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miércoles, 1 de octubre de 2014

'Yo violada' sigue rodando


Ayer (30 de septiembre de 2014) pegaron en la página de Facebook de la revista El Malpensante el link a la versión colombiana de la crónica 'Yo violada', que ellos publicaron en su edición de julio de 2013. Más de un año después, más de tres años desde su publicación original, sigo sorprendiéndome con la avalancha de laiks, de comentarios sentidos, de reacciones que aún genera este relato descarnado.

Si están sobrados de tiempo, en tren y lean los comentarios de la gente.





[Aviso técnico: si no viera nada en este post, sería responsabilidad exclusiva de Facebook y sus configuraciones.]

sábado, 9 de agosto de 2014

Felicidad sin MasterCard


Pasajes en la Ruta 52 desde Galerías hasta el Parque Infantil: 2 x $0.20
Una rigua* recién hecha: $0.50
Sodas en bolsa: 2 x $0.25
Boletos para la Chicago* más alta del campo de la feria de la Don Rúa: 2 x $0.50
Boleto para rueda de caballos: $0.50
Bote de burbujas con silbato incluido: $1.00
Bolsa de agua: $0.15
Pasajes en la Ruta 101-D desde el Centro hasta la 79ª avenida Sur: 2 x $0.20

Resultado:

Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás, tampoco se necesita la MasterCard.

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* Rigua. 1. f. El Salv. Tortilla de elote* tierno.
* Elote. (Del náhuatl élotl). 1. m. Mazorca tierna de maíz, que se consume, cocida o asada, como alimento en México y otros países de América Central.
* Chicago. Nombre con el que en El Salvador se reconoce a las norias.

domingo, 9 de marzo de 2014

Una sociedad enferma


¿Cómo llegamos a esto(*)? 

Foto tomada de Facebook y modificada para proteger al menor
No me refiero a la fotografía curiosa-simpática-aberrante en función de quien la adjetive, sino a lo que hay detrás. Y lo que hay detrás es una joven filoemeese que promueve orgullosa la imagen de su hijo rifando barrio, y que apuntala el sinsentido con loas a la que define como su verdadera familia, la Mara Salvatrucha, organización responsable de miles de asesinatos tan solo en El Salvador. Lo que hay detrás, basta invertir unos minutos escarbando en internet, es una presencia cada vez mayor de las pandillas en Facebook, en YouTube, creciente de unos pocos años hacia acá, en la medida que internet ha dejado de ser algo exclusivo de clases medias y altas. Lo que hay detrás no es un hecho puntual extraordinario singular, sino cotidianidad. Lo que hay detrás es un problema social transfigurado en problema de seguridad pública. Lo que hay detrás son, cifras oficiales, más de 60,000 pandilleros activos con un entorno social afín a las pandillas –madres, novias, simpatizantes, hijos, colaboradores, chequeos, mascotas...– de 400,000 personas, en un país de poco más de 6 millones. Lo que hay detrás es la parte que menos gusta cuando la sociedad salvadoreña se mira en el espejo, como le sucede al cuarentón vanidoso que contiene la respiración y saca pecho para disimular su prominente barriga. Lo que hay detrás es, pese a quien pese, una redefinición de la salvadoreñidad en la que el pandillerismo más destructivo es un componente sine qua non. Lo que hay detrás es El Salvador. 

Pero reitero, ¿cómo llegamos a esto?

Pasó que cuando en 1992 terminó la guerra civil nadie se preocupó del trauma colectivo en una sociedad rota y empobrecida. Una estrategia de atención psicológica masiva, hecha a tiempo y complementada con programas sociales efectivos, quizá habría amortiguado el problema. Cada comunidad cantón barrio debió haberse llenado de psicólogos sociólogos trabajadores sociales. Pero no. 

Pasó que en los noventa Naciones Unidas y la comunidad internacional quisieron meter a El Salvador a empujones en el primermundismo, sin medir las consecuencias. A base de golpes –de muertos– comprobamos que quizá no fueron las mejores ideas inventarse un cuerpo policial en plena posguerra o importar leyes efectivas para otras latitudes, pero inaplicables en El Salvador por falta de recursos o de voluntad política. 

Pasó que desde el rencor o la ignorancia se exigieron y se aplaudieron –se exigen y se aplauden– los grupos de exterminio, cuando es tan sencillo verificar que el boom de las maras en San Miguel fue precisamente después de la Sombra Negra. 

Pasó que los gobiernos adoptaron durante veinte años políticas públicas que parecen diseñadas para radicalizar el pandillerismo: la Mano Dura, la Súper Mano Dura, la asignación de cárceles a cada pandilla, el hacinamiento salvaje, el abandono de estrategias de inserción social... Las maras en la posguerra eran un problema de orden público que no se desactivó a tiempo, se dejó crecer, el Estado fomentó su mutación con un manodurismo estrictamente electoral , hasta que devino en problema de seguridad nacional. 

Pasó que nos prometieron el Cambio en 2009, y en materia de seguridad pública sí hubo un cambio que ha salvado estadísticamente miles de vidas, la tregua, aunque el Gobierno se niega a reconocer su paternidad y sigue sin apostar de lleno –por impopulares, por cálculos electorales– a los temas impostergables de la prevención, la inserción y la rehabilitación.

Pasó que los periodistas seguimos el juego a los políticos que en los primeros lustros sobredimensionaron el problema de las maras para ocultar la corrupción, el narcotráfico, la impunidad...

Pasó que las oenegés, asociaciones y fundaciones que velan por los derechos humanos subdimensionaron el problema de las maras. Eran los llamados a ser la conciencia crítica ante tanto despropósito pero, en general, trataron de convencernos de que los pandilleros eran responsables de una pequeña fracción de la violencia que ocurre en el país, incluso cuando el fenómeno estaba ya desbocado. Algunas aún hoy siguen atrincheradas en ese error. 

Pasó que la Academia apenas hizo nada. 

Pasó que asumimos que era normal pagar por la salud, por la educación, por dar un paseo con los hijos sin temor a ser asaltado... por tantos derechos básicos. ¿Y qué pasa con quienes no pueden pagarlo? 

Pasó que los que no tenemos el problema en la puerta de casa nos dejamos convencer de que la inseguridad se combate con muros, razor, plumas, guardias y evitando viajar en bus. 

Pasó que la seguridad pública (la inseguridad pública) se convirtió en modo de vida, pero no solo para los dueños de empresas de seguridad o para los que venden pistolas o razor, también para quienes analizan filosofan investigan oenegean sobre las soluciones al fenómeno de las maras. También para quienes escribimos crónicas. 

Pasó que creamos una sociedad en la que parece que si no se consume, no se vive, pero luego bendecimos con nuestro voto a los políticos que permiten que el salario mensual de una cajera de supermercado sea 220 dólares, o que un cortador de caña gane 110 dólares. 

Pasó que quienes ganamos 700, 1,000 o 1,500 dólares nos quejamos de que apenas alcanza para llegar a fin de mes, pero no vemos problema en pagar ocho o diez dólares por ocho o diez horas de trabajo a la señora que nos cuida los niños y/o nos limpia la casa. 

Pasó que como sociedad nos inmunizamos ante el dolor ajeno. 

Pasó que quienes creemos que la única forma efectiva de revertir esto es invertir mucho dinero en programas efectivos de prevención en las comunidades y en rehabilitar al delincuente que está encarcelado no nos sabemos imponer a las barras bravas que solo creen en el ojo por ojo. 

Pasó que el problema de las pandillas lo dejamos crecer demasiado y se volvió enrevesado y deshumanizado. Ojalá me equivoque porque es pura especulación, pero me temo que tardaremos muchos años en neutralizar las consecuencias de haber construido una sociedad tan violenta, una sociedad tan enferma. 

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(*) Aclaración para lectores no salvadoreños o para salvadoreños con conocimientos limitados sobre las maras, el problema de convivencia más grave que afecta al país: el niño, de unos tres años, está rifando Mara Salvatrucha. Con su mano derecha hace la 'M', que a su vez representa la garra que es el símbolo de esta pandilla; y con su mano izquierda gesticula una 'S'.

jueves, 6 de febrero de 2014

Periodismo escrito Marca España


Seré cobarde y para decir lo que voy a decir sobre el periodismo que se escribe en las españas –circunscribo y enfatizo: el que se escribe, el escrito–, me escudaré en una de sus vacas sagradas. 

Enric González dijo esto en una entrevista publicada el pasado mes de noviembre en el diario El Tiempo, de Colombia: “La crónica, que para mí es el género estrella porque tiene mayor presencia de la voz del autor, brilla en América Latina hace muchos años, pero creo que va cada vez a mejor. Lo que más me llama la atención es lo bien que se escribe, en comparación con España, donde el uso del lenguaje se ha empobrecido. En América Latina se está llegando finalmente a proporcionarle un auténtico placer estético al lector”.

El gran Enric González dice una obviedad que no parece serlo tanto en las españas: desde hace al menos una década el mejor periodismo en español se está escribiendo en Latinoamérica, con Argentina, Colombia, México y Perú a la vanguardia. Y me atrevo a interpretar que no es tan obvio en la “madre patria” porque en general la sociedad española –e incluyo acá a catalanes, gallegos, vascos y demás– aún no ha logrado desprenderse del aire de preeminencia que siente sobre lo latinoamericano. Esa altanería (por no adjetivarlo con mayor sonoridad) tan presente en las españas ha permeado en el periodismo y en los periodistas, como parte de la sociedad que son. ¿Qué tiene que aprender un periodista primermundista español de uno costarricense o boliviano? ¿Alguien que firma en trasatlánticos como El País o El Mundo puede aprender de algotro que publica en chalupas como Emeequis, Etiqueta Negra, Anfibia o El Faro? Pues eso.

Pero veamos.

Los últimos tres Premios Ortega y Gasset de Periodismo en la categoría 'Periodismo impreso' los han ganado el colombiano Alberto Salcedo Ramos, el mexicano Humberto Padgett y nicaragüense Octavio Enríquez. Con el otro gran referente en el que se miden trabajos de uno y otro lado del Atlántico, el Premio Rey de España de la agencia Efe, hay que rebuscarse para encontrar españoles entre los galardonados del último lustro, y prácticamente han desaparecido de los reconocimientos que más énfasis ponen en la calidad literaria de las piezas.

Pero si algo me impulsó a escribir este exabrupto –con el que es obvio que muchos amigos no voy a hacer– es lo sucedido en el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, que la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) entregó el pasado mes de noviembre. Ni un solo trabajo made in Spain entre los ganadores de las cuatro categorías, ni siquiera entre los doce que subieron al pódium. En la categoría 'Crónica y reportaje' se colaron propuestas de México, Argentina, Colombia, Chile, Perú, Brasil y El Salvador entre los diez finalistas, pero cero relatos de las españas.

Alguien estará pensando que en Madrid, Barcelona, Sevilla o Salamanca apenas nadie conoce la FNPI (hecho que, de ser cierto, ya tendría un significado demoledor), pero ni siquiera esa excusa es válida ya. Para las cuatro categorías del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo se recibieron más de 1,300 trabajos de un total de 30 países. En el vendaval iban 111 propuestas desde las españas, el quinto país que más propuso, solo superado por Colombia, Brasil, Argentina y México. Otro dato poderoso y significativo: 7 de los 36 jurados que participaron en las distintas fases del complejo sistema de premiación tenían pasaporte español, lo que de alguna manera evidencia la conciencia sobre el influyente papel en tiempos pasados y mejores.

Lo bueno es que algunos pasitos se están dando para revertir el declive del periodismo de largo aliento español; mínimos pero válidos. Se ven brotes verdes, si me permiten la trillada metáfora. En los últimos años, entre tanta discusión estéril sobre el presente y el futuro de la profesión, han surgido iniciativas como Jot Down, Libros del KO, tintaLibre, FronteraD, eCícero, Líbero... con vocación de escaparate para la buena crónica periodística. Más importante si cabe, hay una camada de periodistas que se ha dejado latinoameriquizar, bien porque viajaron, permanecieron, se empaparon y se convencieron, bien porque vencieron sus prejuicios desde la distancia y experimentaron la fórmula latina con humildad.

José Luis Sanz es valenciano, coautor de 'El viaje de la Mara Salvatrucha' crónica publicada en el periódico digital El Faro– y único español que se coló entre los finalistas de la categoría 'Crónica y reportaje' del Premio Gabriel García Márquez. Pero él lleva quince años en El Salvador, y es su renuncia a la concepción hispana del periodismo la que lo ha llevado al lugar que hoy ocupa. Me late que sucede lo mismo con otros periodistas que migraron a tiempo y constataron la obviedad explicitada con maestría por el gran Enric González. Se me ocurren ahora el gasteiztarra Álex Ayala Ugarte, el cántabro Enrique Naveda, el astur Alberto Arce o la gallega Martina Bastos.

Más de uno se estará planteando una inquietud legítima: ¿quién es este donnadie que se atreve a etiquetar lo que es buen y mal periodismo? ¿Con qué criterios? Solo me queda invitar a leer lo que se está escribiendo a uno y otro lado (me refiero a la vanguardia, obvio, porque en Latinoamérica también hay juntaletras y diarios llenos de faltas de ortografía), apelar al sentido común y refugiarme en otra vaca sagrada. Gumersindo Lafuente: “Y es que, mientras en Europa, y muy especialmente en España, doblan las campanas por la degradación o muerte de muchos periódicos, allá, de México a Chile, florecen un buen puñado de nuevos medios que pelean, desde la calidad, el rigor y el compromiso con sus lectores, por hacerse un hueco en el mercado. Y muchas veces en situaciones complicadas, teniendo que enfrentarse a las amenazas del poder o de las mafias. Pero siempre recorriendo el presente y mirando al futuro con optimismo, ese bien tan escaso hoy en nuestro país”. 

Fotografía: internet
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(Este texto se publicó primero el 10 de enero de 2014 en Bajomundo, mi blog de la revista Frontera D, bajo el título 'Periodismo escrito Marca España')

jueves, 30 de enero de 2014

¿Para qué quieren drones si renunciaron al periodismo?


Hace unos días La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, los dos periódicos más influyentes de El Salvador, se enzarzaron en una discusión pública para demostrar cuál de los dos diarios había sido el primero en tomar fotografías con un 'drone' (un helicopterito teledirigido caro carísimo, en palabras llanas). 

“Uniéndose a medios como la británica BBC, las estadounidenses National Geographic, CNN o escuelas de periodismo en el primer mundo, LA PRENSA GRÁFICA cuenta ya con un drone –vehículo aéreo no tripulado– para cubrir con fotografía y video las diversas áreas de la realidad salvadoreña desde nuevas perspectivas” y “la adquisición de esta tecnología se une a otras herramientas de avanzada con las que ya se cuenta para mejorar cada día la recolección y elaboración de mejores contenidos informativos”, proclamó La Prensa Gráfica cuando anunció su proeza a mediados de enero en una nota titulada 'LPG tiene el primer drone periodístico en el país'. 

“El Diario de Hoy utilizó por primera vez el modelo 'DJI Phantom' en un recorrido por Apaneca, Ahuachapán, del cual se publicó la Portada 2, el 30 de noviembre de 2013”, replicó El Diario de Hoy un par de días después, bajo el título 'EDH fue el primer medio en usar un drone en El Salvador'

Pues bien, ayer, 29 de enero, pasó algo inédito en El Salvador. Histórico. Por primera vez desde la firma de los Acuerdos de Paz, la Fiscalía General congeló las cuentas y bienes de un expresidente de la República, por indicios y sospechas más que fundadas de corrupción en donaciones millonarias de Taiwán que recibió a título personal. Ese expresidente es Francisco Flores (1999-2004), de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), el partido político más afín al gran empresariado del país. Sea uno de izquierda, derecha, centro o apolítico, una noticia así es, se mire por donde se mire, y si me permiten la reiteración, histórica. 

Pues bien, ahora vean las portadas de La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy del día siguiente, 30 de enero, hoy. 

Portadas del 30 de enero de 2014

La desfachatez me ha hecho buscar el tuit que pegué en mi cuenta cuando se aireó la batallita de los drones: “Pena ajena por el "pleito" entre @elsalvador y @prensagrafica por el helicopterito... Ojalá competieran por ética y profesionalismo.” 

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P.D. Quizá otro día me anime con algo mucho más sutil y más grave, por las consecuencias que ha tenido. Si ven, para ocultar el 'affaire Flores', los dos periódicos eligieron el tema de las maras. No creo que sea una casualidad. Sin negar ni un ápice del daño que han causado, las pandillas son el más efectivo distractor que tiene el Sistema. Si querés que el salvadoreño promedio se olvide del desempleo, de la miseria, de la corrupción... poné el foco en los mareros. Nunca ha fallado desde hace quince años. Por eso estamos como estamos.

martes, 28 de enero de 2014

Las maras no son lo que eran


La guerra aún no había finalizado cuando se dejaron ver en El Salvador los primeros cuerpos tintados con letras góticas y números, envueltos en ropas flojas, cachuchas, pañoletas y tenis caros.

Héctor Atilio Brizuela Silva ha consagrado su vida profesional a los niños delincuentes, como sicólogo del Juzgado de Menores de San Miguel, pero en 1989, recién licenciado, trabajaba en la cárcel de adultos de la ciudad. Los tres primeros pandilleros deportados los vio al interior de ese centro penal, tres figuras intimidantes que no pasaban desapercibidas. “Era un lujo ver a esos deportados... tremendos ñeques, supongo que de haber pasado por cárceles en Estados Unidos. Incluso los políticos (los presos políticos, afines a la guerrilla) los respetaban. A muchos los huevitos se les hacían así –Héctor Atilio Brizuela une las yemas de sus dedos y deja un espacio en el que apenas cabría una chibola– solo de verlos. Nadie se metía con ellos”.

Figuras cuasi hollywoodienses, los deportados –su vestimenta, sus maneras, sus tatuajes, su flow...– deslumbraron en una sociedad gris como la salvadoreña.

En El Salvador de la primera mitad de la década de los noventa, el pandillerismo en términos generales no se censuraba; se toleraba, incluso se promocionaba. Se hablaba sin rubor de la “moda mara”. En abril de 1993, cuando la selección de fútbol venció por 2 a 1 a la de México en las eliminatorias del Mundial, con goles del “Papo” Castro Borja y de Renderos Iraheta, las cámaras del Canal 4 enfocaron unos segundos eternos a un grupo de aficionados que mostraban en el Estadio Cuscatlán una gran pancarta alusiva a la Mara Salvatrucha, y los comentaristas saludaron con orgullo la entrega y el amor patrio de esos salvadoreños incondicionales. Como sicólogo del Departamento de Prevención del Delito de la Fiscalía General de la República, Arístides Borja retrataba en mayo de 1995, en un reportaje publicado en El Diario de Hoy, una juventud que “soñaba y fantaseaba” con los pandilleros: “La moda es la mara, y es un logro, un triunfo, pertenecer a una. Para ellos es un trofeo estar marcados, y significa poder”. El sicólogo Héctor Atilio Brizuela está convencido de que los medios de comunicación de referencia abonaron el terreno: “En los primeros años, La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy hacían grandes desplegados con cómo se vestían los pandilleros, que si los tenis Domba, que si cómo hablaban... hasta publicaban fotos para aprender su lenguaje de señas. Los periódicos empujaron a los jóvenes”.

Foto: internet
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Este relato es un pequeño fragmento de un libro-crónica que aborda en su complejidad el fenómeno de las maras, y que tengo previsto publicar este año 2014.

jueves, 23 de enero de 2014

El Grillo, la tregua, los políticos y los rebaños


En la tarde-noche del miércoles 22 de enero de 2014, en El Salvador, las redes sociales se vieron sacudidas por unos documentos presentados en conferencia de prensa por la dirigencia del partido ARENA, con los que pretendían evidenciar-demostrar que el Gobierno del FMLN y Mauricio Funes negoció con las pandillas. Una de las “pruebas” es una carta manuscrita. supuestamente escrita por un pandillero de la Mara Salvatrucha (MS-13) cuyo aka es Grillo, fechada en enero de 2012, dos meses antes del inicio de la tregua. 

Como escribí ayer en Twitter apenas lo vi, el documento es más falso que un billete de tres dólares. El grueso de las peticiones que Grillo hace al “Licenciado Mauricio Funes Presidente” son inverosímiles, absurdas muchas de ellas, y hay una en concreto que evidencia la falsedad y lo burdo del documento. El primer punto del listado de exigencias es el “traslado de lideres de Zacate ha Cojutepeque” (sic). ¿Acaso un “negociador” de la MS-13 iba a exigir el traslado de sus líderes a un centro penal en el que solo hay pandilleros del Barrio 18? Resulta intelectualmente ofensivo que un partido político se preste a algo así, y cualquiera de las dos posibilidades que se me ocurren es triste: si lo montaron ellos como estrategia de campaña, qué triste que un partido mienta y manipule, y qué triste que se usen como arma arrojadiza la sangre y el dolor de miles de familias; si no lo montaron ellos y se la colaron, pues qué triste también porque gente tan torpe e irresponsable se haga llamar padre de la patria y tenga serias posibilidades de retomar las riendas de El Salvador. 

Dicho esto, y ante el escándalo suscitado, que intuyo seguirá este jueves y mañana viernes y pasado y traspasado... me tomo la libertad de compartir algunas reflexiones, como un simple periodista que ha tenido la suerte de seguir bastante de cerca lo que la Organización de Estados Americanos (OEA) llama sin matices proceso de pacificación:
  1. Sobre la conferencia de prensa de ARENA, una inquietud: cuando repartieron las fotocopias del documento a los periodistas presentes, ¿nadie detectó un error tan burdo y desenmascaró a los dirigentes areneros en plena conferencia? Admito que me gustaría haber visto a Robertillo D'Aubuisson cantinflear ante una pregunta tipo: ¿por qué un representante de la MS-13 iba a pedir que sus líderes fueran enviados al penal de la pandilla contraria? Colegas, estamos hablando del principal problema del país, la violencia y su expresión más aguda –las maras–, ¿no les da pena carecer de los conocimientos básicos sobre el fenómeno? En Cojutepeque está el Viejo Lyn, dieciochero por excelencia, y ahí se han hecho al menos una docena de conferencias de prensa desde que inició la tregua. Percatarse del tamal no era resolver el asesinato de Kennedy.
  2. El segundo punto es sobre las negociaciones en sí. El documento, repito, es falso, pero las negociaciones no. Repito: las negociaciones no. El Gobierno del FMLN y Mauricio Funes negociaron con las pandillas y, fruto de esa negociación, llegó la tregua iniciada en marzo de 2012. ¡Pero todo eso lo reveló El Faro hace dos años! Está demostrado hasta la saciedad que existió, aunque Funes haya preferido negar y renegar como niño malcriado atrapado con la boca embadurnada de chocolate pero que niega que mordió el pastel. No es cuestión de fe o de creer a los locos-chivatadas de El Faro. La investigación sobre esas negociaciones (el destape inicial y toda la saga posterior, abanderada a lo largo de año y medio por los periodistas José Luis Sanz y Carlos Martínez, de la Sala Negra) es tan sólida que mereció hace unos meses el primer lugar en el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación de la IPYS.
  3. Este intento burdo de manipulación a dos semanas para las elecciones es pues doblemente estúpido porque han manipulado para demostrar algo que ya estaba demostrado. Es como si mañana sacaran de la chistera otro “documento ultrasecreto” para “demostrar” que El Salvador abrió relaciones diplomáticas con Cuba.
  4. Si en cada campaña electoral salen con un invento de estos es porque les funciona. Es decir, le pese a quien le pese, y consciente de que amigos no voy a hacer con esta afirmación: al salvadoreño promedio le gusta que le den atol con el dedo. Nos falta cultura política, formación e independencia intelectual. Menos rebaño y más ciudadanía.
  5. El rebaño arenero en las redes sociales se lanzó a replicar las acusaciones de sus dirigentes, y el rebaño efemelenista, a replicar la falsedad del documento, sin que ni unos ni otros entraran a valorar el hecho de la negociación. Un dato ilustrativo: el tuit en el que evidencié la falsedad de documento fue retuiteado por más de cien personas personas y sumando, mientras que el tuit en el que decía un minuto después que, a pesar de la falsedad de esta hoja, el FMLN y Funes sí habían negociado con las pandillas solo lo retuitearon 17 personas. No se engañen. Los rebaños, rojos o tricolores, rebaños son.
  6. Replico íntegro el tuit que posteé ayer: “El tema de las pandillas es lo suficientemente complejo y doloroso como para que unos y otros lo usen como arma electoral. ”
  7. Y sobre el hecho de la negociación. Con el millón de peros que tiene, el proceso de pacificación iniciado en marzo de 2012 es de lo poco interesante que ha hecho este Gobierno, aunque no se atreva a asumirlo porque cree se dejan llevar más por las encuestas que por el interés de los salvadoreños. Qué lejos estamos de Colombia, y me refiero a madurez, no a kilometraje. Hace dos años teníamos 13-14 asesinatos al día. Hoy, incluso con el repunte y con las masacres de los grupos de exterminio, estamos en 7-8, y por larguísimos períodos de la tregua nos hemos movido en cifras de 5-6. Entiendo que alguien que vende ataúdes o arreglos florales no esté conforme con el nuevo escenario pero, fuera de esos gremios, me parece kafkiano que no se ponderen esas cifras en su justa medida, como las valoran la OEA y cualquiera que juzgue en frío los datos, sin pasiones ni prejuicios. Que todavía falta un mundo por hacer, que la situación que se vive en infinidad de comunidades (y enfatizo lo de las comunidades, porque me late que muchos de los que más se quejan viven en residenciales amuralladas y viajan en carro) aún es irrespirable, que el Estado debería ser más eficaz contra los pandilleros en su combate y en su inserción... todo eso es cierto, pero es absurdo negar que la negociación Gobierno-maras es lo más interesante y sobre todo EFECTIVO que ha ocurrido en materia de seguridad pública en la última década, caracterizada por un manodurismo visceral de distintas intensidades que no hizo sino agravar el problema.
  8. Previsible, pero no por ello menos triste comprobar que en la campaña la tregua haya terminado convertida en arma arrojadiza entre los dos rebaños. Parece como si hubiera gente que solo dormirá a gusto cuando regresemos a los 14 salvadoreños asesinados cada día. Y tendrá un orgasmo mental perpetuo si nos instalamos en los 20 de la primera mitad de los noventa.
  9. Y termino por donde empecé. De madrugada leí las ediciones digitales de El Diario de Hoy, La Prensa Gráfica y El Mundo, y lo publicado –el tono, el despliegue desmedido y los énfasis– evidencia a mi juicio dos cosas. Uno, que era una campaña orquestada y que los periódicos forman parte de ella; no he leído nada sobre el documento falso, a pesar de la eclosión en las redes sociales, y si una fuente te quiere colar una información falsa, lo mínimo es poner en cuarentena todo lo demás, lo mínimo, y no hacerlo tema del día, madera y darle tres o cuatro páginas. Y dos, y esta es la que más me apena, que los diarios salvadoreños –y por extensión, sus periodistas, aunque escribo esto consciente de que en esas cabeceras hay no solo grandes profesionales, sino grandes amigos– siguen secuestrados por la derecha económica y política. Entre 2001 y 2009 trabajé año y medio en El Diario de Hoy y más de seis años en La Prensa Gráfica –trabajos de los que estoy muy orgulloso y que fueron auténticos pilares de mi formación como periodista y personal–, y sé tantito de lo que hablo, pero pasan los años, y uno siempre tiene la esperanza de que ese cáncer del servilismo que padece el periodismo se cure. Pero no.
Perdón por el desahogo, y gracias si alguno llegó hasta aquí. 


domingo, 18 de agosto de 2013

Billetes


Uno se para frente a la imagen y si la escruta es capaz de, en unos pocos segundos, imaginarse que viaja dando saltos en un mapamundi: Djibouti, Alemania, Mauritania, Yugoslavia, Polonia, Jamaica, Tanzania, Indonesia, Reino Unido, Eritrea, Suiza, Hungría, Iraq, Siria, Irlanda, Belice... Este inmenso cuadro formado con billetes era tan solo uno de los al menos cinco que colgaban de las paredes de un bar del centro de Ourense (Galicia, España). Invertí unos segundos, pero no vi colones.

Fotografía: Roberto Valencia

domingo, 21 de julio de 2013

Quince años secuestrados


Esta página pertenece a la sección 'Nacionales' de la edición de La Prensa Gráfica del 15 de enero de 1999...

Fotografía: Roberto Valencia
...pero bien podría ser alguna edición de 2001, 2004, 2007, 2011 o de 2013. En Quezaltepeque, en el departamento de La Libertad, el fenómeno de las pandillas ha golpeado con especial virulencia prácticamente desde su implementación en El Salvador a inicios de la década de los 90. Algún académico quizá se atrevería con una explicación (siempre se atreven, aunque la escriban desde algún despacho aireacondicionado) al porqué esta ciudad de tamaño medio fue un campo especialmente fértil para el surgimiento y la proliferación de pandillas, pero lo cierto es que como sociedad no hemos sabido poner freno a lo que como sociedad creamos. Quezaltepeque -el país entero- sigue hoy siendo rehén de las maras, y mucho me temo -vista la intolerancia generalizada con la que las clases medias y altas reciben cualquier alternativa al manodurismo, así llamado o con cualquier otro eufemismo- que lo seguirá siendo por muchos años más. Al tiempo.

martes, 9 de julio de 2013

Duelo verde amarelo


Ancha es Castilla, dicen, y muchos siglos atrás tuvieron a bien comenzar a llenar tanta anchura con cereales, el cultivo que más y mejor se adapta a estas secas tierras castellanas, donde en todo un año llueve poco más que lo que en El Salvador cae en el mes de septiembre. Ancha es Castilla, dicen, y de sus entrañas surgen el trigo para el pan, y la cebada para la cerveza. Los dos cultivos más extendidos en la comarca del Cerrato (la fotografía está tomada en Villahán, en el Cerrato palentino) nacen y crecen de un verde muy vivo, pero se cosechan dorados, y junio es el mes por excelencia de la transfiguración, el mes en el que el verde y el amarillo se baten en duelo en las anchuras castellanas, un duelo del que inevitablemente sale siempre un mismo vencedor.

Fotografía: Roberto Valencia



domingo, 7 de julio de 2013

¿Periodistas o ratas?


El salvadoreño es el sistema penitenciario más hacinado del continente americano, certificado por la Organización de Estados Americanos. Las cárceles están tan llenas (27,000 personas en recintos construidos para 8,000) que por temporadas algunas dejan de recibir reos, y en las bartolinas policiales se replican -se acentúan- las condiciones de hacinamiento, con el agravante de que sus inquilinos ni siquiera han sido vencidos en juicio.

Y ante este drama humano, que en un país medianamente desarrollado llamaría al bochorno nacional, el periodismo salvadoreño responde con portadas como esta, publicada el 14 de junio por el diario popular 'mi Chero'.


Ratas, sin duda.

sábado, 8 de junio de 2013

Amapolas


Cada vez que mi amigo Óscar Martínez dice la palabra 'amapola', sé que muy pronto dirá 'Los Zetas' o dirá 'crimen organizado' o dirá 'narco' o dirá 'cultivos ilegales' o improvisará una historia que contenga todas esas palabras y algotras más sonoras si cabe. Me cuesta digerirlo. La amapola para mí siempre ha tenido connotaciones positivas: son flores bellas, de un rojo pasión más vivo que la sangre, silvestres y solitarias; flores que de siempre he visto a millares en los anchos campos de Castilla en los que consumí los veranos de mi niñez y adolescencia; flores a las que el españolísimo Manolo Escobar dedicó el arranque una estrofa inmortal del Porompompero, aquella que dice que el trigo entre todas las flores ha elegido a la amapola. Incluso el intrañable bar junto a la puerta de la casa en la que viví mis primeros 20 años se llamaba –se sigue llamando– 'La Amapola'. Me resisto. Estas flores que ahora en junio se alzan altaneras entre los todavía verdes campos de trigo castellanos no merecen tan mala fama.

Fotografía: Roberto Valencia



domingo, 26 de mayo de 2013

El espejo rompido


Un entrañable amigo tiene una modesta casa en un pueblito pesquero de Huelva llamado El Rompido. Cada vez que nos vemos y El Rompido aparece en la conversación, este amigo me cuenta –me recuerda– que el gran periodista Gabriel García Márquez estuvo allí alguna vez, y que dijo que El Rompido era el nombre de pueblo más bello y sonoro que jamás había escuchado. Desconozco si Gabo en verdad lo dijo o no, pero lo cierto es que El Rompido es un nombre sonoro y bello, mucho más que El Roto, participio irregular y abrupto, pero el único tolerado por la Real Academia Española.

Este miércoles 15 de abril se estrenó en el Teatro Nacional de San Salvador El espejo roto –que no rompido–, la obra más reciente de la documentalista salvadoreña Marcela Zamora, también entrañable amiga. El documental, desolador como recibir un navajazo leeeeento, cuenta la historia de un grupo de niños de una barriada sometida por la pandilla Barrio 18, que reciben un taller de teatro motivacional. El taller deviene en la excusa perfecta para adentrarnos en las vidas, en los hogares, en las familias de esos niños y niñas, todos de entre 7 y 10 años, todos marcados a fuego por un entorno de violencia extrema, inimaginable para quien lee esto en la España de los lamentos feisbuqueros, inimaginable también para quien lee esto desde los reductos primermundistas del tercermundismo.

La directora lo advirtió antes de que comenzara el documental. Dijo algo así como que no viéramos a los niños como casos aislados, que no son tragedias seleccionadas sino cotidianidad, que ojalá la obra sirviera para que la sociedad salvadoreña aprendiera a mirarse al espejo, al espejo roto-rompido. Que ojalá sirviera para aflojar siquiera un poquito la venda que tenemos en los ojos, dijo.

Me gustó el documental, y me gustó más esa vocación cuasi antropológica de mostrar el diario vivir de este país llamado El Salvador. Nada más y nada menos. Zamora nos describe con pulso la cotidianidad del bajomundo (palabra que yo uso para designar con cariño a los excluidos de los excluidos, y que da nombre a este blog, por cierto), consciente de que quienes veremos su documental, la mayoría, somos los que viajamos en carros aireacondicionados, podemos pagar una consulta en un médico privado, tenemos Facebook y correo electrónico, vamos a los festivales de cine y almorzamos seguido en el Pollo Campero. Los que vivimos en la parte menos rota de la sociedad rompida. Los que a la señora que llega a cuidarnos a los niños, a lavarnos los calzones, le pagamos 10 míseros dólares al día, y luego además nos extrañamos si sus hijos terminan en la mara-pandilla.

El espejo que Zamora nos pone enfrente refleja lo peor de nosotros mismos, pero siempre habrá quienes prefieran evadirse y convencerse, incluso desde la progresía, de que es el espejo y no nosotros, la sociedad salvadoreña, lo que está roto-rompido, a tenor de las risas que durante la proyección escuché a mi alrededor en momentos que no deberían tener ninguna gracia.

La sociedad está rota, como el espejo. O para quienes prefieren lo mismo pero más bello y sonoro, la sociedad está rompida, como el espejo. Pasemos al cóctel y brindemos los privilegiados. Lamentémonos siquiera por las desgracias ajenas, que son las nuestras, entre canapé y canapé.

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(Este texto se publicó primero en Bajomundo, mi blog de la revista Frontera D, también bajo el título "El espejo rompido")

sábado, 18 de mayo de 2013

Los porqués de hace un lustro

¿Por qué miles prefieren jugarse la vida por llegar a Estados Unidos a quedarse en un país que resulta que ahora es casi de renta media alta?

¿Por qué cuesta lo mismo una pizza allí y acá cuando los sueldos de quienes la preparan son siete u ocho veces más altos allí que acá?

¿Por qué por un vuelo de 1,500 kilómetros entre Londres y Roma se pagan $50 —impuestos incluidos— y por uno de 1,300 kilómetros desde San Salvador a México nos están cobrando no menos de $400?

¿Por qué este Gobierno, si sabe que se acerca la tormenta perfecta, está gastando $?,???,??? para recordarnos que han pasado cuatro años desde el 1.º de junio de 2004?

¿Por qué nos hemos creído que lo social no es complemento de nada si El Salvador sigue siendo uno de los países del continente que menos invierte en salud y educación?

¿Por qué utilizan el argumento de que el subsidio al gas propano ayuda a los más pobres cuando el censo acaba de decirnos que uno de cada tres salvadoreños usa leña para poder calentar sus tortillas?

¿Por qué para algunos lumbreras la crisis alimentaria en El Salvador es por culpa del gobierno de Antonio Saca, pero la crisis alimentaria en Nicaragua no es por culpa del gobierno de Daniel Ortega?

¿Por qué estamos como estamos si en 2004 nos dijeron una y otra vez y otra vez que lo mejor estaba por venir?

¿Por qué un partido que se define en sus estatutos como revolucionario y socialista tiene ahora miedo a presentarse ante la sociedad como revolucionario y socialista?

¿Por qué el candidato periodista veta medios de comunicación?

¿Por qué el candidato que se ha pronunciado a favor de la pena de muerte y está divorciado se convierte de la noche a la mañana en el adalid de los valores?

¿Por qué en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social tardaron casi dos meses en que me viera la fisiatra? ¿Esperaban que me fuera hastiado a una clínica privada?

¿Por qué sigue siendo ministro una persona que ha sido sancionada por violar la Ley de Ética Gubernamental y que el Departamento de Estado estadounidense lo cita en el apartado Corrupción gubernamental de su reporte anual?

¿Por qué aún mueren asesinadas nueve personas cada día? Es más, ¿por qué el presidente Saca González repite una y otra vez y otra vez y otra vez la mentira —mentira— de que cuando él asumió el poder había 13 homicidios diarios?

¿Por qué ya casi nadie se quiere acordar de que nos prometieron un país seguro?

¿Por qué una sociedad en la que los pastores y los obispos están hasta en la sopa es la más violenta de América Latina?

¿Por qué las nueve personas que mueren asesinadas cada día ya casi no están en los titulares de noticieros ni en las primeras páginas de los periódicos?

¿Por qué tantos colegas están convencidos de que la única función de los buenos periodistas es suplir las carencias de la Fiscalía General de la República y/o la Corte Suprema de Justicia?

¿Por qué universidades de Guatemala, México y Argentina ya han distinguido con un doctorado honoris causa a María Isabel Rodríguez y la Universidad de El Salvador por la que ella se desvivió no lo ha hecho todavía?

¿Por qué gastaron en pintar una doble línea amarilla en medio del Paseo General Escalón si nadie la respeta?

¿Por qué tiras basura a la calle?

¿Por qué pintan los postes y hasta las piedras de las carreteras y por qué calla el Ministerio de Turismo?

¿Por qué se extinguieron los tapires, las guaras y los jaguares?

¿Por qué hay quien sigue creyendo que es mejor una mala respuesta que una buena pregunta?

¿Por qué incomodan tantos porqués incómodos?


Fotografía: Roberto Valencia
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(La columna de opinión que sirve de base para este post se publicó el domingo 18 de mayo de 2008 en Enfoques, la revista dominical del diario salvadoreño La Prensa Gráfica, bajo el título "Duele El Salvador, duele")

domingo, 28 de abril de 2013

Monseñor Romero, el santo incómodo


Han pasado treinta y tres años desde que el pecho de Óscar Arnulfo Romero fue destrozado por una bala expansiva del calibre .25 mientras oficiaba misa en la capilla de un hospital para enfermos de cáncer, en San Salvador. Treinta tres años ya desde aquel 24 de marzo de 1980, pero en El Salvador un influyente sector de la sociedad –quienes financiaron o se alegraron por su asesinato, sus herederos ideológicos– sigue sin entender la relevancia del que sin duda es el salvadoreño más universal: Monseñor Romero.

Este lunes 22 de abril trascendió que el papa Francisco ha desbloqueado la causa de su beatificación, una noticia que se regó rápidamente por las redacciones de medio mundo, pero en El Salvador, su país de origen, un periódico llamado El Diario de Hoy –uno de los dos más influyentes, tradicional vocero de la ultraderecha– decidió no publicar ninguna noticia en su edición impresa del día siguiente. 

En Roma saben que Monseñor Romero no será un santo más. Es cierto que en los últimos años del pontificado de Juan Pablo II y en el de Benedicto XVI el discurso oficial del Vaticano hacia el arzobispo San Salvador se había suavizado, pero solo se puede “desbloquear” algo que está bloqueado.

Falta que se concrete la beatificación, y quizá pasen años aún, pero con el solo anuncio del desbloqueo, el papa está dando un paso firme y sonoro, un guiño a un amplio sector de la Iglesia latinoamericana que desde Roma siempre se miró con recelo.

Cualquiera que se tomara la molestia de leer sus homilías concluiría que Monseñor Romero de comunista no tenía un pelo. Muy conservador en temas como el aborto o el rol de la mujer, su elemento diferenciador fue optar por la defensa a ultranza de los derechos humanos en un país en el que el Estado los violaba de manera sistemática. Monseñor Romero renunció al confort que siempre supone ser el arzobispo de las élites y se identificó con los oprimidos, los sinvoz, como él los bautizó en alguna ocasión.

Roma acepta casos así en alguna que otra parroquia, a pequeña escala, pero les cuesta digerir cuando suceden en puestos de responsabilidad dentro de su jerarquía. Además, Monseñor Romero no se limitó a denunciar injusticias desde el púlpito, sino que, siendo todo un arzobispo, vivía en una humilde casucha junto a un hospital para enfermos terminales, nunca aceptó dádivas ni seguridad del Estado pese a las constantes amenazas de muerte, y tuvo gestos como donar íntegramente –para construir un hogar para niños– los $10,000 que la Universidad de Lovaina (Bélgica) le entregó junto al Doctorado Honoris Causa.

Lo peligroso de Monseñor Romero para las estructuras más conservadoras de la Iglesia católica no son sus palabras, sino su ejemplo; de ahí las reticencias de Juan Pablo II y Benedicto XVI a su beatificación.

La pasividad de la curia romana –cuando no el rechazo abierto– durante tantos años hizo que terminara convertido en un icono de la izquierda. Monseñor Romero censuró una y mil veces no solo el comunismo, sino también la lucha guerrillera tan en boga en aquellos años. Durante la investigación que realicé para escribir mi libro Hablan de Monseñor Romero, me sorprendió comprobar que a finales de 1979 varios de los líderes de los principales grupos armados y organizaciones de masas –obcecados por replicar en El Salvador la revolución sandinista de Nicaragua– hablaban pestes sobre él, de vendido y maldito para arriba.

Dicen que la historia termina ubicando a cada quien en su lugar. En los últimos años su figura ha emergido como la de un profeta de los derechos humanos de los pobres, de los desheredados de la humanidad. En noviembre de 2010 Naciones Unidas aprobó que cada 24 de marzo en todo el mundo se conmemore el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos, y el modesto mausoleo que acoge sus restos en el sótano de la catedral de San Salvador se ha convertido en lugar de peregrinaje al que han llegado a presentar sus respetos figuras como la del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Monseñor Romero crece cada día y es probable que termine junto a Mandela, Gandhi y Luther King.

El papa Francisco, jesuita y latinoamericano él, alguien que en uno de sus primeros discursos dijo que querría “una Iglesia pobre para los pobres”, parece haber entendido que la institución no puede permitirse renunciar a uno de sus mártires que más admiración generan. Aunque eso le cueste distanciarse de esa derecha rancia y oxidada. 

Fotografía: Roberto Valencia
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(Este artículo fue publicado por primera vez el 26 de abril de 2013 en el diario Las Américas, que se edita en Miami (Florida, Estados Unidos), también bajo el titular "Monseñor Romero, el santo incómodo")

sábado, 20 de abril de 2013

Ecos de Huesca


La crisis económica y el bum digital parecen haberse aliado para desnudar las carencias del periodismo –de los periodistas y de los gestores–, para obligarlo a reinventarse y a demostrar su función social, algo que hasta hace una década se daba por hecho.

Entre los países de habla hispana, España seguramente sea el que mejor ilustra las consecuencias del abrupto cambio en las reglas de juego, por ser el más maltratado por la crisis y también el que tiene un mayor porcentaje de ciudadanos con acceso a internet.

La profunda crisis del periodismo español (yo sí creo que el periodismo español está en crisis, no solo sus empresas periodísticas) ha provocado en el último lustro una oleada de despidos y de precarización laboral de la que no se han librado las grandes cabeceras (El País, El Mundo…), ni siquiera las televisiones públicas. Pero como dicen que no hay mal que por bien no venga, la purga ha sido el detonante para la proliferación de un generoso abanico de proyectos periodísticos, algunos realmente interesantes.

A mediados de marzo se celebró en Huesca el XIV Congreso de Periodismo Digital, y uno de los atractivos este año fue congregar a los responsables de buena parte de los medios surgidos al rebufo de la crisis: eldiario.es, InfoLibre, Líbero, Mongolia, La Marea… Los organizadores tuvieron además la virtud de incluir en el programa una significativa dosis de ponentes latinoamericanos, y lograron evidenciar –seguramente sin pretenderlo– el evidente antagonismo entre los discursos que sobre el mismo problema se escuchan a uno y otro lado del Atlántico.

Tuve la suerte de estar en Huesca en los dos días que duró el evento, y en mi libreta quedaron anotadas algunas ideas que ahora desarrollo y comparto.

La primera. En España, la inmensa mayoría de los nuevos proyectos periodísticos los han puesto en marcha periodistas que han sido víctimas de los recortes o de los cierres de los medios tradicionales. Eso no es malo per se, incluso se puede interpretar como una loable muestra de emprendimiento y de vocación, pero me late que la desesperación no es el mejor de los combustibles. En Latinoamérica, me consta, los proyectos periodísticos digitales más interesantes usan otro carburante que se me antoja mucho más efectivo: el entusiasmo.

La segunda. Era un congreso de periodismo, y los ponentes españoles –periodistas casi todos ellos– de lo que más hablaron fue de modelos de gestión, de financiamientos, de salarios dignos, de visitas únicas, de marca personal, de… Hablaron poco, muy poco, de cómo narrar mejor un hecho noticioso para que alguien decida invertir tiempo en su lectura.

La tercera. En Huesca estuvo el colombiano Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), la fundación creada en 1994 por Gabriel García Márquez que se ha convertido en uno de los catalizadores de la renovación espiritual del periodismo en América Latina. Resulta significativo el desconocimiento que hay en España de la labor de esta fundación, al punto que la primera pregunta del periodista que moderó fue pedir a Abello que explicara qué es la FNPI, algo tan fuera de lugar como si en un congreso periodístico en Bogotá al director de El País se le pidiera que explicara qué es El País.

Y la cuarta. El talante. Parafraseando al gran cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos, presente también en Huesca, la clave del buen periodismo siempre será la actitud. Él dijo algo parecido a esto: vivo oyendo quejas sobre lo mal que está el periodismo por donde quiera que voy, y mucha gente me pide la fórmula para el éxito, pero lo primero que todo periodista que se precie debería hacer es elegir un buen tema, leer, hacer un trabajo intenso de reportería y poner el culo en la silla hasta escribir algo digno de ser leído. 

En lo personal, Huesca sirvió para reafirmarme en que el Periodismo y los Periodistas –así, con mayúscula– serán necesarios mientras haya gente que quiera que le cuenten buenas historias, que la hay. Partiendo de esa premisa, suena más sensato que los Periodistas de raza se preocupen más por recuperar la mística con la que se ejercía este oficio –con la que aún se ejerce, sobre todo en América Latina–, en vez de estar tan pendientes de la calculadora. 

Fotografía. Roberto Valencia
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(Este texto se publicó primero en Bajomundo, mi blog de la revista Frontera D, también bajo el título "Ecos de Huesca")
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