sábado, 6 de marzo de 2010

La primera vez es la que más se recuerda

Fue el primer jefe de delegación que aterrizó en Ciudad de Guatemala, como un novio impaciente, como si quisiera evitar cualquier inconveniente de última hora. Hoy era el día de Porfirio Lobo Sosa, que este 5 de marzo dormirá un poco más presidente que lo que lo era ayer. Amaneció otoñal en el país de la eterna primavera. Cielo gris encapotado y una brisa que hacía ondear con fuerza la gigantesca bandera guatemalteca que singulariza la Plaza de la Constitución, una especie de Zócalo a escala reducida, lleno de palomas, de indigentes y de indígenas, y hoy también de soldados armados con fusiles M-16.

Justo enfrente del mástil, el Palacio Nacional de la Cultura; y en las puertas del palacio, un Lobo encorbatado y sonriente cuando bajó del Toyota Prado metalizado que lo trajo desde el aeropuerto. Las mismas escaleras las subió minutos después Hillary Clinton, la secretaria de Estado estadounidense. Y también cuatro jefes de Estado: los de Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Belice. Un minicumbre, pero cumbre al fin y al cabo. El bautismo de Lobo es estas lides tras el portazo que hace dos semanas le dieron en la reunión del Grupo de Río celebrada en Cancún, México.

Porfirio Lobo Sosa es presidente desde el 27 de enero. Lo es tras unas elecciones que se desarrollaron cinco meses después de un golpe de Estado y sin el visto bueno de la comunidad internacional. Pero lo ocurrido hoy vino a alterar esta realidad, aunque sea de manera parcial. Quizá por eso Lobo ensayó su mejor sonrisa y la adornó con una fina corbata de rayas amarillas y azules.

Estaba dentro del guión que la diplomacia estadounidense le diera la bendición, como lo hizo Hillary Clinton, pero no tanto que, con la excepción de la Nicaragua bolivariana, lo hiciera en bloque una Centroamérica que hoy por hoy está virada políticamente hacia la izquierda. El caso más paradigmático es sin duda el de El Salvador. El presidente Mauricio Funes llegó al Gobierno en junio pasado de la mano de la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), partido que sigue a pies juntillas las directrices emanadas desde Caracas; entre ellas, el rechazo al sucesor de Micheletti. Funes ha pasado de ser una de las voces más críticas del golpe a convertirse en uno de los principales promotores de que la comunidad internacional comulgue con la Honduras de Lobo, para escándalo del partido que lo llevó al poder.

A la hora de la foto oficial, Lobo no dejó de sonreír y de hablar con sus colegas. En su bautismo le tocó posar entre los presidentes de República Dominicana y de Costa Rica. Se paró sobre la banderita hondureña que le indicaba dónde ubicarse en la tarima, y alzó su mano derecha lo más elegantemente que pudo.

De una cumbre de este tipo, donde generalmente hay más pompa que resultados, Lobo salió satisfecho. Logró su objetivo. Y dicen que la primera vez es la que más se recuerda. Pasadas las tres y media de la tarde, cuando abandonó el palacio y bajó de nuevo las escaleras para subirse en el Toyota Prado que lo llevó al aeropuerto, el ambiente otoñal mañanero había desaparecido. El cielo estaba azul, y el sol brillaba recio sobre el país de la eterna primavera. También sobre la cabeza de un Lobo sonriente.



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(Esta es una versión modificada de una crónica publicada en elmundo.es el 5 de marzo de 2010)

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