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viernes, 16 de julio de 2010

El amigo

Christian Poveda llegó poco antes de las 9 de la mañana del 29 de agosto de 2006 a la colonia Bella Vista, en Soyapango, a unos 10 minutos en carro del reparto La Campanera. Entró en un mesón que no le era desconocido y cámara en mano se dirigió al cuarto en el que dormía Moreno. Ese martes cumplía 26 años y Christian tenía algo en mente.

—Puta, hijoeputa, mirá cómo te veo –le dijo, fiel a su convicción de que los insultos servían para disimular su acento francés.
—¡Puta! ¡Come mierda! Dejá dormir, andate a la mierda –respondió la voz desde la cama.
—Ah, qué culero. Vámonos, vámonos.

No insistió. Cerró la puerta. Moreno dio medio vuelta y al poco se durmió. Moreno es José Luis Rosales, pandillero del Barrio 18 desde los 12 años, amigo de Christian y uno de los personajes que más peso tienen en el documental La vida loca. Tiene la piel clara, un bigote tímido en su rostro y por el cuello y el brazo derecho le asoman los tatuajes.

Pasada una hora, Christian regresó y comenzó a golpear de nuevo la puerta. Lo hizo con tanta fuerza que la destrabó. Entró, y le tiró un vaso con agua.

—Levantate, que te vamos a celebrar el cumpleaños.
—Hijoeputa, vos solo casaca sos.

El ofrecimiento iba en serio. Christian había ido a comprar una bolsada de carne, seis libras de arroz, tomates, cebolla y cilantro. También trajo dos garrafones de vodka Troika y cervezas para una tribu entera.

—Y ahorita llamá a los homeboys.
—¿Y qué vas a hacer?
—Celebrar, y lo vamos a poner en la película.

Durante la filmación Christian le pagó a Moreno el cuarto en la Bella Vista para evitar el acoso policial en La Campanera, le compró un teléfono celular, lo llevaba a restaurantes de la exclusiva colonia Escalón de la capital. A Moreno lo encarcelaron en octubre de 2007 por homicidio agravado y extorsión, pero ni aun así dejaron de verse. Un día antes de su asesinato Christian había gestionado ante las autoridades de Centros Penales una visita en la cárcel de Quezaltepeque. Moreno la aceptó por escrito pocas horas antes de que asesinaran a su amigo:

“Quezaltepeque 2 de septiembre de 2009. por este medio ago constar que yo Jose Luis Rosales estoy de acuerdo para seguir con la segunda etapa de el documental de Crístian el periodista. yo estoy dispuesto a trabajar con el F. Jose luis Rosales.”


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Este es un fragmento de una crónica titulada ¿Quién mató a Christian Poveda?, publicada en la edición de diciembre de 2009 de la revista Gatopardo.

sábado, 5 de diciembre de 2009

¿Quién mató a Christian Poveda?

No hicieron falta correos ni llamadas. En cuestión de horas, la noticia supo encontrar al escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya en su minúsculo apartamento del barrio Sangen-Jaya, en Tokio. Se enteró mientras navegaba en Internet, con un titular de la Agencia Efe que dejaba poco margen para las ambigüedades: “Asesinan al fotógrafo Christián Poveda, director de un documental sobre pandillas”. Los 14 husos horarios que separan Japón y El Salvador habían convertido el miércoles en jueves, el hoy en ayer, el presente en pasado. Pero no amortiguaron la conmoción.

Los caminos de Horacio y Christian se habían cruzado años atrás. Fue Christian quien lo buscó para proponerle que escribiera el prólogo de un libro de retratos sobre pandilleros que tenía pensando editar en México. La idea nunca cuajó, pero la comunicación se mantuvo porque en mente había un proyecto más ambicioso. En febrero de 2008 coordinaron un almuerzo en Madrid, España, en un restaurante de comida gallega del barrio de Malasaña. Horacio quedó sorprendido por el entusiasmo y por el conocimiento exhaustivo del fenómeno de las maras demostrado por su interlocutor. Resultó un encuentro ameno, del que Horacio se despidió con una copia del documental “La Vida Loca”, con un ofrecimiento para trabajar juntos un proyecto y con la impresión de que Christian sabía demasiados nombres y apellidos. Demasiado. La relación siguió estrechándose gracias a Internet, pero nunca más lo volvió a ver.

Horacio supo del asesinato un año y siete meses después. Aturdido como un boxeador castigado, apartó los ojos de la laptop y los dirigió hacia su cuaderno de apuntes. Con un lápiz anotó lo primero que le vino a la mente: “El asesinato de Christian Poveda me ha conmocionado. Era evidente que lo terminarían matando, pero exhalaba tanta confianza y entusiasmo que todos creíamos en su invulnerabilidad.”

Era evidente que lo terminarían matando.



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Esta escena es la entrada original (antes de edición) de una larga crónica titulada "¿Quién mató a Christian Poveda?", publicada en la edición de diciembre2009/enero2010 de la revista Gatopardo.
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