sábado, 3 de septiembre de 2011

Fue en vano, Christian

Las cenizas de Christian Poveda están dentro de esa modesta caja rectangular de madera, sobre el pequeño pedestal –también de madera– que han colocado en el centro del triángulo que forman las esquinas de las dos primeras bancas y el altar. Son las 3 de la tarde del 9 de septiembre de 2009, y en la iglesia católica integrada en el Complejo Funerario Montelena se celebra la misa por la memoria del documentalista y fotoperiodista francoespañol, asesinado por pandilleros del Barrio 18 hoy hace exactamente una semana.

Hay media entrada en este templo sibarita, con aire acondicionado y un cuadro enorme de San Escrivá de Balaguer. A Christian, ateo declarado, quizá no le habría hecho tanta gracia este lugar para el penúltimo adiós, pero pudieron más los deseos de la familia de celebrar esta misa como muestra de gratitud por el apoyo recibido en los días pasados.

A la hora de los discursos la primera en subir es María José Poveda, la hermana. Tras agradecer las muestras de cariño y presentar a Christian como alguien que amaba profundamente a El Salvador, María José hace públicos sus deseos de que este asesinato –uno más entre los 4 mil 367 que habrá este 2009– sea un verdadero parteaguas en la vorágine de violencia extrema que carcome al país, que en verdad nos haga recapacitar, que suponga un antes y un después. “Que su muerte sirva para cambiar el país y para cambiar el mundo”, dice María José, con un marcado acento francés.

Inmediatamente después sube Blandine Kreiss, la embajadora de Francia, quien en primer lugar destaca la indignación de la comunidad francesa por el asesinato. “Christian no se contentaba con ser testigo desde adentro, sino que participaba en la búsqueda de las soluciones a los problemas más graves de su época”, dice Kreiss. “Su única ambición era provocar un debate a nivel nacional sobre el tema de la violencia juvenil en El Salvador, un flagelo que azota a la sociedad, y reflexionar sobre los métodos de enfrentarla”, dice. “Si su documental nos molesta tanto es porque presenta una visión humana de los problemas”, dice. “Ojalá su muerte no sea en vano”, dice.

El siguiente en subir al atril con micrófono es José Javier Gómez-Llera, el embajador de España. “Quiero decirles que mi país está firmemente comprometido con la construcción de una cultura de paz en El Salvador, y con el fortalecimiento de las instituciones que velan por la seguridad de los ciudadanos”, se atreve a decir el embajador. “Tengan la certeza de que contarán siempre con nuestro apoyo para construir un país pacífico, seguro”, agrega.

Por último, toma la palabra Aída Santos de Escobar, la recién nombrada presidenta del Consejo Nacional de Seguridad Pública. “Yo quiero, en nombre del gobierno salvadoreño, decir a la familia que los ideales de Christian quedan con todos nosotros”, inicia su intervención Aída, quien participó en La vida loca. “No vamos a poder lograr la paz mientras exista odio, mientras exista resentimiento, mientras existan egoísmos… Tenemos que luchar por una sociedad justa, y ese es el mensaje que nos dejan Christian y su obra”, dice.

Palabras y buenos deseos en apariencia honestos que quedan registrados en la libreta y en la grabadora, muy en sintonía con el campo pagado publicado hoy en un diario nacional por la familia, que dice así: “Hacemos votos porque El Salvador encuentre en sus hijos una razón para construir un remanso de paz, amor y justicia en este mundo. Que la sangre derramada por Christian abone fecundamente los caminos de reconciliación y amor entre hermanos. Nunca lo olvidaremos porque su obra, fuente de paz y armonía, habrá de tocar esos corazones endurecidos y les cambiará el destino hacia una VIDA FECUNDA”.

Dentro de dos años, en septiembre de 2011, desempolvaré todos estos apuntes y audios. El país seguirá en las antípodas de ser un remanso de paz, amor y justicia, no habrá habido reconciliación entre los salvadoreños, los corazones endurecidos seguirán duros como piedras, continuarán los odios, los resentimientos y los egoísmos, la cultura de paz aún sonará a frase hueca, el debate nacional sobre cómo afrontar el problema de las maras continuará pendiente y, en definitiva, en lo básico, El Salvador no habrá cambiado en nada, al menos para bien.

Dentro de dos años se habrán sumado más de 8 mil salvadoreños –digo: ocho mil salvadoreños– en el listado infinito de personas asesinadas, y el problema de violencia estará aún más enquistado en la sociedad, en todos sus estratos. Quizá entonces escriba un artículo que deje entrever que, a pesar de las palabras y los buenos deseos que acabo de escuchar, tu muerte lamentablemente fue en vano, Christian.

(Antiguo Cuscatlán, El Salvador. Septiembre de 2009)

Fotografía: internet

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(Esta crónica fue publicada el 2 de septiembre de 2011 en la sección Bitácora del proyecto de cobertura periodística de la violencia Sala Negra, de elfaro.net)

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