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martes, 6 de marzo de 2012

El Spirit of Saint Louis en Ilopango


Con demasiados colochos para mi gusto, pero el diario La Prensa mañana se encargará de registrar para la eternidad que lo que va a ocurrir en los próximos minutos es algo realmente relevante para un paisito como El Salvador. “El coronel Carlos Lindbergh –así arrancará una extensa y detallada crónica–, el más formidable de los dominadores del aire, está desde ayer en nuestro país, y el Spirit of Saint Louis, el avión más célebre que hay en todo el mundo, reposa, tranquilamente, en el campo de Ilopango, bajo el cielo purísimo de nuestra patria”.

Sí, el Spirit of Saint Louis, aterrizará en unos minutos justo aquí, en el aeródromo de Ilopango; por eso la inusitada expectación. Hoy es el primer día de 1928, y el celebérrimo Lindbergh ha tenido a bien elegir El Salvador como escala en su viaje por Centroamérica, Colombia, Venezuela y el Caribe. No es poca cosa. A bordo de su avioneta, hace apenas siete meses se convirtió en el primer piloto en atravesar el océano Atlántico en solitario –un vuelo sin escalas de 33 horas y media entre Nueva York y París–, uno de los hitos inamovibles de la historia de la aviación. Su presencia en el país, para que pueda ser entendida por un salvadoreño de inicios del siglo XXI, sería comparable a que el Barça de Messi eligiera el Cuscatlán para un partido de pretemporada.

La mañana ha sido limpia en Ilopango. El Spirit of Saint Louis viene desde la Honduras Británica, desde Ciudad de Belice, y la excepcionalidad del evento ha traído hasta el campo de Ilopango al mismísimo presidente de la República, Pío Romero Bosque, y a buena parte de su gabinete.

Hace unos minutos, cuando un telégrafo ha confirmado que la avioneta había ingresado ya en territorio salvadoreño por Metapán, Munés y Bondanza, dos destacados aviadores salvadoreños, han despegado desde Ilopango con la idea de escoltarlo en sus últimos kilómetros, pero la mala fortuna ha hecho que bordearan el volcán de San Salvador por el lado contrario a Lindbergh, y no se han cruzado. Por eso ahora, cuando apenas pasan unos minutos de las 9 de la mañana, aparece a lo lejos la mítica avioneta, solitaria y arrogante.

El Spirit of Saint Louis aterriza suave como pluma, y ciento, miles de salvadoreños, lo reciben con una ovación.

De este peculiar primero de enero en El Salvador, supongo, se seguirá escribiendo en el futuro.


Fotografía: Jorge de Sojo

viernes, 21 de octubre de 2011

"La fecha que ningún salvadoreño olvidará" (15 de septiembre de 1879)

Este lunes se conmemoran 58 años desde que la Capitanía General de Guatemala (que incluía la Provincia de San Salvador y la Alcaldía Mayor de Sonsonate) firmó el Acta de Independencia que supuso la ruptura con la Monarquía española, para pocas semanas después incorporarse al Imperio Mexicano. Este lunes es 15 de septiembre de 1879.

El nacionalismo aún no se ha apoderado de las conciencias ni de los discursos, y el aniversario no altera ni mucho menos el diario vivir del país, pero este año hay una novedad en las tímidas actividades que desde el Gobierno se han organizado: la gubernamental Banda de la Libertad, impulsada por el presidente Rafael Zaldívar y dirigida por un italiano de 32 años llamado Giovanni Enrico Aberle (que pasará a la historia como Juan Aberle), interpreta hoy, por primera vez en público, una canción que arranca así: “Saludemos la patria orgullosos…”.

Apenas los que la cantan se la pueden esta mañana. El italiano ha compuesto la música.

Aberle morirá en la madrugada del 28 de febrero de 1930 en la ciudad de Santa Ana, y será enterrado bajo una modesta lápida en la sección Los Ilustres del Cementerio General de San Salvador. Un día después de su fallecimiento, el diario La Prensa, germen de lo que algún día se llamará La Prensa Gráfica, publicará un generoso obituario en el que se afirmará que hoy, 15 de septiembre de 1879, es una fecha "que ningún salvadoreño olvidará, pues, fue entonces que como un chorro maravilloso de diamantes armónicos efluvió sus bellezas el Himno Nacional salvadoreño que la mente de un ilustre napolitano regalaba como ofrenda a nuestra patria”.

La fecha que ningún salvadoreño olvidará, dirá.

Pero yo estoy seguro de que para el siglo XXI pocos serán los salvadoreños que sepan siquiera quién es y qué hizo Juan Aberle, el extranjero que compuso el himno nacional.


Fotografía: elsalvador.com
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