Este 30 de julio de 2013 se cumplen 38 años desde que en las inmediaciones del Hospital Nacional Rosales ocurrió la masacre de estudiantes universitarios
que ha pasado a la historia como uno de los hitos represivos de represivo régimen del coronel Arturo Armando Molina, quien gobernó El Salvado de 1972 a 1977. Hay
un informe elaborado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y fechado en noviembre de 1978 que se refiere ampliamente a esta matanza, que tanto el
Gobierno como los medios de comunicación trataron de ocultar.
Una parte del informe, basada en el relato de un denunciante al que la comisión especial le dio credibilidad, dice así:
“En el trayecto de la 25.ª avenida Norte, llamada avenida Universitaria, no se advirtió ninguna amenaza inminente contra la seguridad de los manifestantes. Sin embargo, cuando la cabeza del desfile llegó al paso a nivel, aledaño al Hospital del ISSS, aparecieron, trepidantes, las unidades blindadas; además de esas unidades blindadas, se situaron a las alturas del Hospital de Maternidad, camiones de fuerzas anti-motines, equipados con fusil, machetes y garrotes, sin faltarles sus cascos protectores y sus máscaras anti-gases. Había, asimismo, guardias nacionales y de la Policía de Hacienda. El despliegue de fuerza, en las inmediaciones del Hospital Rosales y al lado norte del Colegio La Asunción, parecía destinado a enfrentar a un enemigo poderosamente armado y no a una manifestación pacífica, sin armas, de universitarios. Los que encabezaban la manifestación, bastante confusos, quisieron ganar la calle que pasa frente a la entrada principal del ISSS (3.ª calle Poniente) desviándose hacia la izquierda, para tratar de evitar el enfrentamiento con las unidades blindadas estacionadas al lado del Hospital de Maternidad. Sin embargo, cuando doblaron, contingentes de la Guardia Nacional estaban ya estratégicamente apostados detrás del Colegio La Asunción. La cabeza de los manifestantes quiso dar marcha atrás, pero las unidades blindadas les habían cortado el camino porque habían avanzado sobre el puente del paso a nivel, transformándose el lugar en una trampa de la cual no se podía salir, aun saltando los muros para caer pesadamente en el pavimento de la calle que pasa bajo el puente. En este sitio no fueron pocos los manifestantes que quedaron fracturados, algunos de los cuales fueron rematados a tiros. En el momento mismo en que se daba marcha atrás, comenzaron los disparos de fusilería y de ametralladoras, a la par del estallido de bombas lacrimógenas, descargadas por los cuerpos represivos. La cacería humana dio comienzo”.
Es una versión.
Sin buscarla, en diciembre de 2012 yo tuve el gusto de conocer otra. Me senté a entrevistar con un veterano sicólogo migueleño llamado Héctor Brizuela,
para hablar sobre violencia juvenil, y terminó contándome sus recuerdos de aquella trágica tarde-noche del 30 de julio de 1975. Él también estuvo allí. Y
así me lo contó:
“Hubo una matanza el 30 de julio, en la época de... Carlos Romero. Recién pasó Miss Universo, y se hace un desfile bufo, un desfile burlesco, con unos cuernos bien feos, algunos disfrazados... era jodarria... era... era protesta porque en Miss Universo se estaba prostituyendo a la mujer. Habían venido de todas partes del mundo al evento de Miss Universo, y consideraban a la salvadoreña como puta. Así era ese asunto. Y entonces la Universidad reacciona, y hace un desfile bufo haciendo mofa de la Miss Universo, del otro aquí, del otro allá, y de todos los que vinieron. Y se encachimba el Ejército y empieza... pero una matanza de gente... balazos... de todo. Y todo fue al poco de empezar, antes de llegar al Hospital Rosales. Tiraron del puente, y los que pudimos zafarnos, nos zafamos. Yo estudiaba Medicina. Pero a mí no me pasó nada. Yo me refugié en la Policlínica, hay una Policlínica ahí [es el actual Hospital Pro-familia], y ahí me fui a zampar, en una sala... hasta que pasó toda la bulla. Y ya después, para salir, como a las 3 o 4 horas después... compañeros muertos, compañeros capturados... yo salí porque una enfermera me ayudó, porque me dio una gabacha de enfermero. Salí, caminé recto y agarré un bus”.
Es para mí una sensación agradable saber que los periodistas, a veces, tenemos la suerte de sentarnos con los protagonistas de la historia. Basta estar
dispuesto a escuchar y a aprender.
![]() |
Fotografía: Internet |