domingo, 24 de marzo de 2013

Monseñor Romero y el Ejército Revolucionario del Pueblo


El manuscrito es una hoja de cuaderno de rayas escrita con esmero y lapicero azul, por las dos caras y con letra clara. Desde el mismo arranque resulta cautivadora: 
Digámosle la verdad al pueblo salvadoreño y al mundo entero sobre quiénes fueron los asesinos de Monseñor Romero.
Nunca supe quién escribió el manuscrito. Se lo entregó a Luisiana Beltrán –la secretaria de la Fundación Monseñor Romero– uno de los asistentes a la presentación de mi libro Hablan de Monseñor Romero. Ocurrió en la tarde del 21 de marzo de 2011, en la cripta de Catedral metropolitana, a apenas unos pasos del mausoleo que alberga los restos del obispo mártir.

La hoja doblada llegó a mis manos una semana después. Luisiana me la entregó acompañada de una ligera descripción del señor que se la dio –entrado en años, con aspecto de persona humilde–, de su solicitud expresa de permanecer en el anonimato, y de su escueta presentación como militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de las cinco facciones que conformaron el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, la que terminó liderada por Joaquín Villalobos (a) Atilio. 

Fotografía: Roberto Valencia
El novelesco manuscrito no tiene desperdicio.
El tiempo no puede esconder la verdad ni a quienes lo fusilaron solo por recuperar a la gente que lo seguía domingo a domingo y creía en su palabra. Miembros del ERP o Ejército Revolucionario del Pueblo, por medio de un comando procedente de Nicaragua, lo asesinaron única y exclusivamente para despertar a aquel pueblo, para que empuñara las armas, porque días antes de su muerte habían girado la orden de que pronto habría que empuñar las armas. Algunos preguntaban cómo íbamos a combatir sin armas, y la respuesta era que como fuera, con piedras o palos y algunas armas.
Yo fui uno de los pocos que presenció una reunión o filtración que salió de una persona clave, conocido con el nombre de Fran. Él era un especialista en combate urbano nacido en una ciudad de Nicaragua y traído para preparar y en algunos casos para enjuiciar. El día de la muerte de Monseñor Romero [24 de marzo de 1980], como a eso de las 2:00 p.m., tuvimos una reunión en la colonia Costa Rica [de San Salvador] . Llegó Fran y habló con un compañero íntimo de él, llamado Willian, originario de San Marcos, hermano de un comandante al que días atrás lo habían asesinado en el sector de la Zacamil [en Mejicanos].
Digo todo esto para refrescar la memoria y sepan que no estoy mintiendo. Los señores del ERP tenían el conocimiento sobre a quién tendría que llegarle la culpa, porque Willian le preguntó a Fran sobre a quién le caería la culpa, y él le contestó o le mencionó el nombre de Roberto [D’Aubuisson, señalado por la Comisión de la Verdad –Naciones Unidas– como el autor intelectual del magnicidio].
Hoy estos dos tipos ya no existen. Murieron en combates en Usulután. Por información supe que cayeron cuando lo del Puente Cuscatlán. Solo un primo de Fran sobrevive, el que tuvo al mando la zona de Perquín, conocido como El Chocho.
Hablo de esta manera para que se aclare hoy la verdad, y el señor Obama pueda ayudarnos a través de los secretos de la CIA o alguna información de su Gobierno, pues tendría que tener en los expedientes alguna información.
El día del entierro de Monseñor solo comandos armados del ERP dirigieron el entierro, y nunca encontraron el Ejército en las calles, como ellos lo creían. Al llegar a catedral no les quedó más que utilizar sus propias armas contra el mismo pueblo, para hacer creer que los disparos proveían de los edificios. Miremos el pasado y se darán cuenta de que nunca estuvo alguien en ellos. [El ERP] solo quiso hacer algo similar a Nicaragua, como la muerte del periodista Joaquín Chamorro, pero aquí fue diferente, y con asesinar a Monseñor Romero no repitieron lo de Nicaragua, ni tampoco formaron el frente que quisieron tener, porque las ideas siempre fueron y serán diferentes, y este pueblo no se puede engañar, ¿verdad, don Joaquín Villalobos y doña Guadalupe Martínez? Descubramos la verdad aunque mañana muera.
El hecho de que hayan pasado dos años desde que recibí el manuscrito hasta que hoy sale publicado en este humilde blog es significativo: no creo en la teoría que se plantea. Hay suficientes y variados testimonios de que la ultraderecha (personificada en la figura de Roberto D’Aubuisson) asesinó a Monseñor Romero, y no el ERP. 

Sin embargo, por la investigación que realicé antes de escribir el libro me consta que dentro de la izquierda radical la figura de Monseñor Romero –su humanismo a ultranza, que lo llevaba a cuestionar con dureza las acciones del ERP o las FPL– era muy incómoda. Me consta también que el ERP fue durante la guerra el grupo más audaz en el campo de batalla, y también en el plano político y en el manejo propagandístico del conflicto. 

El fondo de lo que se cuenta en el manuscrito tiene su lógica, es verosímil.

Estoy convencido de que la ultraderecha asesinó a Monseñor Romero, pero este manuscrito (escrito por un militante del ERP que supuestamente escuchó conversaciones de parte de la dirigencia en las que se barajó la posibilidad del asesinato) alimenta mis sospechas de que D’Aubuisson y sus secuaces quizá no fueron los únicos que en aquellas fechas estaban planificando la muerte de Monseñor Romero.

4 comentarios:

  1. Mierderos de derecha no permiten entrar a es blog mierda por lo basura de sus temas hijos de la gran puta

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  2. Creo que al leer todo esto ya me queda una duda siempre pensé que era la derecha que avía matado a monseñor a hora si quedo con duda pero bueno le pediré dirección a Dios nuestro padre para saberlo pero sea quien haya sido tendrá que arrepentirse antes de morir nosotros no somos Nadia para insultar maltratar a nadie ya sea cual sea el error que haya cometido solo Dios nuestro padre es el que puede juzgar y claro las leyes terrenales

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    1. una simple hoja entregada por un sujeto anónimo, no pueden compararse a las entrevistas y documentos revisados por la comision de la verdad. Yo puedo escribir una nota diciendo que a Monseñor lo asesinó otro obispo contrario a su forma de actuar... me creerías???? el papel aguanta con todo. Esa hoja es simplemente... ABSURDA.

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  3. Absurdo.
    Cuentos de ultratumba.... cortinas de humo para evitar la verdad.

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