sábado, 9 de abril de 2011

Romero y romeristas

Era noche cerrada cuando la marea de candelas, pancartas y efigies llegó a las afueras de Catedral metropolitana. Como cada año, también en la procesión del trigésimo aniversario del asesinato hubo tiempo para la música y para los discursos. El alcalde de San Salvador, Norman Quijano, tenía esta vez su espacio reservado en la tarima principal, invitado por el Fundación Monseñor Romero. Cuando se hizo presente y subió las escaleras, no pocos lo abuchearon, lo silbaron, lo insultaron por ser militante del partido fundado por el mayor Roberto d’Aubuisson. La situación incomodó sobremanera al presidente de la fundación, Ricardo Urioste. Al ver que el aluvión de improperios no cesaba, se levantó, caminó hacia el micrófono y se armó de valor para decir algo parecido a esto: ¿saben qué les diría monseñor Romero? Que no han entendido el mensaje de Jesucristo, porque el evangelio nos enseña que debemos respetarnos unos a otros, también a los que no piensan igual.

Miguel Cavada escuchó la reprimenda desde su casa, por radio. Le pareció una actitud valiente la de Urioste, y a los pocos días, cuando se lo encontró, le felicitó.

—Tuvo usted valor de enfrentar a toda la gente –le dijo.
—Pues sí –respondió Urioste–, tanto que dicen que quieren a Monseñor Romero…

Cavada me cuenta esta anécdota en agosto de 2010, como colofón a una conversación sobre las discrepancias que monseñor Romero también tuvo con algunos sectores de izquierda.

—¿Y usted –le pregunto– cree que él habría actuado igual que Urioste?
—Sí, claro, ¿no te he dicho que la primera vez que yo lo vi puteó a los del Bloque?

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(Esta es la entrada del perfil sobre Miguel Cavada, titulado "Romero deja atrás a todos: la mezcla de lo antiguo con lo nuevo lo hace auténtico", publicado el 23 de marzo de 2011 en El Faro).

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