sábado, 29 de mayo de 2010

Miedo al Barrio

Hay aire acondicionado pero José Heriberto Henríquez no ha dejado de sudar desde que comenzó esta conversación. La tensión se dispara casi al final. Sucede cuando el periodista le pregunta si cree posible que podrá entrevistar también a los pandilleros que sobrevivieron al documental.

—¿Sobrevivieron? Perate, perate; explicame eso. ¿Qué sucede? ¿Están matando también a otros de la película?

José Heriberto Henríquez –42 años, fornido, bigote generoso, cabeza rapada– es Erick Boy, uno de los personajes de La vida loca, el documental sobre maras rodado en el reparto La Campanera que le costó la vida al fotoperiodista francoespañol Christian Poveda. Desde que supo del asesinato del que llama “un amigo”, teme por su propia vida y por la de su familia. Por un momento cree que están ajusticiando –esa es la palabra que utiliza– a todos los que participaron. Se tranquiliza solo cuando el periodista le explica que se refería a los pandilleros que sobrevivieron a los 16 meses de filmación, de febrero de 2006 a mayo de 2007.

Erick Boy no ha podido ver La vida loca. Está encarcelado desde hace más de tres años en un penal de máxima seguridad al que llaman Zacatraz.

—Se dice que en el Barrio 18 creyeron que estaba lucrándose a costa del Barrio.
—Sí, eso es lo que he oído yo también.
—¿Y le das credibilidad?
—Mira, es lógico que él iba a ganar por su trabajo. Todos los periodistas ganan por su trabajo, eso es normal. Ahora, ¿a qué iba enfocado su trabajo? Yo se lo planteé al Barrio como él me lo planteó a mí. Que lo que quería es ver cómo es que la pandilla vivía, cómo sobrevivían y hasta qué punto en realidad la pandilla solo era violencia.

Hasta qué punto solo era violencia, dice.



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(Este relato es una versión modificada de una parte de la entrevista con Erick Boy publicada el 29 de septiembre de 2009 en la web Soitu.es)

jueves, 27 de mayo de 2010

El cambio

Un retrato de dos metros de altura del Che Guevara frente a una puerta de vidrio.

—El mero Che Guevara –comenta al entrar en alta voz un funcionario calvo, gordo y encorbatado.
—El Che Guevara, papá –le responde el guardia de seguridad.

Es una fotografía en blanco y negro, con un Che sonriente y militar. Han pasado casi 42 años desde su muerte, y la sombra del guerrillero no ha hecho sino alargarse más y más. El Che sigue siendo un poderoso reclamo y quizá esa fue la razón que llevó a la editorial Ocean Sur a imprimir su imagen en este banner de dos metros de altura con el que quieren atraer clientela. Junto al Che, una joven coloca libros sobre una mesita de plástico cubierta con una tela verde oscura. Es colocha, delgada y alta para ser salvadoreña. Viste jeans azules y una blusa ajustada que perfila sus poderosos pechos. Llegó hace poco. Saca libros de una caja y los pone sobre la mesa con delicadeza. El Che Guevara y Fidel Castro son los que más se repiten en las portadas, entre títulos como Vidas rebeldes, El Che y la juventud salvadoreña, Che en la memoria de Fidel castro y La revolución cubana. También aparecen sonrisas de personajes de la izquierda salvadoreña como Lorena Peña y Salvador Sánchez Cerén, el actual ministro de Educación. Tras el escaneo visual, agarro Taberna y otros lugares, de Roque Dalton.

—¿Y cuánto cuesta?
—Ahí detrás lo pone.

$12.95. En estos días la militancia tiene un alto precio, pienso.

Por la puerta sigue entrando y saliendo gente, funcionarios encorbatados de camisa blanca la mayoría. Alguno que otro mira la mesa con libros, menos aún se acercan a hojearlos. A un costado, una vieja y oxidada carretilla con una pala encima espera a que alguien quiera trabajar. El retrato del Che Guevara de dos metros de altura no deja de sonreír. Y detrás suyo, la puerta de vidrio con un logo, el logo del Ministerio de Educación. Gobierno de El Salvador, dice. Y en alguno de los despachos del edificio quizá esté el ministro.

lunes, 24 de mayo de 2010

Ocho balazos para el subcomisionado

El subcomisionado Douglas Omar García Funes salió del trabajo un poco antes aquel lunes y llegó temprano a su casa de la colonia San Mateo, en San Salvador. Era el cumpleaños de su madre. Tuvo tiempo de darse una ducha antes de salir de nuevo a la calle. Se puso unos jeans y una camisa sport, agarró el paquete de Marlboro rojo y el encendedor Zippo, y comenzó a caminar hacia su camioneta. Pasaban apenas unos minutos de las 6 de la tarde y aún había claridad.

Unos pasos antes de llegar a su vehículo, donde estaba su pistola, un joven se le atravesó y comenzó a dispararle. Fueron ocho balazos calibre 40 a menos de dos metros de distancia. Dos le dieron: uno leve, en la mano izquierda; y el otro mortal, en la arteria femoral de su pierna izquierda. Se estaba literalmente desangrando cuando llegó el carro patrulla que lo trasladó hasta el Hospital Médico Quirúrgico. Por suerte, uno de los agentes había sido paramédico y le supo hacer el torniquete que le salvó la vida. Durante el traslado perdió el conocimiento.

—Siempre me han preguntado que si vi el túnel, que si vi almas, pero es mentira. Lo que pasa es que vas perdiendo fuerzas, energía, y lo que haces es dormirte.

A la mañana siguiente, a eso de las 9 y media, despertó aturdido. Allí estaba el comisionado Ramírez Medrano, quien le comenzó a hablar de otro atentado: unos aviones acababan de estrellarse contra las Torres Gemelas de Nueva York. La anestesia no le dejó digerir bien la noticia. Pronto cayó en la cuenta de que lo habían disparado y de que seguía vivo. Fue con el pasar del tiempo que supo que aquel joven que lo quiso acribillar en la San Mateo se llama Luis Alonso García, el “Rata”, y que es un pandillero de la Mara Salvatrucha.



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(Esta escena es parte de una entrevista con Douglas Omar García Funes, hoy comisionado de la Policía Nacional Civil, publicada en noviembre de 2009 en la revista Séptimo Sentido.)

jueves, 20 de mayo de 2010

Estrategias de venta (separadores)

La unidad de la ruta 41-D se detiene. Son la 4:40 de la tarde y suena a volumen infernal Ella se fue, de Segundo Rosero. Esta es una de las paradas en la urbanización Prados de Venecia, en Soyapango. Un joven se asoma, pide permiso al conductor con un gesto y salta el torno tras la aprobación. El bus se pone en marcha. Viste jersey marrón con finas rayas blancas horizontales, jeans azules y sucios, y carga al hombro un pequeño morral cuadriculado. Lo abre, saca un manojo de cartulinitas blancas y brillantes que tienen amarrada una pita amarilla. Entrega una a los que se dejan. Regresa a la parte delantera y empieza a gritar.

—Bueno miren, señores, tengan todos y cada uno de ustedes amablemente muy buenas tardes, que el Señor Dios Todopoderoso me les bendiga. Espero primeramente no incomodar a nadie, ni con mis palabras ni mucho menos con mi presencia. Dice un dicho que todo trabajo, mientras sea honrado, es bueno delante de los ojos de Dios, siendo merecedor de su salario, por muy sencillo que sea el trabajo. En esta oportunidad, pues le doy gracias a Dios, por la oportunidad que me da de poder trabajar, ganarme la vida honradamente, y hoy, pues ando de esta manera, ofreciendo este bonito separador, un separador muy bonito que le trae un texto bíblico. ¿Sabe, mi estimado, cuánto le cuesta? ¿Cuál es el precio? ¿Le ha gustado el separador que le he entregad? ¿Usted se pregunta cuánto cuesta? El costo y el valor lo pone usted, usted considera el precio, da lo que sea su voluntad, lo que más desee su corazón regalar, no importa el valor de la moneda, todo y cuando lo haga de corazón. Óigame mi estimado, de esta manera me gano la vida honradamente, si usted puede colaborar y ayudar, yo le voy a agradecer, que Dios les bendiga, que les vaya muy bien, un feliz viaje les deseo, a todos ustedes.

Un minuto y 27 segundos. El joven recorre de nuevo la unidad y se sienta al fondo. No parece muy contento.




lunes, 17 de mayo de 2010

¡Vive para contarlo!

Los estadios de fútbol son un concentradero, entre otras cosas, de anuncios publicitarios. En todo el mundo y desde tiempos casi inmemoriales, los publicistas han creído ser capaces de lograr que el espectador desvíe su atención del balón y la centre en el anuncio de la marca que les paga sus vicios. El Salvador no es excepción, y en el Estadio Cuscatlán esta tarde me están ofreciendo pan de caja Bimbo, el diario deportivo que lo hace todo por deporte, los huevos El Granjero, el diseño y la calidad que solo me ofrece la cerámica Romani, un futuro si me inscribo en la Universidad Francisco Gavidia, Telepizza, trofeos Torogoz, Gatorade y la infaltable y omnipresente cerveza Pílsener. Por cierto, dicen las malas lenguas, que casi siempre son las mejor informadas, que la espantosa combinación del amarillo y el rojo que singulariza este estadio fue una cabezonería de Pílsener.

Adidas, Nike, Microsoft o Toyota parecen no tener mucha fe en el fútbol salvadoreño como escaparate.

En la cancha se está jugando el juego de vuelta de la semifinal del Torneo Clausura 2010: Firpo contra Isidro Metapán. Salvo un pequeño sector donde está ubicada la barra brava de Firpo en Sol general –también llamado Vietnam–, el estadio luce desolado. Las entradas para el partido, que es el último antes de la final de la Primera División, costaban entre 5 y 20 dólares, y aun así no creo que haya más de 3.000 personas en un estadio en el que la empresa propietaria calcula que podrían embutirse más de 50.000.

El Salvador y su fútbol no viven un momento dulce. La selección no asiste a un Mundial desde 1982, donde cosechó ante Hungría la derrota más abultada jamás habida en una fase final; los periódicos locales se interesan más en la Liga española que en la propia; su mejor jugador –el genial Jorge “Mágico” González– es hoy más recordado por su estilo de vida bohemio que por sus goles; entre los “éxitos” más recientes de sus jugadores está que uno haya sido fichado por un equipo de Chipre; y la última, un embrollo jurídico ha hecho que la FIFA desconozca al menos por un mes todo el fútbol salvadoreño.

No creo que haya pagado mucho Huevos El Granjero por su modesto cartel en la parte más alta de los palcos privados, ni tampoco Condones Vive por alquilar la voz que se escucha por megafonía unos minutos después de cada gol. Como ahora, que Firpo acaba de marcar el empate.

—La repetición del gol es una cortesía de Condones Vive, ¡vive para contarlo!

Parafraseando la vieja frase atribuida a Hegel que asegura que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, el fútbol salvadoreño debe tener los comerciales que se merece.


viernes, 14 de mayo de 2010

¿A usted no le han dicho que tiene sida?

El hospital donde pasó todo está muerto.

Corrían los últimos días de 1996. Triste Navidad aquella. Odir Miranda era entonces un hombre esqueleto –65 libras, 1.78 de altura, 28 años, anónimo– que se retorcía en la cama asignada por el Instituto Salvadoreño del Seguro Social en una habitación compartida de un hospital de San Salvador. Semanas atrás había comenzado a adelgazar de forma inexplicable, pero su mente se resistía a relacionar lo que le estaba viviendo con la palabra sida.

Hasta que la incertidumbre pudo más.

En uno de los cambios de turno llegó una doctora. Rutina. Vio lo que tenía que ver, dio media vuelta, y ya se iba cuando el paciente se animó a preguntarle. Después de varios días hospitalizado, quería conocer el porqué de su deplorable estado de salud. La doctora se volteó y le dijo algo que el paciente aún recuerda. A Odir le gusta recrear conversaciones pasadas.

—Mire, señor Miranda, este… ¿a usted no le han dicho que tiene sida? –dice que le dijo la doctora.
—Pero…
—Sí, usted tiene sida. Lo que vamos a hacer es dentro de unos días darle el alta, y lo vamos a referir a otro médico. Lo que sí le advierto es que el Seguro no tiene medicamentos para controlar esta enfermedad y que no tiene cura.

El jarro de agua fría lo escucharon otros médicos y enfermeras. Lo escucharon otras personas que compartían pabellón pero no patología. Y ese mismo día comenzó a sentir la discriminación y el rechazo. Le marcaron su vaso y sus cubiertos, y hubo pacientes que incluso dejaron de utilizar el baño común.

El hospital donde pasó todo en los últimos días de 1996 es el viejo Hospital de Especialidades. Hoy está muerto. Los terremotos de 2001 lo inutilizaron, y encima hubo que levantar otro; sin embargo, aquel hombre esqueleto que estuvo ingresado va camino de los 41 años y afirma con orgullo que ronda las 180 libras.


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(Este relato es un fragmento de la entrada a una entrevista-perfil con Odir Miranda, presidente de la Asociación Atlacatl Vivo Positivo. Se publicó el 30 de noviembre de 2008 en la revista Séptimo Sentido.)

lunes, 10 de mayo de 2010

Día de la Madre y de La Prensa Gráfica

Hoy es 10 de mayo, es lunes y es el Día de la Madre en Qatar, Pakistán, Malasia y Guatemala. También en El Salvador. Pero hoy es un lunes cualquiera para las progenitoras hondureñas, estadounidenses, chinas o brasileñas; los agasajos ellas los recibieron ayer, el segundo domingo del mes. En Nicaragua el Día de la Madre es el 30 de mayo; en España, el primer domingo del mismo mes; y quienes tienen que esperar hasta el último son las mamás dominicanas. Pero ahí no acaba todo. Fuera de mayo, las madres panameñas tienen su día el 8 de diciembre; las costarricenses, el 15 de agosto; y las rusas, el 8 de marzo.

¿Por qué tanto deschongue?

El pasado de 20 de febrero, sin buscarlo, me di de bruces con un porqué. Fue en el lugar menos esperado, en el Cementerio de los Ilustres de San Salvador, el rinconcito de la capital donde las familias poderosas enterraron y siguen enterrando a los suyos. Uno de los apellidos pesados del país es Dutriz. Son los propietarios, entre otras cosas, de La Prensa Gráfica, el diario más influyente en la agenda nacional, que hoy también celebra casualmente –¿casualmente?– el 95 aniversario de su fundación.

Entre tanto mausoleo, la tumba de los Dutriz se ve apocada. Es apenas una gran losa rectangular de mármol tirada en el suelo, sobre la que están tallados los nombres y las fechas de los fallecidos.

—Como ven, para tener una tumba elegante no necesariamente hay que hacer un gran edificio o un gran mural, sino que se puede tener un mausoleo bonito y sumamente sobrio –dijo megáfono en mano Benjamín Melara, el guía de la visita nocturna.

Aquel día, Melara explicó al grupo por qué en El Salvador el Día de la Madre se celebra el 10 de mayo.

—Uno de los detalles de la familia Dutriz es que la inauguración de La Prensa Gráfica y el cumpleaños de la jefa de la familia en ese entonces eran el 10 de mayo. Entonces, en El Salvador se hizo un concurso para ver qué día se nombraba el Día de la Madre, y la influencia que tuvo la familia Dutriz fue tal que, como por coincidencia, el 10 de mayo se nombró Día de la Madre para los salvadoreños, aunque en la mayoría de los países es el segundo domingo de mayo. ¡Para que vean el poder de los medios!

Todo eso lo dijo Melara aquel día de febrero.

Sea un porqué cierto o no, hoy es el día de las madres salvadoreñas. También lo dice Almacenes Simán. Felicidades a todas. Ídem para las mamás cataríes, las paquistaníes, las malasias y las guatemaltecas.


miércoles, 5 de mayo de 2010

Mágico, un saludito para mi programa

Sonará el himno nacional, anuncia la poderosa voz de la megafonía. Justo en ese momento, como si en ello le fuera la vida, un tipo alto que lleva una videocámara al hombro y un micrófono en su mano derecha se acerca por detrás al más brillante de los futbolistas que ha parido El Salvador: Jorge “Mágico” González. El tipo alto enfoca, graba, pregunta, incordia, encuadra… Lo quiere hacer todo.

—Jorge, ¿qué significa para ti participar en un programa tan importante como Fútbol Forever?
—Significa pues este… agradecimi…

Comienzan las notas del himno nacional.

—Si me disculpás, por las notas del himno... –dice Mágico, como si en realidad tuviera que justificarse.

A Jorge no le gustan los periodistas en general, mucho menos los de este país. Sus razones tendrá. Desde que colgó las botas, han sido contadas las apariciones en eventos masivos, y verlo en un set de televisión sería tan raro como que U2 ofreciera un concierto en San Salvador. Lo que está ocurriendo hoy es una excepción. Convencido por la Fundación Fútbol Forever, Jorge ha llegado al estadio que lleva su nombre. Él y el colombiano Carlos “El Pibe” Valderrama son las estrellas invitadas a un entrenamiento masivo con niños, suficiente como para que se haya formado un enjambre de periodistas, fotógrafos, camarógrafos y personas con teléfonos celulares que atosigarán toda la tarde. A pesar de la animadversión hacia el gremio, Jorge tiene la paciencia muy desarrollada y, cuando decide dejarse ver, acepta las consecuencias. Todas, incluso a los periodistas. Luce paciente como un pescador de caña. Al tipo alto de la cámara y el micro podría haberlo mandado a la mierda, pero lo despidió con amabilidad. Lo mismo hará con los demás.

—El más grande del fútbol salvadoreño, Mago. Para Buena Onda, unas palabras, por favor, Mago –le dirá un gordito micrófono en mano.

—…Y queremos un saludo para Sólo Fútbol, el programa de la afición en la televisión –le pedirá un bigote, también micrófono en mano.

Y cada uno se va con su saludo, orgulloso, como quien ha ganado un premio. Y Mágico, cumplida su cuota de sonrisas falsas y de comentarios vacíos, se recluirá de nuevo en sí mismo. “Hoy será una tarde histórico, maravillosa”, había dicho al inicio la voz de la megafonía. Exageró.



lunes, 3 de mayo de 2010

El aliado de los malos gobernantes

Este champerío es la comunidad El Jabalí-La Meca, pero por acá todos la conocen solo como La Meca. Pertenece a Quezaltepeque y está junto a la autovía que viene desde Sitio del Niño, sobre la lava que el volcán de San Salvador vomitó en 1917. El asentamiento dista no más de cinco minutos en carro del casco urbano quezalteco y un cuarto de hora de la capital del país, pero recorrer esas distancias es como atravesar un agujero en el tiempo: La Meca no tiene servicio de agua potable ni de energía eléctrica ni de recogida de desechos ni letrinas ni está adoquinada ni…

La pipa que llegó esta mañana a La Meca es propiedad de la alcaldía. El agua que dan es poca, pero es buena y es gratis. Ha pasado más de una hora, y el camión debe estar ya terminando su gira. Rosa es pequeña, compacta y tostada. Cuesta creer que tenga solo 24 años. Ha sido una de las primeras en recibir su agua, y hace unos minutos puso unos frijoles al fuego. Su nombre completo, Rosa Amelia Canales, suena a telenovela. Los de sus hijas, Reina Elizabeth y Ruth Esmeralda, a realeza, como si con ellas hubiera pretendido burlar su destino. Le gusta hablar y hablar. Su cocina, por llamarlo de alguna manera, es un barril ubicado fuera de la champa, carcomido por el óxido y abierto por un lado hasta la mitad. Ahí arden unos leños; sobre los leños, una estructura metálica; y sobre la estructura, la cazuela.

Rosa pide a Reina Elizabeth que me ofrezca un mango maduro.

—Los vamos a traer bien lejísimos –dice–, para tenerle algo a las niñas aquí.

A Rosa le gusta hablar y hablar, de cualquier cosa, y menciona a Dios una y otra vez. Dice: “Con la ayuda de Dios salimos adelante”. Dice: “A mi esposo lo tuve bien grave, pero gracias a Dios ya está más o menos”. Dice: “Aquí muere la gente solo por voluntad de Dios”. En El Salvador Dios parece ser el mejor aliado de los malos gobernantes.


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(Este relato es una versión de la crónica titulada "El agua más cara es para el que menos tiene", publicada el 3 de mayo en el periódico digital El Faro)

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