lunes, 18 de enero de 2010

Restaurante Funes


—¿Y ahí donde usted trabaja hay parqueo para visitas?
—Sí, ya voy a dar aviso que vas a llegar.

Responde Catalino Miranda, un personaje que también es dueño de casi 200 unidades de microbuses de la ruta 42. Empresario del transporte público, se dice él; busero, le dicen los demás.

Es la tarde del 6 de enero, y necesito hablar con Catalino sobre el problema de inseguridad que afecta al transporte público. Me cita en su oficina de la avenida Independencia, en pleno centro de San Salvador. Al llegar, un hombre me pide que baje la ventanilla, le enseño mi credencial y le digo que vengo a una entrevista.

—Ah, sí. Allí detrás hay un hueco.

El hombre tiene en sus manos un Ak-47, un modelo sin madera, casi un esqueleto, pero con el inconfundible cargador curvo del mítico fusil de asalto soviético.

Este es el punto de la ruta 42. Parece eso, un punto de buses, con grasa negra y pedazos de unidades aquí y allá. Pero en la segunda planta hay un espacio amplio, con aire acondicionado, baldosas, sofás y cuadros: el despacho. Catalino se considera un tipo honesto, de esos que van con la verdad por delante sin importar si con ella hacen o no amigos. Admira los Estados Unidos, donde estudió cuando era más joven, y políticamente se ubica a la derecha. Sobre la violencia que afecta al país, tiene sus propias teorías para solucionar el problema de las extorsiones al gremio del que él es uno de los líderes más visibles; de eso hablamos largo, hasta que la conversación deriva en el papel de la Policía.

—¿Qué tipo de coordinación tienen? Distintos comisionados dicen y repiten que hay mesas de negociación con ustedes.
—Me hace recordar, cuando tú mencionas las mesas, que cuando Tony Saca entró a la Presidencia, el dirigente principal del partido que hoy gobierna, el FMLN, preguntó si Saca un restaurante iba a poner, de tantas mesas en el país. Don Schafik Hándal preguntó si iba a haber muchos restaurantes en el país.

Catalino se ríe de su ocurrencia.

Sábado, 16 de enero. Un día especial para Funes y parece que para el país también. 18 años después de la firma de los Acuerdos de Paz, un presidente va a pedir perdón por los crímenes cometidos por la Fuerza Armada y los cuerpos de seguridad pública durante la Guerra Civil. También anuncia la intención –intención– de tomar algunas medidas de compensación. Y para los lisiados, a los que el Estado debe una millonada…

—…instalaré, a partir de la próxima semana, una mesa de diálogo y negociación con representantes de las organizaciones de lisiados y discapacitados y delegados del Gobierno para establecer monto de la deuda, forma y tiempo de pago.

Otra mesa más. Esto se parece cada día más al restaurante del que don Schafik habló, solo que este tiene  manteles rojos.

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