martes, 1 de marzo de 2011

Estrategias de venta (rotuladores)

Sube al bus seria, intercambia dos fugaces gestos con el motorista y, no sin pocas dificultades –es bajita y con evidente sobrepeso–, supera el torno. Cruzada en el pecho carga una pequeña mochila donde lleva lo que tratará de vender a los pocos usuarios que a esta hora, media mañana, viajan en esta unidad de la ruta 52.

Cuesta relacionar la palabra deporte con un cuerpo así, pero el look que trae es deportivo: pelo recogido, tenis, unos pantalones de pana negros y oscuros, y encima de todo un suéter naranja que apenas disimula la grasa acumulada y que se me antoja demasiado grueso para el calor que hace. Colgado en el pecho tiene un carné que la identifica como vendedora en esta ruta. Antes de pronunciar palabra alguna, saca de su mochila tres rotuladores y los coloca en su mano izquierda, aprisionados entre las bases de sus dedos. Es evidente que lleva algún tiempo en la venta de este producto.

—Vengo a decirles –se arranca– que quiero que conozcan un producto, el cual a usted le ayudará. Se trata de lo que es un Pilot, el cual sirve para rotular y marcar; remarca lo que es madera, láminas, plástico, vidrios o cidis, y le marca también lo que es el hierro. Lo tengo en lo que son dos anchuras diferentes: delgado y grueso, para hacer pequeñas rayas finas o hacerlas más grandes gruesas. Su precio nacional en toda librería es de 70 centavos de dólar, pero hoy en día se lo traigo a la palma de su mano a la mínima cantidad de un dólar.

La señora escruta con su mirada a los pasajeros que tiene más cerca, quizá con la esperanza de que alguno haya reparado en que el precio que está ofreciendo es más elevado. Sigue sin sonreír.

—No, señor y señora, por ese dólar yo no le voy a pasar a entregar lo que es solo un Pilot, sino que se le trae con una oferta en el cual yo voy a entregarles tres Pilot de lo que son los tres colores: azul, negro y rojo. Pero también le voy a pasar a entregar lo que es un marcador, un marcador el cual es muy útil para marcar cosas importantes: marcar párrafos, marcar temas o marcar textos bíblicos u otra actividad. Su precio a cancelar en toda librería es de un dólar. Pero también le voy a pasar a entregar lo que es una cuchilla, el cual es muy útil para cortar cartón, cartulina, durapax o abrir una caja.

La señora, con sus dos manos al aire y cargadas ya con tres Pilot, un marcador rosa fosforescente y un cutter ancho y amarillo, toma aire para la que parece que será su última embestida. Sigue sin sonreír.

—Por un dólar se lleva lo que son los cinco productos: los tres Pilot, el marcador y la cuchilla. Ahora pasaré por cada uno de sus asientos. Por su atención prestada, gracias. Que Dios les bendiga a todos y que tengan un buen día. Muchas gracias.

Y la señora comienza a mover su cuerpo orondo por el pasillo del autobús; mientras camina despacio, va repitiendo la misma cantinela, casi cantada: “Por un dólar se lleva la oferta de cinco productos, por un dólar se lleva la oferta de cinco productos, por un dólar…” Cuando llega al final, el bus está detenido y la puerta abierta; se baja sin siquiera voltearse, triste quizá porque su ensayado discurso le fallara una vez más.


Fotografía: Roberto Valencia

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