsabilidad”. Con un periodismo como el salvadoreño, que en esencia se dedica a transcribir lo que dicen las fuentes sin el más mínimo contraste, el dato ha sido repetido hasta viralizarse.

Falta la certificación oficial, pero parece que el FMLN en efecto se impuso en 86 de los 262 municipios de la República, incluido un puñado de las ciudades más populosas, como San Miguel, Soyapango, Mejicanos, San Juan Opico y, por supuesto, San Salvador. Ahora bien, en esos 86 municipios residen 2,484,297 personas, que suponen el 38 % de las 6,460,271 habitantes que se estima que viven en El Salvador. Nada que ver con la cifra del 67 % que con orgullo desmedido aireó Medardo González.

Para los más dogmáticos militantes y simpatizantes del FMLN, aquellos que sentirán como una afrenta que un donnadie se atreva a contradecir en público a su secretario general, comparto el informe oficial ‘El Salvador: Estimaciones y Proyecciones de Población. Municipal 2005-2025’, de la Digestyc, fechado en septiembre de 2014, y por lo tanto obra del gobierno de Salvador Sánchez Cerén. Ahí aparecen los estimados oficiales de población para 2015 en los 262 municipios del país. Con papel y lápiz, calculadora y un poco de paciencia comprobarán que es falsa la cifra que proclamó Medardo González en conferencia de prensa. Y no por uno, cuatro o diez puntos porcentuales. Tergiversaron los datos para que el 38 % de los salvadoreños se convirtiera en el 67 %. No son centavos. Ojalá el FMLN reflexione sobre la calidad de la información que aporta a la sociedad, y ojalá también el gremio periodístico reflexione sobre qué tratamiento da a las informaciones que las fuentes aportan.

Pero si me animé a escribir esta columna no fue para denunciar las cuentas alegres que hizo la dirigencia del FMLN. No. El detonante de este texto fue el uso que el expresidente de la República, Mauricio Funes, hizo desde su cuenta de Twitter de estos números errados.

Después de conocerse el errado dato del 67 %, el señor Funes publicó los siguientes tuits:

El 3 de marzo, a las 9:09 p.m.: “No es la cantidad, sino la calidad de la victoria lo que cuenta. Gobernar el 67 % de la población a través de municipios habla de fuerza”.

El 3 de marzo, a las 9:13 p.m.: “Con las alcaldías ganadas por ARENA gobernarán menos del 40% de la población. A eso le llaman victoria? El FMLN en cambio gobernará al 67%”.

El 3 de marzo, a las 9:28 p.m.: “Los municipios q gobernará el FMLN representan 67% de la pob. Si sumamos los de GANA,PCN Y PDC, ARENA no alcanza ni un 40%.Eso es verguiada?”.

El 3 de marzo, a las 9:32 p.m.: “No es la cantidad, sino la calidad de la victoria lo que cuenta. Gobernar el 67% de la población a través de municipios habla de fuerza”.

El 4 de marzo, a las 12:17 p.m.: “El Ejecutivo en manos del FMLN. 67% de la población en los municipios ganados. Mayoría legislativa junto a GANA #ElCambioEsPrimeraFuerza”.

El 3 de marzo a las 11:09 a.m., apenas supe de los datos hechos públicos por Medardo González en la conferencia, se me ocurrió tuitear esto: “Cada partido hace la lectura que le interesa. FMLN baja de 95 a 85 municipios gobernados, y están presentándolo como triunfo arrollador”. Por ese tuit el señor Funes me llamó “troll de ARENA” en Twitter. Lo replicó dos veces desde su cuenta con comentarios despectivos. Se burló.

Hagamos a un lado el hecho de tener a un expresidente que, sin haberse cumplido un año desde que dejó el Ejecutivo, se dedica a tuitear como adolescente despechado. Créame, señor Funes, que yo lo estimé en su extinto rol de periodista, y que celebré su triunfo electoral porque fui de los incautos que me creí su eslogan del cambio. Allá estuve aplaudiéndolo aquel 15 de marzo histórico en el redondel Masferrer.

Usted, a mi criterio, fue una decepción como presidente, y ahora compruebo que también como periodista deja mucho que desear. Es, reitero, lo que me animó a escribir esta columna, señor Funes. ¿86 municipios en los que viven el 67% de los salvadoreños? ¿No le sonó tantito exagerado? ¿Se atrinchera y replica hasta la saciedad sin verificar los datos que brinda una fuente con evidentes intereses, como lo es cualquier partido político? ¿Nunca supo el significado de ‘contrastar una información’, en especial antes de hacer tanta alharaca, tanta estridencia?

Señor Funes, usted es el expresidente de la República y alguien que gozó de la genuina admiración de buena parte del gremio periodístico. Respétese, por favor. Respétenos.


jueves, 5 de junio de 2014

Vigésimoprimer comunicado de las pandillas


[Este comunicado lo vuelven a suscribir las pandillas Mara Salvatrucha 13, Barrio 18, Mao-Mao, Mara Máquina y La Mirada Lokotes 13 y un colectivo de reos civiles que se han sumado al proceso. Los retirados o pesetas siguen sin ser mencionados. Se hizo público en la mañana del 5 de junio, cuando fue distribuido vía e-mail, pero está fechado el 3 de junio. Es el primer comunicado de la era Salvador Sánchez Cerén.]

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Los voceros nacionales de las pandillas: MS-X3, Barrio 18, Mao-Mao, Máquina, Mirada Locos 13 y privadas y privados de libertad de origen común al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo, hacemos saber:
  1. Pasadas las elecciones del 9 de marzo del año en curso, las pandillas, maras, privados y privadas de libertad de origen común, fuimos de los primeros que saludamos la victoria del profesor Salvador Sánchez Cerén y de Óscar Ortiz, pese a que aún no se habían declarado en firme los resultados. Hoy que ya han tomado posesión de los cargos de presidente y vicepresidente de la República, queremos augurarles éxitos en la gestión, otorgarles el beneficio de la duda y reiterarles nuestra disposición y voluntad de contribuir en la solución del más grave problema que agobia al país –la violencia– en lo que esté al alcance de nuestras posibilidades.
  2. Se acaba de cerrar el período más complejo para trabajar por la paz en El Salvador; quienes estaban obligados a trabajar para alcanzarla más bien alimentaron la violencia y se alejaron cada vez más de la paz. Muestra de ello es que en el último año los índices de violencia, en lugar de seguir disminuyendo, se volvieron a incrementar. Ello solo reafirma lo equivocado que representa el querer combatir la violencia con más violencia; la zozobra con más zozobra, y la inseguridad con más inseguridad. Estamos en un nuevo momento, esperamos que sea de certidumbre, esperanza y de Paz.
  3. Llamamos al pueblo salvadoreño a no dar crédito a ningún tipo de rumores de “toques de queda”. Aclaramos que las pandillas y maras no hemos impulsado en los últimos días esas acciones ni pretendemos hacerlo; quienes se han dedicado a ello han sido mentes perversas que actúan con impunidad y que han pretendido crear un clima de zozobra, miedo y temor, para provocar odio y resentimiento hacia nosotros y así justificar la acción represiva y el accionar de grupos de exterminio, que en los últimos días han cobrado la vida de muchos de nuestros miembros, familiares y civiles. Esperamos que el nuevo gobierno enfrente con firmeza a esos grupos, tanto los que actúan desde fuera de la institucionalidad del Estado, como a los que lo hacen desde adentro.
  4. La oportunidad histórica para recuperar la paz que se abrió el 9 de marzo de 2012 aún sigue abierta; aprovecharla en beneficio del país depende de todos: gobierno, iglesias, empresarios, sociedad civil, autoridades locales y miembros de pandillas. Solo juntos, en un gran esfuerzo de nación, podremos construir la tan anhelada paz a la que aspira este sufrido pueblo.
  5. Finalmente, aprovechamos para responder públicamente a la carta que nos enviaron los Comandos de Salvamento, de fecha 5 de mayo del corriente año, solicitando facilidades para el buen desempeño de su trabajo humanitario; en consecuencia de lo anterior, les informamos que en reconocimiento a la excelente labor que ustedes realizan ya estamos tomando cartas en el asunto y orientando a nuestros miembros en los territorios para que les brinden todas las facilidades y el apoyo necesario para que ustedes puedan prestar eficaz y oportunamente su servicio humanitario.
El Salvador, 3 de junio de 2014

Foto Fred Ramos (El Faro)

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Lea además:

viernes, 14 de marzo de 2014

Decimonoveno comunicado de las pandillas


Foto Fred Ramos (El Faro)

[Este comunicado lo suscriben las pandillas Mara Salvatrucha 13, Barrio 18, Mao-Mao, Mara Máquina y La Mirada Lokotes 13 y un colectivo de reos civiles que se han sumado al proceso. Se hizo público el día 12 de marzo, tres días después del segundo aniversario de la tregua que, auspiciada por el Gobierno de la República, las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18 iniciaron el 9 de marzo de 2012. Ese día se celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, ganadas por el candidato del FMLN, Salvador Sánchez Cerén.] 
 
*** 

Los voceros nacionales de las pandillas MS-13, Barrio 18, Mao-Mao, Máquina, Mirada Locos, privados y privadas de libertad de origen común, al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo hacemos saber: 

El día domingo 9 de marzo de 2014, dos hechos de gran trascendencia nacional, por cosa del destino o por obra divina, se conjugaron; nos referimos al segundo aniversario del Proceso de Tregua y de Paz al cual dimos inicio las pandillas salvadoreñas el 9 de marzo de 2012, y la realización de la segunda ronda del proceso electoral para elegir presidente y vicepresidente de la República para el periodo 2014-2019. 

El Proceso de Tregua y de Paz, contrario a lo que vaticinaron sus detractores, quienes afirmaron que no era sostenible, que no se podía confiar en nosotros y que era un proceso falso e hipócrita, este se ha extendido ya por dos años, y lo que es más importante, ha producido resultados que lo convierten en el experimento más exitoso en cuanto acciones de prevención de violencia del que se tenga conocimiento en toda la América Latina; entre los resultados más importantes podemos citar:
  • A. Disminución en un 50 % en la tasa de homicidios con relación a los niveles de finales del año 2011.
  • B. La vida de 5,539 salvadoreños ha dejado de perderse durante estos dos años.
  • C. La tasa de extorsiones se redujo en un 18%.
  • D. 504 armas de guerra fueron entregadas de manera voluntaria.
  • E. Más de 1,200 ilícitos fueron entregados de manera voluntaria por los privados/as de libertad al interior de los centros penales.
  • F. Tranquilidad y estabilidad en centros penitenciarios, pese a contar con un 325% de hacinamiento, constante acoso de autoridades penitenciarias y de purgar las penas en condiciones de reclusión infrahumanas.
  • G. Cientos de jornadas de limpieza y borrado de grafitis en los barrios.
  • H. Apertura de procesos de reconstrucción del tejido social que, producto del conflicto, se ha roto en los municipios y comunidades.
  • I. Once municipios donde habitan más de un millón de salvadoreños se han incorporado al proceso de Municipios Libres de Violencia, donde las pandillas participamos como actores locales en la reducción de la violencia y la experiencia es altamente exitosa. Otros municipios están en espera de incorporarse a este proceso.
  • J. Junto a actores comunitarios y empresarios, hemos dado inicio a otra modalidad complementaria del proceso de paz, que consiste en declarar 'Zonas de paz' áreas del territorio salvadoreño; ya lo hicimos en un sector de la colonia Escalón y estamos trabajando otras dos nuevas zonas en la ciudad capital que en su oportunidad daremos a conocer.
Nos alegra de gran manera que, por encima de la vileza con la que han actuado aquellos que en lugar de apoyar este proceso se han dedicado a cuestionarlo y hasta quererlo destruir para beneficiar a los que se lucran y se enriquecen de la violencia, se estén sobreponiendo los más sensatos, los que en verdad quieren la paz para El Salvador. A todos, nuestro más ferviente saludo, en especial a los facilitadores del Proceso, a los obispos y pastores que conforman la 'Iniciativa Pastoral por la Vida y por la Paz' a los empresarios que han dado vida a la Fundación Humanitaria, y por supuesto, a las organizaciones internacionales de cooperación que han creído y han apoyado este esfuerzo que persigue aprovechar la oportunidad histórica que se le ha presentado al país para la recuperación de la Paz. 

A los ganadores del evento electoral de este 9 de marzo de 2014, el profesor Salvador Sánchez Cerén como presidente constitucional de la República, y el Lic. Óscar Ortiz como vicepresidente, les enviamos nuestras felicitaciones. Aprovechamos para expresarles que por nuestra parte seguimos empeñados en continuar con el proceso iniciado hace dos años, y si ustedes nos lo permiten, queremos seguir siendo parte de la solución del problema de violencia que afecta al país. 

A los que no resultaron ganadores el 9 de marzo (el partido ARENA) (lo decimos así porque tampoco han sido derrotados), les expresamos que no les guardamos ningún rencor ni resentimiento por lo que hayan dicho o hecho contra nosotros y contra el proceso de paz en la primera fase de la contienda; entendemos que esas acciones fueron parte de las estrategias electorales, esto lo comprendimos cuando cambiaron radicalmente el discurso en la segunda ronda de la campaña. 

Ante lo acontecido el 9 de marzo, les instamos que por nada del mundo le den cabida a ningún tipo de sentimiento de derrota. La vida del país no terminó el domingo recién pasado, mucho menos la de su partido, ustedes siguen siendo la principal fuerza de oposición, la que representa una de las dos mitades en la que ha quedado dividido el país. Esperamos que el discurso sobre la violencia que sostuvieron en la segunda ronda electoral haya sido sincero, ya que, de serlo, sabemos de antemano que podemos contar con el apoyo de ustedes para impulsar iniciativas que favorezcan la recuperación de la paz, la cual solo será posible si nos unimos todos los salvadoreños. 

Si el convencimiento expresado por ustedes en el tema de seguridad en la segunda ronda es puro, bien pueden dar una excelente lección de patriotismo, madurez política y de profundo amor por el país y a su gente, ofreciendo a los nuevos gobernantes su apoyo a la superación de la violencia y la recuperación de la paz, tomando como base, el apoyo a la continuidad del exitoso proceso que desde el 9 de marzo de 2012 está en desarrollo en El Salvador. Les prevenimos a no caer en las trampas de la tentación, más de algún asesor electoral les va recomendar continuar con la movilización social, ser beligerantes y elevar la confrontación para obtener resultados favorables en las próximas elecciones de marzo de 2015; si deciden optar por ese camino, por favor no vuelvan a cometer el mismo error de incluir como parte de la confrontación el tema de seguridad, por el bien de El Salvador, en ese punto, debemos de procurar que todo el país se encuentre unido y la mitad que ustedes representas es clave para ello. 

Finalmente, queremos agradecer a los facilitadores del Proceso de Tregua y de Paz, monseñor Fabio Colindres y Raúl Mijango, por su patriótica participación en este proceso; sabemos que los enemigos de la paz y los que trabajan a favor de los interés de los que se lucran de la violencia les han atacado fuertemente, han recurrido hasta la infamia para desacreditarles e incriminarles, pero nos alegra que no se hayan dejado doblegar, porque quienes les atacan no saben que ustedes poseen un bien muy escaso en nuestras sociedades que se llama valentía moral, esa que hace que pocos hombres estén dispuestos a desafiar la desaprobación de sus semejantes, la censura de sus colegas, la ira de la sociedad. Este bien es más escaso que el arrojo en la batalla o una gran inteligencia. Y sin embargo es la cualidad esencial, vital, para quienes se proponen cambiar el mundo que solo sede al cambio con dolorosos esfuerzos; como bien lo expresó uno de los mejores estadistas norteamericanos: Robert F. Kennedy.
El Salvador, 12 de marzo de 2014 

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