domingo, 30 de diciembre de 2012

Lo más visitado de 2012


Este blog se desparrama ya por un lustro entero: 2009, 2010, 2011, 2012 y animosos, sin descanso, vamos ruta a 2013, un año que promete por diferente. Ya les contaré en unos días. Hasta hoy son más de 250 entradas, que se dice pronto, y casi 110,000 visitas. 

2012 expira con sensaciones agridulces: ha sido, con diferencia, el año con el mayor número de visitas, más de 40,000, pero una cuota importante corresponde a la decisión de publicar íntegros los comunicados conjuntos de la Mara Salvatrucha-13 y el Barrio 18, referentes a la negociación que en marzo iniciaron con el Gobierno. Seguramente pude haber escrito más y mejores entradas de las originales, con escenas y personajes, pero lo hecho hecho está. Ni modo.

Acá el listado de las entradas más visitadas del año.
  1. Sexto comunicado de la MS-13 y el Barrio 18 (para leerlo, pulsar aquí) 1,270 visitas
  2. Segundo comunicado de la MS-13 y el Barrio 18 (pulsar aquí) 896 visitas
  3. Cuarto comunicado de la MS-13 y el Barrio 18 (aquí) 848 visitas
  4. Los salvadoreños escribimos con las patas (aquí) 588 visitas
  5. Pláticas con pandilleros II (aquí) 577 visitas
  6. Tercer comunicado de la MS-13 y el Barrio 18 (aquí) 568 visitas
  7. María Isabel Rodríguez y Fidel Castro (aquí) 555 visitas
  8. Yo pago, vos embolsás (aquí) 540 visitas
  9. Quinto comunicado de la MS-13 y el Barrio 18 (aquí) 481 visitas
  10. De héroes a villanos en un chasquido (aquí) 427 visitas
Como curiosidad nomás, les comparto el post que menos visitas acumuló. Es uno que, a mi juicio, no mereció correr con tan mala suerte, pero quizá sea porque en esto de los blogs sucede como con el cine: muy rara vez coinciden lo más taquillero y lo más meritorio.
  • La marabunta Managua (para leerlo, pulsar aquí) 63 visitas
Feliz 2013 a todos. Y gracias por estar ahí; son el mejor combustible.

Fotografía: internet

sábado, 29 de diciembre de 2012

Pláticas con pandilleros (VII)

  • Temas generales de la conversación: pormenores de la tregua, cómo el Gobierno y sus facilitadores aderezan el proceso con shows mediáticos 
  • Fecha de la plática: 5 de diciembre de 2012 
  • Estatus de los pandilleros: El pandillero se llama Gilbert Portillo y es un exintegrante de la Francis Locos (FLS), de la Mara salvatrucha-13. Al momento de la entrevista es el vocero de los pandilleros retirados de sus pandillas por diferencias internas, amenazados de muerte, que tienen en el Centro Penitenciario de Sonsonate su principal centro de operaciones. 
  • Otros datos relevantes: Después de editada, esta plática salió publicada en el periódico digital salvadoreño El Faro el 10 de diciembre de 2012, bajo el titular “A los expandilleros es a los que más deberían estar apoyándonos”. Lo que aquí se publica es un fragmento sin edición en las respuestas.
La negociación entre el Gobierno de El Salvador y las dos principales pandillas que operan en el país (Mara Salvatrucha-13 y Barrio 18) ha salvado desde el 8 de marzo un promedio de 8 vidas cada día, pero sigue envuelta en una nebulosa de secretismos, de medias verdades y de mentiras abiertas. Mucho de lo poco que se airea ante los medios de comunicación es puro show, como bien señala este pandillero retiradoEsta plática trata sobre uno de esos eventos publicitarios montados por los facilitadores que eligió el Gobierno (Raúl Mijango y, en menor medida, monseñor Fabio Colindres) para esta peculiar negociación. Trata sobre una entrega de corvos y celulares celebrada el 8 de octubre de 2012 en el Centro Penitenciario de Sonsonate, donde hay recluidos unos 800 pandilleros retirados o peseteados –en función de si el adjetivo lo pone el propio colectivo o los pandilleros activos–; es decir, condenados a muerte por la pandilla que algún día consideraron su familia.

―Ustedes, los expandilleros, ya tuvieron hace algunos meses un evento para evidenciar su deseo de sumarse al proceso, y recuerdo que entregaron corvos y celulares en el penal de Sonsonate. ¿Con esa entrega no explicitaron que también extorsionan?
―Vaya, solo imaginate, para que la gente vea que uno quiere cambiar. Los corvos se hicieron, se hicieron tres días antes… para que todos vieran que uno… ¿me entendés? Para que a gente viera…
―Entonces, fue algo preparado…
―Sí, eso sí. Ellos nos dijeron: si ustedes nos entregan algo, llegamos.
―¿Quiénes son ellos?
―Todos los que están moviendo esto…
―La gente de Raúl Mijango.
―Ajá. Nos dijeron: ¿cómo vamos a llegar así por así si ustedes no hacen entrega de nada? Arriesguen algo.
―Los corvos los hicieron, pero ¿y los celulares?
―Casi todos iban huecos por dentro; no servían. ¿No te estoy diciendo? Hay que jugar el mismo juego de ellos, pero nosotros sí estamos en un proceso sincero por dejar todo lo malo.
―¿Cree que en este proceso hay mucho de apariencias y de dobles caras?
―Mire, yo no sé cuál es lo que ellos quieren buscar, pero nosotros lo que pedimos son coas sencillas, como una donación de ropa, una donación de zapatos, pintura, eso es lo que nosotros estamos pidiendo. Nosotros no pedimos plasmas en cada celda ni ondas de esas.
―¿Qué mejoras concretas ha traído el proceso a la población reclusa de Sonsonate?
―Casi nada. Allá no han puesto plasmas. La tienda solo vende pepinesa, mayonesa y frijoles refritos, es lo único que te venden ahí, y tiene cinco años de vender lo mismo. El cambio más importante es la gente que han llevado, es lo único que han hecho. Bueno, y eso de que les pasaron una película en la noche, hace como tres semanas. Y la gente allá adentro se alegra, pero yo sé que es manipular la situación de parte de ellos.


Fotografía: Edgard Garrido (Reuters)
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Más sobre este tema:

jueves, 13 de diciembre de 2012

La Panamericana, los socorristas



No solo es la solemnidad de su nombre: Panamericana. Ni litorales ni longitudinales. Esa carretera, la que permite atravesar el país de Las Chinamas a El Amatillo, la que oxigena Santa Ana, Santa Tecla, San Salvador y San Miguel, la sonora Panamericana, es el principal eje vial de El Salvador. Eso, claro, no quita que al recorrerla uno pase junto a caballos jinetes vacas sombreros ventas-de-cocos-frijol-garrobos-caña-jocotes-cusucos-y-sandías motelesmil fovialitos humos vacas maíz-secándose-en-el-arcén reductores peenecés basura viandantes baches como trincheras vacas viejas etc etc etc. Y al que no le guste así, que se vaya a vivir a Noruega pues y deje de joder, porque así somos los guanacos, dirá alguno.

La mañana de este martes decembrino la Panamericana está engalanada de salvadoreñidad, el sol castiga pero poco. En tierras vicentinas, en el kilómetro 60 o 62, a saber, hay un puesto policial que está parando carros al por mayor, más poblado que lo que la costumbre sugiere pero todo dentro del guion. Al pasar, un uniformado levanta los dos brazos de manera poco ortodoxa, piso freno, y el carro se detiene unos 80 metros delante. Cuando por el retrovisor veo que quien se acerca corriendo es un joven de unos 16 años con camisa blanca, todo cobra sentido: el puesto policial sí es puesto pero no es policial, hay una maltrecha ambulancia parqueada que la velocidad invisibilizó, los uniformados llevan uniformes que simulan ser policiales –chalecos reflectantes y todo eso– pero que no lo son, son socorristas, socorristas guanacos inconscientes parece. No es la primera vez que me topo con un control de este tipo, un falso control policial, pero sí la primera vez que me pasa en el principal eje vial del país.

Al joven le doy dos coras, pero se las cobro un desahogo: dile a tus compañeros que acepten un consejo, que ustedes son dizque socorristas, que parece mentira, que obligar a frenar a los carros con engaños no tiene nombre, que van a originar algún accidente, que está bueno rebuscarse pero que hay maneras y maneras, que pase un buen día salú.

El muchacho apocopado dice que se lo dirá a los demás y da las gracias.

―Ya se lo voy a decir, gracias –dice.


Enciendo el Celta, y la Panamericana vuelve a su estado natural, el movimiento.
P.D. Por cierto, ministro Gerson, aprovecho para decirte que el estado de la Panamericana de San Martín hasta el desvío de Chapeltique es bastante lastimero. El principal eje vial del país.
Fotografía: Roberto Valencia
 

martes, 4 de diciembre de 2012

Séptimo comunicado de las pandillas


[Comunicado suscrito por las pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18, y, por primera vez, también respaldado por las pandillas Mao-Mao, Mara Máquina y La Mirada Locos. Se ha hecho público el 4 de diciembre de 2012]

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Los voceros nacionales de las pandillas MS-X3 y Barrio 18, Mao-Mao, Máquina y Mirada Locos, a los facilitadores del proceso de tregua y de paz, al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo informamos:
  1. Que hemos tenido conocimiento de la propuesta presentada por los Facilitadores mediante su PRONUNCIAMIENTO A LA NACIÓN, hecho público el día 22 de noviembre recién pasado.
  2. Que por ser las pandillas uno de los actores nacionales a quienes va dirigido el llamado, nos sentimos obligados a dar respuesta oportuna y pública, ya que, como todos saben, desde el 9 de marzo recién pasado que iniciamos la tregua la MS-X3 y Barrio 18, solicitamos a toda la sociedad salvadoreña se nos brindara la oportunidad de ser parte de la solución al más grave problema que afecta a nuestro querido El Salvador, en tal sentido respondemos:
a)   Que aceptamos íntegramente la propuesta presentada por los Facilitadores, en tanto que representa una forma realista y objetiva de cómo ir abordando la solución, pues traza una hoja de ruta que posibilita que gradual y progresivamente se vaya resolviendo el problema nacional.
b)   Que para avanzar en la concreción de la propuesta, hemos entregado “en privado” a los Facilitadores un primer listado de 10 municipios, en los cuales nosotros ya estamos listos para implementar el proceso, municipios en los cuales habita un promedio de 900,000 salvadoreños que resultarían beneficiados del mismo.
c)   A fin de contribuir en la dinamización del proceso, anunciamos que ya estamos retirando de esos municipios el armamento de nuestras clicas, las cuales serán entregadas próximamente a los Facilitadores.
  1. En lo que a nosotros corresponde, estamos trabajando intensamente para construir las condiciones que nos permitan empujar este proceso hacia una solución definitiva. Esperamos que el resto de actores a los cuales ha sido dirigido el llamado de los Facilitadores estén haciendo lo mismo y den pronta y oportuna respuesta a lo solicitado por ellos, a fin de que todos demos nuestra contribución a la pacificación de El Salvador.
El Salvador, 4 de diciembre de 2012.

Fotografía: Roberto Valencia
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viernes, 30 de noviembre de 2012

El cuñado del director general está preso


Hasta el día de su detención, el cuñado de Rauda trabajaba como notificador en el Juzgado Segundo de Paz de Colón (La Libertad). Entonces tenía 40 años, casado, padre de tres hijos, y vivía en una de las urbanizaciones de clase media que hay sobre la carretera Panamericana, ruta a Santa Ana. Su salario como empleado de la Corte Suprema de Justicia era de 750 dólares mensuales, pero se ve que quiso ganar un dinerito extra trasegando marihuana y, según el denunciante que originó la investigación policial, crack.

El proceso penal que se le siguió en el Tribunal de Sentencia de Santa Tecla está clasificado bajo el número 314-C2-2010. Estos son algunos de los hechos recogidos: el 6 de abril de 2010, como consecuencia de una denuncia ciudadana, la División Antinarcóticos de la Policía Nacional Civil (PNC) comenzó a investigar al cuñado, el caso fue notificado a la Fiscalía, le dieron seguimiento, le tomaron fotos, hicieron croquis de su vivienda, y el 16 de abril, poco después del mediodía, lo detuvieron en el cruce de la 4.ª avenida Norte y calle Francisco Menéndez, en el cantón Lourdes, en el municipio de Colón.

El cuñado de Rauda se desplazaba en una bicicleta marca Corsario y portaba encima casi 50 gramos de marihuana, por lo que fue remitido a la delegación. Allí admitió que guardaba más droga en su cubículo del Juzgado, situado a pocas cuadras, y horas más tarde llegaron la Policía y un fiscal, y en efecto hallaron un bolsón oscuro con otras 28 porciones de marihuana. Por todo le hallaron más de 96 gramos.

La sentencia también dice que obtenía la droga como pago por, en su calidad de notificador judicial, “dar aviso a los vendedores de droga y pandilleros de la pandilla delincuencial denominada ‘Mara Dieciocho’, de la solicitud de registros y allanamientos efectuados por la Policía”.

Los tres jueces (dos mujeres, un hombre) que integraban el tribunal validaron las pruebas, creyeron a los testigos y el 13 de octubre de 2010 lo condenaron por unanimidad por posesión y tenencia. Le impusieron seis años que se cumplirán el 18 de abril de 2016.


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Este relato es un fragmento de un reportaje publicado en Sala Negra de El Faro el 29 de noviembre de 2012, bajo el titular "La cárcel es más humana si tu cuñado es el director general de Centros Penales".

Imagen: wallpaper.com
 

viernes, 23 de noviembre de 2012

Pronunciamiento a la nación de Raúl Mijango y Fabio Colindres


[Comunicado escrito por Raúl Mijango y monseñor Fabio Colindres, las personas elegidas por el Gobierno para negociar con las pandillas Mara Salvatrucha-13 y Barrio 18, que se concretó en la tregua puesta en marcha el 8 de marzo de 2012, hecho por el que han mostrado interés otros grupos delincuenciales con algún tipo de organización, como las pandillas La Mirada Lokotes 13, Mara La Máquina y Mao Mao, el colectivo de expandilleros, y los grupos Los Trasladados y La Raza. Este comunicado se hizo público en la mañana del 22 de noviembre de 2012 en las instalaciones del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, en el marco de una conferencia de prensa convocada para conmemorar el primer año de gestión del ministro David Munguía Payés.]

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Los Facilitadores de la tregua entre pandillas y el proceso de pacificación de la sociedad salvadoreña, monseñor Fabio Colindres y el ciudadano Raúl Mijango, al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo exponemos y proponemos:
  1. Que estamos convencidos de que los resultados del proceso histórico e inédito iniciado el 9 de marzo recién pasado ha provocado una sensible disminución en la tasa de homicidios y una baja menos sensible en el cometimiento de otros hechos delictivos, situación que ha configurado un escenario de esperanza para la sufrida sociedad salvadoreña, pues por fin se ha encontrado una forma eficaz para reducir la violencia, convertida desde hace años en el principal problema del país.
  2. Conscientes de que, si bien los resultados obtenidos en los ocho meses y medio que lleva este proceso son altamente positivos, estos aún resultan insuficientes para una sociedad que sigue sumida en la angustia y desesperación por el precio en vidas que se sigue pagando, además del constante acoso de grupos o personas que extorsionan a diario y del clima de inseguridad que aún se respira tanto en hogares como en las vías públicas.
  3. Con el objetivo de atender el clamor ciudadano y de buscar soluciones concretas a los problemas que nos agobian, los Facilitadores hemos diseñado un mecanismo de territorialización, con el propósito de lograr su consolidación. El mecanismo propuesto consiste en ir declarando sucesiva y progresivamente a los municipios del país como Zonas Especiales de Paz, mediante la aplicación del concepto de MUNICIPIOS SANTUARIO. Este concepto ya tuvo una aplicación exitosa en varias ciudades de los Estados Unidos de América en lo relacionado al tema de los inmigrantes; en el caso salvadoreño pretendemos aplicarlo como antídoto contra la violencia.
  4. Los Facilitadores somos partidarios del principio de que el éxito que todos esperamos solo surgirá del involucramiento de todos los actores, sumándose como parte de la solución, razón por la cual hacemos un vehemente llamado a apoyar la aplicación y concreción de este concepto y, muy en particular, hacemos el llamado a asumir como propia esta propuesta a la Comisión Técnica de Seguimiento del proceso, al Gobierno de la República, Asamblea Legislativa, Ministerio Público, a la cartera encargada de Justicia y Seguridad Pública, partidos políticos, gobiernos locales, empresarios, iglesias y líderes religiosos, líderes sociales, integrantes de las diferentes pandillas, ONG, cooperación externa y demás personas e instituciones interesadas en contribuir a la solución del más grave problema que agobia al país.
  5. Los componentes que incluyen la aplicación salvadoreña del concepto MUNICIPIO SANTUARIO que proponemos son los siguientes:
              A. Zona Especial de Paz, que integra:
    1. Acuerdo total de no agresión entre miembros de pandillas residentes en el municipio.
    2. Compromiso pandilleril de reducción y erradicación de prácticas delictivas como homicidios, extorsiones, hurtos, robos y secuestros.
    3. Municipio donde transitan libremente todos los ciudadanos, incluyendo miembros de pandillas.
    4. Municipio donde las pandillas entregan voluntariamente las armas que poseen.
    5. Municipio donde los miembros que representan a las pandillas se integran a los colectivos comunitarios que trabajan en pro del desarrollo local.
    6. Municipio donde la delegación de la PNC está integrada en su mayor parte pro miembros de la Policía Comunitaria.
    7. Municipio donde se persigue el delito y no a las personas, y que por lo tanto no se realizan operativos masivos ni con modalidad nocturna.
    8. Municipio donde las autoridades municipales desarrollan obras de desarrollo local en las zonas donde radican miembros de pandillas.
    9. Municipio donde las autoridades locales, empresa privada y cooperación externa impulsan iniciativas emprendedoras para habilitar oportunidades de inserción laboral a jóvenes del lugar, incluyendo miembros de pandillas que han dejado las prácticas delictivas.
    10. Municipio donde el Ministerio de Salud prioriza la implementación de campañas de salud mental.
    11. Municipio donde el Ministerio de educación impulsa programas de nivelación cultural en primaria y bachillerato de forma acelerada.
    12. Municipio donde se instala un observatorio criminológico integrado por ciudadanos residentes en el lugar.
              B. Municipio donde se suscribe un Pacto por la Vida y la Paz en el que participan autoridades locales, líderes sociales, empresarios, iglesias, PNC y miembros de pandillas
  1. Finalmente, los Facilitadores, con mucha fe y esperanza, quedamos a la espera y ansiosos de las respuestas positivas y públicas al llamado que en esta ocasión hacemos a la nación.
El Salvador, 22 de noviembre de 2012.

Fotografía. Roberto Valencia
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martes, 20 de noviembre de 2012

Mayonesa aguada


Sobre la 8.ª avenida Norte de Metapán, cerca del cruce con la 15 de Septiembre, hay un puesto de tortas como otros tantos miles regados por el país: un gran carretón metálico regentado por una señora sesentona y a la par una pequeña mesa y tres banquitos en los que rotan los clientes. Por $1.60 a uno le dan una torta con todo (“¿Cebolla va a querer? ¿Y chile?”) y una pequeña Salvacola para pasarla.

Terminando estoy la mía cuando se acerca otra señora que evidentemente tiene un trato de amistad con la dueña. Se saludan, se bromean. Están justo detrás de mí y hacen el ademán de hablar en voz baja, pero es más una actuación que un interés real. Les oigo todo. La plática comienza en el precio del pan francés, cada vez más disparado, pero pronto se dirige hacia las calidades de las mayonesas de carretón.

―El otro día –dice la recién llegada– las tortas las compré ahí a la vuelta, pero se me quejaron en casa. Estaba feya la mayonesa… 

―¿Acá, sobre la 15? Sí, ahí le ponen mucha agua. Bueno, en casi todos los puestos de por acá le ponen mucha agua, para que rinda más. Lo que pasa es que si la venta en el día está mala, el agua rápido acideia la mayonesa, y por no botarla algunas así la dan al siguiente día. 
―¿Así cree? 
―Así hacen. Yo acá hago la mayonesa en la mañanita, todos días, aunque me salga un poco más caro.

Pues quizá sea ese el secreto o quizá el hambre por la manejada desde la capital, pero, como diría mi madre –castellana de Castilla ella, castiza–, esta torta con mayonesa del-día-poco-aguada me ha sabido a teta.


Fotografía: internet

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Ya lo dijo Poveda en 2009...

La última vez que vi a Poveda fue dos meses antes de que lo asesinaran. La Alianza Francesa de San Salvador organizó el 30 de junio un debate titulado Violencia juvenil, ¿qué soluciones?, y él era uno de los ponentes. Llegó con su mejor sonrisa y sin recibir ni un dólar a cambio. La charla resultó un evento íntimo, con no más de 30 personas de público. Recuerdo que al terminar se acercó a pedirme el teléfono para llamar a su pareja.

En sus intervenciones, explicitó su postura personal sobre las maras: las políticas represivas implementadas por la derecha en El Salvador fueron un fracaso, hay sectores de la sociedad que se lucran de la extrema violencia que carcome al país, los medios de comunicación locales tienen una cuota de responsabilidad importante, y la única solución a corto plazo es que el Gobierno se siente a negociar con los pandilleros y fomente las condiciones para que se dé una tregua entre la Mara Salvatrucha y el Barrio 18.

La vida loca está en sintonía con ese planteamiento que dibuja a los mareros más como víctimas que como victimarios. En el documental los represores son la Policía y el Ejército. Los pandilleros son una joven que busca a su madre, que la abandonó a los seis días de nacida; son una madre que amamanta a su hijo; son un niño de la calle agradecido con el Barrio, su única familia, son jóvenes que quieren ganarse la vida amasando pan, pero que son perseguidos. En 90 minutos aparecen pandilleros que se divierten bromean bailan trabajan se drogan se redimen se tatúan, pero no hay ni un solo plano de alguno armado, como si las armas fueran algo ajeno. Ante esta selección de la realidad que realizó Poveda, no es de extrañar que la crítica de cine publicada por el diario francés Libération concluyera con esta frase: “Ha podido dibujar los contornos de los personajes, por lo que ahora es imposible negarles la condición de víctimas”.

Un aporte fundamental sobre el fenómeno que hace el documental no está en un primer plano de lectura. La pandilla que retrata va más allá del estereotipo del grupo de jóvenes tatuados con predisposición al delito y a la violencia. Poveda logra captar la complejidad del fenómeno, algo que se aprecia con claridad en los velorios y entierros. En el último que se muestra, el de la pandillera tuerta, los tatuados son minoría. Lo que abundan son rostros imberbes, adultos mayores, abuelas, niños. Todo un entramado social. Poveda con su cámara dejó sin argumentos a los que opinan que las pandillas son un problema estrictamente delincuencial.

Unas semanas antes de que se estrenara en septiembre de 2008 en el Festival Internacional de Cine de Donostia, en el País Vasco, pude preguntarle qué opinaba él sobre su obra.

—La película es, como decimos en Francia, à double tranchant, a doble corte. Realmente yo he compartido la vida de estos locos, y hay algunos que los ves vivir… y los ves vivir y los ves vivir. Y es puro documental, no es como un actor que muere y ya sabes que lo vas a ver vivo en otra película. Aquí mueren de verdad. Y eso es algo impresionante y que da fuerza a la película, pero al mismo tiempo asusta mucho.


Fotografía: Christian Poveda
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Este relato es un fragmento de una larga crónica titulada ¿Quién mató a Christian Poveda?, publicada en la revista Gatopardo en la edición de diciembre de 2009.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Los salvadoreños escribimos con las patas

El sábado 29 de septiembre el partido ARENA celebró la asamblea general en la que se ratificó a Norman Quijano como candidato presidencial. Parafernalia tricolor, buses desde el interior del país, sonrisas y abrazos fingidos, fotógrafos por doquier, discursos grandilocuentes… todo normal hasta ahí.

Al lunes siguiente, el sitio de Facebook Sociedad Civil publicó en su muro una foto tomada durante el evento en la que se aprecia a un humilde simpatizante arenero (supuestamente originario de Armenia, en Sonsonate) con una bandera tricolor en la que hay manuscrita una frase con no más de una docena de palabras en la que se cuentan aberraciones gramaticales como “preCente” o “rÓVerto”. 


Fotografía: internet
Esas faltas se van a los penales con las que a diario se leen en cualquier foro en el que participemos salvadoreños, quizá por eso me sorprendió la virulencia con la que se atacó al pobre hombre que cargaba la bandera. La fotografía fue comentada por más de 250 lectores y compartida burlonamente por casi un centenar. Y aunque es cierto que hubo algunas intervenciones apelando a la racionalidad, la inmensa mayoría –repito: inmensa mayoría– de los comentarios fue para denigrar al simpatizante arenero. Aquí un ramillete de intervenciones elegidas al azar, no por ser los casos más sonoros ni mucho menos.
  • Un tal Walter Flores escribía: “tiene como 2 millones de errores de ortografia.... pero que importa si puede votar...” [Sin tildes en la I de “ortografía” y en la E de “qué importa”] 
  • Un tal Carlos Valle: “La ignorancia de el, es el fruto de los gobiernos de arena, el es victima de ese partido” [él, Arena, víctima, coma para separar sujeto y predicado, coma en vez de punto y coma]. 
  • Marina Lara Marroquin: “Ellos se enfocan en la gente mas humilde al cual puden engañar facilmente...” [Ni siquiera su apellido está escrito correctamente]. 
  • Franz Joseph Angel, el racista: “campesino tenian q ser!!!! weno hasta donde llega la ignorancia full” [Cabal, hasta dónde llega la ignorancia]. 
  • Un tal Rubén Cañas: “El Humano sin Educacion es facil de Controlar” [Humano, Educación y Controlar deberían ir sin mayúscula, y faltan las tildes en educación y fácil]. 
  • Miguel Sandoval: “Q lastima me dan esas Personas q ni saben leer y votan sin SABER!!!” [Sin comentarios]. 
  • Un tipo llamado Mario Posada: “Como decia el finado que el poder mas grande de los partidos políticos es el voto de los ignorantes.. y de los ignotantes es el poder mas grande que es el voto... [Habla un tipo inteligente pues]. 
  • John Rivera: “claro ejemplo de como este partido politico se aprovecha de la ignorancia de las personas mas humildes para conseguir votos, no olvidemos que la gente sin eduacion es mas facil de manipular, la gente sin educacion es mas facil de engañar” [¿Y este personaje se atreve altaneramente a medir la educación en función del número de faltas de ortografía?] 
  • Una tal Claudia Chita: “que imagen mas triste...” [Le faltan las tildes a dos palabras y las frases deben iniciar con mayúscula]. 
  • Raphael Alfaro: “Los politicos se valen de la ignorancia del pueblo y es facil manipularlos. Por Eso en el pasado Estaban en contra de la education . La education es la mejor arma para combatir la ignorancia” [Y si nos podemos tan bien la teoría, ¿por qué no lo ponemos en práctica?].
  • Frank Vilorio, el absolutista: “Viejo pendejo innorante” [Vaya pues…].
En El Salvador escribimos con las patas. Da pena ajena que incluso al presidente de la República sea víctima del “creo de que” y del “pienso de que”, por citar un par de ejemplos. Y me consta que pocos escapan al mal de escribir mal: ni siquiera mis alumnos de último año en la Licenciatura de Comunicación Social (una carrera de las llamadas de letras) de la UCA redactaban bien, y me refiero a cuestiones estrictamente ortográfico-gramaticales.

Y si eso es así, si además en teoría la gente que tenemos acceso continuo a internet y a Facebook somos la vanguardia cultural, ¿por qué nos exaltamos para burlarnos de un pobre hombre del interior del país?
¿Arrogancia? ¿Clasismo? ¿Ceguera con matriz política? ¿Estupidez? Es más: ¿por qué te estás sintiendo ofendido por este post?  A saber…

viernes, 9 de noviembre de 2012

Cementerio Verapaz

Verapaz, San Vicente, 9 de noviembre de 2009.

Sobrevivió una gallina. De la casa de don Catarino, una de las pocas de ladrillo, apenas quedan los muros. Él estaba trabajando, pero a su esposa y a sus tres hijas las arrastró la correntada que la madrugada del domingo bajó del volcán Chichontepec, justo en el centro de El Salvador. Nadie aquí se explica cómo sobrevivió la gallina. 

—Las tres niñas se murieron. Solo han hallado a una, la más grande, y es la que están velando. Las otras dos, a saber dónde estarán. La madre allá abajo la hallaron, golpeada, y la llevaron al hospital de San Vicente. Y dicen que allá murió. 

Habla Mercedes Portillo, de 55 años y vecina de Don Catarino. Viste una vieja camiseta gris, falda verde y chancletas de piscina, todo prestado por su hija Teresa. Mercedes es enérgica y lleva la voz cantante en este corrillo de personas que hoy, mediodía del lunes, toman café y comen frijoles licuados y pollo con arroz que trajo una familia altruista llegada desde otro pueblo. La conversación, obvio, gira en torno a la tragedia ocurrida dos noches atrás en Verapaz. 

Situado a poco más de una hora al oriente de San Salvador, Verapaz es uno de esos pueblos que rarísima vez aparecen en los periódicos locales. Su caso urbano son –eran– apenas nueve cuadras de largo por seis de anchura, un lugar en el que todos se conocen y donde la palabra ruralidad aún tiene razón de ser. Los hombres llevan con orgullo el sombrero de ala y el corvo colgado del brazo. 

Este pueblo ignoto se convirtió de la noche a la mañana en el símbolo de la última tragedia que afecta a El Salvador, un pequeño país que en la última década ha sufrido dos terremotos, una erupción volcánica y las lluvias torrenciales provocadas por el huracán Stan en 2005 y ahora por Ida. 

Las cifras oficiales aún bailan, pero el último reporte habla de 144 fallecidos en todo el país, decenas de desaparecidos, unos 15.000 damnificados, 229 casas destruidas y más de 1.800 afectadas. Y cosechas perdidas, y puentes destruidos y carreteras inutilizadas. Verapaz aporta una cuota importante de tanta desgracia.

Mercedes es de las afortunadas entre los residentes de la lotificación El Triunfo. De su casa no queda nada, pero ella, su hija Karla y su compañero de vida, José Isabel Romero, pudieron huir con lo puesto, y ahora están en la vivienda de otra de sus hijas. Perdieron todo: los documentos, la refrigeradora, la cocina, las dos camas y el televisor. Pero lo que más siente ella es que el deslave se llevara también la cosecha de maíz, la de frijoles y el pipián que José Isabel había sembrado. Se perdió el sustento para todo el año. 

—Mire, sí vamos a aguantar hambre aquí –dice resignada–. ¿Y ahora? Que ni trabajos hay, y ya uno de viejo que ni puede trabajar. 

Alrededor, el panorama es desolador. El volcán está a unos 10 kilómetros, verde intenso bajo el sol radiante, y se ve con claridad el pedazo marrón que se desprendió y provocó un alud de fango, rocas y árboles que devastó esta zona. La lava, como llaman por aquí a estos fenómenos, arrasó con la docena de casas que conformaban la lotificación El Triunfo antes de arremeter e inundar el resto del municipio. 

Para hacerse una idea de lo que ocurrió aquí, basta reflexionar sobre un dato. El pluviómetro oficial ubicado en el volcán registró en seis horas –desde las 10 de la noche del sábado hasta las 4 de la madrugada del domingo– 293 litros por metros cuadrado. Esa es toda la lluvia que cae sobre Madrid en un año entero. 

Lo que queda es un solar de lodo resecándose y los tres árboles gigantes que aguantaron la embestida. De las viviendas, apenas el muro de la de don Catarino y la gallina. 

Transcurridas 34 horas desde el deslave, las calles del resto del pueblo están llenas de lodo, de rocas y de troncos y raíces, pero también están llenas de curiosos, rateros, socorristas, militares, policías y funcionarios. Ha llegado hasta el presidente de la República, Mauricio Funes. 

Mercedes quiso saludarlo cuando estuvo hace unos minutos en la colonia San Antonio, la inmediatamente inferior, pero ni siquiera pudo verlo de cerca. “Los soldados lo empujan a uno, como si le fuera a hacer algo malo”, se queja. 

En la parte baja de Verapaz, en el cruce de la 1.ª calle oriente con la 2.ª avenida norte, hay un tapón de escombros descomunal. Lo que más se ve son troncos y raíces, pero también hay pedazos de pared arrancados, rocas, un camión estrujado con un foco aún encendido y enseres varios: un televisor, un par de refrigeradoras, un paraguas abierto. 

Encima de todo eso hay un grupo de socorristas de la Ong Comandos de Salvamento con motosierras. Intuyen que debajo puede estar alguna de las 47 personas que siguen desaparecidas. Y junto a ellos, como si fuera parque de atracciones, pasan como pueden turistas que quieren ver los estragos o grabarlos con su celular. No importa que a ambos lados de la calle la Policía haya cruzado dos bandas amarillas con la inscripción “No cruzar”. La curiosidad y el morbo pueden más que el sentido común. 

Aquí arriba, en El Triunfo, sube menos gente. De hecho ayer domingo solo recibieron la visita de los rateros que vienen a ver qué encuentran para hurtarlo. 

Ahora se acerca al corrillo otro vecino, Mauricio Ramos, un anciano de 74 años que también logró escapar del alud con lo puesto. Está delgado, algo encorvado y su rostro expresa cansancio, pero tiene el orgullo del campo en la mirada. Colgado en su hombro izquierdo, el corvo enfundado. 

Pide por favor si le puedo prestar el teléfono para hacer una llamada a uno de sus hijos, que vive cerca de la capital. Han pasado 35 horas y aún no se ha podido comunicar con ellos.

—¿Qué pasó, hijo? 
—… 
—Por aquí estamos todos fregados, nos llevó todo la lava. 
—… 
—Aquí, donde vivíamos, pero en la mera lava estoy ahorita.

Fotografía: Roberto Valencia
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(Esta crónica ligera se publicó originalmente en el sitio web del diario español El Mundo, el 11 de noviembre de 2009, bajo el título "Cementerio Verapaz")


jueves, 1 de noviembre de 2012

Las hormigas tienen buena prensa


La conciencia colectiva del mundo occidental aprecia a las hormigas. Las creemos laboriosas incansables solidarias tenaces hacendosas. El refranero las adora: “Llevando cada camino un grano, abastece la hormiga su granero para todo el año” o “Camina más una hormiga que un buey echado”. La Hormiga Atómica y Ferdy dejaron huella, al menos en mi generación, y el cine, ese moldeador universal de filias y fobias, las ha tratado bien: ante la rotundidad de Tiburón, Piraña o Anaconda, las simpáticas hormigas protagonizan Antz y Bichos; pocos podrían recordar el título de una película en la que son amenaza. Salvo los delfines, pocos animales gozan de tan buena reputación.

El culmen de la estima quizá lo represente la fábula La cigarra y la hormiga. Dice así: haragana y despreocupada por naturaleza, cantando la cigarra pasó el verano entero. Previsora y laboriosa, la hormiga acumuló provisiones. Al llegar el frío invierno –en el Trópico no siempre lo es–, la cigarra viose desposeída del precioso sustento y fue con mil expresiones de atención y respeto a pedir ayuda a la hormiga, que se la negó con profunda soberbia: ¿con que cantabas cuando yo andaba al remo? Pues ahora, que yo como, baila.

Moraleja: la vida loca tiene un precio.

De alguna manera, el Centro Juventud quiere convertir cigarras en hormigas.


Ilustración: Internet
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(Este es un fragmento de una larga crónica publicada en Sala Negra de El Faro el 15 de octubre de 2012, bajo el título "Hormigas en el Centro Juventud")

viernes, 26 de octubre de 2012

María Isabel Rodríguez y Fidel Castro

[ACLARACIÓN NECESARIA: En las últimas horas ha circulado en internet un fragmento de esta fotografía que yo mismo escaneé en octubre de 2007, cuando la doctora María Isabel Rodríguez me la prestó para ilustrar la semblanza que le estábamos haciendo para la extinta revista Enfoques, de La Prensa Gráfica. Se están escribiendo muchas tonterías, demasiadas, a partir de esta imagen que algunos creen haber descubierto hoy; incluso hay quienes dicen que se trata de un montaje. Soy de la opinión de que el rigor y la ética deberían ser dos cualidades inherentes a toda persona que escribe para los demás, desde el editor de The New York Times hasta el bloguero más ignoto, pero también creo que no se pueden pedir peras al olmo, y por eso uno se contenta cuando ese rigor y esa ética las observa en aquellos que se autodefinen periodistas. Digo todo esto porque un medio digital salvadoreño llamado La Página, en el que quiero pensar que sus integrantes se consideran periodistas, subió anoche esta foto —pública desde hace cinco años y accesible con solo guglear "María Isabel Rodríguez" + "Fidel Castro"— en un pseudoartículo titulado "Circulan foto de ministra de Salud con Fidel Castro en redes sociales". En fin...]

Fotografía: Cortesía María Isabel Rodríguez
Fidel puso su mano izquierda sobre el hombro de María Isabel, y ella se acercó cuanto pudo al impecable traje militar. Él sostenía con sus dedos elpurito habano que acababa de encender, pero tuvo cuidado de alejarlo lo suficiente del vestido. Sonrisa abierta ella y más disimulada la de él. Así les tomaron la fotografía.

—Yo tengo la imagen -cuenta satisfecha- del último cigarro de Fidel.

Está convencida de que a partir de esa noche nunca más volvió a fumar, y lo cree porque se comprometió públicamente en aquella conferencia internacional sobre educación médica. Solo él sabe si cumplió su palabra, pero lo que María Isabel sí pudo comprobar con sus propios ojos es que Fidel ya no fumaba en las otras ocasiones en las estuvo con él después de aquel julio de 1986, cuando les tomaron la fotografía. 

—Él entonces nos decía que iba a durar 120 años, pero parece que no le va a salir. 

Fidel Castro era el jefe de Estado cubano, y 21 años después, sigue siendo el jefe de Estado cubano. Y María Isabel Rodríguez era consultora de laOrganización Panamericana de la Salud (OPS), y hoy es rectora saliente de laUniversidad de El Salvador (UES).

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(Esta es la entrada del primer perfil de la era post-Leila que escribí en mi carrera. La protagonista era María Isabel Rodríguez, quien entonces (octubre de 2007)  se aprestaba dejar la rectoría de la Universidad de El Salvador. El relato se publicó el 28 de octubre de 2007 en la revista Enfoques, de La Prensa gráfica, bajo el título "Estudió, educó, batalló, naufragó, rio"

Fotografía: Roberto Valencia

jueves, 25 de octubre de 2012

Yo domino a mi mujer (producto de exportación)


Carlos Martínez es, además de un gran cronista, un buen amigo. Y además de buen amigo, un chistosillo empedernido al que le cuesta sacudirse la visión eminentemente machista de la sociedad que lo define.

De su último viaje a Guatemala me trajo un enigmático y colorido sobre del tamaño de una tarjeta de crédito. En la parte trasera tenía impreso el nombre del “fabricante”, que era Esotéricos Mexicanos (Esomex), y se autopromocionaba como un “poderoso polvo” con un explícito nombre: YO DOMINO A MI MUJER.

Las instrucciones eran claras: “Frota diariamente en tu cuerpo este polvo diciendo mentalmente (fulana…) estás bajo mi dominio. Ella acudirá a ti cariñosa, amante, fiel y muy conforme, nada te reprochará haciéndose tu voluntad. Pon un poco de este polvo en contacto con ella y su ropa”.

Ya está en la basura. Nomás quería compartir las estupideces que siguen a la venta en esta nuestra Centroamérica bien entradito el siglo XXI. 



Fotografía: Roberto Valencia

miércoles, 17 de octubre de 2012

La marabunta managua

Las calles polvosas del bajomundo managua están más vacías esta tarde. El Barça juega otra final, y aquí, en las casuchas oxidadas, esta noche quizá nadie tenga qué cenar, pero un partido así se goza como en las Ramblas. O más. A Joshua y Norlan, dos pandilleros de veintipocos, el fútbol español también les pone, pero han hecho el sacrificio para mostrarme el Walter Ferreti, el barrio en el que crecieron y viven.

Camino del zanjón que separa el Ferreti del 18 de Mayo, Norlan se detiene a mear junto a unos escombros que simulan verjas. La calle vacía como cementerio vacío. Joshua busca otro meadero en silencio, y yo hago lo mismo, no vayan a pensar que soy un desagradecido. Sobre la tierra reseca, justo a la par de donde orino, hay un tajo largo y negro, como un látigo extendido, formado por cientos de miles de hacendosas hormigas que cargan palitos insectos hojitas restos, o se cargan unas a otras. Son tan demasiadas. Hace años vi algo parecido, pero fue en la selva de Petén (Guatemala), no en un barrio de capital de república.

―¿Esto es normal? –pregunto en voz alta cuando termino. Los dos se acercan.
―¿El qué, las hormigas? –dice Norlan–. Sí, claro, están chambeando porque en la noche va a llover.
―Los zompopos saben cuándo –se suma Joshua–. Ahorita están metiendo comida porque va a venir un huracán de calle.

Son las 3:30, Managua es el horno insufrible de siempre, y el cielo está azul cielo. El pronóstico suena absurdo, pero disimulo.

―Hormigas, zompopos, ¿cuál es la diferencia? –pregunto.
―Es que su nombre es hormiga, pero su nombre científico se llama zompopo –zanja Norlan.

Seguimos caminando como si nada, y la plática retorna a lo que me trajo hasta el Ferreti: el asombroso Centro Juventud.

En tres horas Managua será un diluvio.


Fotografía: Kenneth G. Ross
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(Esta es la escena inicial de una larga crónica publicada en Sala Negra de El Faro el 15 de octubre de 2012, bajo el título "Hormigas en el Centro Juventud")

sábado, 13 de octubre de 2012

Los diez post menos visitados de Crónicas guanacas

Nadie se estará preguntando cuáles son las entradas que menos visitas han recibido desde que en noviembre de 2009 nació este blog; aun así, les comparto, ordenados de más ignoradas a tantito menos, el decálogo de los post más impopulares.

  1. Y Monseñor Romero siguió adelante (para leerlo, pulsar aquí)
  2. Monseñor Romero y los romeristas (pulsar aquí)
  3. La primera vez es la que más se recuerda (aquí)
  4. El canciller y los retrasados (aquí)
  5. Y tan tranquilos los dos (aquí)
  6. En la tarima de CONASIDA (aquí)
  7. El Caribe feo (aquí)
  8. No 13, no 18 (aquí)
  9. Nawat-euskera (aquí)
  10. Boda civil en un país súrdico (aquí)
Eso.

Imagen: internet

sábado, 6 de octubre de 2012

Las cartas de Rosemberg

Dicen que conocer el pasado ayuda a entender el presente. ¿Puede entonces comprenderse el sistema penitenciario que en la actualidad tenemos en El Salvador viendo el que teníamos hace dos décadas? Crónicas guanacas tuvo acceso a varias cartas manuscritas por un salvadoreño anónimo llamado Rosemberg, preso en el penal de San Francisco Gotera en los últimos compases de la guerra civil (1989-1990). Son tan expresivas y están tan bien escritas que se publican íntegras, con la edición mínima.

*****

San Francisco Gotera, el Pocilgo de Morazán

Gotera es un centro penal donde reinan la miseria y las injusticias por parte de sus regidores. Está ubicado en el pueblo de San Francisco, a unos 190 km. de la ciudad de San Salvador. Está rodeado por un pequeño río, el cual abastece de su agua a muchos compañeros reclusos. En dicho lugar, a su costado, se encuentra el reconocido cerro “Cirimba”, el medio de atracción para muchos compañeros jóvenes que se encuentran privados de su libertad. Muchas familias tienen que madrugar para poder ir a visitar a sus seres queridos que se encuentran sepultados vivos en ese Pocilgo, donde para poder sobrevivir has de hacer uso de la Razón, para no ser azotado como todo un animal.

Gotera

Está compuesto de cuatro recintos denominados 1º, 2º, 3º y 4º. En el primero se encuentran ubicadas personas aledañas a Morazán. El 2º recinto es una celda donde se supone tienen a todos los compañeros de mala reputación. El tercer recinto, al igual que el 2º, suelen tener a compañeros también de mala reputación, o sea, trasladados de los diferentes centros penales de la República. Y el 4º recinto es para tener únicamente a todos aquellos que se encuentran purgando grandes condenas. Allí, en el 4º recinto, está ubicada la celda de castigo conocida vulgarmente como el Sopé, un lugar espantoso donde encierran a muchos compañeros obligados a purgar castigos impuestos por el señor Granadeño. ¡Hasta diez meses o tres años! Algo infrahumano. No hay un tiempo estipulado.

1º 1989

―Hey, carnal, ahí te dejé el encargo en el maletín. Ya sabes, ¿verdad?

Me dijo el Verde, un elemento de dicho cuerpo de dicha institución [la Guardia Nacional].

―Tené cuidado, vos sabés lo mejor…
―No sé a qué te refieres –le respondí.
―Ya te dije.


Al día siguiente, a eso de las 6:15 a.m., me habían tendido una emboscada. Qué sorpresa.

―Oye, joven Rosemberg, queremos hablar con vos. ¿Qué te pasa? ¿Estás jugando con nosotros o qué?
―No sé de qué me hablan –susurré.
―No te hagás –me dijo el guardia–, en tu puesto acabamos de encontrar un cargamento de marihuana. ¿Quién te la pasó? Ahora nos vas a decir todo lo que sabes, y, si no, ya vamos a platicar con los Derechos Humanos.


Así le decían a una manila gruesa de color rosado que utilizaban para colgarlo a uno y luego golpearlo hasta caer moribundo.

Después de una fuerte paliza, fui conducido por los verdugos de ese lugar hacia el Sopé. Empezaron a correr los días. Después se hicieron semanas. Luego fueron meses. Hasta que se convirtieron en años en dicho castigo. Todo era defectuoso. No había un alma que se dignara a entregarnos un poco de agua. Qué miseria. Parecía que a todos se los hubiera tragado la tierra. Solo se oían el llorar de los grillos y el maullar de los gatos. Estábamos en plena ofensiva. No había qué comer. Ya casi era Navidad. Todo estaba desolado. No nos atendía pues el señor Granadeño. Lo único que sabía decir era: ya los voy a colgar, ¿para qué insisten? ¿Que no ven que aquí es Gotera? ¡Aquí es pija y verga! ¿Que no entienden? ¡Aquí o se calman o los calmamos, perras!

31 de diciembre de 1989

Estábamos en el fin de año, todo era silencio. Parecía todo en armonía. Era una mañana muy bella, cuando apareció Acevedo encabezando una escuadra de verdugos.

―¿Cómo están, chamacos? Dice mi comandante que les va a dar la despedida de fin de año, así es que empiecen a prepararse. Perros como ustedes no merecen vivir –murmuró el Guardia–, son una lacra para la sociedad. Mejor si hubieran muerto pequeños.

Eran casi las 2 de la tarde.

Nos dejaron con el alma destruida.

―Oye, Óscar –le dije a mi compañero–, qué despedida de año, ¿sabes? Hoy es el día que sin duda me van a matar a golpes. Te quiero pedir un favor: ahí te dejo la dirección de mi jefa. Si acaso ya no regreso, dile que la quiero mucho.
―No, compadre –dijo Óscar–. Tienes que seguir viviendo, me haces falta, no pienses así, me pones triste, ¿acaso no te das cuenta de que un día tenemos que salir de este Pocilgo? Tú eres muy útil. Quítate esas ideas, carnal. Estos verdugos tienen que pagar por todo lo que hacen por nosotros. Pídele a Dios que nos ayude.


Estábamos platicando cuando fuimos interrumpidos por una voz fuerte: “Hey, cabrones, qué bulla la que tienen, aquí no están en su casa”.

―Tú, muchacho, muévete –me dijo un verdugo–. Ven acá, necesitamos hablar con vos. Allá arriba, en la Guardia, te necesitan.

Y empezaron a golpearme hasta quebrarme de ambos brazos. Luego me condujeron a un cuartucho todo deteriorado, cuando apareció un señor gordo con unos ojotes color verde, cara redonda.

―¿Tú eres Rosemberg? Ja, ja, ja. Mica muchacho. Yo esperaba encontrarme con un gran hombronazo, pero mira nada más, no parecés lo que eres. ¿Qué, acaso tienes miedo? No te preocupes, yo soy el comandante de este centro, yo te voy a ayudar. Traigan los Derechos Humanos –susurró el señor–, denle su Navidad a este, ya saben cómo hacer.

Empezaron a colgarme y a golpearme hasta dejarme por muerto. Ya casi era medianoche. Me agarraron de los cabellos y empezaron a arrastrarme por todos los pasillos, hasta la puerta del Sopé.

―Púdrete en el infierno, perro maldito.

Óscar solo me observaba y me decía: “No desmayes, compadre, yo te voy a cuidar, ten paciencia”. Y así fue que recibí el año nuevo de 1990. Yo me lamentaba a solas con mi compañero y le contaba toda mi vida. Yo sentía que mi vida ya no tenía razón. ¿Para qué seguir viviendo en esta vida de perros que estoy afrontando? Preferiría mejor que me mataran de una vez, más cuando me miraba los brazos y la pierna izquierda, totalmente quebrantados. Me decía en silencio: malditos verdugos, tarde o temprano tienen que pagar las injusticias que cometen con todos nosotros. Pero aun así, el Todopoderoso no nos abandonaba, siempre puso a alguien en nuestro camino.

―Hey, muchachos –dijo Chentino, un señor bastante humanitario, también miembro de ese cuerpo–, sé que están resentidos, pero no conmigo, yo no les he hecho nada. ¿Saben? Cristo les ama. Confíen en él. Yo soy su amigo. No me miren con ojos de odio. No tengo nada que ver con lo que les han hecho. Yo les quiero ayudar. Permítanme darles la mano. Soy cristiano.

1 de enero de 1990

Empezábamos un nuevo año. Todo era lágrimas y llanto, pues entre nosotros reinaba la intranquilidad, la zozobra, pues las únicas amigas que teníamos eran la angustia y la soledad. Pero, aún así, afrontando la dura realidad de la vida, siempre confiaba que había un Dios que nos podía ayudar.

En un rinconcito de la mentada celda de castigo se encontraban las siluetas de dos hombres, a los cuales la vida les había tratado muy duro. Allí, en esa esquina del Sopé solíamos derramar nuestras lágrimas. Allí se encerraban nuestras tristezas. Todo era amargura y dolor. Le pedíamos al Todopoderoso que nos ayudara, que nos sacara de ese infierno en el cual estábamos viviendo, pero nuestras oraciones no eran escuchadas. Había momentos en que me decepcionaba y me decía: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Acaso no soy tu hijo? ¿Qué te he hecho yo, Dios mío, para que me des esta clase de vida? Sácame de aquí, yo te prometo cambiar mi forma de vida. Solo tú me puedes ayudar. Tócales el corazón a estos señores para que nos den otro trato, pero, aun así, mis oraciones no eran escuchadas.

Llegue al extremo de maldecir mi propia vida, pues yo anhelaba un milagro, pero todo era en vano. Empezaron a transcurrir los días, y todo seguía lo mismo, pues el trato para con nosotros eran más severo. Existían todas las discriminaciones del mundo que puedan existir, hasta que un día le dije:

―Oiga, comandante Granadeño, ¿acaso no tiene hijos usted? Piense en ellos, ¿no se pone a pensar que el día de mañana pueden afrontar la misma situación?
―Yo no soy el que los castigó, sino que la ley, bastardos.


24 de febrero de 1990

―Hey, muchacho, ¿cómo has amanecido?
―Bien –contesté.
―Dice mi comandante que te va a dar permiso para que vayás a comprar a la primera.
―Ah, sí, ¿no? Qué lástima…
―¿Por qué? –preguntó el guardia.
―Porque no tengo ni un centavo partido por la mitad.
―Eso no es problema, yo te daré para que compres lo que vos querrás.
―Sí, pero no tengo qué ir a hacer allá arriba –susurré.


Yo no tenía nada de confianza en esos verdugos, pues su palabra favorita era “pija y verga”, una frase bastante usual entre el personal de vigilancia de ese centro. Momentos después, fui conducido por los pasillos hacia la guardia de prevención, donde se encontraba situada la primera bartolina.

Fui llamado donde se encontraba el comandante de guardia, me rodearon un puñado de agentes, atándome de pies y manos. Decía el Negro Quintanilla: “Matemos a este perro y lo vamos a dejar al río”. De pronto, apareció un señor de aproximadamente 1.90 de estatura, tez blanca, cabello blanco, ojos verdes, bastante risueño.

―Óyeme, hijo –me dijo–, ¿cuál es tu problema?
―Ninguno –contesté.


Estuvo platicando con el comandante Rogel.

―Mire, Rosemberg, te he mandado a llamar para decirte que ya no vas a estar en el Sopé. Te vamos a pasar a una isla de la segunda bartolina, pues vos no podés vivir en ningún recinto. Los Migueleños no te aceptan en el recinto, y si te dejo allí, me podés ocasionar muchos estragos. Dice el Ruco que si te metemos en el recinto, te matarán.
―No hacen nada –contesté–. Esos son matamuertos, métanme allí, yo no tengo problemas.


El Ruco era el jefe de dicha banda (Los Migueleños). Era enormemente fuerte, parecía un Rambo salvadoreño, tenía bajo su voz y mando aproximadamente a unos 80 migueleños en el 1989, que integraban la banda más temida del centro penal de San Francisco Gotera, un lugar donde la vida no valía nada. La vida de mis compañeros llegó a tener el valor de un pantalón o de un par de zapatos, algo que no valía la pena. Era una vida de lloros y llantos.

Yo ya me encontraba en una de las islas de la segunda, donde reinaban todas las picardías que puedan existir. Era de imaginárselo. Todos los días llegaban Polillo, Pinico, Lágrima de karateca y otros secuaces del Ruco a tirarnos agua hirviendo. Eran los buenos días que nos daban a mí y a mis compañeros que se encontraban conmigo en la isla.

Me decían Germán y la Pescada: mirá, compa, cuando salgamos a bañarnos agarremos a unos tres cabrones de esa banda y les enseñamos a respetar la dignidad de los Varones. Ellos creen que nosotros les tenemos miedo, pero vos sabés, Rosemberg, que no es así. Estos majes son fuertes con la gente débil, pero no pierdo las esperanzas de verlos tragando su propia sangre. Recordá que estos sujetos tienen comprada e intimidada a la vigilancia. Meterse con estos es como que nos metamos con el comandante Granadeño, pues esta banda tenía la autorización de Granadeño de tener adentro del recinto navaja Okapi, cuchillos Stanley automáticos y zapateras. Ellos violaban a las visitas de mis compañeros trasladados y no les decían nada. Mataban a mis compañeros y nos les decían nada. No les hacían proceso a ninguno; lo que decían los inspectores Lolo y Neto era: ya era tiempo que mataran a este hijodeputa, ya muchas había hecho. Jajaja, se carcajeaba el inspector Neto cada vez que mataban a nuestros compañeros.

Abril 1990

Muy presentes tengo las palabras del señor inspector Neto: “Hey, Ruco, tomá, te voy a hacer un regalo”, y le tiró desde la terraza un yatagán de fusil G-3. Es para tu uso personal; ya sabes, ¿verdad? Tienes que terminar con todos los pícaros de San Salvador, y así sucedió. Al tercer día estaba dándole muerte al M.S. y al compañero Arturo, ambos jóvenes, con la misma arma que le había dado el inspector Neto. Decía el Ruco enfrente de los finados: “Bueno, mara, mi padre Satanás me ha pedido más almas, así que ya saben, ¿verdad? Aquí el que no corre vuela, y al que mucho vuela hay que cortarle las alas”. Era algo extremadamente horrible. No había ni un minuto de tranquilidad en ese lugar maldito. Había que dormir un rato con cada ojo, vivir para contarlo. Maldita la hora que vine a parar a este infierno, pues todos se preguntaban: ¿seré yo el próximo? Una vida de amargura.

Agosto, 21 1990

Era un día de visita, una mañana hermosa, cuando llegaba la esposa de un compañero, y a todos los integrantes de esa banda se les salían los ojos observando a la muchacha. No les bastó solamente observarla, sino que se acercó Lágrima con dos cuchillas en la mano.

―Hey, mirá, cabrón, hoy nos vas a prestar a tu mujer.
―No –decía nuestro compañero–, eso no; mejor mátenme.
―Sí –contestó Lágrima–, te vamos a matar, pero después de que te hagamos el amor a vos y a tu chava, ¿o crees que no?


Y a puras cuchilladas metieron a la muchacha y a nuestro compañero a los baños del tercer recinto, para hacerles el amor. A los regidores de esa institución solo les daba risa, no les decían nada porque les tenían miedo. Casos como este continuaban sucediendo muy a menudo.

Nosotros, los Trasladados, empezábamos a llenarnos de furia al ver la clase de atropellos que cometían la banda Migueleña contra nosotros. Entre nosotros solo albergaba la idea de hacerles pagar por todo lo que cometían, ya que ni el señor Granadeño, ni el señor juez de Segunda Instancia ni el señor director general de Centros Penales ni el señor ministro de Justicia… todos hacían caso omiso de todo lo que acontecía en el penal de San Francisco Gotera por parte de la denominada banda Migueleña. Todas sus acciones las dejaban al olvido. Podían matar, violar, robar, puyar, en fin, toda clase de maldades y nunca les decían nada. Más de dos docenas de compañeros trasladados perdieron la vida en manos de esa banda, y nunca dijeron nada. Quedó al olvido.

Septiembre, 24 1990

Era un día sábado. Todos los trasladados ya nos encontrábamos cansados de ver todas las injusticias que allí sucedían, cuando de repente llegó un traslado de aproximadamente 20 compañeros más, y fue llegando que empezaron los integrantes de esa banda.

“Bueno chamacos –dijo el Ruco–, aquí yo soy el encargado, y aquí se hace lo que yo digo; no quiero que anden poniendo audiencias ni que pongan papeles para enfermería. Tampoco quiero que anden en grupos de tres para arriba. Creo que entienden, ¿verdad? De no ser así, tienen que atenerse a los resultados que les puedan acontecer el día de mañana. Ah, otra cosa, yo no quiero que me anden poniendo quejas de que les he robado sus cosas, ya estamos suficientemente grandes para cuidar nuestras cosas. Si alguno de ustedes considera poder tener problemas con alguno de nosotros, es mejor que se aísle o que se vaya para otro recinto. No quiero verlos platicando con ningún cabrón de los que se encuentran aislados en esas islas. Eso les puede costar la vida. Después no vayan a decir que no les he dicho nada”

Los tenía amenazados, los tenía reprimidos, todos los compañeros se sentían sumamente cohibidos. El temor a esa banda los tenía a todos paralizados, pues era prohibido hasta platicar con nuestros amigos. Los murmullos entre nosotros eran más continuos. Tarde o temprano tendrán que responder por todo lo que han cometido. La pagarán con creces.

*****

Así concluyen las diez páginas manuscritas que llegaron a la Sala Negra de El Faro. De lo que le sucedió a Rosemberg solo supimos que tiempo después fue trasladado al penal de Apanteos, en Santa Ana. El conflicto que queda abierto, entre trasladados y lugareños (representados en esta ocasión por el Ruco y su temible banda Los Migueleños), tomó mucha más virulencia en la década de los 90, y aún hoy sigue coleando.

La situación en las cárceles salvadoreñas sigue siendo una bomba de tiempo, valga la frase manida. Y el papel del Estado en las cárceles, cuya función constitucional es rehabilitar a sus inquilinos, no ha hecho sino diluirse con el paso de los años.

Fotografía: Roberto Valencia
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Estos relatos se publicaron por primera vez en tres entregas la sección Bitácora de Sala Negra de El Faro, en los días 1, 2 y 3 de octubre de 2012. Puede consultarlos pulsando aquí, aquí y aquí.
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