domingo, 8 de enero de 2012

¿Azulejos? En Santiago de María botaron la catedral entera

A la Iglesia católica se le ocurrió desfacelar Catedral metropolitana, y lo hizo sin consultar a nadie. ¿Para qué? Mejor pedir perdón que pedir permiso, debieron pensar, aunque en este caso quizá aplique mejor eso de La maté porque era mía. ¿Quién mejor que un arzobispo y sus secuaces para conocer los gustos que dios quiere para su casa más insigne?

Consumado el hecho, las redes sociales guanacas, ávidas siempre de alguna estrella fugaz sobre la que desahogarse, encontraron en el desfigurado rostro de catedral combustible para varios días. Se ha dicho, escrito, eructado, dibujado y fotografiado casi de todo sobre los azulejos. Tanta alharaca [no porque lo sucedido no amerite la protesta, sino porque estoy convencido de que para un buen porcentaje de los azulejo-indignados simplemente se trata de la ola de esta semana y les valen Llort, su obra, la catedral y el Centro Histórico en general] en lo personal me ha servido entre otras cosas para recordar la larguísima entrevista que el 12 de enero de 2011 tuve con monseñor Orlando Cabrera, obispo de Santiago de María (Usulután), como parte del reporteo para el libro 
Hablan de Monseñor Romero

En Santiago de María botaron la catedral entera. Y les salió bien, aunque eran otros tiempos, obvio.

El autor de la hazaña fue monseñor Rivera y Damas, uno de los personajes clave en la historia de la Iglesia católica salvadoreña en el siglo XX, sucesor de Monseñor Romero al frente de la arquidiócesis. A Rivera y Damas por lo visto no le entusiasmaba la modesta catedral de Santiago de María y un día indeterminado de su episcopado –que inició a mediados de 1977 y finalizó tras el asesinato de Romero–, decidió que había que tirarla abajo y levantar una nueva.

—¿Ha cambiado mucho la catedral de Santiago de María desde los tiempos en los que Monseñor Romero era obispo aquí (1974-1977)? –pregunté a monseñor Cabrera, ingenuo yo, durante la referida entrevista.
—No –me respondió–, es que la de ahora es nueva. La catedral antigua se botó.
—¿Por qué? ¿Se dañó en los terremotos de 2001?
—No, no fue por los terremotos. Fue antes. Esa catedral era de madera, resistente… La gente antigua no era tonta, construían así, como la basílica del Sagrado Corazón de San Salvador, porque este es un país sísmico.
—¿Por qué la destruyeron pues?
—Es fue el pecado de monseñor Rivera, porque dijo para aprovechar mejor todo el terreno había que botarla… Yo recuerdo que incluso vino un argentino a visitarme, porque yo era el párroco de esa catedral, y me dijo: la catedral no es fea, solo necesita una remodelación. Yo no la botaría, me dijo.

Pero monseñor Rivera y Damas la botó. Aunque aquellos años en los que ya se cocinaba la guerra civil eran años sin Facebook ni Twitter, años sin azulejo-indignados, años sin alharacas.



Fotomontaje: Roberto Valencia

4 comentarios:

  1. Mal ajeno, consuelo de tontos...

    ResponderEliminar
  2. Lo destructivo es parte de nuestro ADNcultural. Nos encanta borrar nuestras huellas. Por suerte hay cronistas q nos lo recuerdan

    ResponderEliminar
  3. "estoy convencido de que para un buen porcentaje de los azulejo-indignados simplemente se trata de la ola de esta semana y les valen Llort, su obra, la catedral y el Centro Histórico en general"
    ¿Que te convence?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tiene razón en preguntar, siempre preguntar, porque nada se puede asumir "porque sí"... Habría que revisar los hechos... pero es difícil hacer una encuesta (ni en su momento se habría podido) a los indignados sobre las razones y la honestidad de su enojo, pero yo también creo que las "indignaciones" suelesn ser modas, y qeu en las redes sociales (de fb puedo dar fe, de twitter... casi ni lo reviso), es fácil encender los ánimos.
      NO solo hubo gente en FB, si no también en las calles, y al rededor de catedral, pero , en lo particualr, viendo algunos de los protestantes (que yo no fui , pero hubiera ido de haber estado en la capital) suelen tomar banderas de luchas momentaneas para hacerse notar, para ganar nootoriedad.
      Aclaro: ni yo (y creo que tampoco el autor de este blog) estuvimos de acuerdo con el abuso del arzobispo al tumbar la obra de un artista (insigne en este caso, pero de ningún artista se vale hacerlo), pero cada quien tiene sus motivaciones... Que el populacho(y ahí estoy en cuenta) esté consciente de porqué proteste y que luego se olvide pronto de la razón de su protesta es un tema común en nuestro país. Ponga atención y verá... ese es el tema del autor.

      Eliminar

Related Posts with Thumbnails