De nuevo se equivocan. A Manyula le van a celebrar en unas semanas 60 años cuando en realidad tiene 58. Hace cinco años, cuando yo aún trabajaba en La Prensa Gráfica, publicamos una investigación basada en un documento oficial que señala la edad del animal que en mayo de 1955 se embarcó en el puerto alemán de Hamburgo. “1 Elefante, 3 años, fem.”, asegura el informe que me hizo llegar entonces Klaus Gille, el responsable del archivo del Hagenbeck Tiepark, el zoológico al que el Estado salvadoreño le compró la entonces pequeña elefanta. Viajó en el buque Rheinstein junto a otros 17 animales, entre los que había camellos, cebras, canguros y tigres de Bengala. Todos desembarcaron en el puerto de Cutuco, departamento de La Unión, un día indeterminado de junio, y el 28 de ese mismo mes fueron presentados públicamente en el Zoológico de San Salvador, como recoge la edición de La Prensa Gráfica del día siguiente.
Las matemáticas no dejan lugar a las interpretaciones, pero aquella investigación incluía además una reconstrucción de cómo las autoridades en el año 2000 –en el que se cometió el error primigenio– llegaron a la conclusión de que ese año cumpliría 50, un acontecimiento en efecto excepcional si se tiene en cuenta que, según un estudio al que tuvimos acceso, los elefantes asiáticos viven en cautividad un promedio de 48 años en los zoológicos europeos y de 45 en los estadounidenses. Y acá estamos en el Tercer Mundo. Pues bien, la edad con la que el paquidermo llegó al país se la sacaron de la manga, sin respaldo documental alguno, basados únicamente en lo que algunos trabajadores veteranos creían recordar.
Mi opinión es que en realidad no es tan importante si tiene 58, 60 ó 63. Manyula siempre será para mí una animal emblemático y excepcional al margen de esa cifra. En un país como El Salvador, en el que cada día asesinan a 12 personas y la mitad de la población vive en condición de pobreza, toda esta polémica no puede estar más que en un plano anecdótico. Eso sí, no deja de ser algo que ilustra con meridiana claridad uno de los problemas nacionales: el orgullo que impide a uno reconocer cuando está equivocado.
Mi opinión es que en realidad no es tan importante si tiene 58, 60 ó 63. Manyula siempre será para mí una animal emblemático y excepcional al margen de esa cifra. En un país como El Salvador, en el que cada día asesinan a 12 personas y la mitad de la población vive en condición de pobreza, toda esta polémica no puede estar más que en un plano anecdótico. Eso sí, no deja de ser algo que ilustra con meridiana claridad uno de los problemas nacionales: el orgullo que impide a uno reconocer cuando está equivocado.
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