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lunes, 28 de enero de 2013

Noveno comunicado de las pandillas


[Al igual que sucedió con los dos anteriores, este comunicado fue rubricado no solo por las pandillas Mara Salvatrucha 13 y Barrio 18, sino también por otras tres que operan en El Salvador: Mao-Mao, Mara Máquina y Mirada Lokotes 13. El texto fue leído en una conferencia de prensa que tuvo lugar en el Centro Penitenciario La Esperanza (más conocido como Mariona) en la tarde del lunes 28 de enero de 2013.]

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Los voceros nacionales de las pandillas MS-X3, Barrio 18, Mao Mao, Máquina y Mirada Locos al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo hacemos saber:
  1. Que, con fecha 24 de enero, ha circulado en nuestro país y también en el mundo entero, un documento emitido por el Departamento de Estado de Estados Unidos conteniendo una “alerta de viaje para El Salvador” cuyo contenido dibuja una imagen aterradora de este país, con lo cual se pretende asustar y desestimular a todos aquellos que quieran visitarlo, ya sea en viaje de negocios o placer. La información utilizada que sirve de sustento a tal “alerta” es desfasada, ya que cita datos de 2010-2011. Presumimos que al momento de redactar dicho documento, la sede diplomática de Estados Unidos en El Salvador no se esforzó en proveer de información actualizada al Departamento de Estado sobre la nueva realidad del país, que fue transformada en 2012. Nos resistimos a aceptar que pudo haber actuación dolosa inspirada por la amenaza de intereses de las grandes empresas estadounidenses que se lucran de la situación de violencia que agobia a los países de la región, pues encuentran en ellos un gran mercado para la venta de armas, sistemas de seguridad y todo tipo de tecnología relacionada con las estrategias de seguridad que promueve Estados Unidos.
  2. Tenemos entendido que desde hace algunos años el Gobierno de Estados Unidos suscribió un convenio de “Asocio para el Crecimiento” con El Salvador, razón por la cual nos extraña este tipo de publicaciones que en nada ayudan al crecimiento y desarrollo de El Salvador, pues se daña profundamente la imagen a nuestro país , lacera la dignidad nacional e invisibiliza todos los esfuerzos que los salvadoreños desde el 9 de marzo de 2012 estamos realizando para superar nuestro más grave problema; proceso cuyos resultados tienen sorprendido al mundo, pues los salvadoreños no solo hemos frenado el crecimiento de la violencia, sino que, la hemos disminuido de manera considerable y nos encaminamos a la recuperación de la paz social, algo que no sucede en el resto del mundo occidental, incluyendo Estados Unidos, donde cada vez se vuelve más frecuente que sucedan hechos terroríficos como el asesinato de decenas de menores en centros escolares y de jóvenes en las universidades.
  3. Entendemos las razones por las cuales Estados Unidos ha mantenido una actitud indiferente con el proceso de tregua y de paz que desde el 9 de marzo de 2012 está en desarrollo en nuestro país, del cual las pandillas salvadoreñas somos protagonistas, como parte integrante de toda la sociedad salvadoreña. Respetamos la posición de Estados Unidos al expresar dudas en cuanto a su sostenibilidad; no obstante, no se puede desconocer que este proceso ya lleva 10 meses de estar en desarrollo y, en lugar de debilitarse, se fortalece cada día más y se profundiza al llevarlo a los territorios posibilitando el involucramiento de muchos actores locales.
  4. Asumimos que la decisión de apoyar o no este proceso de tregua y de paz es decisión soberana del Gobierno de Estados Unidos, aunque desde nuestro punto de vista, obligado está a hacerlo, ya que tiene corresponsabilidad pues el fenómeno pandilleril fue importado de Estados Unidos a la región y lo alimenta mensualmente con la enorme cantidad de deportaciones que realiza. Si apoya el proceso, esa ayuda será bienvenida y agradecida por todos los salvadoreños; y, si no lo hace, al menos le pedimos que no lo obstaculice, porque derecho tenemos los salvadoreños de hacer nuestro mejor esfuerzo por recuperar la paz, ya que la libre determinación de los pueblos también es un derecho humano.
  5. A los ciudadanos de los demás países que deseen viajar a El Salvador y conocer su gente, sus paisajes, disfrutar de nuestro cálido clima y conocer la nueva realidad que está en desarrollo en nuestro país, les exhortamos a que lo hagan sin ningún tipo de temor; las pandillas salvadoreñas nunca hemos tenido línea de afectar a turistas y les informamos que desde este momento estamos girando instrucciones precisas para que se le respete aún más en su integridad desde el momento de su arribo a El Salvador, afín de que su visita sea lo más segura y placentera posible.
  6. Finalmente, por nuestra parte reafirmamos que nuestra voluntad no se quebranta y seguiremos contribuyendo a la solución del problema de la violencia en El Salvador. Cada vez más nos convencemos de que este es el camino correcto que debemos seguir transitando; en ese orden, comunicamos que al no más estar aprobadas las normas legales pertinentes haremos efectivo el compromiso de realizar la segunda entrega voluntaria de armas que con anterioridad ofrecimos.
El Salvador, 28 de enero de 2013.

Imagen: Ministerio de Turismo 
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miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿Malinchismo o sentido común?

El edificio principal de la escuela del caserío El Pichiche luce recio como un castillo. Extraña encontrar una construcción así en El Salvador profundo, en lugares como este, donde no llega el asfalto, rodeada como está además de enclenques y alineadas viviendas levantadas con bahareque o ladrillos de esos anaranjados en el mejor de los casos. Se llama Centro Escolar Coronel Jaime M. Guzmán, y está pintado de azul y blanco, como manda la tradición. Estamos en la parte baja del departamento de La Paz, muy cerca de la desembocadura del río Jiboa, un área especialmente susceptible a las inundaciones. El edificio que alberga las aulas es cuadrado como una caja de zapatos, está hecho de bloques de cemento y tiene un tejado de lámina a dos vertientes, pero lo que lo singulariza y le da el aspecto de fortaleza está en la parte baja. La escuela se asienta sobre bloques de piedra tallada que la elevan un metro sobre el suelo. Un niño podría pasar arrodillado por debajo.

—¿Esto ayuda para las inundaciones? –pregunto a José Luis, un anciano de 74 años seco y arrugado, pero con los ojos invictos, que vive en esta comunidad desde que se creó, poco antes de finalizar la guerra civil.
—Acá no pasa nada –responde orgulloso–, el agua pasa parallá o paracá, pero la escuela no se inunda. Es que la vinieron a hacer los gringos, y las bases las trajeron, esas bases pesan siete toneladas cada una, y el avión las trajo. Allá las estaban haciendo, y de allá las trajeron y las pusieron aquí.

Una placa da la razón al viejo. La escuela la levantó el Ejército estadounidense en 1993.

—¿Y es la única escuela de la zona?
—N’ombre, también en Los Marranitos y en Las Isletas tienen.

Los dos son caseríos del área rural del municipio de Zacatecoluca, donde también se ubica El Pichiche.

—¿También los gringos se las hicieron a ellos?
—No, esas escuelas son más feas, son hechas por salvadoreños.


viernes, 27 de agosto de 2010

La llegada del halcón negro

José Luis Clímaco se despertó esta mañana con el mismo dolor intenso que desde hace dos semanas le martillea la garganta. Desayunó huevo picado y tortillas de maíz recalentadas. Clímaco tiene 74 años y es un anciano ofensivamente delgado, de nariz ancha y con la piel requemada por el sol, como todo agricultor que se precie. Vive viudo y, desde que sus hijos se fueron a Acajutla en tiempos de la guerra, solo, sin ningún tipo de pensión. Tras el desayuno, medio se bañó, se puso unos pantalones, una camisa de cuadros que es al menos tres tallas mayor, sus dos viejas y desgastadas botas y la cachucha sin la que se siente desnudo, y salió de casa rumbo a la escuela, a una cuadra de donde él vive. Pocas veces cae ayuda del cielo, y cuando ocurre, hay que aprovecharlo.

Desde primerísima hora, dos helicópteros tipo Black Hawk de la Fuerza Aérea estadounidense cargados con doctores y equipo médico han estado aterrizando y despegando en la cancha de fútbol de la comunidad El Pichiche, en el área rural de Zacatecoluca, La Paz. La atípica y ruidosa visita forma parte de una campaña con la que Estados Unidos trata de llevar atención médica de calidad a lugares de Centroamérica donde la salud, más que un derecho, es un privilegio.

—Aquí no hay trabajo ahorita, y todos estamos chotiando –me dice Clímaco resignado, mientras espera de pie su turno en la cola.

En unas semanas podrá cosechar el maíz que sembró a finales de mayo, vender una parte, y disponer de unos dólares que le darán algo de cintura. Pero ahora es tiempo de estrecheces. Solo cuando cangrejea en el manglar, no muy lejos del estero de Jaltepeque, reúne lo suficiente para poder comprar huevos o arroz. En una economía así no caben gastos para salud. Por eso cuando le comenzó el martilleo en la garganta prefirió esperar. Desde hace un mes sabía que hoy llegarían los doctores gringos. La alternativa, el sistema de salud pública salvadoreña, le hubiera supuesto pagar $1.50 para ir y regresar de Zacatecoluca, caminar hasta el surrealista Hospital Nacional Santa Teresa, perder el día entero y, casi con total seguridad, tener que comprar la medicina recetada con un dinero que no tiene.

Pero en El Pichiche todo es distinto hoy. Clímaco se sienta frente a un joven y preparado doctor vestido con pantalón de camuflaje y con un estetoscopio al cuello. Un soldado salvadoreño que hace las veces de traductor permite la comunicación entre el médico y el paciente. Le cuenta sobre su problema en la garganta, y al poco lo remite a un especialista, en el edificio principal del centro escolar, una sólida estructura construida en 1993 hoy convertida en un improvisado hospital de campaña. En las puertas de las aulas cuelgan carteles que dicen Vacunación, Odontología, Entrega de medicinas, Pediatría, Salud mental. Clímaco se pierde en una de las salas.

Después de los himnos y los discursos, cerca ya de las 11 de la mañana, Clímaco se me acerca y, aunque el dolor en la garganta no le ha desaparecido, tiene mejor cara. Mete su mano derecha en el bolsillo de la camisa y saca dos bolsitas transparentes llenas de pastillas, blancas unas, amarillas las otras. Una generosa sonrisa delata su satisfacción. Hoy es un gran día, parece decirme con la mirada. Pero los doctores gringos y sus consultas y sus medicinas buenas y gratuitas y sus Black Hawk se irán en unas horas de El Pichiche. Quizá para no regresar jamás.



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Este relato es una versión de la crónica publicada el 25 de agosto de 2010 en www.elmundo.es bajo el titular de Cuando la ayuda cae del cielo.
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